Plop, de Rafael Pinedo

Plop

Plop

Poder afirmar en pleno siglo XXI que una novela de corte distópico/post-cataclismo es muy original, es uno de los mejores de los cumplidos que se le puede otorgar. Es un género trillado con sus tres o cuatro novelas canónicas y sus tres o cuatro películas disfrutables que tristemente, pero es cierto, resulta cansino; porque siempre da la sensación de que al haber leído esas tres o cuatro, ya realmente no es necesario acercarse a ninguna más. Que ninguna no te va a ofrecer nada nuevo de lo que ya hay. Sin embargo Plop, la novela de Rafael Pinedo que acaba de llegar al público español y que es quizá la obra de género que ha pasado más desapercibida por su a priori público potencial en el año 2007, consigue serlo. Muy original. La gran tapada del año pasado.

Plop es una novela que toma su nombre del personaje principal, quien a su vez lo toma del ruido que hizo su cuerpo al nacer mientras caía en el barro; un barro omnipresente en toda la historia. Rafael Pinedo es totalmente consciente de lo que se espera de una novela de este corte y cuál es el problema principal al que se tendría que enfrentar cualquier humano: la supervivencia. Sin concesiones, desde la primera página aborda el cómo ese espejismo de lo que una vez fue la humanidad que nosotros conocemos lucha por la supervivencia. En agrupaciones, más o menos complejas, porque en soledad estás vendido. Y a partir de ahí, el autor se desmarca y consigue una de esas novelas que atrapan, que se han de devorar en una tarde porque sinceramente es imposible desprenderse.

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Stardust, de Neil Gaiman y Charles Vess

Stardust

Stardust

Cuando a Tristran Thorn su adorada Victoria le pide nada más y nada menos que una estrella como prueba de su amor y requisito ineludible para obtener el beso que busca, el joven enamorado no lo duda un instante antes de partir en pos de la que, poco antes, ha visto caer del cielo más allá del muro que su pueblo guarda con celo desde hace siglos. Al otro lado de ese muro está el País de las Hadas, y algunos de sus habitantes también se han puesto en marcha para hacerse con la estrella, que no solo tiene valor para el pobre Tristran, sino también para las brujas –para las que consumir el corazón de una estrella supone el único medio de conseguir una falsa apariencia de juventud y belleza– y para la fratricida estirpe de herederos del señorío de Stormhold, para los que está en juego quién recibirá el legado de su padre. Unas y otros están dispuestos a todo para hacerse con la que ha caído de los cielos, quien, a su vez –porque la estrella, hija de Selene, es también una hermosa mujer– tiene sus propias ideas al respecto.

Para empezar con sinceridad, nunca he sido muy devoto de Neil Gaiman en su faceta más conocida, la de guionista de cómics; no me parece un buen narrador y recurre demasiado al reciclaje de ideas de otros autores a la hora de construir sus propios mundos. Aún así, no puede negársele una creatividad e imaginación en ocasiones brillantes que, me temo, han terminado contribuyendo a que Stardust me haya supuesto una pequeña decepción; supongo que esperaba que, con años de oficio ya a sus espaldas, y en un medio distinto, hubiera pulido lo suficiente esos defectos como para darnos una obra a la altura de lo que, creo, podría conseguir a la vista de sus virtudes. Y, precisamente –o eso pensaba– nada mejor que un cuento de hadas para dar rienda suelta a esa imaginación que se le presupone al inglés. Por desgracia no ha sido así y me he vuelto a topar con sus defectos de siempre en un libro que tras un buen comienzo –en ese pueblo a medio camino entre el mundo de las hadas y el de los mortales que, a su vez, es barrera entre ambos–, deriva pronto hacia una aventura rutinaria y mil veces vista.

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Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami

Sauce ciego, mujer dormida

Haruki Murakami es un autor atípico en muchos sentidos. Sus orígenes son tardíos: no empezó a tomarse en serio la escritura hasta que había cumplido los 30 años, sin apenas rodaje previo. Tampoco se adscribió a ninguno de los movimientos literarios de su época, ni ha llevado una vida especialmente revolucionaria o llamativa, al estilo de su compatriota Yukio Mishima. Sin embargo esto no le ha impedido firmar una novela que marcó toda una generación en Japón allá por los 80, Norwegian Wood –aquí conocida por el aséptico título de Tokyo Blues–, entre otras muchas con las que se ha creado un nombre fuera y dentro de su país. Además se encuentra en la cómoda posición de autor sencillo de leer a la vez que admisible para gustos más intelectualizados, lo que le ha permitido colocarse en los escaparates de las principales librerías en todo el mundo.

