Una alerta de tornados lleva a una familia a encerrarse en el lugar más seguro de su casa: el baño interior. La madre, el padre y los dos hijos se enfrentan a lo que parecen unas horas de pánico ante la incertidumbre de si serán golpeados por lo peor de la tormenta. Pero va a ser más tiempo: un árbol cae sobre la casa y bloquea la única salida dejándoles incomunicados, sin comida y bien cargaditos de conflictos sin resolver; entre ellos y con ese mundo del que han sido separados de manera abrupta.
De los cuatro, Max Booth III se acerca sobre todo a Mel, la hija mayor. Es a través de su mirada y su bagaje mediante los cuales se observa ese espacio exiguo atestado por cuatro personas, condenadas a chocar en una incesante partida de billar sin troneras con disparadores como el alcoholismo del padre, el conformismo de la madre, la inocencia de un niño para el cual todo es un juego y una adolescente enamorada de una compañera en un lugar donde la homofobia es parte del menú. Los secretos no dejarán de acechar y saltar en ese espacio liminal convertido en un lugar que habitar, dispuesto a ser humanizado a golpe de incomprensión, ataques personales, amagos de reconciliaciones… En su revoloteo continuo alrededor del trauma , además de la hiel, Booth III deja márgenes para la ternura incluso en el comportamiento del padre. Fogonazos de cercanía y cariño que ayudan a entender por qué han seguido juntos.








