Beso negro. Brujería, cine y cultura pop, de Elisa McCausland y Diego Salgado

Beso negroMenudas miradas recibía en el cercanías mientras leía Beso negro. Entre el título y la imagen de cubierta no es complicado imaginarse las posibles ideas que pasaban por las cabezas de los bienpensantes atraídos por su aspecto. Supongo que si aguzaban un poco la vista y atisbaban el subtítulo (“Brujería, cine y cultura pop”) es posible que se evaporara su preocupación. Pero si no, el vuelo imaginativo sobre a quién habría vendido mi alma y los rituales para afirmar mi servidumbre les llevaría por cotas elevadas y, para qué negarlo, un tanto trilladas; justo los terrenos que Elisa McCausland y Diego Salgado se preocupan de no pisar. Como se pudo ver en Supernovas, en este ensayo afrontan una visión global del tema central (los brujos y brujas y su arte), desde la historia y las diferentes manifestaciones de la cultura popular. Fundamentalmente cine y literatura, pero con ocasionales incursiones en el cómic, los videojuegos, las nuevas formas de comunciación (TikTok)…

Su tratamiento es sobre todo extensivo; abarcan todo el paisaje sin abundar en palabras huecas. Describen cada noción relacionada con el tema desde una elevada densidad conceptual que me ha requerido pausas antes de pasar a la siguiente andanada. En ese sentido, Beso negro es todo huesos y músculo, sin un gramo de grasa, puro aparato locomotor focalizado en trazar un panorama total; tanto un estudio de la evolución de la brujería hasta la actualidad como una cartografía del fenómeno. Un tapiz a partir del cual uno puede apoyarse para profundizar en el tema rastreando cualquiera de los hilos que incorporan.

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Capitán Veneno, de Álvaro “Corazón Rural”

Capitán VenenoMucho se ha demorado la publicación del cuarto Héroes y Villanos, desconozco si por la dificultad de encontrar textos a la altura de la propuesta o una recepción tibia por parte del público. El hecho es que pasaron tres años desde la aparición de Romanones a finales de 2022 hasta la publicación de Capitán Veneno, el libro centrado en Gonzalo de Aguilera Munro, un personaje extravagante que se encargó de llevar a la prensa extranjera por el territorio controlado por las tropas golpistas en la Guerra Civil. En esta labor se caracterizó por declaraciones abracadabrantes, justificando las atrocidades cometidas en pro de limpiar España, como si estuviera de campaña para COZ

Tenemos que matar; matar y matar; ¿sabe usted? Son como animales, ¿sabe?, y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Ahora espero que comprenda usted qué es lo que entendemos por regeneración de España… Nuestro programa consiste… en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España, ¿se da cuenta?.

Los exabruptos, incluyendo amenazas a periodistas que le acompañaban en sus viajes, se combinaban con un indudable carisma al que contribuían su poder seductor en el trato y la audacia de ciertas acciones, caso de su paso por ciudades detrás de las líneas enemigas antes de que las tropas de su bando hubieran entrado en ellas. Todo ello forma parte del retrato inicial que Álvaro “Corazón Rural” hace en Capitán Veneno. Una indagación en una existencia sobre todo recordada por citas como la que he recogido o la manera en la que terminó sus días en un sanatorio mental después de haber asesinado a sus dos hijos.

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El gran delirio. Cambio climático y lo impensable, de Amitav Ghosh

El gran delirioMe encantan los ensayos exploratorios, esas especulaciones sustentadas sobre hechos más o menos contrastados que llevan ideas a terrenos que desconocías, tantean aproximaciones novedosas o apenas transitadas… Se puede estar más o menos de acuerdo con su planteamiento, incluso puede aparecer una refutación que lo ponga de vuelta y media. Sin embargo, ya solo por el aire fresco que introducen suelen merecer la pena. Amitav Ghosh dio en 2015 cuatro conferencias alrededor del calentamiento global en la Universidad de Chicago y El gran delirio es la forma final que le dio para acercar su contenido a quienes no estuvieron allí. Un libro dividido en tres partes (Historias, Historia, Política) que reúne su pensamiento sobre la emergencia climática en este momento en el cual ya no estamos en el campo de la conjetura sino que vivimos con sus consecuencias, mientras el planeta acumula más CO2 y profundiza inexorablemente en ellas.