En España la evolución de su carrera ha sido lenta pero firme: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo lo convirtió en un autor de culto a pesar de que sus lectores se contaban con los dedos de la mano –por aquel entonces busqué infructuosamente información sobre él por Internet–, pero no fue hasta Tokyo Blues, su quinta novela traducida al castellano, que consiguió verdadera  difusión en el mundo literario. Ahora, tras repetir diana comercial con la menos inspirada Kafka en la orilla, Tusquets edita su más reciente recopilación de relatos, Sauce ciego, mujer dormida, que es el objeto de esta reseña.

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El rebaño ciego, de John Brunner

El rebaño ciego

El rebaño ciego

Leer El rebaño ciego en los inicios del siglo XXI supone un viaje un tanto paradójico. Nos desplaza a comienzos de la década de los setenta cuando la ciencia ficción vivía uno de sus períodos más efervescentes y se estaba ante una revolución que, en apariencia, la iba a sacar del ostracismo en el que había vivido. Un momento en el que un grupo de autores aplicó técnicas hasta entonces no utilizadas dentro del género y se acercó a una serie de temáticas que apenas se habían tocado. Pero, también, nos encontramos con una novela que apenas ha envejecido y no aqueja el paso del tiempo, algo que sí ha ocurrido con Órbita inestable. De ahí que haya que felicitar al Grupo AJEC y a su editor, Raúl Gonzálvez, su apuesta por reeditarla justo cuando el mercado de ciencia ficción apunta claramente hacia obras o reediciones más «fáciles» en las que resulta prácticamente imposible encontrar el compromiso, la lucidez y la inteligencia de las que Brunner hizo gala en estas páginas.

Situada en un futuro a muy corto plazo, El rebaño ciego se estructura en doce capítulos que, de Diciembre de un año hasta Noviembre del año siguiente, tocan las vidas de una miríada de personajes que abarcan de un agente de seguros a punto de caer en desgracia a un multimillonario que ha creado un imperio a partir de un alimento hidropónico, pasando por una periodista con conciencia social, otra que sólo busca el escándalo, un observador de la ONU en tierra extraña, un policía, un médico… Personajes que, como se espera, mantienen poca o ninguna relación entre sí para, a medida que transcurre el año y se precipitan los acontecimientos, comienzan a cruzarse entre sí, casi siempre de una manera fugaz.

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Lo mejor de 2007

Por segundo año consecutivo afrontamos en C la realización de una lista de las mejores obras de literatura fantástica publicadas durante el año anterior en España. Para ello pedimos a una veintena de nuestros colaboradores que elegiesen una de las mejores novedades aparecidas durante 2007 y la añadiesen a la lista que, poco a poco, fue cobrando forma. Trece accedieron a participar y cada uno ha escrito un comentario de alrededor de 300 palabras que, una vez reunidos, os ofrecemos en el presente artículo.

Supongo que, como suele ocurrir, a muchos la selección les puede resultar insatisfactoria porque o bien falta (o sobra) algún título o el procedimiento parece poco adecuado. Independientemente de esto, creemos en la utilidad de la presente lista, interesante a la hora de localizar algunos de los mejores libros publicados durante el año pasado sin distinción de géneros, países de origen, autores, editoriales,…

Los títulos elegidos son los siguientes:

  • Alejandro Magno y las águilas de Roma – Javier Negrete
  • Corazón de tango – Elia Barceló
  • China Montaña Zhang – Maureen F. McHugh
  • El cura – Thomas M. Disch
  • El pensamiento de las mil caras – R. Scott Bakker
  • Evenmere: La gran mansión – James Stoddard
  • La carretera – Cormac McCarthy
  • La novela perdida de Lord Byron – John Crowley
  • Las damas de Grace Adieu – Susanna Clarke
  • Los dientes de los ángeles – Jonathan Carroll
  • Los hijos de Húrin – J. R. R. Tolkien
  • Luz azul – Walter Mosley
  • Puente de pájaros – Barry Hughart

