Cinco duros Vol.3: 1990-1993, de Diego Vargas Pardo

Cinco duros vol.3Llega a su tercer volumen la historia oral de los videojuegos en España que Diego Vargas parece en proceso de construir con los cuatro años que abarcan de 1990 a 1993. Una encrucijada que marcaría un cambio de etapa con la llegada de las primeras consolas y el despegue de la venta de programas para PC. Mientras, se cerraba definitivamente la vía de los ordenadores de 8 bits y se desencadenaba la crisis del modelo de negocio de la programación de videojuegos. Estas cuestiones se tratan con amplitud en este libro además de cubrir temas aledaños, caso del nacimiento de nuevas cadenas de distribución o la reestructuración de las que había, y el nacimiento de grandes tiendas y espacios específicamente dedicados a los videojuegos que marcarían las dos décadas posteriores. Hay una complejidad detrás de esta secuencia de acontecimientos que contrasta con la vista en los dos volúmenes anteriores, lo que ocasiona una mayor fragmentación que en el anterior volumen.

Como aquí he venido por los videojuegos, es muy interesante cómo se transmite esa transformación hacia los nuevos soportes o la destrucción de los equipos que había. El canto del cisne de los grandes sellos (Topo, Dinamic) con proyectos propios de otra época; el despido de profesionales de de estas empresas y la subcontratación de desarrollos a nuevos equipos para sorber hasta la última peseta de los restos del naufragio de los 8 bits; los escasos proyectos de reconversión exitosos hacia las nuevas plataformas y las dificultades para poder abordarlos debido a los déficits estructurales acumulados en los años previos; el aprovechamiento de los quioscos como puntos de venta de programas de bajo coste…

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Forjador de universos, de Eduardo Vaquerizo

Forjador de universosPoco a poco van cayendo los libros de La Magnífica editados en formato bolsillo. Con su calidad del papel, el tamaño de la fuente, las dimensiones de la caja de maquetación, los detalles gráficos, no solo se disfruta del texto. Exhiben un cuidado que dota al contenido de un valor extra por entre 12 y 15 euros. Una lástima que la complicada distribución y unas librerías centradas por supervivencia en los volúmenes que más margen dejan, tengan la iniciativa en la cuerda floja. Pero por historias como Forjador de universos se sale recompensado con una lectura de difícil publicación de otra manera; por su extensión entre la novela corta y la novela, pero también por su temática/enfoque.

Forjador de universos tiene mucho de novela juvenil en la acepción que había hace cerca de medio siglo, cuando Bruguera publicaba colecciones como Todolibro, orientando a un público joven obras escritas con un criterio más amplio. Por su carácter de presentación de algo accesible desde un enfoque que hace pensar en un lugar narrativo que, dependiendo de lo arraigado de ciertos bagajes, puede verse como ciencia ficción metafísica o fantasía. De hecho se articula alrededor de algo tan arraigado en los géneros proyectivos como esa estructura burocrática que gestiona el novum, a imagen y semejanza de la Eternidad de Asimov y el viaje en el tiempo, las invasiones dimensionales de la Lavandería de Stross, las secuelas de las peleas entre superhéroes de Control de Daños en Marvel o la gestión de lo sobrenatural del Bureau Federal de Control de los juegos de Remedy. Aquí la organización de marras se encarga de la fusión de dimensiones en el trámite de colisionar, un acontecimiento cuyas consecuencias cataclísmicas aplacan antes de que se produzcan.

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Fabulosos imperios, selección de Mariano Martín Rodríguez

