La mirada del vacío, de Adrian Tchaikovsky

La mirada del vacíoHuérfanos de la Tierra había dejado la historia de La arquitectura final en todo lo alto. En la contienda contra los Arquitectos se había descubierto que estos seres responsables de la destrucción de la Tierra y que han regresado para arrasar con prácticamente cualquier planeta, no solo son conscientes de cómo sus acciones terminan con la vida de miles de millones de seres inteligentes. Su cruzada contra las especies inteligentes de la galaxia obedece a la presión que reciben de alguien superior a ellos y los empuja hacia un progromo cuya conclusión presumiblemente solo llegará con el final de toda civilización inteligente. Apenas los planetas donde existen ruinas/artefactos de los Originarios parecen a salvo. La naturaleza de estas construcciones y por qué son capaces de mantener a raya a los Arquitectos; qué inteligencia está lanzando a estos contra las especies sintientes; la posible colaboración entre civilizaciones en esta lucha, son algunas de las cuestiones guía para esta segunda novela de la trilogía. Y, la verdad, no hay respuestas demasiado concluyentes, quedando la mayoría abiertas para Amos del nospacio, la última novela de La arquitectura final. Un modus operandi entendible aunque en ocasiones frustrante.

Adrian Tchaikovsky tiene buena cabeza para idear escenarios más grandes que la vida. Basta leer lo planteado en el párrafo anterior, alguna posible solución a esta batalla con ese enemigo intratable o zambullirse en Infierno de Criccieth, el escenario donde transcurre el clímax de La mirada del vacío; un tártaro en las proximidades de un horno de radiaciones donde florece un ecosistema adverso, parte fundamental de un apasionante desenlace. Tchaikovsky alardea una vez más de su condición de biólogo contador de historias.

Sigue leyendo →

Forjador de universos, de Eduardo Vaquerizo

Forjador de universosPoco a poco van cayendo los libros de La Magnífica editados en formato bolsillo. Con su calidad del papel, el tamaño de la fuente, las dimensiones de la caja de maquetación, los detalles gráficos, no solo se disfruta del texto. Exhiben un cuidado que dota al contenido de un valor extra por entre 12 y 15 euros. Una lástima que la complicada distribución y unas librerías centradas por supervivencia en los volúmenes que más margen dejan, tengan la iniciativa en la cuerda floja. Pero por historias como Forjador de universos se sale recompensado con una lectura de difícil publicación de otra manera; por su extensión entre la novela corta y la novela, pero también por su temática/enfoque.

Forjador de universos tiene mucho de novela juvenil en la acepción que había hace cerca de medio siglo, cuando Bruguera publicaba colecciones como Todolibro, orientando a un público joven obras escritas con un criterio más amplio. Por su carácter de presentación de algo accesible desde un enfoque que hace pensar en un lugar narrativo que, dependiendo de lo arraigado de ciertos bagajes, puede verse como ciencia ficción metafísica o fantasía. De hecho se articula alrededor de algo tan arraigado en los géneros proyectivos como esa estructura burocrática que gestiona el novum, a imagen y semejanza de la Eternidad de Asimov y el viaje en el tiempo, las invasiones dimensionales de la Lavandería de Stross, las secuelas de las peleas entre superhéroes de Control de Daños en Marvel o la gestión de lo sobrenatural del Bureau Federal de Control de los juegos de Remedy. Aquí la organización de marras se encarga de la fusión de dimensiones en el trámite de colisionar, un acontecimiento cuyas consecuencias cataclísmicas aplacan antes de que se produzcan.

Sigue leyendo →

La caja infinita, de Víctor Conde

La caja infinitaLa ciencia ficción nace y golpea por su fondo. Esa es la maravilla de la ciencia ficción.

Es necesario un mundo moderno para que surja y se desarrolle y, quizás por eso, son los más jóvenes quienes pueden iniciarse mejor en el género y quienes se muestran más audaces con lo que ese fondo les permite hacer.

