Neuromante, de William Gibson

NeuromanteTuvo que ser difícil enfrentarse a Blade Runner. Esa estética decadente, ese urbanismo opresor, la velocidad de todo, la convivencia con replicantes en la ciudad, toda la mecanización de la vida que se veía en la película condicionó a un joven William Gibson a reescribir la historia que tenía en mente. O, más que la historia, el imaginario. Porque Gibson, con Neuromante, no tuvo una idea sino una imagen. Y tuvo que alejarse del diseño de producción de Blade Runner para erigir su propia concepción del futuro, de lo que les esperaba en los ochenta si seguían como siguieron. De nuevo como en sus cuentos, Gibson supo ver las inercias humanas latentes y les puso imaginario.

Hay dos títulos de los años ochenta –Menos que cero y Neuromante– que tienen un estatus parecido de clásicos instantáneos de su tiempo. Si han resistido el paso de las décadas es ya otro tema. En ambas se ve esa alienación hiperurbana, la violencia que define nuestras vidas. La de Bret Easton Ellis llegó, diría, un poco más lejos en sus logros que la de Gibson, porque además de una imagen social contaba con un ritmo trepidante, pero Neuromante consolidó una estética en verdad perturbadora, que no es poco.

Sabemos que Gibson es capaz de articular un buen puñado de piezas maestras breves; pero en Neuromante, como he sugerido, la trama es confusa y simplona, lo que tampoco es raro ni invalidante: el valor de la novela no está en lo que narra. La novela es más una estética que una historia, la consolidación definitiva y para siempre de la estética ciberpunk. Ya vimos en el propio Gibson antecedentes del imaginario urbano, ya le vimos escribiendo sobre tráfico de información, sobre ciborgs y sobre una alienación social que era la excrecencia de la tecnología mal enfocada. Pero la clave de Neuromante está en la fusión de realidades y en algunas descripciones. No tengo muy claro que haya resistido el paso del tiempo (como sí creo que lo hace Menos que cero o, por citar otra novela ochentera de ciencia ficción, Pensad en Flebas, que no se le parece ni por asomo), pero ¿por qué no?

Sigue leyendo

Fracasando por placer (XXV): Revista Omni nº 14, diciembre de 1987

Omni Logo

Como ya comenté al hilo de la revista Alien, ese breve experimento fue un intento de remedar a la española el éxito tremebundo de la revista Omni en Estados Unidos, que llegó a vender millones de ejemplares combinando temas del Muy Interesante, de la Nave del Misterio esa, y alguno incluso cercano a la actual Wired, con relatos de ciencia ficción. Nunca la cf “estándar”, no franquiciera, ha conseguido una audiencia regular tan grande como en esa publicación desaparecida en 1995. Con el mérito adicional de que la mayor parte del material que Ellen Datlow y Robert Sheckley eligieron, sobre todo a partir de la consolidación de la revista, no caminaba por el territorio trillado de los nombres archicomerciales, sino que apostaron por autores en desarrollo o florecimiento en ese instante, como William Gibson, George R. R. Martin, Orson Scott Card o Robert Siliverberg.

Omni tuvo varias ediciones internacionales y la española comenzó a finales de 1986, bajo los auspicios del Grupo Zeta. La compra de los fondos de Bruguera llevó a un periodo expansivo del holding de Antonio Asensio, fundamentado en las sólidas ventas y relevancia social por entonces de Interviú y El Periódico. Se llegó incluso a especular incontables veces con la creación de su propio canal televisivo. En el territorio que nos es próximo, por entonces nació la colección Nova, que se consolidó muy rápidamente gracias al éxito inmediato de los dos primeros libros de Ender. Las sucesivas reediciones dieron a Miquel Barceló crédito suficiente como seleccionador para ir publicando a otros autores de su gusto.

Compré en su momento puntualmente esta Omni, pero sus páginas de divulgación, en las que ahora he podido comprobar que además se incluían más elementos paranormalitos de los que recordaba, me sabían a muy poca cosa ya con menos de veinte años (y con un criterio no muy experto: el Muy Interesante no me parecía especialmente mal). Una década después, revisando una biblioteca que se iba convirtiendo en desagradablemente aparatosa, decidí copiar algo que le había leído a Asimov: recortar los relatos y tirar el resto para ganar espacio. Puse todos los cuentos en una carpeta. Luego, me mudé cuatro veces en seis o siete años (tres de ellas, nada menos, con el equipo completo a cuestas), y la carpeta debió quedarse en alguno de los caminos.