“Historias”, el primer centro de atención de Ghosh, es fácil de contar; más después de la pandemia de 2020 y cómo se ha experimentado desde la ficción. A imagen y semejanza de la nula presencia de lo experimentado durante al menos dos años en un acontecimiento generacional que impactó nuestras vidas a niveles que no lo ha hecho nada más, Ghosh señala cómo la mayoría de sus colegas escritores viven de espaldas a la emergencia climática. No porque no se trate. Cualquier historia que lo haga ha quedado arrinconada en las estanterías de la ciencia ficción, un género que cuesta ver en las mesas principales de las librerías, las bibliotecas… Esta segregación resulta incomprensible cuando los efectos en nuestra cotidianidad son evidentes, no solo en comparación con un primer contacto, la lucha contra tiranías galácticas o el amor entre un orco y un elfo.

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Mierdificación, de Cory Doctorow

MierdificaciónEn el año 2008 Facebook era una ventana abierta a personas a las que hacía tiempo que no veía, sobre todo amigos que habían emigrado de Cantabria. Ante la ausencia de contacto cotidiano, servía de simulación de vínculo a través de un foro muy básico. Recuerdo lo que suponía cada evolución del interfaz. Llegado cierto momento, en general empeoraba la experiencia, no solo porque te forzara a habituarte a otra disposición de elementos. Hacía desaparecer funcionalidades para incluir otras nuevas a las que no veías el sentido. Aquí había bastante de renuencia al cambio pero también la imposición de una serie de cuestiones (publicidad creciente; contenido ajeno al que deseabas ver), vendidas como una necesidad para mantener la interacción y mejorar la información recibida. Detrás de todo se hacía evidente una mercantilización/manipulación del usuario hasta niveles difíciles de prever, hasta que no hubo manera de ocultarlas. Campañas de desinformación, socavamiento de los valores democráticos, promoción del odio o, en algunos países como Myanmar, el genocidio. Esta secuencia es una de las que Cory Doctorow disecciona en Mierdificación, una descripción pormenorizada de la degradación a la que ha estado sometida internet en los últimos tres lustros.

El inicio del libro es elocuente. A partir de cuatro empresas (Meta, Amazon, Apple y el iPhone y Twitter/X), Doctorow secuencia la degeneración de sus productos estrella en tres pasos: bueno para los usuarios, bueno para los clientes comerciales, un gigantesco montón de mierda. Una puesta en situación en apenas una decena de páginas por caso que delimita un patrón extensible a otras iniciativas en un cuadro que pone de manifiesto el sabotaje de características esenciales en los cimientos de Internet. La interoperabilidad de los sistemas informáticos; la neutralidad de la red; la privacidad de los usuarios están amenazadas por una voracidad de una serie de corporaciones que explotan todos los mecanismos disponibles para mantener a las vacas a ordeñar (usuarios, clientes) dentro de ecosistemas cerrados con el objeto de convertirse en monopolios y maximizar sus beneficios.

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¿Cómo funciona un texto literario?

A mis compañeros Eduardo Valls y Emilio Peral.