Fabulosos imperiosQuince años lleva activa la colección Letras populares en Cátedra, con su modelo de obra de ciencia ficción, fantasía y terror acompañada de su estudio introductorio. Uno de los volúmenes esenciales en su catálogo es la Historia y antología de la ciencia ficción española. Este libro, editado por Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, tenía como objetivo definir lo que ha sido este género en nuestro país a partir de un conjunto de relatos y acompañarlo de un ensayo contextualizador. Sin embargo, lejos de profundizar en esa línea haciendo el equivalente en terror, fantasía, ciencia ficción sudamericana…, las personas detrás de la colección parecieron olvidarse de iniciativas que permiten profundizar en cómo se han cultivado estos géneros en nuestra lengua y ahondaron en un curso irregular: grandes clásicos acompañados de obras menores, en muchos casos libres de derechos, bajo la continua impresión de abaratar costes. Ha tenido que pasar una década para que hayamos recibido un libro equivalente al citado, en esta ocasión centrado en la fantasía épica. Su responsable, Mariano Martín Rodríguez, ha preparado en Fabulosos imperios una selección de doce cuentos y su correspondiente estudio introductorio. Una puerta abierta hacia la fantasía épica cultivada en España entre 1979 y 2023.

La comparación con el libro de ciencia ficción no es baladí, más si se observa dicha introducción. Mientras que el texto de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno funcionaba al margen de los relatos elegidos, Mariano Martín Rodríguez mantiene una deliberada realimentación con la docena de cuentos que ha seleccionado. En su tarea de categorizar las cualidades de la fantasía épica española acude a ellos para delimitar sus características. Esto me lleva a recomendar su lectura posterior; creo que así es como se puede obtener un mayor disfrute, una vez la base narrativa que guía el ensayo ha quedado establecida y se puede profundizar en el grueso de su argumentación y los caminos aledaños, sustentados en otros estudios previos y obras más extensas que han quedado fuera.

Entrando en algún detalle de la visión que Martín Rodríguez tiene de la fantasía épica, en su definición es fundamental el mecanismo de subcreación. El proceso mediante el cual un escritor inventa un mundo imaginario con una historia propia y lo puebla de países, paisajes, gentes, lenguas… hasta forjar universos ficticios coherentes con parámetros espaciales y temporales característicos, y sus propios órdenes social, religioso, cultural y ontológico. Escenarios para todo tipo de conflictos políticos y dinásticos, historias de aprendizaje y grandes gestas, pero también para relatos en los cuales se describe un mundo nuevo con una poética centrada en el descubrimiento de su historia, sus leyes, sus pobladores; narraciones donde lo bélico se subvierte a través de una mirada que incide en las secuelas de la guerra…

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La mitad que sangra, de María Zuil y Antonio Villarreal

La mitad que sangraImpartir Biología en 3º de ESO lleva consigo una responsabilidad extra; en muchos casos, es la única vez que dentro del temario de una asignatura se pueden abarcar con amplitud temas relativos a la salud en Secundaria. Y si no se incluye la salud sexual en tutoría o se acude a formación externa, la única ocasión para tratar las enfermedades de transmisión sexual, los métodos anticonceptivos y todo lo referente a la menstruación dentro del currículo. Algo que constreñido en una asignatura de 2 horas a la semana, unas 65 clases durante el curso, hace que esté todavía más compactado de lo que a cualquier docente le gustaría si quiere tratar el desconocimiento general o las numerosas ideas preconcebidas que colonizan las cabezas del alumnado. De estas cuestiones, la menstruación sale muy mal parada, quedándose muchas veces arrinconada a una o dos clases dedicadas a acercarse a las cuestiones hormonales, anatómicas y de higiene. Esta superficialidad y el desconocimiento aparejado es uno de los puntos de partida de La mitad que sangra. El libro escrito por María Zuil y Antonio Villarreal para contar todo lo que se sabe sobre la menstruación y las múltiples zonas plagadas de conjeturas y desconocimiento. Y por qué cuesta tanto cerrarlos.

Es interesante el enfoque a partir del cuál Zuil y Villarreal conciben La mitad que sangra. Los autores ponen en valor su acercamiento periodístico a partir de una encuesta que realizaron 900 mujeres. Sus respuesta se diseminan a lo largo y ancho de una decena de capítulos, dialogando con lo que cuentan. Esta presencia de todas las experiencias habidas y por haber sobre cómo afecta a las vidas de las mujeres marida bien con las personas (médicos, investigadores, divulgadores, políticos) a las que han entrevistado y llevan la voz cantante. Hay una labor de encaje fino que mantiene la diversidad de voces y la complejidad del problema sin caer en redundancias o simplificaciones.

