Fracasando por placer (XVIII): Isaac Asimov Magazine nº 11. Forum, 1986

IsaacAsimovLogo

Si sumáramos las cinco encarnaciones que ha tenido la Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine en castellano, resultaría ser la segunda revista con más números de la historia, sólo por detrás de Nueva Dimensión. Sin embargo, esa suma sería totalmente ficticia: cada una de esas etapas fue llevada por una editorial distinta, con propósitos y resultados dispares, sin casi nada más en común que el hecho de que el material anglosajón traducido en ellas fue publicado originalmente en la homónima estadounidense.

También coinciden en el empeño en hacer constar el nombre de Asimov bien gordo, como si fuera un talismán que, obviamente, nunca tuvo gancho suficiente como para llamar la atención de lectores ajenos al género y hacer viable el proyecto. Ya mencioné en otro artículo la extraña obsesión de los editores españoles durante varias décadas por pagar para contar con ese apellido que sólo ha tenido eficacia comercial dentro de la cf cuando se trataba de alguna obra «mayor». Y fuera de él, apenas en contados casos (pienso en la magnífica, al menos para mí como lego, Introducción a la ciencia, los muy amenos tomos de historia aparecidos en Alianza, e imagino que las primeras selecciones de ensayos en Bruguera). El resto, diría que tres cuartas partes largas de las versiones de publicaciones con la rúbrica Asimov en su portada, ha terminado más bien indignamente en las pilas de saldos, fueran antologías, novelas desarrolladas en su universo creativo y apadrinadas de manera discutible o ensayos científicos.

En el caso de las revistas, casi nunca dieron tampoco buenos resultados literarios. En sus números siempre parece haber material procedente del mismo lapso temporal, como si en el acuerdo con la editorial estadounidense, Davis, se incluyera alguna condición al respecto. La consecuencia es que lo traducido es muy irregular, como lo son en sí las revistas americanas de género, que publican tanto cada año que deben tener una manga mucho más ancha que una publicación española que pueda escoger lo que quiera de la fuente que desee siempre que pueda pagar la traducción. El caso extremo es el de la primera encarnación de Asimov’s en español, la de Picazo en 1979-80, que recogía de manera íntegra volúmenes estadounidenses, concretamente los doce primeros. Mala idea a varios niveles, porque la revista americana nació en 1977 y tardó varios años en cobrar fuste; estos números de arranque fueron pestilentes casi de manera íntegra. En 1983, Shawna McCarthy sustituyó a George Scithers, un viejo amigo de Asimov, y arrancó una orientación «literaria» de la publicación obviando totalmente la supuesta herencia del autor que daba nombre a la revista; un giro al que daría continuidad Gardner Dozois desde 1985. Asimov comentaría en alguna ocasión que no acababa de entender muy bien la revista en sus últimos años, pero que le parecía todo bien.

Sigue leyendo

El futuro visto desde 1998

Planeta Humano 36Hace unas semanas presenté un texto sobre la Worldcon de 1998 que preparé por encargo de la revista Planeta Humano, pero no fue el único que surgió de ese viaje. Además de conseguir varios contenidos publicados en Gigamesh en números sucesivos (desde una entrevista con John Clute hasta el premio Hugo al mejor cuento concedido en esa convención, «Vamos a bebernos un pescado», de Bill Johnson), hice preguntas concretas a unos cuantos autores sobre el futuro de la humanidad. Después, las trasladé también a varios escritores españoles, y el resultado apareció en el número 11 de Planeta Humano, el correspondiente a enero de 1999.

 


 

«Entramos en una era de incalculables novedades». Robert Silverberg, uno de los más notables escritores de ciencia ficción, lo explica con claridad: «El mundo del 3000 será tan distinto al nuestro que alguien a quien de repente enviáramos allí sólo podría preguntarse en qué planeta se encontraba». La evolución del ser humano en los próximos mil años puede alcanzar cotas difícilmente predecibles, que otro escritor, James Stevens-Arce, planteaba con un sencillo ejemplo: «Mi abuela vivió la invención de la bombilla y el viaje a la Luna. Y se calcula que el conocimiento humano se duplica cada dos años. Es imposible intuir hacia dónde vamos a partir de esos supuestos».