Muchos artistas, según van madurando, abandonan la experimentación formal más compleja para ir a «lo esencial». Vemos en dibujantes de cómics cómo su trazo se vuelve más escueto, cómo los fondos se desdibujan, como el último Frank Miller; vemos cómo los pintores tienen más al abocetamiento o a lo insinuado, como los últimos cuadros de Velázquez; vemos cómo muchos directores de cine tienen al plano secuencia y a la sobriedad fotográfica, como le pasó a Berlanga… En la ciencia ficción, muchos incluso son incapaces de conquistar sus éxitos de juventud, como Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Quizás tras experimentar en los primeros años, conocen tanto la técnica que encuentran el camino más directo para ir a las ideas que quieren expresar como artistas.

Precisamente la experimentación temática y formal fue una de las características más elevadas e interesantes de la cf española conocida como la «Generación HispaCon» (Vaquerizo, Aguilera, Marín, Barceló, Mallorquí, Martínez…), a la que el novelista pertenece y cuyo espíritu algunos de sus protagonistas mantienen en sus últimas obras. ¿Ha terminado aquella experimentación formal?

Si tuviera un editor tradicional para esta apuesta de Alamut, escribiría una crítica de escuadra y cartabón, entrando en La caja infinita por su argumento, pero no me sale.

Porque la forma es el fondo (lo he dicho ya, ¿no?).

Sigue leyendo →

La división de antimemética no existe, de QNTM

La división antimemética no existePara un bloguero de pro, los fenómenos literarios en tus territorios son algo digno de comentario… si consigues entrar en ellos. Los grandes, como La península de las casas vacías o Alas de sangre, y los más pequeños, como este La división de antimemética no existe, obra de un tal QNTM, del que me daba una pereza enorme ver qué hay detrás hasta que el bueno de Jean Mallart se preocupó de ponerme al día (y un par de podcast se encargaron de rellenar los huecos). Porque el libro ha sido bastante comentado a mi alrededor. Y ha gustado entre mucho y muchísimo, no solo por motivos crematísticos, como la maquetación del volumen, o esa idea central que se aproxima a lo sublime desde un terreno poco habitual: la existencia de entidades de una naturaleza ominosa que traumatizan a quienes las ven desde el olvido; de haber estado en contacto con ellas, de haber descubierto aspectos que permitían combatirlas, de situaciones de tu vida cotidiana, de nociones del día a día como tocar un instrumento o cocinar un huevo frito, del recuerdo de nuestra primera cita, de respirar…

Este acercamiento a lo inabarcable diverge del de Lovecraft y todas las historias que siguen sus pautas, a día de hoy con un arraigo que hace pensar si seguimos atrapados en la neurosis de hace un siglo o si ante las preocupaciones del nuevo milenio sentimos nostalgia por ellas. En el autor de Las montañas de la locura y sus acólitos, el conocimiento, la visión, la interacción con sus antiguos y sus construcciones arrastran a los personajes a un estado de estrés más allá de su punto de ruptura y toman conciencia de su lugar en el universo. La lucha es por la propia supervivencia y cuando esta se compromete es meridiano que nada se puede hacer frente a estas manifestaciones para las cuales la presencia humana va de lo servil a lo irrelevante. Se asume que la resistencia es fútil y el recuerdo del contacto permanece de manera directa o indirecta, pudiendo llegar a romper la barrera del tiempo y afectar a las generaciones futuras a través de algún tipo de modificación larvada.

Frente a esto, en su interacción con una serie de entidades incognoscibles denominadas Incógnitas, QNTM plantea una serie de consecuencias más “esperanzadoras”. Para combatirlas se ha creado una división dentro de la Organización que nos protege de ellas. Y han desarrollado toda una serie de protocolos, instalaciones, armas, para triunfar en un terreno donde resultaría impensable lograrlo. A ello se dedican con denuedo aun sabiendo que ganar es prácticamente imposible, empatar el mejor resultado, y no se puede dejar de jugar. Un híbrido entre las historias de la lavandería de Charles Stross se pasan por el Bureau Federal de Control, más concentrado en explorar las tensiones de lo sublime y no tanto en la imaginería pop a su alrededor, con una veta importante de la burocratización de lo maravilloso. Una oda de admiración a los funcionarios como seres capaces de lidiar con lo inimaginable gracias a su trabajo sistemático, repetitivo, protocolario, basado en su saber hacer para sobrevivir a la experiencia.

