Objetos frágiles, de Neil Gaiman

Objetos frágiles

Objetos frágiles

Poca presentación necesita Neil Gaiman a estas alturas entre los lectores de género fantástico. Le podríamos llamar el gran niño prodigio del género si no fuera porque no es tan niño –nació en 1960–, pero en cualquier caso basta con decir que se le ha llegado a considerar una «estrella de rock» literaria para dar una idea de su popularidad. En efecto, Gaiman tiene un prestigio y una legión de seguidores que ha sabido ganarse desde su inicio en el negocio de la narración de historias, inicio que se produjo en el campo de los cómics –Casos Violentos, Sandman, Señal y ruido…– más que en el de la prosa.

Ese prestigio se lo ha ganado no por su aspecto de rockero y su inseparable chaqueta de cuero, sino por un estilo muy personal, casi onírico, a la hora de escribir. Lo que nos cuenta Gaiman nos parece atemporal, perdurable, digno de ser incorporado a la tradición oral que se transmite de generación en generación. No en vano, escribe con la naturalidad y soltura de quien sabe que tiene buenas historias que contar y la habilidad necesaria para hacerlo. No presta demasiada atención al realismo o a la cohesión en el sentido tradicional de sus cuentos, y sí a transmitirnos sensaciones y estados de ánimo. Se trata de un autor que parece dotado de un enorme talento innato para la narración de historias, y a veces nos da la sensación de ser capaz de rozar la brillantez casi sin esfuerzo aparente.

Sigue leyendo

El vuelo del dragón, de Anne McCaffrey

El vuelo del dragón

El vuelo del dragón

El vuelo del dragón recoge cuatro novelas cortas interrelacionadas que, en su momento, tuvieron bastante repercusión en el mundo de la ciencia ficción estadounidense. Hasta el punto que las dos primeras, “La búsqueda del weyr” y “El vuelo del dragón”, ganaron, respectivamente, los premios Hugo y Nebula a la mejor novela corta de los años 68 y 69. Fueron el inicio de una serie formada por una veintena de libros, entre novelas y colecciones de cuentos, que en España comenzó a publicar Acervo a finales de la década de los 70. Roca Editorial ha recuperado el primero de ellos manteniendo la traducción original de José María Aroca que, es justo reconocerlo –como la mayoría de los libros de la época publicados en colecciones de género–, necesitaba un lavado de cara.

Pern es un planeta periódicamente invadido –más o menos cada dos siglos– por unas esporas que, si germinan, arrasan con toda la vida que exista a su alrededor. En el pasado su continente central fue devastado por estos seres mientras que en el hemisferio norte se ha evitado la tragedia gracias a los jinetes de los dragones; un grupo organizado al que rinden tributo los señores de los distintos fuertes en los que se divide el territorio y que se mantiene activo aguardando la siguiente oleada de esporas. Sin embargo la última vez que éstas debían aparecer no lo hicieron y el tiempo ha desempeñado su rol con suma eficacia: muchas costumbres que realizan han perdido su sentido inicial, casi todos los weyrs –las fortalezas de los jinetes– fueron abandonados, el número de dragones ha menguado hasta el punto que parece difícil repeler una nueva invasión y la orden y su relación con los habitantes de Pern se ha erosionado hasta el punto de ruptura.

Sigue leyendo

Los hijos de Anansi, de Neil Gaiman

Los hijos de Anansi

Los hijos de Anansi

Es una verdad generalmente aceptada dentro de la literatura que los personajes activos son los más interesantes. No es el caso de Gordo Charlie, un personaje que logra ser interesante a la vez que exageradamente tímido. Charlie emplea más energía en avergonzarse de faltas reales o imaginadas y en pedir disculpas innecesarias que en hacer cosas. No es gordo, pero vaya donde vaya le resulta imposible librarse del mote que le adjudicó su padre.

Ahora Gordo Charlie va a casarse y, obligado por su novia, intenta contactar con su padre e invitarlo a su boda. Desde el punto de vista de ella no hay mejor ocasión que una boda para que Charlie recupere el contacto con su familia. Padre no hay más que uno, al fin y al cabo. Charlie, en cambio, sabe que en el caso de su padre incluso uno es demasiado. Porque el Sr. Nancy es todo lo contrario que Charlie: juerguista, mujeriego, bromista… en resumen, la quintaesencia de todo aquello que Gordo Charlie encuentra embarazoso.

Sigue leyendo