Es tal la velocidad de los cambios, que se puede llegar a plantear incluso si en el año 3000 existirá una civilización. Al respecto hay división de opiniones entre escritores españoles, más pesimistas, y anglosajones, mucho más optimistas. Así, César Mallorquí cree que el desarrollo de la bioingeniería permite que cualquier estado o incluso un particular pueda producir enfermedades epidémicas atroces. «Este es el peligro real. Un 90 por ciento de la población autóctona americana murió a consecuencia de las enfermedades importadas por los conquistadores».

El optimismo de los escritores anglosajones, en cambio, se sustenta en la capacidad de la especie humana para adaptarse a circunstancias difíciles y sobrevivir. Como explica Connie Willis, una escritora centrada en los cambios sociales, «la estupidez cobra todos los días nuevas formas y es cada vez más fuerte, pero ya llevamos siglos derrotándola y podemos seguir haciéndolo». El inglés Stephen Baxter, de sólida base científica, también está convencido de que «el futuro inmediato será el momento más difícil, porque en él deberemos enfrentarnos al fin a todos los problemas conocidos: agotamiento de recursos, polución, superpoblación…. Pero creo que tenemos un futuro real por delante una vez superemos este mal momento».

Sigue leyendo

La situación de la ciencia ficción a fin de siglo a través de una Worldcon

Planeta Humano 7He sido una persona bastante afortunada con mi trabajo: soñé ser periodista y tuve una carrera llena de satisfacciones. Se terminó, por una serie de factores que sería prolijo explicar, pero tuve la oportunidad de acumular muchas vivencias estupendas. Y colaboré con muchos medios.

Al que guardo más cariño no es aquel en que me leyó más gente, en el que estuve más tiempo o me reportó más dinero. Fue un proyecto modesto en medios pero muy ambicioso en objetivos llamado Planeta Humano. Entre 1998 y 2001 publicó casi cincuenta números con la idea de ofrecer historias positivas, originales, pero no ñoñas; su eslogan era «Para los que creen que sí se puede hacer algo». Y todo al modo de las grandes revistas estadounidenses: textos exhaustivos, material fotográfico de calidad. Es la única publicación para la que he trabajado que tenía una productora: una persona encargada de organizar los viajes, hacer los contactos necesarios y hasta concertar citas, de forma que el periodista tenía una orientación clara de lo que el medio quería que cubriera y se ahorraba complicarse con temas logísticos.

No llegué a estar meses con un reportaje, como Gay Talese siguiendo a Frank Sinatra o Tom Wolfe con los surferos de California en ocasiones que devinieron en legendarias para mi profesión, pero sí es el único medio que me envío a preparar una historia durante varios días, a veces más de una semana. Conservo la colección completa de la revista y está llena de historias estupendas, muchas de ellas adelantadas a su tiempo, con colaboradores extraordinarios (José Saramago, José Luis Cuerda, Dominique Lapierre, José Luis Sampedro, Eduard Punset, José Carlos Somoza…) y bastantes de los mejores fotoperiodistas del momento. He encontrado varios rincones en la web en que antiguos lectores recuerdan Planeta Humano con la misma intensa simpatía que siento yo. Incluso mencionan alguno de mis textos de forma específica, como el que hice en el primer número sobre la única comunidad en que conviven israelíes y palestinos en igualdad, con los niños compartiendo escuela. Está sobre una colina entre Tel-Aviv y Jerusalén y se llama Neve Shalom/Wahat al-Salaam, sigue existiendo hasta hoy por lo que sé.

La razón por la que no habrán oído hablar de esta revista es que no tuvo buena distribución, al tratarse de un medio independiente. La mantuvo un tiempo un mecenas muy ilusionado con ella, un tipo encantador que intentó por todos los medios cumplir el sueño de hacer algo distinto a todo lo que había en los kioscos españoles, pero al cabo del tiempo y varios intentos que no terminaron de funcionar (cambios de diseño, regalos promocionales…), no aparecieron vías alternativas de financiación y cerró.