Sigue leyendo →

Aburridísima, de Izumi Suzuki

AburridísimaEl fandom se centra tanto en loar la publicación de libros sin necesidad de promoción que muchos que sí la requieren vuelan por debajo del radar. Pongan como ejemplo El libro de Keanu, una de las novelas más flojas de China Miéville cuya traducción recibió una atención innecesaria; el hecho de contar con el actor detrás de John Wick en la cubierta ya era suficiente para que tuviera a los dioses de la mercadotecnia de su parte. En este contexto, es frustrante ver cómo cualquier excrecencia de Sanderson, Abercrombie, Tchaikovski recibe una difusión irrelevante para alcanzar a su público. Mientras, libros como este o El príncipe de Annwn, de Evangeline Walton, se las ven y se las desean para llegar a sus lectores potenciales. Para empezar, porque los que nos dedicamos a estas tareas de la prescripción de nuestros gustos estamos mirando el dedito de lo canales de prensa del emporio Planeta Random House Minotauro Mondadori Destino Nova Austral “lo que hayan absorbido”. En este caso fue un artículo de El País con una elaboración muy, por así decirlo, mercadotécnica (campaña navideña; ideas vagas tomadas de diversas fuentes; la Le Guin japonesa cuando no tiene nada que ver) el que me pusiera sobre la pista de Izumi Suzuki. Y después de leer el libro en cuestión, con sus cosas, me siento afortunado de haberme cruzado con aquella promoción.

La vida de Suzuki parece alineada con sus relatos. Actriz de cine erótico y de teatro de vanguardia, camarera en locales de alterne, fue pareja de un saxofonista que murió por una sobredosis. Ella misma se ahorcó todavía joven, a mediados de los ochenta, dejando una hija de nueve años y una serie de obras de las cuales esta es la primera que se traduce en España gracias a Consonni y Tana Oshima. Siete cuentos gestados en la intersección entre la ciencia ficción de los 70 y 80 y la aspereza de un Gekiga protagonizado por una trasunto de la propia Suzuki; como si Tsuge o Abe trabajaran con historias sobre sociedades sin hombres; acceso a realidades virtuales y drogas; sujetas a invasiones sutiles o alienígenas obsesionados con reproducir la cultura occidental; en el marco mental del M. John Harrison de El mono del hielo o El curso del corazón. El sufrimiento de sus protagonistas no viene de estar sumidas en un apocalipsis o una distopía sino de darse cuenta que no les gusta su existencia y no pueden huir de ella por mucho mecanismo de escape a su disposición. La falta de pasión por sus parejas, los engaños en sus relaciones, lo consciente que sean del simulacro, son un paquete completo y abrazarlo es un paso previo a solucionarlo… si no es la única solución porque no hay salida.

Sigue leyendo →

Ogros, de Adrian Tchaikovsky

OgrosTengo asociado el uso de la segunda persona a los libros de elige tu propia aventura. Tanto que, si me pongo a leer un relato escrito así y al dar la vuelta a la página no se mencionan a los señores del Kai o aparece alguna instrucción para saltar a otro capítulo, me siento fuera de lugar. Este sesgo agrava peros tradicionales como el sentirse continuamente interpelado, cuando no instruido, por un narrador que te llama todo el rato y te hace preguntarte más que otras voces por qué el autor eligió contar la historia así. Ha dado la casualidad que recientemente he leído dos historias que acuden a ella preocupándose de asentar esta elección. La primera es “Canción mortal de Indiana“, de Max Booth III, de la que escribiré por aquí. La otra es este Ogros, traducido por Cristina Macía para la colección Freder, de Plan B/Dolmen. Una serie de libros que casi parecen haberse publicado en la clandestinidad.

La novela corta mantiene obvios vínculos con otros títulos de Adrian Tchaikovsky. Para empezar, junto a Ironclads y Firewalkers forma parte de la secuencia Revolutions. Historias inéditas hasta el momento en castellano, sin conexión argumental pero con una temática común centrada en el alzamiento contra regímenes opresivos y desiguales en escenarios de ciencia ficción. También comparte con Linaje ancestral la pérdida/supresión de la historia pasada como herramienta de desarraigo y control, y la recuperación de ese bagaje perdido. En este caso para terminar reproduciendo comportamientos, algo alimentado a través de ese narrador que apela incesantemente al lector, imbuido en la piel de un personaje convertido en un paria y empujado a ser el Neo en este mundo poblado de medianos y gigantes.

