Llego a Residuos tras la brillante Satin Island y consciente de haber encontrado a un autor capaz de aportar una visión propia sobre nuestro desorientado presente, algo complicado en un mundo a veces demasiado conservador en sus ideas. Escrita por Tom McCarthy en 2005, Lengua de trapo la tradujo al español en 2011 y pasó más o menos desapercibida en su momento hasta ser prácticamente olvidada. Ahora se vuelve a hablar de ella tras la reciente apuesta de Pálido fuego por el autor inglés.
El protagonista de Residuos ha sido víctima de la caída de un objeto tecnológico desde el cielo. No recuerda qué pasó exactamente y además firma un millonario contrato a cambio de no hablar jamás sobre este incidente. Aunque la abrumadora cantidad de dinero soluciona su futuro, el proceso físico y mental que ha dedicado a la rehabilitación le ha dejado trastocado. Su dañado cerebro se ha visto obligado a aprender a mover su cuerpo de nuevo, a ser consciente de lo que significa dar un paso, los incontables movimientos necesarios desde el cuello hasta el último metatarsiano de cada pie. El conocimiento del nivel de detalle y concentración que requiere el más mínimo gesto ha hecho mella en su percepción.
No me voy a andar con demasiados preámbulos, toca otra crítica negativa. Con lo que van tres novedades seguidas cantando bastos, algo que me inquieta un poco. Primero, porque me estoy dando cuenta de que la ficción cada vez me provoca más pereza y cansancio, lo cual es posible que esté afectando a las reseñas. Segundo, porque a este paso voy camino de convertirme en una autoparodia, el
En el relato