Un minuto antes de la oscuridad, de Ismael Martínez Biurrun

Un minuto antes de la oscuridad

De todas las novedades anunciadas por Fantascy para esta primera mitad de 2014 me interesaba sobremanera Un minuto antes de la oscuridad. Una novela que explora una serie de temores tácitamente arraigados entre los lectores de clase trabajadora con ínfulas de clase media. La mayoría de sus personajes se asoman a un abismo construido en base a grandes raciones de rutina e incertidumbre, esperanza y mentira; un cocktail saturado de amargura que funciona como un incisivo reflejo de la España acomodada de hoy en día.

Su puesta en escena incluye varias crisis. La más importante, y a la postre mejor construida, atañe a su pareja protagonista: el matrimonio formado por Ciro y Sole. Ciro es un profesor universitario en un Madrid al borde del colapso. Por el día asiste a su facultad a pesar de que sus aulas se hallan bajo mínimos; la mayoría de sus compañeros y alumnos ya han huido hacia unos refugios en las provincias de la meseta, unos lugares con connotaciones cuasi míticas de los que apenas se sabe nada. Y cuando termina su jornada regresa a los suburbios para reunirse con su familia y sus vecinos; a quemar una basura que ya nadie recoge, comentar las últimas noticias sobre el declive y planificar acciones para resistir hasta la aparición de los brotes verdes, esa luz al final del túnel que no termina de llegar. Su mayor preocupación viene de los ataques de los denominados hawaianos; hordas que deambulan por el extrarradio de la capital mientras atacan a sus habitantes de manera aleatoria. La masa informe a la que nadie hace frente y que amenaza con devorarlos.

Entretanto, Sole desempeña el papel de ama de casa a lo Mujeres desesperadas versión fin de los tiempos. Permanece toda la jornada encerrada al cuidado de su hijo Pau, un niño de dos años con hábitos más propios de uno de 8 meses. Su miedo ante el futuro solo es comparable a su hastío por una vida ausente de emoción; así es fácil comprender que engañe a Ciro y se haya refugiado en las drogas. Mientras, los reencuentros diarios con su marido denotan una tensión larvada, siempre a un tris de explotar pero sin llegar a hacerlo del todo

Un minuto antes de la oscuridadCiro se aferra a sus hábitos (su trabajo, su comunidad, su pareja) en una búsqueda de estabilidad repleta de contradicciones; mantiene su fe en que la decadencia es reversible sin darse cuenta que el punto de no retorno se rebasó hace tiempo. Su negación, esa manera de asirse a un contrato social en estado comatoso, de porfiar en un estatus quo en desintegración, resuena con potencia en su amargo vínculo con Sole. Un muerto en vida asesinado por el escaso tiempo de convivencia, las rutinas y la llegada del bebé que perdura con la misma inercia de todo lo anterior. Su relación es un ladrillo más en el camino de esas clases medias viviendo simulacros, ese lamento de seres agarrados a un fantasma que se consume de manera irreversible. A la postre, la crisis personal es el eco de la crisis de una sociedad entera a punto de ser engullida por el desagüe.

Y alrededor de la historia de los suburbios hay otra. Más grande, más ambiciosa, más… peliaguda en la cual se presentan los elementos más abiertamente genéricos. Hay un asesino en la universidad; alguien está preocupado por convertir el anillo de la M30 en un muro infranqueable; aparece la figura del clon;… Todos ellos se articulan mediante una trama que me ha generado varias disonancias, en su mayoría expuestas por Santiago L. Moreno en su excelente análisis de Un minuto antes de la oscuridad. Apenas el asunto del clon me parece a la altura de la desventura de Ciro y Sole; un aporte excepcional por cómo enriquece su drama y lo impulsa hacia su catártica conclusión.

La estructura de la novela está bien plantada y la narración fluye con agilidad a pesar de los múltiples piezas con las que cuenta. El autor se mantiene fiel a su manera de contar historias y utiliza múltiples recursos para crear imágenes de una enorme expresividad. He aquí un par de ejemplos

Los gritos tenían una cadencia festiva. No eran exactamente cánticos. Voces que hacían olas, unas sobre otras, erosionando cualquier rastro de individualidad y dando vida a un cuerpo mucho mayor, una gigantesca oruga humana que se abría paso, bailando y devorándolo todo. Así sonaban las miríadas

y

Pero incluso aquel cálculo era inservible, nada de lo aprendido en el pasado podía proyectarse al mañana. El mapa de la historia había sido desplegado por completo y ahora un dios loco se encargaba de doblarlo otra vez, sin hacer caso alguno a los pliegues

Aunque en contadas ocasiones esa búsqueda se pasa de frenada y me ha resultado menos afortunada

Llegaron a un portal varado en una travesía desprovista de toda épica, aunque dotada de contenedores para la basura

Lejos de adoptar un tono monocorde, el narrador omnisciente transgrede su relato en determinados momentos, algo que ya ocurría (por ejemplo) en El escondite de Grisha. Hay un par de pasajes en los cuales la narración cambia del pasado al presente para detenerse en momentos donde las sensaciones y sentimientos suponen pequeños oasis para sus protagonistas. También hay algún fragmento crucial contado en segunda persona donde se interpela a los personajes y, a través de ellos, al propio lector. Fuerza extra para una historia ya de por sí intensa.

Un minuto antes de la oscuridad es una novela apocalíptica ambiciosa y con una trama compleja, no del todo cuidada en determinados aspectos del escenario y en el desarrollo de su faceta de thriller, que destaca en su acercamiento a una serie de colapsos de lo más actuales. Un libro con potencial para agradar a los anteriores lectores de la obra de Martínez Biurrun y a los interesados en la ciencia ficción de declive social o personal. Probablemente, lo mejor que ha publicado Fantascy en lo que va de año.

Un minuto antes de la oscuridad (Random House Mondadori, Fantascy, 2014)
Rústica. 320 pp. 16.90 €
Ficha en La tercera fundación

Un pensamiento en “Un minuto antes de la oscuridad, de Ismael Martínez Biurrun

  1. En esencia mis conclusiones son las mismas, aunque soy màs extremos en algunos asuntos. Creo que, con diferencia, lo mejor del libro es la historia interna del matrimonio, puesta a prueba por lo que ocurre fuera, ese mundo que se acaba. Pero lo es precisamente porque Biurrun crea seres imperfectos y se aferra a ellos hasta sus últimas consecuencias. Quiero decir, lo que le ocurre a ella, su forma de pensar y actuar, no es producto de una transformación debida a lo exterior, no. Ella es así, absolutamente inosportable y estúpida, y lo es más en medio de un apocalipsis. El final es precisamente el cúlmen de su estupidez, lo cual no puede ser más coherente. Y en cuanto a él, exactamente lo mismo. Un tipo que es incapaz de adaptarse a las nuevas cirunstancias, que lo que necesita es conservar su vida burguesa de medio pelo, su casa con jardín y su familia bien, incluso cuando todo se derrumba. Incluso los secundarios se muestran acordes con sus respectivas personalidades. En eso Biurrun lo hace realmente bien. Me falla el elemento genérico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *