Menudas miradas recibía en el cercanías mientras leía Beso negro. Entre el título y la imagen de cubierta no es complicado imaginarse las posibles ideas que pasaban por las cabezas de los bienpensantes atraídos por su aspecto. Supongo que si aguzaban un poco la vista y atisbaban el subtítulo (“Brujería, cine y cultura pop”) es posible que se evaporara su preocupación. Pero si no, el vuelo imaginativo sobre a quién habría vendido mi alma y los rituales para afirmar mi servidumbre les llevaría por cotas elevadas y, para qué negarlo, un tanto trilladas; justo los terrenos que Elisa McCausland y Diego Salgado se preocupan de no pisar. Como se pudo ver en Supernovas, en este ensayo afrontan una visión global del tema central (los brujos y brujas y su arte), desde la historia y las diferentes manifestaciones de la cultura popular. Fundamentalmente cine y literatura, pero con ocasionales incursiones en el cómic, los videojuegos, las nuevas formas de comunciación (TikTok)…
Su tratamiento es sobre todo extensivo; abarcan todo el paisaje sin abundar en palabras huecas. Describen cada noción relacionada con el tema desde una elevada densidad conceptual que me ha requerido pausas antes de pasar a la siguiente andanada. En ese sentido, Beso negro es todo huesos y músculo, sin un gramo de grasa, puro aparato locomotor focalizado en trazar un panorama total; tanto un estudio de la evolución de la brujería hasta la actualidad como una cartografía del fenómeno. Un tapiz a partir del cual uno puede apoyarse para profundizar en el tema rastreando cualquiera de los hilos que incorporan.