Sigue leyendo →

El pueblo de los malditos, de John Wyndham

El pueblo de los malditosRunas parecía decidida a recuperar las grandes obras de John Wyndham con nuevas traducciones. Inexplicablemente, después de cuatro títulos, se quedó sin editar la guinda, la novela que mejor se mantiene a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación original (1957) y más ha calado en la cultura popular. Entre otros formatos, dan fe las dos adaptaciones al cine dirigidas por Wolf Rilla (1960) y John Carpenter (1995). Ha tenido que ser RBA quien por sorpresa recuperara Midwich Cuckoos con la referencia de ambos filmes en su cubierta: El pueblo de los malditos. Además con una nueva traducción de Natalia Cervera que actualiza el texto a los estándares de edición más exigentes y clava el minucioso estilo expositivo de Wyndham, con sus toques de ironía snob. El gran clásico de la ficción apocalíptica británica cuya manera de sumirse en lo catastrófico era tan idiosincrásica que terminó llevando a Brian Aldiss a etiquetarlo de cosy catastrophe (catástrofe íntima/acogedora).

Todo empieza con el regreso del narrador y su mujer a Midwich tras haber celebrado su cumpleaños en Londres. Al llegar se encuentran la carretera cortada. Toman una vía alternativa y se dan de bruces con una situación espeluznante: al entrar dentro de unos límites concretos, se pierde el sentido, algo que termina ocurriéndoles a ellos. Ahí la novela pasa a contar lo que sucedía en Midwich en los momentos previos a ese fenómeno. Lo experimentado por las gentes en el meollo de un acontecimiento inexplicable que desaparece como llegó, dejando a (casi) todas las mujeres en edad de procrear embarazadas. Este fenómeno comunal se ve redondeado nueve meses más tarde cuando los alrededor de sesenta partos sincronizados dan a luz a niños y niñas con las mismas características: unos ojos dorados, pelo rubio apagado… y un influjo formidable sobre las personas a su alrededor.

Sigue leyendo →

El efecto práctica, de David Brin

El efecto prácticaA raíz del fallecimiento de Ian Watson recordé por aquí su manera de escribir a través de “Pájaros lentos”. En poco más de veinte páginas, el autor de Incrustados sometía al lector a un viaje vertiginoso por toda una serie de ideas encadenadas, insospechadas cuando lo estás comenzando y todo parece una historia bucólica en un paisaje postapocalíptico. Los lugares por donde te lleva después, racional y emocionalmente, es uno de los motivos por los cuales la ciencia ficción me parece algo único y las narraciones breves su forma más prístina. Aunque en este formato, generalmente, no se apuesta tanto por el carrusel de ideas sino por una carga conceptual más concentrada. Ir más al pie del novum, la idea que vehicula el mundo de ficción y desencadenaría esa reflexión del lector sobre su propia realidad. El extrañamiento.

Esas ideas tienen un recorrido; una serie de situaciones desarrolladas a su alrededor y cuya precisión/certeza es clave para el sentido de la narración (y su disfrute). Pero no siempre son suficientes para sostener la extensión extra de una novela, siempre necesitada de capas de escenario, personajes, trama, giros, estilo que lleven la historia hasta validar esa entidad. Aquí, hay ocasiones en las cuales los escritores son conscientes que pueden andar escasos de parte de ellos y apuestan por explorar ese novum desde varios relatos; varios cuentos que ahonden en el potencial de la parte especulativa sin tener que exponerse a construir una integridad a su alrededor que puede dilapidar el poder transformador de la idea. Hay multitud de ejemplos, como lo realizado por Bob Shaw con el vidrio lento en Otros días, otros ojos. También hay muestras de lo contrario, como esta novela de David Brin. Su noción central me parece arrolladora. Pero una vez se conoce, el conjunto entra en la categoría “suena mejor contado que leído”.

