La fascinación por el true crime lleva años entre nosotros. Las series (pseudo)documentales, los programas con reconstrucciones, los podcasts, la literatura construida a su alrededor, no parecen dar síntomas de agotamiento. Me he acercado a algunos, sobre todo en los orígenes de la ola en las plataformas (The Jinx, Making a Murderer, Asesinato en León, Cómo cazar a un monstruo…), pero en general me he mantenido a una distancia prudencial. La faceta dramática impuesta en el “montaje” y el inevitable sensacionalismo imprimen connotaciones pop a sucesos atroces y tiñen la dimensión emocional y humana con carices más incómodos, si cabe. Una vertiente sobre lo cual Samantha Kolesnik ha construido esta novela corta, traducida por Shaila Correa.
Su inicio es desagradable. En primera persona Suzy, una adolescente, cuenta lo que es la convivencia con su madre y Lim, su hermano, mientras padece de la primera todo tipo de malos tratos, abusos sexuales incluidos. Kolesnik no ahorra en detalles al representar esta dinámica iniciada en su infancia y desencadena pronto la respuesta por parte de ambos, en una explosión que les lleva a matar a su madre e iniciar una huida que termina con él en la cárcel y ella entregada a una familia adoptiva.








