Beso negro. Brujería, cine y cultura pop, de Elisa McCausland y Diego Salgado

Beso negroMenudas miradas recibía en el cercanías mientras leía Beso negro. Entre el título y la imagen de cubierta no es complicado imaginarse las posibles ideas que pasaban por las cabezas de los bienpensantes atraídos por su aspecto. Supongo que si aguzaban un poco la vista y atisbaban el subtítulo (“Brujería, cine y cultura pop”) es posible que se evaporara su preocupación. Pero si no, el vuelo imaginativo sobre a quién habría vendido mi alma y los rituales para afirmar mi servidumbre les llevaría por cotas elevadas y, para qué negarlo, un tanto trilladas; justo los terrenos que Elisa McCausland y Diego Salgado se preocupan de no pisar. Como se pudo ver en Supernovas, en este ensayo afrontan una visión global del tema central (los brujos y brujas y su arte), desde la historia y las diferentes manifestaciones de la cultura popular. Fundamentalmente cine y literatura, pero con ocasionales incursiones en el cómic, los videojuegos, las nuevas formas de comunciación (TikTok)…

Su tratamiento es sobre todo extensivo; abarcan todo el paisaje sin abundar en palabras huecas. Describen cada noción relacionada con el tema desde una elevada densidad conceptual que me ha requerido pausas antes de pasar a la siguiente andanada. En ese sentido, Beso negro es todo huesos y músculo, sin un gramo de grasa, puro aparato locomotor focalizado en trazar un panorama total; tanto un estudio de la evolución de la brujería hasta la actualidad como una cartografía del fenómeno. Un tapiz a partir del cual uno puede apoyarse para profundizar en el tema rastreando cualquiera de los hilos que incorporan.

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Donde yo termino, de Sophie White

Donde yo terminoLa maternidad es uno de los muchos pivotes de la literatura de terror, más desde que el horror corporal ha colonizado la atención del público. Ejemplos hay incontables pero me resulta complicado de encontrar uno más polisémico que este Donde yo termino, de Sophie White. Una novela cuyo terror surge de algo tan cotidiano y socialmente elevador como el cuidado; de tus descendientes o los progenitores cuando no pueden valerse por si mismos, pero también de tus semejantes en una sociedad incapaz de protegerles y con un potencial para producir sufrimiento equivalente al de las personas.

La narradora de Donde yo termino es una joven, Aoileann, que relata cómo se ocupa de su madre. Por un motivo que tardará en descubrir, quedó atrapada en un estado próximo a la muerte en vida y necesita de la atención diaria de Aoileann y su abuela. Esta rutina, cómo ambas se encargan de su higiene, sus curas, su alimentación, adecentarla para las visitas del padre, se describe desde una obsesión por el detalle que dificulta mantener la mirada. Los primeros capítulos son una ordalía constante donde la narradora cuenta un ritual con un registro que no deja resquicios a la duda sobre su desagrado. Cada adjetivo, cada símil, cada imagen, entra en el plano de lo desagradable sin un atisbo de cariño. Basta decir que en su relato, su madre es “la cosa”. Desde que tiene recuerdos vive atrapada en ese purgatorio y la caldera de su mente acumula presión que sale con pequeñas manifestaciones de crueldad; psicológicas pero también físicas. Bolas de nieve que echan a rodar por la ladera y plantan las primeras reverberaciones de una resonancia cuyas consecuencias cuesta prever en estas primeras páginas.

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Capitán Veneno, de Álvaro “Corazón Rural”

Capitán VenenoMucho se ha demorado la publicación del cuarto Héroes y Villanos, desconozco si por la dificultad de encontrar textos a la altura de la propuesta o una recepción tibia por parte del público. El hecho es que pasaron tres años desde la aparición de Romanones a finales de 2022 hasta la publicación de Capitán Veneno, el libro centrado en Gonzalo de Aguilera Munro, un personaje extravagante que se encargó de llevar a la prensa extranjera por el territorio controlado por las tropas golpistas en la Guerra Civil. En esta labor se caracterizó por declaraciones abracadabrantes, justificando las atrocidades cometidas en pro de limpiar España, como si estuviera de campaña para COZ

Tenemos que matar; matar y matar; ¿sabe usted? Son como animales, ¿sabe?, y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Ahora espero que comprenda usted qué es lo que entendemos por regeneración de España… Nuestro programa consiste… en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España, ¿se da cuenta?.

Los exabruptos, incluyendo amenazas a periodistas que le acompañaban en sus viajes, se combinaban con un indudable carisma al que contribuían su poder seductor en el trato y la audacia de ciertas acciones, caso de su paso por ciudades detrás de las líneas enemigas antes de que las tropas de su bando hubieran entrado en ellas. Todo ello forma parte del retrato inicial que Álvaro “Corazón Rural” hace en Capitán Veneno. Una indagación en una existencia sobre todo recordada por citas como la que he recogido o la manera en la que terminó sus días en un sanatorio mental después de haber asesinado a sus dos hijos.