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253, de Geoff Ryman

253

253

Un tren parte siguiendo su recorrido, a apenas un par de paradas del final de línea. En su interior 253 pasajeros, cada cual con su propia historia a sus espaldas, sus propios anhelos y sus propias esperanzas y miedos. Sin saberlo, parten muchos de ellos hacia la muerte al descarrilarse el tren en el final del recorrido, y su salvación dependerá únicamente del azar. O, si lo preferimos, del destino. Ryman entreteje las vidas de estos 253 personajes, más todavía si contamos a sus amigos, familiares y conocidos, en 253 cuentos cortos de 253 palabras cada uno, distribuidos a lo largo de los 7 vagones del tren

El libro está concebido para su lectura en formato web, en un tramado hipertextual en el que nadie está aislado, y no es posible entender del todo la historia de ningún personaje sin enmarcarla en el todo superior. Sabemos, desde el primer momento, que este tren descarrilará, y somos conscientes de la cruel ironía que rodea a muchos de los personajes. Vemos cómo una decisión tomada en décimas de segundo los conducirá a la salvación o la perdición. La inmersión es total, en tanto que los personajes de la novela son los mismos personajes que encarnamos en nosotros mismos o nos encontramos en el día a día, con la salvedad de la distancia que separa Londres de nuestras ciudades respectivas, una distancia que empequeñece a medida que percibimos las similitudes entre ellos y nosotros.

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Viaje desde el ayer, James P. Hogan

Viaje desde el ayer

Viaje desde el ayer

La verdad es que alguien debería de explicarles a los responsables de la colección Ómicron que James P. Hogan no es un autor que merezca mucho la pena divulgar. Si Herederos de las estrellas, su única obra publicada hasta hace un año, pasó sin pena ni gloria por algo debió ser –diga lo que diga Miquel Barceló, uno de sus pocos defensores–. Operación Proteo, su resurrección en el mercado español de la mano de Ómicron, era, como poco, discreta –de ella ya hablé aquí hace unos meses–. Y este Viaje desde el ayer no deja de confirmar la tónica predominante hasta ahora: Hogan es un autor mediocre y de segunda fila.

Y eso que esta novela es lo mejor que ha publicado en nuestro país. Pero, no lo olvidemos, lo mejor de Hogan sigo siendo lo mejor de un narrador poco dotado. En líneas generales parte del fallo de la novela viene dado por su edad. Publicada originalmente en 1982, cuando la Unión Soviética parecía invencible, la premisa inicial de la obra, la amenaza –finalmente hecha realidad– de una conflagración nuclear entre rusos y occidentales, ha quedado tremendamente obsoleta. Incluso obviando esto, una gran parte del libro no deja de tener un aire anticuado y trasnochado: la solución ante el posible exterminio de la raza humana consiste en mandar a otro planeta una serie de embriones congelados en una sonda robot. Pasados unos decenios, la Tierra se ha recuperado de la guerra atómica y decide mandar una lenta nave estratocolectora para hacerse con el control del nuevo planeta.

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World War Z, de Max Brooks

World War Z

World War Z

En 1968, basada libremente en la novela Soy leyenda, de Richard Matheson, llegó a la gran pantalla una película destinada a sacudir y revitalizar los cimientos del terror en el cine y la literatura. El film en cuestión se titulaba La noche de los muertos vivientes; y los padres de la criatura, George A. Romero y John A. Russo, se ganaron con él un lugar de honor en el Olimpo particular de los aficionados a disfrutar pasando miedo. Casi cuatro décadas más tarde, en septiembre de 2006, uno de estos aficionados decide rendirle tributo a la obra de Romero con una novela destinada a convertirse en éxito de ventas desde el momento mismo de su gestación. Nace así World War Z, del neoyorquino Max Brooks. Y digo bien, WWZ es un sentido homenaje a Romero y «sus» zombis, no tanto a Russo y los suyos, por motivos que expondré a continuación.

Impulsada por la buena acogida de la ópera prima de su autor –The zombie survival guide, 2003–, así como por el relativamente reciente redescubrimiento de la temática zombi entre escritores y cineastas, WWZ se gana rápidamente el beneplácito de críticos y lectores por igual con una decidida «vuelta a los orígenes», saliéndose a propósito de la nueva carretera que intentan asfaltar películas de reciente cuño como Resident evil, 28 días después, Slither o Planet Terror. Los zombis que nos ofrecen éstas y otras obras contemporáneas se apartan del canon involuntariamente establecido por George Romero y abrazan sin disimulo algunas de las bases sentadas por John Russo en su obra individual, caracterizada principalmente por dos factores: sus muertos vivientes retienen la capacidad de correr, y su estado se debe a una causa reconocible, a veces incluso reversible. Los zombis de Max Brooks, sin embargo, tienen más en común con los de Romero: caminan a duras penas, arrastrando los pies y con los brazos levantados, entre gemidos, y el origen de la infección permanece envuelto en las nieblas del misterio. Para ellos sólo existe una cura posible, y ésta pasa por la destrucción de su cerebro.