El hecho es que les propuse ir a una Worldcon, y aceptaron. Fue a la de 1998, en Baltimore, que tuvo a C. J. Cherryh como invitada de honor y en la que Joe Haldeman ganó el Hugo a la mejor novela por Paz interminable. También hubo un pequeño acto, escondido, a una hora poco concurrida, y al que acudí por casualidad. Se proyectaron veinte minutos de previa de una peliculita rodada en Australia, de directores desconocidos y protagonizada por una estrella entonces de capa caída, pero que terminaría por hacer historia: Matrix.

Sigue leyendo

La ciudad, poco después, de Pat Murphy

Corrían los locos años ochenta y en la gran casa común de la ciencia ficción norteamericana las aguas bajaban revueltas entre las nuevas generaciones. Los bárbaros del cyberpunk habían irrumpido en el género con sus bromas de empollones, sus círculos de amigotes y unas ganas irreprimibles de meterse con todo el mundo, cayendo en gracia a crítica y público y conquistando hasta el último rincón del género. ¿Todo? ¡No! Una aldea de irreductibles humanistas resistían ahora y siempre al invasor; Kim Stanley Robinson, John Kessel, Orson Scott Card o Connie Willis, una caterva de escritores surgidos a principios de los ochenta que se negaban a darle un acabado de cuero negro y cromo brillante a sus futuros en los que, desde una óptica socialdemócrata o mormona, ofrecían una alternativa al callejón sin salida que encarnaba el nihilismo cyberpunk y sus Grandes Verdades Muy Jodidas Sobre Este Puto Mundo De Mierda. Esta alternativa humanista, heredera de Simak o Bradbury, recuperaría la esperanza en el futuro cimentada en las virtudes intrínsecas del espíritu humano, sus cuitas y sus cosas. Un pre-hopepunk, si gustan de tirarse el pisto en plan «bueh, esto ya lo descubrí yo en el 86». Y es que está visto que los ochenta no se han ido ni se irán nunca.

Sigue leyendo

Los premios irrelevantes de un género obsoleto

Hugo AwardDoy por supuesto que quienes me lean conocen ya la polémica en torno a las candidaturas a los premios Hugo de este año, los considerados tradicionalmente como más relevantes en el campo de la literatura de ciencia ficción. Para no repetirme, remito a quienes aún no estén al corriente a las explicaciones brindadas de forma bastante completa en:

Bien, lo que me sorprende una vez más es que la mayor parte de los análisis que he leído sobre lo ocurrido se queden en lo superficial. Por descontado, resulta bastante molesto, y dañino, que unos premios con cierta trayectoria y prestigio caigan en manos de grupos organizados, sean una banda de simpatizantes de la Asociación del Rifle (los Rabid Puppies) o un grupo de añorantes de lo tiempos en que la cf era tan, tan chachi y supermaravillosa (los Sad Puppies). Sin embargo, creo que la equivocación están en considerar lo sucedido como enfermedad y no como síntoma. Porque los Hugo vienen pochos de tiempo atrás. Hace mucho que no son los galardones que una vez premiaron de forma consecutiva a Los propios dioses de Asimov, Cita con Rama de Clarke y Los desposeídos de Le Guin. Esto no es más que la constatación del desastre.

Recapitulemos.

Sigue leyendo

Infiltrado, de Connie Willis

Infiltrado

Infiltrado

Un primer consejo para quien desee leer Infiltrado: olvide que ha ganado el premio Hugo 2006 a la mejor novela corta porque se verá condicionado a la hora de abordarla. Más que una obra de ciencia ficción nos encontramos ante una novela corta de serie negra de corte clásico.

Por un lado cuenta como protagonista con ese detective perdedor curtido en mil batallas, que vive con lo justo y cuya voz en primera persona nos narra las pesquisas que realiza, disfrazado por Connie Willis de periodista de una revista de segunda, “El ojo cínico”, especializada en desenmascarar los fraudes y engaños cometidos por santeros, pitonisas, mediums,… Por otro lado tenemos a la “femme fatal”, esa mujer atractiva y enigmática que trae de cabeza al protagonista, que le presenta el caso y lo embauca para que se ocupe de él. Sólo que aquí, en vez de usar a la típica cliente que contrata los servicios del protagonista, la “camufla” de joven rica ex-actriz de Hollywood que, aburrida de la farándula, quiere dar sentido a su vida trabajando como ayudante del periodista para desenmascarar a todo farsante místico que se ponga por delante.

Sigue leyendo