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No temas a la parca, de Stephen Graham Jones

No temas a la parcaHe demorado la lectura de No temas a la parca tras la pequeña decepción de Mi corazón es una motosierra; una novela alejada de las cualidades de El único indio bueno, demasiado sostenida en su primera mitad sobre la ironía de uno de sus dos narradores. Este tono terminó por cargarme hasta el punto que, a pesar de la corrección del rumbo, dejó mi valoración en un simple bien. De ahí mi recelo, realimentado con sus propios fantasmas (esa extensión generosa, la promesa de repetir coordenadas de Mi corazón es una motosierra). Sin embargo, desde sus primeras páginas Jones acierta a imprimir su propia identidad a No temas a la parca. Un slasher apenas sin inclusiones de otro tipo que parece escrito para leerse en tiempo real.

Toda la novela transcurre en el mismo lugar narrativo, Proofrock, (el pueblo, el lago, la urbanización en construcción, el bosque) durante una noche invernal con tormenta de nieve. Un asesino en serie, Molino Oscuro Sur, ha escapado del furgón que lo estaba transportando y se ensaña con una serie de adolescentes que habían sobrevivido a la matanza al final de Mi corazón es una motosierra. De entre las víctimas de aquella aciaga proyección de Tiburón sobre el lago un cuatro de julio surgen también quienes dan un paso al frente para encontrarlo y terminar con él; sobre todo Letha Mondragón y Jade Daniels. La primera, ahora madre de un bebé, se ve obligada a recomponer la relación con Jade por la vía rápida ya que reaparece en su vida con la irrupción de Molino Oscuro Sur. Mientras, esta tiene que quitarse el sambenito del calvario judicial de los últimos años, sin llegar a librarse de las sospechas sobre su implicación en la masacre, en particular la muerte de su padre. Jade ha llevado a “normalizar” su comportamiento, alejándose de esa interpretación de su vida en clave de cultura popular. Hasta que los cadáveres empiezan a aparecer. A lo grande.

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El efecto práctica, de David Brin

El efecto prácticaA raíz del fallecimiento de Ian Watson recordé por aquí su manera de escribir a través de “Pájaros lentos”. En poco más de veinte páginas, el autor de Incrustados sometía al lector a un viaje vertiginoso por toda una serie de ideas encadenadas, insospechadas cuando lo estás comenzando y todo parece una historia bucólica en un paisaje postapocalíptico. Los lugares por donde te lleva después, racional y emocionalmente, es uno de los motivos por los cuales la ciencia ficción me parece algo único y las narraciones breves su forma más prístina. Aunque en este formato, generalmente, no se apuesta tanto por el carrusel de ideas sino por una carga conceptual más concentrada. Ir más al pie del novum, la idea que vehicula el mundo de ficción y desencadenaría esa reflexión del lector sobre su propia realidad. El extrañamiento.

Esas ideas tienen un recorrido; una serie de situaciones desarrolladas a su alrededor y cuya precisión/certeza es clave para el sentido de la narración (y su disfrute). Pero no siempre son suficientes para sostener la extensión extra de una novela, siempre necesitada de capas de escenario, personajes, trama, giros, estilo que lleven la historia hasta validar esa entidad. Aquí, hay ocasiones en las cuales los escritores son conscientes que pueden andar escasos de parte de ellos y apuestan por explorar ese novum desde varios relatos; varios cuentos que ahonden en el potencial de la parte especulativa sin tener que exponerse a construir una integridad a su alrededor que puede dilapidar el poder transformador de la idea. Hay multitud de ejemplos, como lo realizado por Bob Shaw con el vidrio lento en Otros días, otros ojos. También hay muestras de lo contrario, como esta novela de David Brin. Su noción central me parece arrolladora. Pero una vez se conoce, el conjunto entra en la categoría “suena mejor contado que leído”.

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El gran delirio. Cambio climático y lo impensable, de Amitav Ghosh

El gran delirioMe encantan los ensayos exploratorios, esas especulaciones sustentadas sobre hechos más o menos contrastados que llevan ideas a terrenos que desconocías, tantean aproximaciones novedosas o apenas transitadas… Se puede estar más o menos de acuerdo con su planteamiento, incluso puede aparecer una refutación que lo ponga de vuelta y media. Sin embargo, ya solo por el aire fresco que introducen suelen merecer la pena. Amitav Ghosh dio en 2015 cuatro conferencias alrededor del calentamiento global en la Universidad de Chicago y El gran delirio es la forma final que le dio para acercar su contenido a quienes no estuvieron allí. Un libro dividido en tres partes (Historias, Historia, Política) que reúne su pensamiento sobre la emergencia climática en este momento en el cual ya no estamos en el campo de la conjetura sino que vivimos con sus consecuencias, mientras el planeta acumula más CO2 y profundiza inexorablemente en ellas.