Teoría de la literatura de ciencia ficciónLa Teoría de la literatura es la disciplina que estudia cómo funciona la literatura. Mucha gente la desprecia por considerarla fría y abstracta, pero conocerla ayuda a disfrutar mucho cualquier obra y a quitarse prejuicios. Su origen depende del punto de vista que asumas: dos mil años si la tomas desde Aristóteles, cien si la tomas desde los primeros «teóricos científicos», los formalistas rusos. En general, entre los teóricos occidentales no nos ponemos demasiado de acuerdo sobre las grandes verdades que trabaja la disciplina (qué es literatura, cómo entender la calidad de un texto, es mejor Shakespeare que Cervantes, por qué no es más famoso Terry Pratchett…), pero coincidimos bastante en lo concreto: cómo funciona una metáfora, cuáles son las bases de un arco dramático, por qué es imposible una hermenéutica general… Habrá sutiles diferencias de opinión, pero ciertos mecanismos están más que demostrados.

Algo en lo que casi todos parecemos estar de acuerdo es en que una sola teoría de un solo autor no explica todo el fenómeno literario, sino que cada uno de los contribuyentes a este campo dio cuenta de una faceta de la literatura, sin por ello cerrar el problema. Por ello, a diferencia de muchos críticos sin formación teórica, a nosotros nos verás bailar de una teoría a otra, de una metodología a otra, según las épocas o según los textos. Al final, mi experiencia tras trabajar con buenos teóricos en la universidad, me ha llevado a pensar que en nuestras clases acabamos tirando de aquí y de allá para entender toda la teoría como un gran conjunto de saberes complementarios: narratología, teoría del personaje, poéticas del desvío, teorías de la recepción, deconstrucción, ecocrítica, crítica de género, teorías queer, estructuralismo, postestructuralismo, liricología, teoría de los géneros literarios, teorías de la cultura popular, teorías del canon, teorías de la ficción…

También es cierto que a lo largo de los años cada uno vamos construyendo con todo ello nuestra propia teoría de la literatura, en un intento de entender el fenómeno al completo. Así que me he animado a publicar la mía por si a alguien le interesa o puede corregir, aportar o desarrollar alguno de sus aspectos. Vamos a ello.

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Yo, Asimov, de Isaac Asimov

Yo, AsimovEn mayo de 2017, poco antes de empezar las alegres colaboraciones con C, envié a la Fancueva estas palabras sobre las memorias de Asimov. Adecentadas y pulidas esas páginas, las recupero ahora para que estén donde realmente tiene más sentido que estén.

Lo primero que sorprende al leer las memorias de Isaac Asimov, si no se sabe ya, es que el hombre estaba enamorado de sí mismo. Una verdadera historia de amor, la de este tipo. Pongamos ejemplos del romance: en el primer capítulo de Yo, Asimov (I. Asimov), nos dice que fue un niño prodigio, que tiene una memoria privilegiada, y que tiene una “mentalidad superior”. Esto en el primero de 166 capítulos. Por desgracia, Isaac Asimov no es un gran escritor (lo que por otra parte él sabía y, cosa rara, admitía). Descreía de la falsa modestia, y descreía de ella con militancia, y eso tiene una cualidad: cuando reconoce algún defecto, algún fallo de su personalidad, alguna mella en su talento, suena a verdad. Al lado de tanto y tan desmedido autoelogio, la autocrítica es balsámica y tiene la textura y la convicción de lo creíble. Resulta conmovedor, por ejemplo, ver la modestia con la que admite que en sus memorias, como en su vida, “no está pasando nada”.

Sus memorias se componen de pequeños capítulos, cada uno de los cuales representa un aspecto importante –importante para él– de su vida profesional o personal, y siguen un orden cronológico más o menos estricto. A veces, en algunos capítulos, como sería de esperar, se ve obligado a retroceder unas décadas para aclarar algún detalle relevante de lo que narra en tiempo presente, pero en general sigue el orden de su vida, tal como ha sido, desde su nacimiento en Rusia hasta su definitivo asentamiento en Manhattan. De todos modos, la estructura que vertebra y da forma a las casi seiscientas páginas del libro es su propio ego. Ese es el tronco principal de su historia, desde donde se ramifica, arborescente, todo lo demás. Eso no le impide reconocer, no obstante, que Harlan Ellison o Alfred Bester son, en su opinión, mejores escritores que él, o que nunca será considerado un gran, lo que se dice un gran, escritor, lo que de hecho ha ocurrido aquí, hace nada, en estos primeros párrafos de apertura.

