La libertad interminable, de Joe Haldeman

La libertad interminableDebe ser duro que, justa o injustamente, todo el mundo recuerde tu primera novela como tu mejor obra. Más cuando acumulas una extensa carrera plagada de nuevas historias, enfoques, estructuras, personajes… y una profundización / progresión / llámeloX en esto de la narrativa. Joe Haldeman me parece el mejor ejemplo de esta situación. Su opera prima, La guerra interminable, arrasó en los premios de género el año de su publicación. Se ha mantenido en el mercado de manera ininterrumpida durante cuatro décadas (incluso en España), figura dentro del canon de la ciencia ficción y es la medida con la cual se ha comparado toda su obra posterior. En la cual, por cierto, hay títulos como los de la trilogía iniciada en Mundos, Compradores de tiempo o ese solvente juego narrativo que es La llegada. De sus últimas novelas traducidas, como Camuflaje, Viejo siglo XX o Rumbo a Marte mejor no escribir mucho.

Era inevitable que tarde o temprano terminara regresando a aquel universo creativo y aquellos personajes. Al menos más allá del retorno parcial a su corpus de temas en la fallida La paz interminable. Y eso hizo hace quince años con La libertad interminable. Novela que, de manera inexplicable, permaneció inédita durante más de una década, varios años con su traducción guardada en un cajón.

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Disjecta Membra, de Alberto Hontoria Maceín

Disjecta MembraLas modificaciones corporales han sido un asunto importante en la ciencia ficción desde hace más de medio siglo. Cuando sale a colación, me vienen a la cabeza dos grandes clásicos: Limbo, de Bernard Wolfe, y Homo Plus, de Frederik Pohl; novelas que trataron un variado conjunto de consecuencias tanto para la sociedad como los personajes que se someten a ellas. Sin embargo el peso que ha ganado el concepto de cyborg, sobre todo en el mundo del cine, ha eclipsado el tema, atenuado bajo la estética o una permanente deriva hacia el thriller o la acción. Disjecta Membra, de Alberto Hontoria Maceín, recupera la faceta humanística de ambos clásicos. Aunque se ha promocionado como una historia de superhéroes, a las pocas páginas toma posición como algo más amplio; a pesar de que pone en juego estereotipos como el megalómano impulsor del supergrupo, el caído en desgracia en busca de rehabilitación, la lucha contra el crimen como excusa operativa o la necesidad de un cuartel general, son más bien un punto de partida para explorar otros aspectos como la figura del discapacitado y sus traumas o el impacto que podría suponer para la sociedad el perfeccionamiento de las prótesis.

Como deja claro la ilustración de cubierta, Disjecta Membra tiene tres protagonistas en el centro de su escenario: Amelia Gallagher, que ha perdido sus dos piernas en un accidente de coche; Seth Randolph, que nació sin su brazo izquierdo; y Jack Endore, que padece una degeneración visual que le ha llevado a la ceguera. Cada uno enfrenta su discapacidad a su manera. La primera, por ejemplo, tras sufrir el accidente se aísla en su casa sumida en la autocompasión, rechazando la condescendencia de su familia y amigos. Un estado cercano a la depresión que sólo abandona cuando una pequeña gesta la convierte en el centro de atención de los medios de comunicación. Hontoria Maceín realiza esta exploración individual a través una serie de capítulos en primera persona, una fórmula ideal para ahondar en sus ideas y sentimientos.

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Kallocaína, de Karin Boye

KallocaínaNo habría leído Kallocaína si no fuera por la insistencia del traductor Manuel de los Reyes, que lo ha recomendado en varias ocasiones en las redes sociales. Un detalle imprescindible para la difusión de los libros de muchas editoriales con limitaciones para poner en marcha la máquina de promocionar libros repartiendo toneladas de ejemplares entre los sospechosos habituales. Y bien merece esa oportunidad. Es breve, ágil, está repleto de sabrosas lecturas y, por si fuera poco, supone un pequeño descubrimiento. En un mercado absolutamente decantado hacia las novedades nos pone ante una obra con aspiraciones a clásico olvidado publicado hace 75 años.

