Me da un poco de vergüenza admitirlo, pero esto es lo primero que leo de John Crowley. Sólo ahora me he puesto con esta novela, The Deep, que hacía más diez años –quizá más de quince– que tenía entre mis estanterías y que, en dos ocasiones, acabé dejando de lado por no poder entrar. Quería leer algo de este autor que, al menos en el terreno de la fantasía, tiene obras que despertaban mi curiosidad, así que cuando, hace años, en la librería Singularity & Co, tocando, por la parte de Brooklyn, el Manhattan Bridge, encontré por dos dólares esta obra que hoy menciono, sin pensarlo mucho la compré.
(Librería que por otra parte ya no existe. Desde hace tiempo).
Como vemos en la azulada cubierta de Les Edwards, quien por cierto tuvo el buen gusto de ofrecernos un lagarto con una especie de walkman y un tabardo rojo –con agresivas hombreras– para la cubierta de Brightness Falls from the Air, de James Tiptree, en esta ópera prima de John Crowley llega un ser radiante a un mundo nuevo. Es un ser asexuado que cae del cielo en una nave oviforme, y ese es el disparador narrativo de la historia. Un tropo de ciencia ficción, pues, para un mundo de fantasía medievalizante.
Pronto se le conoce como El Visitante y llega, como digo, a un mundo rural, fantástico, de bandos enfrentados (en una bipartición bicolor de rojos y negros que no tardó en golpear mi motivación lectora con la fuerza de una demolición). Los rojos y los negros se enfrentan; el Visitante, como se llama al llegado, dice que fue creado. ¿Por quién? ¿Será un robot? No lo sabemos. Esa incursión cienciaficcionesca, el novum futuro en la escalonada sociedad medievalizante que plantea Crowley, más propia, como digo, de la fantasía que de otra cosa, no sé si determina el texto lo suficiente como para escorarlo hacia un género o a otro, así que en ese sentido The Deep es las dos cosas a la vez. Eso está bien.