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Battiato el extraterrestre, de Maurizio di Bona y Alessio Cantarella

Batiatto el extraterrestreEntre las incontables contradicciones que uno termina por aceptarse, yo he dejado de buscar explicación coherente a la manera en la que me conmueven buena parte de las canciones de Franco Battiato. Siendo un descreído bastante profundo, como sólo podemos serlo los que nos educamos en un colegio católico tomándolo todo progresivamente a pitorreo con el paso de los cursos, me pones casi cualquier tema de Fisiognomica, empieza el Franco bueno a explicar que él lo que quiere es «emanciparmi dall’incubo delle passioni / Cercare l’Uno al di sopra del Bene e del Male / Essere un’immagine divina / Di questa realtà» y me falta poco para mojar las bragas.

No llego al extremo de los que alcanzan a disfrutar los discos experimentales de los años setenta (cosa que intenté, pero simplemente está más allá de mi capacidad) más que con alguna canción suelta recuperada más tarde, pero todo a partir de que el caballero decidiera hacia 1978 por alguna razón que iba a dedicar su talento a hacer canciones más o menos normales (muchas veces más bien menos), con L’Era del Cinghiale Bianco, lo compro a ciegas por contradictorio que sea entre sí. Compro y bailoteo las canciones de aspecto un poco tontipop por las que se le recuerda en España; compro y me emociono con las versiones sin relación cognoscible que hizo en tres discos (tituladas Fleurs, Fleurs 3 y Fleurs 2, en ese orden y con diez años de intervalo), que algunas me ponen los pelos de punta; compro y me alucino cuando con más de sesenta años se juntó con un grupo de jovencitas punkis de Cerdeña; cuando se puso a musicar textos incomprensibles del poeta surrealista Manlio Sgalambro; cuando trabajó con orquestas sinfónicas; cuando se fue a tocar y actuar a Irak en mitad de la guerra; cuando grabó la mejor canción de amor de la historia, La cura; cuando, viendo próxima la muerte, escribió una letra en que explica su convicción de que volvería. Y si cualquier paisano me dice que no teme a la muerte porque se va a reencarnar pienso que cómo están las cabezas, pero si me lo dice Battiato, me pregunto qué habrá conseguido entrever que a los demás se nos escapa cuando, ya con el diagnóstico del mieloma múltiple que se lo terminaría llevando, entona con la poca voz que tenía desde siempre pero ya totalmente rota (aún hermosa, emocionante) que «Finché non saremo liberi / Torneremo ancora / Ancora e ancora».

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A Masterpiece in Disarray. David Lynch’s Dune: An Oral History, de Max Evry

A Masterpiece in DisarrayEra inevitable que con el estreno del Dune de Villeneuve hubiera un cierto revival del Dune de David Lynch, más con tantas personas que la vieron en su niñez-adolescencia ocupando lugares relevantes en el periodismo cultural y esa legión de espectadores de la Generación X aupados a la categoría de ávidos consumidores de nostalgia pop. Muestra de este renovado interés es esta historia oral focalizada, sobre todo, en los testimonios de quienes han sobrevivido a estos cuarenta años desde su estreno para relatar sus recuerdos: la dilatada preproducción, la compleja producción en México, la caótica postproducción aquejada por la falta de presupuesto, y la recepción. Sobre todo lo que desean traer a colación.

