Hic Sunt Dracones, de Tim Pratt

Hic Sunt Dracones

Hic Sunt Dracones

Hic Sunt Dracones es el segundo libro publicado por la editorial Fata Libelli, y su primera colección de relatos dedicada a un único autor. Para la ocasión han apostado por Tim Pratt, un escritor que apenas tenía un puñado traducidos a nuestra idioma del cual han urdido una sólida selección de siete piezas. Un vehículo de lo más apropiado para pasar cuatro o cinco horas en un mundo narrativo tan homogéneo como coherente.

Para hablar de la idiosincrasia de Hic Sunt Dracones me voy a centrar en el mejor relato de la colección; es el que mejor resume la manera de enfocar el fantástico de Pratt, explicitada en la notable introducción que acompaña al volumen (parte de la cual se puede leer aquí). “El pez limpiafondos” cuenta lo que le ocurre a un tardoadolescente, Graydon, de regreso a su pueblo después de haber sido expulsado de la universidad y embarcado en la pesca de un bagre descomunal. Su interés nace de la peculiaridad del siluro: al engullir objetos con un cierto valor sentimental le devuelve recuerdos de su hermano fallecido en un desafortunado accidente de moto.

“El pez limpiafondos” parte de un lugar común del mundo rural de EE.UU., el empeño por la pesca de un siluro, para hablar de otras obsesiones potenciadas por el elemento fantástico. El bagre pone a Graydon en contacto con el recuerdo de su hermano mediante una serie de cambalaches que ahondan en su añoranza. Ese contenido alegórico es subrayado por Pratt en unos breves interludios alrededor de la figura del animal y su significado a múltiples niveles; interludios de los cuales quizás se podría haber prescindido si no fuera porque uno de ellos alberga la clave para aprehender el final del relato. El ingrediente “sobrenatural” se realimenta con la presencia de Rebecah, un amor de juventud de la que Graydon continúa perdidamente enamorado. Estas tres capas conforman una historia con una sutil carga melancólica donde destaca la humanidad de Graydon, un perdedor atrapado en su soledad y movido al son de su obsesión, su añoranza y su desamor.

Estos sentimientos son de nuevo cruciales en la otra joya de Hic Sunt Dracones: “El sótano del mundo”. Una búsqueda en una dimensión a la que han ido a parar todos los objetos perdidos a lo largo de la historia. Un universo desván atestado con todo tipo de mercachifles, muebles, libros, chatarra, totems, vehículos… y dominado por un inmenso dragón. El lugar donde termina Rob después de haber sido reclutado por Morgan, un antiguo amor de universidad a la que hizo una promesa que no ha querido romper. Sigue atraído por ella (o, más bien, por su recuerdo). Los reflejos y ecos entre Graydon y Rob, Rebecah y Morgan, resultan evidentes, aunque en este caso la relación va más lejos tanto en su amargura como en sus consecuencias.

“El sótano del mundo” y “El pez limpiafondos” son obras maduras y equilibradas contadas con un estilo sencillo y claro, más centrado en transmitir ideas y sentimientos y menos en crear atmósfera. Igualmente, ambos albergan algo complicado de lograr en espacios tan reducidos: personajes con conflictos internos simples pero bien expuestos a través de sus comportamientos, además de contar con una carga emocional muy medida. Por contra, la resolución final no está a la altura; concluyen con vueltas de tuerca innecesarias, en uno de los casos (“El sótano del mundo”) a la contra de lo que se ha visto hasta ese momento.

En comparación, el relato más renombrado (en el sentido que ganó el premio Hugo de relato breve en 2007) y predestinado a abrir la colección resulta un tanto decepcionante. “Sueños imposibles” es una historia sobre tiendas “mágicas” y la añoranza de lo que nunca jamás sucedió que parte de una idea fabulosa: un personaje se encuentra un videoclub en el cual figuran docenas de películas perdidas; películas que jamás se llegaron a rodar; películas con sus montajes originales y no los realizados por la productora antes de llegar a nuestros cines (cuyo paradigma es una copia no mutilada de El cuarto mandamiento, de Welles). No obstante, desde el momento en que esa idea toma forma, todo se orienta a su exploración, hasta el punto de tragarse a los dos protagonistas, su soledad y su relación. Se ven abocados a ser meros instrumentos de un misterio mucho más prominente.

Del resto de cuentos, me ha gustado “Vida petrificada”, un giro de carácter a los cuentos clásicos en la línea de “Otro final del imperio” que destaca por su hibridación entre nuestro mundo y un mundo mágico que lo ha recreado por completo; y por su atmósfera, extraída del hard boiled más esencial. También “Vida con la arpía”, un cuento sobre cómo nos afectan las prioridades que mantenemos durante nuestras vidas. Un paso por detrás queda “La copa y la Mesa”, un curioso giro punk al mito artúrico. Mientras que, directamente, no alcanzo a ver qué tiene “Hart y Boot”, aunque fuera seleccionado por Michael Chabon y Katrina Kennison para aparecer en su colección de mejores historias breves anglosajonas del año 2005.

Hic Sunt Dracones es una agradable colección de relatos, un tanto desigual, que bucea desde la sencillez en cuestiones como la soledad, la melancolía por los amores perdidos y las pasiones o miserias que dan sentido a una vida. Una grata propuesta, bien editada directamente para el formato electrónico, que esperemos goce de repercusión más allá del micromercado especializado del cual apenas ha salido en las tres semanas transcurridas desde su lanzamiento. De ello depende el éxito de esta singular iniciativa editorial.

Hic Sunt Dracones (Fata Libelli 2013)
Traducción: Silvia Schettin Pérez
eBook. 145pp. 4,90 €
Ficha en Fata Libelli

5 pensamientos en “Hic Sunt Dracones, de Tim Pratt

  1. Sólo he leído un par de relatos de Pratt publicados en Interzone. Me dejaron más bien frío, no porque me parecieran malos, sino porque simplemente no me decían mucho. Me llama más la atención al otra antología publicada por Fata Libelli, Sui generis.

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