The Twilight Pariah, de Jeffrey Ford

The Twilight PariahUno de los últimos lanzamientos de Tor.com dentro de su colección de novelas cortas es The Twilight Pariah del norteamericano Jeffrey Ford. Ante la evidente pregunta de por qué me decidí a leer esta novela corta lo cierto es que, como interesado en esta colección, revisando sus últimas novedades descubrí que Ford es un experimentado escritor de relatos y novelas. Ante mi desconocimiento y sorpresa también me di cuenta que fue publicado en nuestro país en varias ocasiones gracias a Minotauro y la desaparecida La Factoría de Ideas, algo que me había pasado desapercibido. Atendiendo a su bibliografía aparecen nada menos que una centena de publicaciones bajo su nombre, muchas de ellas en algunas de las revistas más reconocidas del género fantástico: The Magazine of Fantasy & Science Fiction, MAD Magazine, Weird Tales, Clarkesworld Magazine, Tor.com, Lightspeed… Por si esto fuera poco para dar una oportunidad a esta obra, Jeffrey Ford ha ganado los premios NebulaShirley Jackson y el World Fantasy en varias ocasiones.

A pesar de este bagaje, el argumento a priori no indica que The Twilight Pariah vaya a ser una historia para el recuerdo. Tres jóvenes de vacaciones se dedican a pasar el verano tomando cervezas antes de regresar a las clases. Una de las protagonistas, Maggie, es una curiosa de la arqueología que propone a sus dos amigos pasar unas cuantas noches excavando en el terreno de una casa abandonada en medio del bosque. ¿Qué puede salir mal? Evidentemente, todo. Palada a palada irán descubriendo objetos sin valor hasta que sacan a la luz un bote con un extraño liquido rojo y, todavía más importante, unos huesos que dan forma a un cadáver al que se le intuyen cuernos y rabo. Desenterrar esos restos traerá más consecuencias de las legales que, en un inicio, puedan venirnos a la mente, dado que pronto comienzan a tener lugar sucesos extraños que esconden un oscuro secreto, oculto durante casi un siglo.

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Mares tenebrosos, selección de José María Nebreda

Mares tenebrososSi se es aficionado a la literatura fantástica en su acepción de amplio espectro, me parece inevitable caer rendido ante el sello Gótica de Valdemar, una colección de más de 100 volúmenes donde no sólo se encuentran recogidos los grandes clásicos de la literatura gótica. Después de cubrir los títulos obligados de Ann Radcliffe, William Beckford, Mary Shelley, Horace Walpole y el resto de sospechosos habituales, diversificaron su selección para incorporar libros más, digamos, heterodoxos. Así, lo gótico tal y como se entendía durante el siglo XIX, sin desaparecer, perdió el peso que tuvo en sus primeros cuatro decenas de títulos y se abrió un hueco a obras tan alejadas de ese origen como la antología de ciencia ficción Paisajes del Apocalipsis o Libros de sangre de Clive Barker. De los volúmenes de cuentos, particularmente siempre me han llamado la atención las antologías temáticas, entre las cuales Mares tenebrosos suele considerarse la mejor. Este mérito atañe en su práctica totalidad a su seleccionador y traductor, José María Nebreda. Como explica en la introducción, su objetivo es ofrecer algunos de los relatos más significativos que han integrado terror y mar sin renunciar a la capacidad de sorpresa de los lectores más bregados. Además de varios de los autores/obras de más renombre (Hodgson, Lovecraft), cuya presencia es inexcusable, se abre a escritores/relatos menos afamados. Un equilibrio muy complicado de satisfacer sobre todo si, como es el caso, apuestas por cuentos poco conocidos, siempre escrutados bajo una mirada más afilada para discutir si merecen o no desplazar a los inevitables descartes de relumbrón. Un juego de pesos y contrapesos del cual Nebreda sale exitoso.

Aunque se incluyen una docena de páginas dedicados a poemas de Shakespeare, Lovecraft o Neruda, Mares tenebrosos se centra en la narrativa en prosa. Y dentro del terror en el mar depara un amplio abanico de tratamientos. Abre la antología “La noche del océano”, una colaboración entre H. P. Lovecraft y Robert Barlow. Quizás es un poco gratuito en la introducción de los elementos no reales: unas criaturas que acechan desde un océano tempestuoso. Sin embargo a medida que el verano da paso al otoño y la descripción gira hacia los misterios y las sensaciones que en su narrador despierta un mar indómito, afianza una de las ideas predominantes del corpus Lovecraftiano: el universo es vasto, atemorizante e insensible a nuestras necesidades. Una perspectiva que late en otras piezas elegidas por Nebreda, anteriores y posteriores en el tiempo a “La noche del océano”.