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Vellum, de Hal Duncan

Vellum

Vellum

Hay frases iniciales que en sí mismas representan todo un programa de intenciones. «Toda historia épica debería comenzar con un mapa ardiendo», el arranque de Vellum de Hal Duncan, es una de ellas. El lienzo sobre el que Duncan pinta su fresco es más que épico, pues sobrepasa los confines del espacio y el tiempo, hasta el punto de que los mapas se hacen redundantes: el mapa es el libro, pero el furor del cartógrafo provocó la combustión del documento, que termina asemejado a un enjambre de brasas ingrávidas que revolotean cual luciérnagas ante los ojos del lector, obligado a formarse una imagen, un «collage» mental, antes de que el marco de llamas de cada capítulo consuma el texto.

Claro que orientarse mediante un mapa ardiendo puede plantear serios problemas si lo que se quiere es llegar a algún sitio. Ahí reside el quid de la polémica: mientras la plana mayor del fantástico «literario» actual –Shepard, Jeffrey Ford, VanderMeer– ha cerrado filas con Duncan saludando Vellum como un acontecimiento de los que hacen época, muchos de los lectores tradicionales de género han tenido que recurrir a extrañas teorías conspirativas, con sobornos editoriales de por medio, para explicarse las entusiastas reseñas dispensadas a un libro al que no ven pies ni cabeza.

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Camino sin retorno, de Andrzej Sapkowski

Camino sin retorno

Camino sin retorno

Cuando un autor desconocido tiene un éxito tan abrumador como inesperado, resulta lógico que su editor intente perpetuarlo todo lo posible. Es esta razón, y no otra, la que explica el por qué de que tantos y tantos libros mediocres de escritores de fama han inundado históricamente el mercado español. Por centrarnos en el mundo del fantástico, se podrían mencionar nombres como Philip Jose Farmer, Frank Herbert, Arthur C. Clarke o Isaac Asimov, por hacer una lista corta. Por eso, aunque admirador confeso de su obra, reconozco que me acerqué con cierto resquemor a Camino sin retorno, una antología que recoge la narrativa corta del gran Adrzej Sapkowski. Tampoco me tranquilicé en exceso al hojear el volumen y ver que muchos de los cuentos tenían unas características, como decirlo, curiosas. En efecto, de las nueve historias aquí presentes, al menos dos podrían calificarse de pequeñas excentricidades o bromas literarias, ocurrentes pero poco más.

“Algo termina, algo comienza” es la narración de la boda de dos conocidos miembros del fandom polaco –conocidos en aquel país, claro– en clave fantástica. La consiguiente fiesta se inspira, según el propio Sapkowski, en las francachelas alcohólicas que parecen inherentes a las convenciones fantásticas en Polonia. De hecho, la historia fue originalmente  publicada en un fanzine de Gdansk. El relato es ocurrente y divertido –Sapkowski posee un excelente toque humorístico– pero poco más. Parte de los chistes sólo deben de estar a la altura de los expertos en el fandom polaco que, me temo, no deben de abundar en nuestro país, aunque no es menos cierto que se puede disfrutar de la historia sin mayores complicaciones. Lo que es más discutible es que esta narración esté ambientada en el universo de Geralt de Rivia y que los fandomitas polacos se hayan transmutado en los protagonistas de la saga que acuden a la boda de Geralt y Yennefer. Todo esto dio lugar a una peculiar confusión en Polonia donde mucha gente creyó que el relato era realmente el final de la saga, cosa que, a falta de leer el último tomo y por lo que Sapkowski dice en la introducción, parece que poco tiene que ver con la realidad. Esperemos que en España no ocurra algo parecido, a pesar de que el editor parece jugar a la confusión al utilizar un entrecomillado del relato como texto promocional de la contraportada. Un párrafo con un tono épico más que evidente y que es el único de estas características en las 24 páginas del cuento.

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