Mundo hormiga, de Charlie Kaufman

Mundo hormigaAntes de comenzar esta reseña, estuve días dándole vueltas a qué pudo llevar a Charlie Kaufman a escribir Mundo hormiga. Una novela tremendamente vinculada con sus intereses hasta el punto que su protagonista y las ideas que formula, o sitúa a su alrededor, transmiten la sensación de surgir de él mismo en diferentes grados de elaboración. No en el campo de la autoficción pero sí en lo que vendría a ser un acercamiento al manifiesto transrrealista tal y como lo dejó por escrito Rudy Rucker en 1983. Una proposición que ponía a la ciencia ficción en el centro de la literatura como mejor manera de afrontar el hecho personal desde el presente. No hay nada como utilizar su lenguaje para introducirse en la neurosis propia para trabajar sobre ella y descubrir a dónde te lleva a través de su proyección sobre una novela. En este caso de más de 900 páginas.

Esta indagación es la que lleva al narrador, B. Rosenberger Rosenberg, a escribir el manuscrito contenido en Mundo hormiga. Una historia que se inicia con su descubrimiento de una película que va a sacar del anonimato a este investigador de la cultura popular. “Encantamiento”, la obra realizada en solitario por Ingo Cutbirth, tiene una duración de tres meses y fue grabada a lo largo de nueve décadas. Según le cuenta a Rosenberger Rosenberg antes de morir, Cutbirth plasmó en celuloide su experiencia como persona negra en un mundo hecho por y para los blancos. Y nada mejor que una película de animación de marionetas donde todos los muñecos que aparecen son caucásicos. Esto no significa que no representara a minorías en el set de rodaje. Cutbirth se molestó en colocar a todos esos personajes fuera de cuadro, su manera de simbolizar un orden social donde se mueven en los márgenes del foco de atención mediático. El propio protagonista va a participar de ello cuando anuncie la existencia de “Encantamiento”: como crítico blanco va a recuperar la obra de un afroamericano desconocido que supuestamente ha confiado en él esta tarea, aunque no va a tener evidencias de ello. Perfectamente puede habérselo inventado todo en un cuento de la lechera que termina saltando por los aires cuando en el viaje de vuelta a la Gran Manzana la película se quema. Como único vestigio queda un fotograma sin demasiado contenido a partir del cual B. Rosenberger Rosenberg tratará de recomponer “Encantamiento”. Tirando de su recuerdo gracias a una serie de técnicas con resultados extravagantes.

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Una mirada a la oscuridad, de Philip K. Dick

Una mirada a la oscuridadEn 2005 la revista Gigamesh le dedicó un número a Philip K. Dick. Entre material de calado, caso de un ensayo de Damien Broderick sobre sus conexiones con el movimiento transrealista o una completísima bibliografía elaborada por el añorado Juan Carlos Planells, se incluía un Hit-Parade donde 12 lectores poníamos nota a sus novelas. La mejor valorada fue Una mirada a la oscuridad. Confirmaba una condición que se ha ganado como obra más sólida de su carrera, uno de los inexcusables lugares de paso para conocer a Dick con Tiempo desarticulado, Los tres estigmas de Palmer Eldritch, UbikFluyan mis lágrimas, dijo el policía. De hecho se puede considerar como uno de los grandes compendios de sus inquietudes. Aunque no llega a abarcar la totalidad de las cuestiones que lo interesaron durante sus tres décadas de escritura profesional, la mayoría quedaron adosadas a una narración que funciona como semblanza de la vida de un drogodependiente en la California de los 70.

Su protagonista, Fred, actúa de agente infiltrado entre adictos a la sustancia D. Esta droga aniquila la personalidad de quienes la consumen en un proceso que, en su caso, le ha llevado a disociarse del personaje a través del cuál ejerce encubierto: Bob Arctor. Esto es algo evidente desde el segundo capítulo cuando Dick borda uno de esos momentos tan “suyos” durante los cuales quiebra el sentido de la realidad: mientras Fred expone en una conferencia su infiltración y cómo un dispositivo permite cambiar su aspecto hasta el punto que nadie puede reconocerlo, Bob Arctor se materializa en el relato y da su opinión despectiva de la audiencia desde su perspectiva de adicto a la sustancia D. Esta dislocación, por el momento oculta para Fred, sus compañeros y superiores, se hace más evidente cuando desarticular a Arctor se convierte en el objetivo principal de su misión. El policía no es consciente que esa persona a la que observa por las cámaras de vigilancia y cuyas andanzas documenta con todo detalle resulta ser él mismo.

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Master of Space and Time, de Rudy Rucker

Master of Space and Time

Master of Space and Time

Me disculparán si esta vez les cuelo el refrito de la reseña que publiqué hace unos cuantos años en otro blog, pero es que mi hija, que es en realidad quien me hace las reseñas, está muy liada con los ensayos de la fiesta del patrón de su cole. Así que aprovecho para recomendar por enésima vez Master of Space and Time, porque soy muy brasas y porque me gusta mucho. Además, creo que nunca jamás volveremos a leer nada traducido de Rudy Rucker, un autor que merecía mejor suerte a la hora de ser publicado en España, donde tan sólo hemos podido disfrutar de dos obras de ficción; la estupenda Software y la fallida El hacker y las hormigas (no sé en qué estaría pensando la editorial Ómicron para escoger esta novela de entre todo el amplio corpus ruckiano). Ilustre matemático con varios libros de divulgación en su haber (el interesado puede buscar La cuarta dimensión, publicada por Salvat en 1988), programador, escritor de cf y descendiente directo del popular filósofo Friedrich Hegel, Rucker era el que hacía de Philip K. Dick en el gran guiñol de escritores que escenificaron el cyberpunk. Pero cuidao, un Dick con sólida formación científica que hubiese cultivado la ciencia ficción dura. Por supuesto, en su currículum abundan episodios de abusos de drogas y paranoia, en los que brillan con luz propia las apariciones marianas del propio Dick y Allen Ginsberg durante sendos cebollones de ácido. Pero por encima de todo ello, Rucker es un escritor de una inteligencia muy superior a la media, muy agudo, extraordinariamente divertido y capaz de expandirte la mente a base de triturar conceptos matemáticos, científicos y filosóficos y suministrarlos directamente al cerebro.

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