Sigue leyendo →

Un recorrido por El arco iris de gravedad

El arco íris de gravedad

War is God.
Cormac McCarthy: Blood Meridian

Pocos libros, en la Historia de la Humanidad, como este El arco iris de gravedad, de Thomas Pynchon. Pretender decir algo sobre esta novela es una cosita ingenua que no está mal, es quedarse en un simple balbuceo, que, dado el caso ante esta escritura huracanada y centrífuga, no es poco. O sea que vamos a ir a por esa cosita que no está mal y decir algo sobre este libro que estuvo a punto de ganar tanto el Nebula como el Pulitzer pero que al final no pudo ser porque los pacatos miembros del jurado optaron ese año por dejarlo desierto por parecerles obsceno y procaz, cosas que el libro efectivamente es, y porque los miembros de la SFWA optaron por concederle el Nebula al por otra parte muy premiable Arthur C. Clarke con su Cita con Rama; vamos a decir algo de este Gravity’s Rainbow sabiendo que decir algo es, sólo, tímidamente, empezar a decir.

Con esto no quiero alinearme con las voces que la consideran una de las novelas más difíciles del siglo XX porque creo que flaco favor se le hace, y porque esa fama espanta a potenciales lectores. Sí, cuesta lo suyo, y no siempre es fácil saber lo que está pasando, pero no es el Ulises ni Una meditación (de Juan Benet, que menuda cosa: me encanta Benet pero sigo sin saber de qué va ese libro). Se ha extendido el pegajoso discurso de que este es un libro hermético hasta la práctica ilegibilidad, y no. En una palabra: cuesta, Gravity’s Rainbow, sí, ¡pero se puede!

Jonathem Lethem menciona, en un texto que no es el más enérgico del mundo, que la ciencia ficción, con este libro, podría haber ingresado en las filas de la literatura canónica, y no sé muy bien qué pensar. Veo algo de condescendencia (donde quizá –donde seguramente– no la haya), y lamentaciones innecesarias por un prestigio y una aceptación que por una parte creo que el género ya tiene y que por otra no sé si importan demasiado. En cualquier caso, ahí estarán (¿estaremos?) siempre, puntuales, la crítica y los teóricos, con nuestras cajitas de herramientas, obsesionados por naderías que, como sabemos, nada importan. Pero bueno. Vayamos al mundo de la novela, al fulgor de esa entropía que se entrevé, esparcida, entre sus páginas.

Sigue leyendo →

Somos satélites, de Sarah Pinsker

Somos satélitesSiempre me han atraído las novelas que tratan sobre cómo la aparición de una nueva tecnología trastoca la vida cotidiana de la gente. Este tipo de relatos me llamaban la atención incluso antes de que el futuro nos arrollara como ha sucedido en los últimos años. Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, es evidente que el uso generalizado del móvil y más recientemente la aparición de las llamadas IA han cambiado nuestras vidas. Ha ocurrido casi sin que nos demos cuenta, las nuevas tecnologías se han introducido en nuestro día a día, y el modo en que nos comunicamos, nos informamos, trabajamos y nos divertimos ya no es el mismo. La gran diferencia con respecto al dispositivo que concibe Sarah Pinsker para Somos satélites es que para poder utilizarlo es preciso una intervención quirúrgica. Siempre me he preguntado qué sucedería en ese caso, si la gente llegaría al extremo de dejarse hurgar la cabeza para mejorar sus capacidades mentales. Hace unos años habría dicho rotundamente que no, pero con la cantidad de personas que por una cuestión mucho más banal como es la estética —y no me refiero sólo a la cirugía— se deja tunear sin reparos el cuerpo tengo mis dudas.

Un dispositivo denominado piloto se extiende entre la población con una rapidez pasmosa, primero entre los jóvenes y luego entre los demás. A ello contribuyen las subvenciones del estado y las facilidades que proporciona la empresa fabricante, Balkenhol Neural Labs. Gracias a él, una persona puede concentrarse en varias tareas al mismo tiempo sin que ninguna de ellas se vea perjudicada. Estudiar Derecho Romano al tiempo que se despanzurra monstruos en la PlayStation es ahora posible. Una razón más para que todos los jóvenes se maten por ir a las clínicas de Balkenhol Neural Labs a que se lo implanten. Llevarlo supone, no cabe duda, una gran ventaja para el trabajo y para los estudios. Pero a pesar de todos los beneficios que proporciona, siempre tiene que haber algún agonías en contra, y no todos deciden ponérselo. Junto con el piloto se inserta una lucecita azul en la sien que facilita distinguir a los que lo llevan de los que no, lo que abre una puerta de doble hoja a la discriminación. Las empresas dejan de contratar a los que no lo llevan, y no tener un piloto termina por ser un estigma.

Sigue leyendo →