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Al otro lado de la montaña, de Michel Bernanos

Otro mundo, ¿un infierno paradisíaco?

Narración de Arthur Gordon Pym es la única novela de Edgar Allan Poe. Un muestrario de historias en el mar escrito bajo una mirada alejada de lo sobrenatural. En el periplo de Pym desde el puerto Nantucket hasta los desconocidos mares del sur se suceden una serie de elementos (la tormenta, el motín, el canibalismo para combatir el hambre, el naufragio, la exploración de tierras desconocidas…) transformados por el paso del tiempo en un inmenso lugar común. No por nada tienen los hemos visto posteriormente en docenas de historias. Ni añadiendo al banco de recursos “Un descenso al Maelström” y “Manuscrito encontrado en una botella”, se podría llegar a afirmar que todos los cuentos de terror en el mar están contenidos ahí. Sin embargo, aparte de la vigencia del tercer y último “viaje”, su carácter fundacional es intachable. Es un semillero de incontables ficciones terroríficas que se nutren de ella para crecer e incluso, excepcionalmente, sobrepasarla. Justo lo que ocurre con “Al otro lado de la montaña”, la novela corta de Michel Bernanos seleccionada por José María Nebreda para su antología Mares tenebrosos.

Durante muchas páginas me ha parecido estar leyendo una variación de los viajes de Gordon Pym reunidos en uno solo. Una obra iniciática con un comienzo potente (su narrador es pasado por la quilla nada más embarcar), una desarrollo in crescendo (calma chicha, hambruna, motín, canibalismo, tormentón) y recarga sus pilas en una entrada a un remolino para reinventarse en una segunda parte avasalladora. Un relato hipnótico que da la verdadera medida, el sentido y la dimensión de “Al otro lado de la montaña”.

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Experimental film, de Gemma Files

Lois Cairns es una profesora y especialista en cinematografía de Toronto que se encuentra al borde de la debacle psicológica y emocional. Tras varios años en paro después de ser despedida de su plaza docente por recortes presupuestarios, y sin perspectivas laborales en el horizonte, sobrevive publicando escasas críticas en revistas minoritarias. Además, su vida familiar tampoco contribuye a mejorar su estabilidad emocional; Lois es madre de un niño autista, Clark, incapaz de expresar sus sentimientos y emociones y con quien apenas puede comunicarse, lo que genera una dinámica extenuante de frustración, rechazo y culpabilidad. Hasta que un día, medio de casualidad, Lois asiste a un festival de cortometrajes en el que uno de los gurús del underground presenta una pieza que samplea antiguo metraje de nitrato de plata, una cinta perdida de principios del siglo XX donde se representa un oscuro mito eslavo, la Dama del Mediodía o Polednice, la diosa de las insolaciones currando en el campo, quien recuerda vagamente a una diosa madre, una Deméter muy venida a menos. Impresionada por este metraje, Lois comienza a investigar estas cintas que podrían resucitar su carrera profesional, puesto que su autora, la señora Iris Withcombe, desaparecida en extrañas circunstancias mientras viajaba a Toronto en tren, podría ser la primera cineasta canadiense de la historia, algo que supondría una sustanciosa beca de investigación. Así que Lois se pone en marcha, obviando sus dificultades familiares, involucrándose obsesivamente en una absorbente intriga de crecientes elementos sobrenaturales que le conducirá a la catársis o la muerte.

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Lo grotesco, de Santiago Eximeno

Lo grotescoHan pasado quince años desde que “Origami” me golpeara en el número 33 de la revista Gigamesh. Un cuento emocionante que para muchos supuso la presentación en sociedad de su autor, Santiago Eximeno. Desde aquel lejano 2002 me he ido reencontrando con él en revistas, antologías, colecciones de relatos, novelas. Durante todo este tiempo me ha sorprendido cómo ha progresado en su escritura manteniendo unas señas de identidad que, en parte, ya estaban en “Origami”. La fragilidad del cuerpo humano, el conflicto dentro de la familia, la pérdida de un ser querido y el duelo, la contención en el uso de lo fantástico… Tal y como se puede observar en Lo grotesco, su última colección de relatos, su producción mantiene una atractiva diversidad pero es en la presencia de estas características donde personalmente sigo reencontrándome con lo mejor de Santiago Eximeno.