Este matiz es importante. Cuatro décadas se dejan sentir sobre la memoria, más sobre una película dirigida por una personalidad tan apreciada a estas alturas como Lynch. Así, parte de ese encadenamiento de vivencias contadas por quienes las vivieron, sin reformulación o con mínimos cambios por parte de Max Evry, termina siendo una celebración de su figura. El talento que había mostrado en sus films previos; su implicación sin concesiones en una película que, de haber salido bien, seguramente habría cambiado su carrera posterior; cómo fue capaz de sobrellevar la presión durante un rodaje lleno de vericuetos en México, incluyendo unas últimas semanas en las que se acabó el presupuesto y hubo que prescindir de parte del guión; una postproducción condicionada por esa carencia de pasta que limitó los efectos especiales a aplicar; una fase de montaje donde se pasó de las más de tres horas de una primera versión hecha por Lynch a las poco más de dos horas ejecutadas por la gente de la Universal que se implicó en su “salvación”…

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Quinta avenida, 5:00 a.m., de Sam Wasson

Quinta Avenida, 5:00 AM¿Qué llevó a Truman Capote a Desayuno en Tiffany’s? ¿Qué quedó de su texto en la adaptación que escribió George Axelrod y dirigió Blake Edwards? ¿Cómo terminó Audrey Hepburn protagonizando la película, tras haberse barajado otras actrices como Marilyn Monroe? ¿Qué tuvo Desayuno con diamantes para convertirse en un evento generacional? Estas son algunas de las preguntas que conducen a Sam Wasson en la escritura de Quinta avenida, 5:00 a.m. Aunque desde los primeros capítulos asienta los dos guías que lo recorren de principio a fin. El primera sobre todo en esos dos momentos: Truman Capote. El escritor detrás de la historia, cuya biografía no sólo permite conocer todo lo que rodeó la escritura de la novela y el camino hacia la adaptación, sino a dos influencias fundamentales para entender a su protagonista, Holly Golinghtly: su madre y Babe Paley, una de las cisnes de Capote. De ellas sacó el desarraigo, la reinvención después de su llegada a la ciudad, el desapego emocional, la elegancia, las aspiraciones esenciales en su construcción. Pero una vez firmado el acuerdo de adaptación y ciertos deseos sobre cómo debería hacerse, la voz cantante de Quinta avenida, 5:00 a.m. la lleva Audrey Hepburn.

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Cuadernos de humo sagrado, de Alan Moore

Cuadernos de humo sagradoLa frontera entre el artículo divulgativo y el ensayo mola cuando se aprovechan todas sus posibilidades. Tomemos como ejemplo el primero de los tres textos incluidos en Cuadernos de humo sagrado: “Buster Brown en las barricadas”. Alan Moore hace un repaso de la historia del cómic en EE.UU. y el Reino Unido desde sus orígenes, fuera de las esferas culturales tomadas como respetables, hasta su aceptación y conversión en una forma de arte respetable en su acepción de “novela gráfica”. En las 100 páginas que le lleva ese recorrido, recuerda algunos de sus nombres y obras más importantes con una componente personal relevante. Moore escribe desde su experiencia, imponiendo en el relato histórico un aspecto subjetivo que nunca oculta y le sirve para atar una serie de hechos que termina conectando desde un punto de vista ideológico.

El más llamativo es la explosión del pulp de los años 20. Según cuenta Moore, el motivo por el cuál la mayor parte de la industria impresora se encuentra en Canadá no se reduce solo a los costes del papel y la impresión; también se origina en el encubrimiento del tráfico de alcohol durante el dominio de la ley seca. Esto le permite establecer lazos que trascienden lo económico y abarcan desde la ruptura de un orden social estanco, donde la gente de bien se ve obligada por las circunstancias a romper la ley/las normas del “decoro” junto a personas con las que de otra manera jamás coincidiría, al fenómeno de usurpación de derechos de autor sobre la cuál se levantó todo el fenómeno de los personajes pulp y el mundo superheroico, sin el cual no podría haberse producido el lucro empresarial que a día de hoy da pingües beneficios en el cine o la producción de videojuegos. Una consecuencia de la apropiación de los derechos de autor iniciada en aquel período.

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