Después del articulito sobre Alien, busqué algún ejemplar de la Omni española en iberlibro para escribir al respecto. Elegir el número catorce tuvo una doble motivación: estaba muy barato y me constaba que contenía un relato que me impresionó poderosamente en su momento, “Permafrost”, de Roger Zelazny, que había ganado el premio Hugo pocos meses antes de su traducción.

Sigue leyendo

Hija de sangre y otros relatos, de Octavia E. Butler

Hija de sangre y otros relatosAfrontar la antología de textos breves de una autora conocida ante todo por sus novelas siempre provoca preguntas. A pesar de haber ganado importantes premios con sus relatos, en nuestro país la carrera de Octavia E. Butler es recordada por los libros de Xenogénesis en Ultramar y más recientemente por la publicación de Parentesco. Pero una de las nuevas editoriales que han surgido recientemente, la bilbaína consonni, ha decidido añadir Hija de sangre y otros relatos a su interesante catálogo. Este breve volumen de 200 páginas reúne siete relatos y dos ensayos que buscan mostrar una imagen general de la obra breve de Butler y, una vez asimilados en su totalidad, se podrían sacar una serie de conclusiones con las que empezaremos, en orden contrario al habitual en las reseñas.

Lo primero a apuntar es que Hija de sangre y otros relatos contiene un valor más histórico que literario, sin que esto desmerezca al libro. Gracias a esta recopilación es posible formarse una idea de los temas que inquietaban a la autora, entender cuáles eran sus obsesiones o su mecánica de trabajo. Además, a cada relato le sigue un breve epílogo donde explica las motivaciones que empujaron a su escritura.

Existe una clara diferencia de calidad entre los dos primeros relatos y el resto. El que da título a la antología ganó los premios Hugo, Nebula y Locus, aspecto que ya avisa sobre su calidad. Luego, “La tarde, la mañana y la noche” también es una obra muy interesante, pero con el resto no se logra tanto esplendor, a pesar de haber otro relato premiado, por lo que queda cierta sensación de descompensación.

Sigue leyendo

Todos sobre Zanzíbar, de John Brunner

Todos sobre ZanzíbarRecuerdo el revuelo en los foros de Cyberdark cuando el editor de La Factoría de Ideas, Juan Carlos Poujade, anunció una nueva traducción de Todos sobre Zanzíbar. El run run sobre los problemas de ciertas ediciones de Acervo, esa sospecha de mutilar textos subidos de tono o con un cierto gusto por las palabras malsonantes, alentaron reediciones del premio Hugo de John Brunner o de Incordie a Jack Barron. Pues bien, cuando Todos sobre Zanzíbar llegó a las librerías a mediados de 2003 lo hizo con la misma versión de Jesús Gómez utilizada por Acervo en 1978, y la afirmación de que no había sido necesario traducirlo de nuevo: habíamos leído una obra íntegra que hacía justicia al original. De un plumazo, la editorial que un par de años antes había puesto en circulación una traducción de Nebulae Primera Época de una novela del mismo autor, pasaba de puntillas sobre esta tropelía y ganaba el discurso de la reedición necesaria. Diecisiete años más tarde verifico que Poujade nos metió el enésimo gol por toda la escuadra.

Para el estándar de su época, la traducción de Jesús Gómez era meritoria. Basta acercarse al texto original para apreciar su trabajo sobre las voces o la terminología. Lejos de entregarse a la habitual tarea de aliño «quito o reformulo a lo bestia lo que me cuesta llevar al castellano», Gómez estuvo a la altura del reto en bastantes facetas. Es de suponer que el trabajo editorial de Domingo Santos, por entonces director de la colección de Acervo, tuviera algo que ver. No puedo decir lo mismo de las oraciones más enrevesadas; hay en este libro frases que no se entienden o quedan muy por detrás del original.

Como la placa hembra de forma monstruosa de una prensa de troquelado explosivo, el entorno sobreimpuso a la personalidad de Donald Macerdo, del mismo modo que una mano apretada sobre masilla deja resaltes entre los dedos, la marca de su estructura circular.