Una mujer que abandona a su marido y lo deja al cuidado de su hijo (“Lovot”), un percance de salud que deja a un abuelo discapacitado sin visos de recuperación (“Tradición”), un padre y una hija que se reencuentran después de que a ella le hayan diagnosticado una enfermedad grave (“Pajaritos”)… Una parte de Lo grotesco pone al lector ante pequeños cataclismos familiares en una España a cinco minutos en el futuro donde se intuye el azote de la crisis económica. El golpe de efecto llega con el perverso giro fantástico/especulativo, un toque mínimo con el que Eximeno ahonda en el dolor de los personajes mientras saca partido a la situación caso de la imposibilidad de atender a los dependientes de “Tradición” o esa habilidad española para banalizar y mercantilizar cualquier detalle de “Pajaritos”.

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Ecce Monstrum, de Nathan Ballingrud

Ecce MonstrumNo se puede tomar Goodreads como una medida proporcionada de la base de lectores. Sí como una fuente de información para considerar los hábitos de una parte caracterizada por su grado de militancia. Ese sector que pierde el culo por alardear de sus lecturas, poner muchas estrellitas e, incluso, escribir valoraciones. Si nos atenemos a la ficha de Ecce Monstrum en esa red social, la inmensa mayoría de opiniones proceden de un intervalo de tiempo de un par de meses posteriores a su publicación. Menos de una cuarta parte se han acercado a él en los últimos seis meses. Un ejemplo tan específico no puede convertirse en ley, pero esta casuística recuerda el triste sino de las novedades unas semanas después de llegar a las librerías, aquí aplicada a un libro digital. Un formato cuyo modus vivendi debiera suponer una diferencia frente a su primo de papel choca igualmente con la estrecha campana de “atención”.

Esta situación dista mucho de ser una crítica; es más bien la constatación de una obviedad a modo de desahogo para aligerar la tristeza que me produce. En general, en particular al escribir sobre los libros de Fata Libeli, y en concreto sobre este Ecce Monstrum, de Nathan Ballingrud. Si no me equivoco, contiene sus primeros relatos publicados en castellano; una selección proveniente de su colección North American Lake Monsters. Como es habitual, este en apariencia inconveniente (no se traducen todos los cuentos de la edición original) se transforma en una de las fortalezas del volumen: los posibles desequilibrios entre las diversas piezas se han minimizado y se muestra un catálogo cohesionado alrededor de los puntos fuertes del autor. Un libro que, como las anteriores colecciones seleccionadas por Fata Libelli (Peter Watts, Elizabeth Bear, Tim Pratt…), funciona como acerada tarjeta de presentación de un nombre prácticamente desconocido en España. Por menos de 5 euros.

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Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enriquez

Los peligros de fumar en la camaTras el éxito en España de Las cosas que perdimos en el fuego es entendible el deseo de Anagrama por capitalizarlo de alguna manera; poner al alcance de sus lectores otro libro de Mariana Enriquez mientras su recuerdo se mantiene encendido. Pero como los procesos creativos no atienden a estas necesidades, la editorial ha vuelto sus ojos hacia Los peligros de fumar en la cama; una colección de relatos publicada en Argentina en 2009. En el caso de que se haya leído Las cosas que perdimos en el fuego, esta detalle me parece de la máxima relevancia: puede marcar su lectura de forma decisiva. Aunque Los peligros de fumar en la cama abre de nuevo las puertas a una realidad igual de insidiosa, puede hacerse decepcionante si no se recalibra cualquier expectativa generada.

Así sus tres primeros cuentos, “El desentierro de angelita”, “La virgen de la tosquera” y “El carrito”, me han despertado sensaciones encontradas. Contienen detalles atractivos (el tono macabro del primero; la manera de reflejar el capricho adolescente del segundo y la comunidad maldita del tercero) pero andan cortos de intensidad dramática, sus atmósferas son un tanto insustanciales y sus conclusiones no aciertan a reconducir la impresión. Mejor funciona “El aljibe”, la cuarta historia. Resulta inquietante cómo las mujeres adultas de una familia proyectan sobre su joven protagonista todo un arsenal de limitaciones, frustraciones y miedos. Sin embargo se hace realmente turbador cuando toda esa mierda deviene en parte imprescindible de su esencia. El potencial ilimitado inherente a la infancia queda coartado y destruido hasta el punto de impedirle una vida normal. Igualmente Enriquez hace uso muy hábil de la figura del narrador. Se retrotrae hacia un momento concreto del pasado e introduce la atmósfera a través de una descripción donde las memorias de la infancia se exponen de modo impresionista para desarrollar las consecuencias de manera más prolija cuando el personaje central cobra conciencia, junto al lector, de lo ocurrido.

