Hija de sangre y otros relatos, de Octavia E. Butler

Hija de sangre y otros relatosAfrontar la antología de textos breves de una autora conocida ante todo por sus novelas siempre provoca preguntas. A pesar de haber ganado importantes premios con sus relatos, en nuestro país la carrera de Octavia E. Butler es recordada por los libros de Xenogénesis en Ultramar y más recientemente por la publicación de Parentesco. Pero una de las nuevas editoriales que han surgido recientemente, la bilbaína consonni, ha decidido añadir Hija de sangre y otros relatos a su interesante catálogo. Este breve volumen de 200 páginas reúne siete relatos y dos ensayos que buscan mostrar una imagen general de la obra breve de Butler y, una vez asimilados en su totalidad, se podrían sacar una serie de conclusiones con las que empezaremos, en orden contrario al habitual en las reseñas.

Lo primero a apuntar es que Hija de sangre y otros relatos contiene un valor más histórico que literario, sin que esto desmerezca al libro. Gracias a esta recopilación es posible formarse una idea de los temas que inquietaban a la autora, entender cuáles eran sus obsesiones o su mecánica de trabajo. Además, a cada relato le sigue un breve epílogo donde explica las motivaciones que empujaron a su escritura.

Existe una clara diferencia de calidad entre los dos primeros relatos y el resto. El que da título a la antología ganó los premios Hugo, Nebula y Locus, aspecto que ya avisa sobre su calidad. Luego, “La tarde, la mañana y la noche” también es una obra muy interesante, pero con el resto no se logra tanto esplendor, a pesar de haber otro relato premiado, por lo que queda cierta sensación de descompensación.

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Hija de Legbara, de Nalo Hopkinson

Hija de LegbaraPasó mucho tiempo desde que Hija de Legbara llegara a mis manos hasta que me animé a hincarle el diente. Su autora, la jamaicana Nalo Hopkinson, ganó el premio John W. Campbell (ahora renombrado Astounding) a la mejor escritora novel en 1999, año de publicación original de la obra. La novela fue, además, galardonada con el Locus. Y, por si eso fuera poco, las (escasas) referencias que me habían llegado de ella eran buenas. Sin embargo, uno de mis muchos defectos es que tiendo a juzgar los libros por su portada. La de este en cuestión (los colores llamativos, la composición, esa gigantesca cara demoniaca flotando en el cielo con aspecto de estar a punto de ponerse a lanzar rayos por los ojos) gritaba “no me leas” a pleno pulmón, y eso que el autor de la ilustración, Juan Alberto Hernández, es responsable de varias de las cubiertas más potentes y sugestivas que he visto en los últimos años.

Otra cosa que tampoco me llamaba en absoluto la atención era el título. Me sorprendió comprobar después que el libro se llama originalmente en inglés Brown Girl in the Ring (como la canción de Boney M. que, si habéis escuchado alguna vez, oiréis en vuestra cabeza sin remedio a partir de este momento y durante lo que queda de día) y que Hija de Legbara es, de hecho, un pequeño destripe similar al que perpetraron los que decidieron comercializar en España Rose Mary’s Baby como La semilla del diablo.

Pero todo esto es peccata minuta. Si me estoy extendiendo tanto en el “envoltorio” de esta obra situada a caballo entre la ciencia ficción, la fantasía y el terror, es únicamente para evitar que aquellos que compartan mis gustos y prejuicios librescos dejen sin leer esta novela, como yo misma estuve a punto de hacer. Porque Hija de Legbara es una historia divertidísima y refrescante, bien rematada, con personajes sólidos (el mismísimo Junot Díaz alaba, en el blurb de la contraportada —y con razón— los personajes femeninos de Hopkinson) y una ambientación fascinante. Los diálogos están escritos de forma que reflejan la dicción caribeña de los personajes, lo que planteaba a la edición en español un reto añadido del que las traductoras (Arrate Hidalgo Sánchez y Maielis González Fernández) consiguen salir airosas: la lectura es muy fluida y los diálogos, en particular, son una delicia.

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