Like the monstrous shaped negative-plate of an explosive forming press the environment clamped itself on the personality of Donald Hogan, as a hand clenched around a lump of putty will leave the ridges between fingers, the imprint of the cuticular pattern.

En una filosofía empresarial donde el subempleo, el contrato bajo palabra y la chapuza fueron un estándar, una nueva traducción de Todos sobre Zanzíbar era mucho más complicado que pasar un ejemplar de Acervo por el OCR e imprimir, tal cual, aquella edición con 25 años a su espalda. Esperemos que Jesús Gómez o sus herederos recibieran el justo pago por su labor.

Sigue leyendo

Seis planteamientos inconclusos

En un tiempo como éste, las ideas bullen en la cabeza. No falta tiempo; falta impulso ante la sospecha de que todo es más bien inútil, que la única posible consecuencia de un esfuerzo analítico es el desahogo, darnos de cabezazos contra las paredes.

Aquí presento ideas anotadas en mi libreta, que no tengo ánimo para desarrollar o investigar a fondo, pero que supongo serán representativas de lo que sienten otros lectores, y tal vez den pie a que alguien se extienda al respecto.

Aquel mes de marzo de 2020

1. La primera verdadera situación de cf (que yo haya vivido)

Cuando fui a comprar por primera vez a un supermercado tras el inicio del confinamiento, sufrí un shock escénico como no recuerdo otro igual en mi vida. Santiago Moreno presentó una situación similar en esta misma web, yo cuento la mía. Vivo en medio del campo; mi entorno siempre está casi vacío. Pero de repente, la siguiente vez que fui a comprar a la ciudad, días después del comienzo del confinamiento… La cola de gente cabizbaja aguardando turno para entrar en el centro comercial, las miradas huidizas, como si el contacto visual contagiara; los lineales con productos básicos vacíos; las mascarillas de algunos, el encogerse al paso de otros, gente con bufandas y guantes de fregadero… Caí de golpe en un mundo escondido en mis pesadillas, pero presentado con toda la falta de uniformidad y de épica propia del mundo real. Sabía de antemano que iba a encontrarme algo así, pero no es lo mismo que tenerlo delante, tras días de aislamiento en el que todo había cambiado. La última vez que había estado allí faltaba papel higiénico, pero todo lo demás era como siempre.

Fue la primera vez en mi vida que de verdad me sentí en un escenario de ciencia ficción.

Sigue leyendo

Serpiente de sueño, de Vonda N. McIntyre

Serpiente del sueñoEs curioso cómo una cubierta puede echarte para atrás, sobre todo cuando eres adolescente. Recuerdo haber tenido en mis manos Serpiente del sueño hace 30 años, observar la ilustración de Óscar Chichoni y asociar su título a alguna historia donde un androide recorría garitos en una ciudad alienígena al mando de su banda de rock sinfónico. Quizá hoy le daría la vuelta para leer el texto de cubierta trasera y me quitaría los prejuicios, pero cuando tienes 15 tacos y no has abandonado la etapa «dame la última de Card/Herbert» te llevas Los creadores de dios o Maestro cantor antes que el libro del robot guitarrero. Años más tarde puedes regresar a él con más información, pero ya estás en otro momento y la suma de premios se ha convertido en un disuasor más que en un atractivo. Gafapastismo en vena.

Desde luego, la elección de las ilustraciones de Chichoni en los 80 por parte de Nova Ciencia Ficción compite en torpezas con las de Luis Royo para Gran Super Ficción, y entre todas esta se lleva la palma. Detrás de su imagen, Serpiente de sueño se descubre como una narración relativamente clásica que redefine un post-holocausto nuclear con elevadas dosis de optimismo y empatía. Una combinación nada común que se apoya sobre una protagonista esencial para esta concepción. Serpiente viaja por un lugar claramente reconocible, un yermo donde una serie de comunidades están en proceso de reconstruir la civilización, junto a sus tres serpientes. Gracias a ellas atiende, cura, vacuna, alivia el dolor a las personas que encuentra. La diversidad cultural de cada tribu entra en conflicto y se realimenta con la de la propia Serpiente y el gremio al cual representa. Ya desde el mismo inicio la necesidad de su labor choca con el miedo hacia sus utensilios de trabajo, mientras su falta de experiencia o la ignorancia de sus pacientes dificultan su competencia como sanadora.

Sigue leyendo

The Long Tomorrow, de Leigh Brackett

The Long TomorrowAparte de Sigue el viento libre, de Leigh Brackett se pueden encontrar traducciones de La espada de Rhiannon, la trilogía de Skaith y algún otro título de su producción más pulp. Mientras, continúa inédita la que se considera su mejor novela de ciencia ficción, The Long Tomorrow, incluida en la colección SF Masterworks y finalista del premio Hugo en 1956; el año que lo ganó una de las obras más flojas de Robert Heinlein. Es necesario recordar, por delante de El fin de la eternidad, lo que atestigua la popularidad del autor de Tropas del espacio por aquel entonces. Y no tengo dudas en añadir que, además de la novela de Asimov, The Long Tomorrow también la supera en todos los aspectos narrativos salvo en esa fluidez (casi siempre) proverbial en Heinlein.

Esta impresión no es óbice para reconocer que leída con seis décadas a sus espaldas, entienda los motivos por los cuales The Long Tomorrow continúa (y continuará) inédita. Brackett construye un relato escaso de acción y repleto de descripciones de un mundo postholocausto nuclear primo hermano del oeste de las grandes praderas y ríos, a mitad de camino entre la historia de iniciación y el western moral (La gran prueba). Su ritmo pausado, el cuidado en el desarrollo del protagonista, su conexión con las ideas fuerza sobre las cuales se asienta el texto, la convierten en arsénico para el público de ciencia ficción contemporáneo, además de situarla en las antípodas de la producción por la cual un puñado de lectores todavía conocen (y aprecian) a Brackett en España. En su mayoría en las antípodas del mercado influencer «tengo un blog y mis notas en Goodreads empiezan en 4 estrellas».

Sigue leyendo

La vida secreta de los bots y otros relatos

La vida secreta de los botsTres lustros lleva Gigamesh regalando un volumen especial por el día del libro en determinadas tiendas. Desde 2003 hemos tenido adelantos, colecciones de relatos, novelas más o menos breves y no ficción. No todo al mismo nivel, claro, pero con una nota media alta, con grandes obras de Harry Harrison, los hermanos Strugatski, Richard Matheson, John Clute, Tim Powers o Roy Lewis. Un campo de nabos sin par. Por lo que cuenta la introducción de La vida secreta de los bots y otros relatos, en los próximos años vendrán libros similares a éste. Antologías seleccionadas de los The Best Fantasy and Science Fiction of The Year, con un puñado de ficciones breves que, si bien no solucionen el mínimo caudal que se traduce, funcionen de sorbito para mitigar un poco la sed.

La jerarquía del título apunta hacia «La vida secreta de los bots» como el plato principal, premio Hugo de 2018 y, curiosamente, el que menos me ha gustado de la antología. Con unos mimbres tradicionales, Suzanne Palmer relata cómo un robot de una generación vetusta es reactivado para retornar al servicio en una desvencijada nave, la última línea de defensa de una Tierra amenazada con la destrucción por un proyectil lanzado por una especie alienígena. Mientras el bot número 9 rastrea un parásito que pone en riesgo la maquinaria, se relaciona con el resto de bots de generaciones más recientes, se adapta a su particular shock del futuro y hace lo posible por obviar a la tripulación, acogotada por su inoperancia, la trascendencia de su misión y una muerte casi segura. En este contexto, el número 9 se convierte en cicerone de un entorno cerrado que representa a un planeta en descomposición en el trámite de recibir el tiro de gracia.

Sigue leyendo

Fracasando por placer (II): Astounding Science Fiction, enero de 1955

Astounding

Ah, Astounding… La revista con la que Isaac Asimov soñaba, con la que nos hizo soñar a los de nuestra generación cuando leíamos sus prólogos. En ellos, el joven friquicillo gafotas y judío con el que todos nos identificábamos era recibido por el maestro definitivo, el oráculo del futuro, el impulsor de carreras, John W. Campbell Jr. El Magnífico. Campbell consumía tiempo en dar consejos al joven Asimov, pese a que él mismo reconocía ser por entonces un pardillo de tomo y lomo, al igual que albergaba bajo su munificencia omnímoda a Theodore Sturgeon, Robert A. Heinlein o A.E. Van Vogt. Ah, si pudiéramos tener un guía que nos liderara como Campbell, pensaba. Ah, si cada mes pudiera comprar una revista plagada de estrellas como Astounding, pensaba.