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Hellstar Remina, de Junji Ito

En 1985, el grupo de noise experimental japonés Hanatarash celebró un concierto en el club Tokyo Super Loft, durante el cual el cantante Yamantaka Eye (futuro fundador de los Boredoms) irrumpió en escena atravesando la pared de la parte posterior del local a los mandos de una excavadora. A continuación, arrancó parte del armazón de protección antivuelco del vehículo para lanzárselo al público, manipuló un martillo hidráulico como si fuese un guitar hero de la obra y finalmente varios miembros de la audiencia lograron evitar que arrojara un cóctel molotov sobre lo que quedaba del escenario; un caos de escombros, metal retorcido, amplificadores y la propia excavadora, cuyo combustible se derramaba por el suelo. Yamantaka fue detenido y así terminó otro típico concierto del alegre mundo del japanoise; en el cuartelillo.

Con esta obra cumbre de la performance, Hanatarash no hacían más que continuar con una venerable tradición del rock antes de que se convirtiera en un espectáculo de estadio para toda la familia, es decir, el ruidaco y la provocación escénica como representación del exceso, la pasada de rosca como impactante recurso expresivo y la destrucción como acto creativo. Equivalente a un corte de mangas al opulento mercado del ocio y el entretenimiento de su época, el concierto de la excavadora sería el reverso, mostrenco, povera y peligroso, del colorido j-pop de los ochenta, la edad dorada de las idols. Y leyendo el manga Hellstar Remina, la obra maestra de Junji Ito, enseguida me vinieron a la memoria Hanatarash, su excavadora y la poética de la sobrada.

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La maldición de Hill House, de Shirley Jackson

La maldición de Hill HouseMerced a sus adaptaciones a la gran pantalla (Robert Wise, 1963; la manifiestamente olvidable de Jan de Bont, 1999), La maldición de Hill House pasa por ser la obra más conocida de Shirley Jackson. Y junto a La casa infernal forma la dupla regente en el trono de la gran novela de casa encantada contemporánea. Tal consideración se debe a cómo manejan una serie de elementos recurrentes en estas historias: el grupo de investigadores reunidos para experimentar los sucesos paranormales; la caracterización de cada personaje se enriquece al ritmo de los encuentros con esas manifestaciones; se profundiza en el conocimiento del pasado de la mansión y sus antiguos habitantes… Sin embargo, a diferencia de la novela de Matheson (y los delirios de la adaptación de de Bont), La maldición de Hill House destaca por sus excelentes retratos psicológicos y su deliberada ambigüedad.

Dentro del grupo de exploradores de lo extraño, la posición central la ocupa Eleanor “Nell” Vance. Una mujer que vivió durante su infancia un supuesto suceso paranormal y, tras pasar años enclaustrada al cuidado de su madre, es incapaz de valerse por sí misma, sojuzgada a la voluntad de su hermana y su cuñado. Aunque La maldición de Hill House está contada en tercera persona, el narrador de Shirley Jackson sigue a Nell en todo momento. Es a través de ese acercamiento subjetivo mediante el cual entramos en contacto con el resto de personajes y sus experiencias en la mansión. Esta perspectiva deliberadamente sesgada fuerza al lector a preguntarse sobre la interpretación de numerosos acontecimientos, conversaciones o las relaciones entre unos personajes perfilados con maestría.

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Espectra, de Pilar Pedraza

EspectraEspectra es un descenso a las criptas de la literatura y el cine para estudiar cómo novelas, relatos, películas y artes plásticas se han acercado a la figura de la mujer muerta. Para centrar su ensayo, Pilar Pedraza divide este campo tan vasto en diversas parcelas: las mujeres que regresan de la muerte, las empusas, vampiras e hijas de vampiros, las mujeres sujeto de lecciones de anatomía, las muertas en brazos de vivos… Nueve clados enmarcados en otros tantos capítulos que funcionan como un pequeño catálogo de referencias inexcusables para los aficionados al fantástico.

La aproximación cronológica es la esperable. Aun así, en ese desglose de las raíces de cada una de las facetas estudiadas, en los relatos de la mitología griega o romana citados, las historias góticas de finales del XVIII o comienzos del XIX mencionadas,ya se vislumbra el talento de Pedraza. Por el conocimiento del fantástico desde sus mismos orígenes pero, sobre todo, por cómo utiliza cada una de las historias para trazar el recorrido por cada faceta e incorporarlo a un discurso homogéneo donde destaca una mirada feminista.

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