“Historias”, el primer centro de atención de Ghosh, es fácil de contar; más después de la pandemia de 2020 y cómo se ha experimentado desde la ficción. A imagen y semejanza de la nula presencia de lo experimentado durante al menos dos años en un acontecimiento generacional que impactó nuestras vidas a niveles que no lo ha hecho nada más, Ghosh señala cómo la mayoría de sus colegas escritores viven de espaldas a la emergencia climática. No porque no se trate. Cualquier historia que lo haga ha quedado arrinconada en las estanterías de la ciencia ficción, un género que cuesta ver en las mesas principales de las librerías, las bibliotecas… Esta segregación resulta incomprensible cuando los efectos en nuestra cotidianidad son evidentes, no solo en comparación con un primer contacto, la lucha contra tiranías galácticas o el amor entre un orco y un elfo.

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Mundo hormiga, de Charlie Kaufman

Mundo hormigaAntes de comenzar esta reseña, estuve días dándole vueltas a qué pudo llevar a Charlie Kaufman a escribir Mundo hormiga. Una novela tremendamente vinculada con sus intereses hasta el punto que su protagonista y las ideas que formula, o sitúa a su alrededor, transmiten la sensación de surgir de él mismo en diferentes grados de elaboración. No en el campo de la autoficción pero sí en lo que vendría a ser un acercamiento al manifiesto transrrealista tal y como lo dejó por escrito Rudy Rucker en 1983. Una proposición que ponía a la ciencia ficción en el centro de la literatura como mejor manera de afrontar el hecho personal desde el presente. No hay nada como utilizar su lenguaje para introducirse en la neurosis propia para trabajar sobre ella y descubrir a dónde te lleva a través de su proyección sobre una novela. En este caso de más de 900 páginas.

Esta indagación es la que lleva al narrador, B. Rosenberger Rosenberg, a escribir el manuscrito contenido en Mundo hormiga. Una historia que se inicia con su descubrimiento de una película que va a sacar del anonimato a este investigador de la cultura popular. “Encantamiento”, la obra realizada en solitario por Ingo Cutbirth, tiene una duración de tres meses y fue grabada a lo largo de nueve décadas. Según le cuenta a Rosenberger Rosenberg antes de morir, Cutbirth plasmó en celuloide su experiencia como persona negra en un mundo hecho por y para los blancos. Y nada mejor que una película de animación de marionetas donde todos los muñecos que aparecen son caucásicos. Esto no significa que no representara a minorías en el set de rodaje. Cutbirth se molestó en colocar a todos esos personajes fuera de cuadro, su manera de simbolizar un orden social donde se mueven en los márgenes del foco de atención mediático. El propio protagonista va a participar de ello cuando anuncie la existencia de “Encantamiento”: como crítico blanco va a recuperar la obra de un afroamericano desconocido que supuestamente ha confiado en él esta tarea, aunque no va a tener evidencias de ello. Perfectamente puede habérselo inventado todo en un cuento de la lechera que termina saltando por los aires cuando en el viaje de vuelta a la Gran Manzana la película se quema. Como único vestigio queda un fotograma sin demasiado contenido a partir del cual B. Rosenberger Rosenberg tratará de recomponer “Encantamiento”. Tirando de su recuerdo gracias a una serie de técnicas con resultados extravagantes.

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Rojo sobre negro, de Isabel del Río

Rojo sobre negroRojo sobre negro es una novela juvenil sobre secretos familiares y su descubrimiento que funciona mejor cuando la fórmula deja atrás la indefinición de su primera mitad. La cotidianidad de una joven, Carrie, con unos gustos alejados de los del rebaño y una habilidad, entrar en negro, que la separa todavía más del resto del alumnado del instituto al que acude. Allí es acosada por un grupito de compañeras que la llevan al punto de utilizar su poder en público, con unas consecuencias dramáticas. En un ejercicio de control de daños, sus progenitores la empaquetan en un vuelo a Londres hacia casa de su tío donde, alejada del maremagnum en que se ha convertido su vida, profundizará en su capacidad y ese legado desconocido del cual le han mantenido alejada por su propia “seguridad”.