Escrito por la escritora sueca Karin Boye, Kallocaína es una distopía concebida con posterioridad a Nosotros y Un mundo feliz, y varios años antes a 1984. Desde este punto, digamos, histórico su relevancia es notable porque además comparte numerosos aspectos con la célebre novela de George Orwell. El más evidente, su voluntad crítica con los regímenes totalitarios, especialmente el comunismo soviético. La narración tiene lugar en una sociedad absolutamente controlada por el estado donde la voluntad individual no existe y la planificación se extiende a todos los niveles imaginables. Por ejemplo los hijos son separados de sus familias para ser educados en campamentos especiales. Mientras los ciudadanos (conmílites) viven en urbes orientadas específicamente a desarrollar algún proyecto concreto (ciudad de la química, ciudad de las artes…). El estado tiene un control casi omnímodo sobre las acciones y pensamientos de todos ellos. Las delaciones son habituales, las entrevistas deben ser mantenidas delante de testigos que puedan dar fe de lo que se ha dicho y la intimidad en el hogar no existe puesto que un sistema de vigilancia controla cualquier conversación.
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Ascensión, de Tom Perrotta

AscensiónNo me habría acercado a Ascensión si no fuera por The Leftovers, la serie escrita por Damon Lindelof para la HBO a partir de esta novela de Tom Perrotta. Un tenso relato polisémico con la religión y la búsqueda de sentido a las contrariedades de la vida como centro de su circo de tres pistas. Y si he seguido con él hasta prácticamente el final ha sido por encontrar alguna razón que explicara el por qué de su adaptación televisiva. Una pregunta para la cual apenas tengo una respuesta: partiendo de una idea magnífica, Lindelof tenía claro cómo conseguir tensión narrativa e imprimir angustia donde Perrotta sólo muestra un arsenal de carencias.

Desde sus primeras páginas Perrotta intenta escribir una historia a lo Stephen King con el pie apretando el freno, con una pequeña comunidad enfrentada a un acontecimiento sobrenatural que, supuestamente, debería liberar tensiones acumuladas durante años. El elemento fantástico está muy contenido, no hay la menor intención de explicar qué hay detrás, y todo se fía a describir la rutina cotidiana de sus personajes tras proporcionar dosis brutales de rohypnol; tanto que cualquier posible conflicto expuesto exhibe la intensidad de un perezoso en pleno ataque de furia.

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La fuerza de su mirada, de Tim Powers

La fuerza de su miradaAunque Tim Powers parecía haber encontrado su fórmula con la escritura de novelas en las que mezclaba fantasía e Historia (Esencia oscura y el asedio de Viena por los turcos, Las puertas de Anubis y el Londres de comienzos del XIX, En costas extrañas y el Caribe de la piratería), no fue hasta la publicación de La fuerza de su mirada cuando marcó el máximo grado de integración entre ambas. Hasta entonces la Historia había sido simplemente el lugar donde situar esas ficciones; alocadas, sin buscar una conexión decisiva entre ambas salvo en momentos puntuales. Por contra, en La fuerza de su mirada los hechos históricos en todo momento se supeditan a la ficción fantástica hasta el punto que resulta imposible desligar ambas facetas; forman un todo inseparable con la voluntad de llevar al lector a la paranoia de preguntarse si los hechos no sucedieron tal y como los relata.

En el corazón de esta novela, que Gigamesh reeditó hace apenas tres meses con una nueva traducción, se encuentra lo más granado de la segunda generación de poetas románticos ingleses: John Keats, Percy Shelley y Lord Byron. Cada uno mantiene una particular relación con unas criaturas preternaturales, los nephilim, que potencian su aliento creativo mientras alimentan sus respectivas tragedias personales. Ciertos hechos oscuros de su pasado, la muerte de varios de sus familiares más cercanos o la extravagancia de su vida cotidiana se reinterpretan en clave fantástica a la vez que ganan unas dosis de fatalismo y de inevitabilidad que llegan a rozar lo enfermizo. Aunque no parece el fin principal de la narración, mediante estas musas de naturaleza vampírica Powers explora cómo el fuego creador puede tomar el timón de la vida de un autor, empujándolo a transgredir todo tipo de límites.

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Ojos de lagarto, de BEF

Ojos de lagartoEl relato de frontera clásico ha perdido peso en la literatura de género; el progresivo conocimiento del mundo y la práctica desaparición de escenarios que se presten al encuentro con lo desconocido, lo misterioso, lo incierto, ajenos a lo que llamamos civilización, lo ha desplazado hacia otras fronteras: el espacio, lo sobrenatural, la fantasía… Sin embargo todavía surgen relatos situados en un entorno deudor de historias clásicas y que reivindican su arraigo, su vitalidad, su… pertinencia.

En Ojos de lagarto BEF nos ofrece un cóctel de pequeñas narraciones situadas a finales del siglo XIX y comienzos del XX enhebradas entorno a la posible existencia de animales antediluvianos. Primero en diversas localizaciones repartidas por varios continentes para, a mitad de novela, concentrarse en Mexicali, ciudad en la “raya” que separa México y EEUU. A través de capítulos muy breves, en su mayoría de entre una y cuatro páginas, esparcidos por el tiempo y el espacio, da forma a unos personajes que confluyen allí en la década de los años 20 del siglo pasado.

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Historia y antología de la ciencia ficción española, selección de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno (2 de 2)

Historia y antología de la ciencia ficción españolaLos dos primeros relatos de Historia y antología de la ciencia ficción española provienen de una forma de entender la literatura en las antípodas de nuestro tiempo. “Cuatro siglos de buen gobierno” es una buena muestra de las narraciones que escribía Nilo María Fabra. Una ucronía a la (muy) antigua usanza concebida con la intención de aliviar aquel sentimiento de decadencia de la patria tan extendido entre la intelectualidad española de finales del siglo XIX; una historia de España alternativa cuyo punto de ruptura se sitúa en la sucesión de los Reyes Católicos. En una veintena de páginas Fabra reconstruye 400 años de Historia repletos de decisiones que mantienen nuestro país en ese primer plano de la política mundial que, desde su óptica, jamás debió abandonar. A pesar de sus carencias literarias, “Cuatro siglos de buen gobierno” despierta en mi la misma condescendencia con la que escucho las gestas deportivas que se relatan entre sí los niños del colegio cuando suben del patio después del recreo.

Mucho más satisfactorio es el brevísimo “El fin del mundo”, de Azorín (1911). Con una prosa exquisita, el autor de La voluntad cuenta la extinción de la humanidad a partir de uno de los miedos luditas por excelencia: la muerte de la pasión, el genio, cualquier ansia… a manos de la homogeneidad lograda por la acción de ciencia y tecnología. Esa aniquilación del deseo de vivir lleva al último hombre vivo a explorar las consecuencias de su desaparición en una cadena de pensamientos que bordean el solipsismo. Me queda la duda de si su último párrafo, que introduce una interpretación hasta entonces ausente, era estrictamente necesario.

Aparte de su calidad, “El fin del mundo” sirve para dar testimonio de cómo grandes escritores españoles de finales del XIX y comienzos del XX se acercaron a este género proyectivo para abordar inquietudes que no podían tratar desde el ensayo o con sus obras eminentemente realistas. En este sentido, es difícil negar que esta tradición es bastante más escueta y “pobre” que la anglosajona, pero su breve inclusión en la antología sirve para recordar que aquella España de hace un siglo no fue un campo baldío para la ciencia ficción.

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Historia y antología de la ciencia ficción española, selección de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno (1 de 2)

Historia y Antología de la ciencia ficción españolaDesde que Domingo Santos abriera el fuego hace más de 30 años con Lo mejor de la ciencia ficción española, son varias las antologías que han glosado diversas épocas de la ciencia ficción española. Juanma Santiago hizo un sucinto repaso de estos libros en un artículo para Lecturalia escrito a raíz de la publicación del más reciente: Prospectivas. Todos ellos, incluyendo el generalmente olvidado De la Luna a Mecanópolis, prefirieron centrarse en un período de tiempo concreto, restringiendo su búsqueda, su propuesta, a unas pocas décadas. Si no me falla la memoria, hasta el momento no se había afrontado la tarea llevada a cabo por Julián Díez y Fernando Ángel Moreno en esta Historia y antología de la ciencia ficción española recién publicada por Cátedra: glosar en un único volumen las diferentes épocas de la ciencia ficción en España, añadiendo un extenso estudio sobre el género fuera y dentro de nuestras fronteras. Una labor de selección e integración con múltiples riesgos de los cuales los antólogos han salido bien parados.

Si tengo que destacar un aspecto de este libro por encima del resto es la labor de síntesis. Los relatos escogidos deparan un certero recorrido por las fases que ha atravesado la ciencia ficción en España: la relativa popularidad de sus comienzos, que llevó a autores como Azorín, Galdós o Blasco Ibáñez a hacer sus pinitos en él; el auge décadas más tarde de la literatura de a duro y la aparición de escritores-lectores aficionados en los 60 y 70; la generación de los 80-90 curtida en los últimos coletazos de Nueva Dimensión, los fanzines y colecciones como Ultramar, Nova o Miraguano; la predominancia de los autores masculinos entre los que han cultivado el género con más regularidad;…

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Arcana mundi, de Elizabeth Bear

Arcana mundiHace poco más de un año escribía sobre cómo se podía hacer una edición directamente para el mercado electrónico a raíz de la aparición de Fata Libelli, sello que ya ha cumplido su primer aniversario publicando relatos directamente en ebook. Por ahora las antologías temáticas no me han atraído lo suficiente, pero las colecciones de autor que llevo leídas me han parecido bastante recomendables. Presentan nombres prácticamente inéditos en nuestro país y recuperan algunas de sus mejores obras breves más recientes; una pequeña recompensa para los aficionados a las extensiones breves. El último nombre en sumarse a Tim Pratt, Peter Watts o Reggie Oliver es Elizabeth Bear. Si hacemos caso a su ficha en La tercera fundación, hasta Arcana mundi apenas se habían traducido cuatro relatos. Escaso bagaje para una autora prolífica, con una veintena de novelas a su espalda y varios relatos finalistas de los premios Hugo, Nebula, Locus, Sturgeon…

En los siete cuentos aquí recogidos hay un poco de todo: postapocalíptico, space opera, fantasía clásica, biopunk, fantasía contemporánea… Sin embargo, como ocurre cuando hay criterio, no estamos ante balas de francotirador, cada muestra una singularidad en sí misma, sino que se pueden encontrar conexiones entre ellos. Uno de los temas persistentes en Arcana mundi es el de la soledad y cómo Bear la conecta con la necesidad de seguir adelante; un sentimiento vivido generalmente a nivel personal por los protagonistas pero también, en dos relatos, llevado al extremo de ser compartido por toda la especie frente a un universo tan propicio para la vida como para verla desaparecer. La perspectiva de Bear, cuando es positiva, quiebra esa soledad con encuentros con personajes de todo tipo, entre los que se incluyen inteligencias no humanas o animales de compañía, mientras que cuando se mantiene en un cierto pesimismo, se torna irreversible; un pozo del cuál resulta imposible escapar aun cuando se intente llenar de diversas maneras.

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Requiem, de Graham Joyce

RequiemLa muerte de Graham Joyce el pasado mes de Septiembre ha supuesto una pérdida irreparable para la literatura fantástica británica. Incluso me atrevería a decir que de un calibre similar a la de Iain Banks, con el cual compartía generación, militancia y relevancia dentro del entorno aficionado anglosajón (fuera ya es otro asunto). Su novela más conocida, Los hechos de la vida, fue su incomparable tarjeta de presentación en España y, a la postre, también un lastre: todo lo traducido posteriormente ha padecida la comparación con un libro polifacético que tanto funciona como retrato social de la Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial, saga familiar de personajes atractivos o leve recreación fantástica de la realidad. En su obituario para The Guardian, Christopher Priest comentaba que Joyce no gustaba de repetirse en sus novelas y eso es algo evidente a poco que se hayan leído El fin de mi vida, Amigos nocturnos o La tierra silenciada. Títulos traducidos que apenas comparten entre sí nada más de un sutil acercamiento desde la fantasía oscura a temas universales: la muerte, el paso de la adolescencia a la edad adulta, las relaciones entre generaciones… Requiem es un ejemplo más en una carrera truncada de manera desafortunada y prematura.

Su protagonista, Tom, llega a Jerusalem poco después de la muerte de su mujer, Kathy, para refugiarse en casa de su mejor amiga. Lo que en principio parecía una necesidad de cobijo para paliar su pérdida se revela como una huida de ciertos eventos ocurridos en su trabajo y su relación con Kathy. Mientras se aloja en un pequeño hostal durante sus primeros días en la ciudad, Tom conoce a un viejo judío que guarda un importante manuscrito del Mar Muerto. Un incunable atesorado con celo cuyo texto alberga otro enigma, esta vez relacionado con los últimos días de la vida de Jesús y el papel que su mujer, María Magdalena, jugó en los primeros días del cristianismo.

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