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La división de antimemética no existe, de QNTM

La división antimemética no existePara un bloguero de pro, los fenómenos literarios en tus territorios son algo digno de comentario… si consigues entrar en ellos. Los grandes, como La península de las casas vacías o Alas de sangre, y los más pequeños, como este La división de antimemética no existe, obra de un tal QNTM, del que me daba una pereza enorme ver qué hay detrás hasta que el bueno de Jean Mallart se preocupó de ponerme al día (y un par de podcast se encargaron de rellenar los huecos). Porque el libro ha sido bastante comentado a mi alrededor. Y ha gustado entre mucho y muchísimo, no solo por motivos crematísticos, como la maquetación del volumen, o esa idea central que se aproxima a lo sublime desde un terreno poco habitual: la existencia de entidades de una naturaleza ominosa que traumatizan a quienes las ven desde el olvido; de haber estado en contacto con ellas, de haber descubierto aspectos que permitían combatirlas, de situaciones de tu vida cotidiana, de nociones del día a día como tocar un instrumento o cocinar un huevo frito, del recuerdo de nuestra primera cita, de respirar…

Este acercamiento a lo inabarcable diverge del de Lovecraft y todas las historias que siguen sus pautas, a día de hoy con un arraigo que hace pensar si seguimos atrapados en la neurosis de hace un siglo o si ante las preocupaciones del nuevo milenio sentimos nostalgia por ellas. En el autor de Las montañas de la locura y sus acólitos, el conocimiento, la visión, la interacción con sus antiguos y sus construcciones arrastran a los personajes a un estado de estrés más allá de su punto de ruptura y toman conciencia de su lugar en el universo. La lucha es por la propia supervivencia y cuando esta se compromete es meridiano que nada se puede hacer frente a estas manifestaciones para las cuales la presencia humana va de lo servil a lo irrelevante. Se asume que la resistencia es fútil y el recuerdo del contacto permanece de manera directa o indirecta, pudiendo llegar a romper la barrera del tiempo y afectar a las generaciones futuras a través de algún tipo de modificación larvada.

Frente a esto, en su interacción con una serie de entidades incognoscibles denominadas Incógnitas, QNTM plantea una serie de consecuencias más “esperanzadoras”. Para combatirlas se ha creado una división dentro de la Organización que nos protege de ellas. Y han desarrollado toda una serie de protocolos, instalaciones, armas, para triunfar en un terreno donde resultaría impensable lograrlo. A ello se dedican con denuedo aun sabiendo que ganar es prácticamente imposible, empatar el mejor resultado, y no se puede dejar de jugar. Un híbrido entre las historias de la lavandería de Charles Stross se pasan por el Bureau Federal de Control, más concentrado en explorar las tensiones de lo sublime y no tanto en la imaginería pop a su alrededor, con una veta importante de la burocratización de lo maravilloso. Una oda de admiración a los funcionarios como seres capaces de lidiar con lo inimaginable gracias a su trabajo sistemático, repetitivo, protocolario, basado en su saber hacer para sobrevivir a la experiencia.

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Aburridísima, de Izumi Suzuki

AburridísimaEl fandom se centra tanto en loar la publicación de libros sin necesidad de promoción que muchos que sí la requieren vuelan por debajo del radar. Pongan como ejemplo El libro de Keanu, una de las novelas más flojas de China Miéville cuya traducción recibió una atención innecesaria; el hecho de contar con el actor detrás de John Wick en la cubierta ya era suficiente para que tuviera a los dioses de la mercadotecnia de su parte. En este contexto, es frustrante ver cómo cualquier excrecencia de Sanderson, Abercrombie, Tchaikovski recibe una difusión irrelevante para alcanzar a su público. Mientras, libros como este o El príncipe de Annwn, de Evangeline Walton, se las ven y se las desean para llegar a sus lectores potenciales. Para empezar, porque los que nos dedicamos a estas tareas de la prescripción de nuestros gustos estamos mirando el dedito de lo canales de prensa del emporio Planeta Random House Minotauro Mondadori Destino Nova Austral “lo que hayan absorbido”. En este caso fue un artículo de El País con una elaboración muy, por así decirlo, mercadotécnica (campaña navideña; ideas vagas tomadas de diversas fuentes; la Le Guin japonesa cuando no tiene nada que ver) el que me pusiera sobre la pista de Izumi Suzuki. Y después de leer el libro en cuestión, con sus cosas, me siento afortunado de haberme cruzado con aquella promoción.