Las primeras setenta páginas no me parecen la mejor llamada para cualquier lector interesado en la fantasía oscura, joven o no. Ese carácter estereotipado (el lugar narrativo carece de marcas identificativas) y la acumulación de sitios comunes dejan toda la personalidad a las referencias a la cultura popular y la cita de canciones; dos recursos a los cuales Isabel del Río acude con frecuencia que, por sí solos, no contribuyen a crear escenario y apenas potencian las emociones de los personajes. Funciona mejor la llamada del mundo secundario al cual Carrie se ve empujada cuando es perseguida por el grupo de acosadoras y al cual queda irremediablemente conectada con la catatonia de una de ellas. Es ahí donde Rojo sobre negro empieza a definir su idiosincrasia. Las relaciones familiares se descomponen por el peso de una serie de secretos que se han mantenido alejados de Carrie y la dejan desprotegida. La no asunción de las responsabilidades, el ocultamiento deliberado del bagaje familiar, el funcionamiento de una realidad con la que va a tener que vérselas sí o sí no detienen una iniciación irreversible, enlazada a través de los peligros de nuestra cotidianidad y esa realidad paralela que Carrie va a conocer mediante otros guías.

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Mierdificación, de Cory Doctorow

MierdificaciónEn el año 2008 Facebook era una ventana abierta a personas a las que hacía tiempo que no veía, sobre todo amigos que habían emigrado de Cantabria. Ante la ausencia de contacto cotidiano, servía de simulación de vínculo a través de un foro muy básico. Recuerdo lo que suponía cada evolución del interfaz. Llegado cierto momento, en general empeoraba la experiencia, no solo porque te forzara a habituarte a otra disposición de elementos. Hacía desaparecer funcionalidades para incluir otras nuevas a las que no veías el sentido. Aquí había bastante de renuencia al cambio pero también la imposición de una serie de cuestiones (publicidad creciente; contenido ajeno al que deseabas ver), vendidas como una necesidad para mantener la interacción y mejorar la información recibida. Detrás de todo se hacía evidente una mercantilización/manipulación del usuario hasta niveles difíciles de prever, hasta que no hubo manera de ocultarlas. Campañas de desinformación, socavamiento de los valores democráticos, promoción del odio o, en algunos países como Myanmar, el genocidio. Esta secuencia es una de las que Cory Doctorow disecciona en Mierdificación, una descripción pormenorizada de la degradación a la que ha estado sometida internet en los últimos tres lustros.

El inicio del libro es elocuente. A partir de cuatro empresas (Meta, Amazon, Apple y el iPhone y Twitter/X), Doctorow secuencia la degeneración de sus productos estrella en tres pasos: bueno para los usuarios, bueno para los clientes comerciales, un gigantesco montón de mierda. Una puesta en situación en apenas una decena de páginas por caso que delimita un patrón extensible a otras iniciativas en un cuadro que pone de manifiesto el sabotaje de características esenciales en los cimientos de Internet. La interoperabilidad de los sistemas informáticos; la neutralidad de la red; la privacidad de los usuarios están amenazadas por una voracidad de una serie de corporaciones que explotan todos los mecanismos disponibles para mantener a las vacas a ordeñar (usuarios, clientes) dentro de ecosistemas cerrados con el objeto de convertirse en monopolios y maximizar sus beneficios.

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Si Sabino viviría, de Iban Zaldua

Si Sabino viviríaIban Zaldua es conocido sobre todo por los relatos que ha publicado en euskera y se han traducido al castellano los últimos cuarenta años. Disfruté bastante de Porvenir y Biodiscografías. Del primero, Premio Euskadi de Literatura en 2006, tengo reseña aquí. Quizás por eso lo recuerdo mejor. Abría la puerta a una sucesión de marcos perturbadores: el terrorismo, el problema de la vivienda, el retorno a momentos transformadores de una vida… En ellos es fácil ver aquel presente de principios de siglo desde el que estaban escritos pero también se pueden encontrar trazas del nuestro. Además del tema, los personajes, el escenario, de un cuento al siguiente cambiaba el tratamiento; el costumbrismo daba paso a una historia de terror, un relato de viajes en el tiempo o una proyección distópica. Si Sabino viviría es una novela aparecida un año antes que Porvenir y participa de esa variabilidad desde una construcción narrativa diferente. Por su extensión pero, sobre todo, por su poética: la sátira desbocada.

El humor me funciona mejor en formatos breves. Cuando la extensión sobrepasa las cien páginas demasiadas veces la pólvora se moja. Si Sabino viviría tiene alrededor de 250. Sin embargo, ese recelo se volatilizó en cuanto comenzaron a pasar las páginas y las desventuras de su protagonista, Cosmic Josemi, en su viaje para recuperar el cuerpo de Sabino Arana. Porque, sí, el título tiene que ver con El Fundador. Sus restos quedaron por error (o sabotaje) en el vertedero postapocalíptico en que se ha convertido la Tierra y el Tecno Buru Batzar desea recuperarlo antes de que desaparezcan o, peor, terminen en manos de los agentes del planeta Tauro. El futuro de Nuevo Euzkadi depende de ello.

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