Eso no ocurrió jamás tal cual, por supuesto, pero se le pareció un poco a comienzos de los años cuarenta. Para cuando se publicó este número de la revista que vengo a comentar, hacía varios años que Astounding había dejado de ser primus inter pares. En primer lugar, por la aparición al fin de publicaciones que podían hacerle sombra: concretamente The Magazine of Fantasy and Science Fiction (desde 1949) y Galaxy (desde 1950). Pero también por la propia figura de Campbell, que tenía unos cuantos rasgos negativos que se dejaban entrever en aquellos textos de Asimov, pero que ya especificaría de forma definitiva en su autobiografía de los años noventa: tendencia a pontificar, intolerancia, y una extraña credulidad para las más peregrinas modas del momento. Así, dio cobijo (y se tragó) al artículo fundacional de la cienciología, apoyó ocasionalmente a la ufología, y tendió a albergar tanto anuncios publicitarios como cartas o contenidos que apoyaran cualquier desquiciamiento conspiranoico. Asimov admite que esta querencia hacia lo paranormalito, sumada a que a medida que se iba haciendo mayor ya le cargaran un poco las charlas del buen señor, hizo que se alejara progresivamente de Astounding, y consideraba también posible que al resto de compañeros de generación les ocurriera lo mismo. Además varios de ellos (caso de Lester del Rey o Frederik Pohl) estaban bastante implicados en las nuevas revistas. Pero aún más grave es que buena parte de los grandes nombres que fueron apareciendo en los cincuenta apenas publicaron en Astounding: Philip K. Dick una sola vez (en junio de 1953 con «Impostor»), Robert Sheckley apenas un par, Harlan Ellison nunca… Sólo Robert Silverberg durante un tiempo, Jack Vance con frecuencia, y Poul Anderson de forma continua se convirtieron entonces en nombres nuevos e importantes en sus páginas. Excuso decir que la renovación de la cf en los sesenta pasó completamente de largo ante la puerta de la revista, ya por entonces renombrada como Analog. Por lo general, Campbell desde entonces y sus sucesores después se han nutrido sobre todo (aunque no únicamente) de escritores fieles a la revista, pero sin excesiva presencia en el resto de publicaciones ni relevancia en la corriente principal del género: por ejemplo, el histórico número 1000 de Analog, que se publicó en junio de 2015, destacaba en portada a Richard A. Lovett, Sean McMullen, Gwendolyn Clare y Michael Carroll, que no es que sea la alineación de Brasil en 1970. Ni casi la de Malta en 1983. Una pena, dado que no creo que ninguna otra revista del género llegue a cumplir ese número: al actual ritmo de publicación, F&SF creo que lo alcanzaría para 2054, y no me siento optimista al respecto.

Sigue leyendo

El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu

El problema de los tres cuerposCon bastante retraso respecto al resto de la fandomsfera, he aquí la reseña más buscada entre los contenidos de C. El premio Hugo a la mejor novela en 2015 tras vencer la tradicional fobia del público anglosajón hacia los libros no escritos en su lengua. La razón de mi demora ante una de esas lecturas obligatorias para tomar el pulso de la actualidad se debe en gran manera a la espera a tener traducidos los tres volúmenes de la trilogía en castellano. Algo que no ha ocurrido hasta hace un par de meses cuando Nova Ciencia Ficción ha publicado El fin de la muerte, el tercer y último libro de la secuencia. Una novela cuya valoración parece despertar elogios unánimes entre sus lectores.

Hay en El problema de los tres cuerpos un capítulo, «Sofón», que me recuerda lo mejor de lo poco que había leído de Cixin Liu en relato («Mountain», «The Wandering Earth«). La especulación se apodera de la narración cuando la civilización extraterrestre que domina la historia, Trisolaris, fracasa en repetidas ocasiones en su propósito de desplegar un protón para construir un ordenador sobre él. La ausencia de complejos y cómo su autor enhebra imaginación y poder evocador dotan a la novela de un vuelo que no había logrado durante las 300 páginas anteriores, muy contenida en una faceta tan fundamental y necesaria cuando tienes problemas en otros aspectos, ya enunciados con amplitud por Rodolfo Martínez o José Manuel Uría.

Sigue leyendo