La vida de Suzuki parece alineada con sus relatos. Actriz de cine erótico y de teatro de vanguardia, camarera en locales de alterne, fue pareja de un saxofonista que murió por una sobredosis. Ella misma se ahorcó todavía joven, a mediados de los ochenta, dejando una hija de nueve años y una serie de obras de las cuales esta es la primera que se traduce en España gracias a Consonni y Tana Oshima. Siete cuentos gestados en la intersección entre la ciencia ficción de los 70 y 80 y la aspereza de un Gekiga protagonizado por una trasunto de la propia Suzuki; como si Tsuge o Abe trabajaran con historias sobre sociedades sin hombres; acceso a realidades virtuales y drogas; sujetas a invasiones sutiles o alienígenas obsesionados con reproducir la cultura occidental; en el marco mental del M. John Harrison de El mono del hielo o El curso del corazón. El sufrimiento de sus protagonistas no viene de estar sumidas en un apocalipsis o una distopía sino de darse cuenta que no les gusta su existencia y no pueden huir de ella por mucho mecanismo de escape a su disposición. La falta de pasión por sus parejas, los engaños en sus relaciones, lo consciente que sean del simulacro, son un paquete completo y abrazarlo es un paso previo a solucionarlo… si no es la única solución porque no hay salida.

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La suerte del Bufón, de Robin Hobb

La suerte del bufónCualquiera que lea las reseñas que tengo en C de las dos novelas anteriores de la trilogía El profeta blanco, pensará que hay mucho de cabezonería en continuar en esta serie. Siempre hago mención a lo prolijo en la narración de una Hobb fiel hasta el tuétano a la forma que ha elegido para relatar esta historia. Una primera persona apegada a un personaje empecinado en plasmar su existencia de manera obsesiva, lo que le lleva a describir con detalle también el lugar y el tiempo que le ha tocado vivir. Una servidumbre que implica narrar lo determinante para la trama que viven otras personas cuando él no está delante. Y así, lo que con otro tratamiento serían 300 páginas para él son 900, implicando un esfuerzo que otras novelas no requieren porque Hobb cae en agujeros evitables.

Ahora bien. Sin este estilo pormenorizado donde cada elemento, incluido el escenario, acentúa el paisaje emocional, no se podrían tener estos personajes principales y secundarios. Personas definidas con agudeza desde su mismo nombre que despliegan una variada gama matices a medida que tratan con Traspié hasta componer uno de los repartos más heterogéneos de la fantasía épica. Una docena y media larga de caracteres que, en la mayoría de los casos de La suerte del Bufón, son propios de esta trilogía y han crecido libro a libro, en particular el príncipe Dedicado. Pero también un puñado que desaparecieron en la trilogía previa y ahora regresan. Todos focalizados en mostrar la transición a nuevas fases de su vida además de permitir a Traspié cerrar los matices de los temas sobre los cuales ha pivotado esta segunda trilogía/etapa de su existencia: la entrega y el cuidado.

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Ogros, de Adrian Tchaikovsky

OgrosTengo asociado el uso de la segunda persona a los libros de elige tu propia aventura. Tanto que, si me pongo a leer un relato escrito así y al dar la vuelta a la página no se mencionan a los señores del Kai o aparece alguna instrucción para saltar a otro capítulo, me siento fuera de lugar. Este sesgo agrava peros tradicionales como el sentirse continuamente interpelado, cuando no instruido, por un narrador que te llama todo el rato y te hace preguntarte más que otras voces por qué el autor eligió contar la historia así. Ha dado la casualidad que recientemente he leído dos historias que acuden a ella preocupándose de asentar esta elección. La primera es “Canción mortal de Indiana“, de Max Booth III, de la que escribiré por aquí. La otra es este Ogros, traducido por Cristina Macía para la colección Freder, de Plan B/Dolmen. Una serie de libros que casi parecen haberse publicado en la clandestinidad.

La novela corta mantiene obvios vínculos con otros títulos de Adrian Tchaikovsky. Para empezar, junto a Ironclads y Firewalkers forma parte de la secuencia Revolutions. Historias inéditas hasta el momento en castellano, sin conexión argumental pero con una temática común centrada en el alzamiento contra regímenes opresivos y desiguales en escenarios de ciencia ficción. También comparte con Linaje ancestral la pérdida/supresión de la historia pasada como herramienta de desarraigo y control, y la recuperación de ese bagaje perdido. En este caso para terminar reproduciendo comportamientos, algo alimentado a través de ese narrador que apela incesantemente al lector, imbuido en la piel de un personaje convertido en un paria y empujado a ser el Neo en este mundo poblado de medianos y gigantes.

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El pueblo de los malditos, de John Wyndham

El pueblo de los malditosRunas parecía decidida a recuperar las grandes obras de John Wyndham con nuevas traducciones. Inexplicablemente, después de cuatro títulos, se quedó sin editar la guinda, la novela que mejor se mantiene a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación original (1957) y más ha calado en la cultura popular. Entre otros formatos, dan fe las dos adaptaciones al cine dirigidas por Wolf Rilla (1960) y John Carpenter (1995). Ha tenido que ser RBA quien por sorpresa recuperara Midwich Cuckoos con la referencia de ambos filmes en su cubierta: El pueblo de los malditos. Además con una nueva traducción de Natalia Cervera que actualiza el texto a los estándares de edición más exigentes y clava el minucioso estilo expositivo de Wyndham, con sus toques de ironía snob. El gran clásico de la ficción apocalíptica británica cuya manera de sumirse en lo catastrófico era tan idiosincrásica que terminó llevando a Brian Aldiss a etiquetarlo de cosy catastrophe (catástrofe íntima/acogedora).

Todo empieza con el regreso del narrador y su mujer a Midwich tras haber celebrado su cumpleaños en Londres. Al llegar se encuentran la carretera cortada. Toman una vía alternativa y se dan de bruces con una situación espeluznante: al entrar dentro de unos límites concretos, se pierde el sentido, algo que termina ocurriéndoles a ellos. Ahí la novela pasa a contar lo que sucedía en Midwich en los momentos previos a ese fenómeno. Lo experimentado por las gentes en el meollo de un acontecimiento inexplicable que desaparece como llegó, dejando a (casi) todas las mujeres en edad de procrear embarazadas. Este fenómeno comunal se ve redondeado nueve meses más tarde cuando los alrededor de sesenta partos sincronizados dan a luz a niños y niñas con las mismas características: unos ojos dorados, pelo rubio apagado… y un influjo formidable sobre las personas a su alrededor.

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Crímenes reales, de Samantha Kolesnik

Crímenes realesLa fascinación por el true crime lleva años entre nosotros. Las series (pseudo)documentales, los programas con reconstrucciones, los podcasts, la literatura construida a su alrededor, no parecen dar síntomas de agotamiento. Me he acercado a algunos, sobre todo en los orígenes de la ola en las plataformas (The Jinx, Making a Murderer, Asesinato en León, Cómo cazar a un monstruo…), pero en general me he mantenido a una distancia prudencial. La faceta dramática impuesta en el “montaje” y el inevitable sensacionalismo imprimen connotaciones pop a sucesos atroces y tiñen la dimensión emocional y humana con carices más incómodos, si cabe. Una vertiente sobre lo cual Samantha Kolesnik ha construido esta novela corta, traducida por Shaila Correa.

Su inicio es desagradable. En primera persona Suzy, una adolescente, cuenta lo que es la convivencia con su madre y Lim, su hermano, mientras padece de la primera todo tipo de malos tratos, abusos sexuales incluidos. Kolesnik no ahorra en detalles al representar esta dinámica iniciada en su infancia y desencadena pronto la respuesta por parte de ambos, en una explosión que les lleva a matar a su madre e iniciar una huida que termina con él en la cárcel y ella entregada a una familia adoptiva.

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