Plop, de Rafael Pinedo

Plop

Plop

Poder afirmar en pleno siglo XXI que una novela de corte distópico/post-cataclismo es muy original, es uno de los mejores de los cumplidos que se le puede otorgar. Es un género trillado con sus tres o cuatro novelas canónicas y sus tres o cuatro películas disfrutables que tristemente, pero es cierto, resulta cansino; porque siempre da la sensación de que al haber leído esas tres o cuatro, ya realmente no es necesario acercarse a ninguna más. Que ninguna no te va a ofrecer nada nuevo de lo que ya hay. Sin embargo Plop, la novela de Rafael Pinedo que acaba de llegar al público español y que es quizá la obra de género que ha pasado más desapercibida por su a priori público potencial en el año 2007, consigue serlo. Muy original. La gran tapada del año pasado.

Plop es una novela que toma su nombre del personaje principal, quien a su vez lo toma del ruido que hizo su cuerpo al nacer mientras caía en el barro; un barro omnipresente en toda la historia. Rafael Pinedo es totalmente consciente de lo que se espera de una novela de este corte y cuál es el problema principal al que se tendría que enfrentar cualquier humano: la supervivencia. Sin concesiones, desde la primera página aborda el cómo ese espejismo de lo que una vez fue la humanidad que nosotros conocemos lucha por la supervivencia. En agrupaciones, más o menos complejas, porque en soledad estás vendido. Y a partir de ahí, el autor se desmarca y consigue una de esas novelas que atrapan, que se han de devorar en una tarde porque sinceramente es imposible desprenderse.

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The Devil You Know, de Mike Carey

The Devil You Know

The Devil You Know

Hay una serie en la línea adulta de DC Comics que me produce una tremenda admiración por aguantar al pie del cañón durante los casi 20 años que tiene ya este sello. Se llama Hellblazer y su protagonista es ese icono llamado John Constantine. Definir a Constantine no es una tarea fácil. Reconocible por estar inspirado en Sting y llevar un trasunto de traje de superhéroe –gabardina y cigarrito–, es el epítome de la labor de los guionistas británicos en el cómic americano: un ocultista feo pero con carisma, sucio en sus maneras y formas pero limpio en su interior, un idealista disfrazado de cínico que tiene que lidiar con un submundo que tiene más monstruos que las siete temporadas de Buffy la Cazavampiros. O, lo que es lo mismo, un superhéroe de los de toda la vida que en vez de estar destinado para el consumo de adolescentes es para adultos.

Esto queda patente en que el personaje lo creó nada más y nada menos que Alan Moore en las páginas de La Cosa del Pantano, y por él han pasado todos los buenos guionistas británicos de los últimos años: Jamie Delano, Garth Ennis, Warren Ellis e, incluso, en muy menor medida, Neil Gaiman y Grant Morrison. Un trabajo que poco a poco ha dado más y más vida a este «mago» natural de Liverpool. Después llegó Brian Azzarello que simplemente no supo qué hacer con el personaje… pero Mike Carey –con negrita– recogió el testigo y volvió a llevar a Constantine a lo más alto. Por eso, y por haber escrito la mejor novela gráfica de 2004 –Creo en Frankie–, no me lo pensé dos veces al adquirir The Devil You Know cuando me topé con ella en la estantería de los más vendidos de una librería especializada de Londres. Porque si Mike Carey era la mitad de bueno en prosa que en la historieta me lo iba a pasar en grande.

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Jurgen, de James Branch Cabell

Jurgen

Jurgen

Cuando uno va a una librería especializada y pregunta por novelas canónicas de fantasía anteriores a El Señor de los Anillos, las respuestas suelen ser las mismas que muchos autores de renombre que han corrido mejor suerte y disponen de mejor salud en librerías más generales. Los más conocedores remitirán a los cuentos de Lord Dunsany, uno de los favoritos de Lovecraft. Otros, a Entrebrumas de Hope Mirrlees, novela de cabecera de Neil Gaiman. Y pocos, pero irreductibles, dirigirán su mirada a James Branch Cabell.

James Branch Cabell, quien fuera uno de los escritores favoritos de nada más y nada menos que Robert A. Heinlein, es toda una rara avis. Proveniente de una familia aristocrática, no escribió fantasía de manera circunstancial, sino que fue algo vocacional y ya antes de llagar a los veinte años mostró sus deseos de encomendarse a este género; en aquel momento un territorio inexplorado en el cual podría hacer todo tipo de experimentos literarios, algo que no desaprovechó. Gran muestra de ello es Jurgen, novela que le sobrevivió –lo cual, profetizó con mucha razón–, y la más representativa de su estilo.

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Howl’s Moving Castle, de Diana Wynne Jones

Howl's Moving Castle

Me parece curioso que nos encontremos ante lo que podemos llamar tranquilamente «segunda oleada de lectores de manga» y los únicos que se den cuenta son los lectores de tebeos, que ven cómo las estanterías de sus tiendas favoritas están siendo invadidas por personajes con ojos saltones y viñetas llenas de líneas cinéticas por doquier. ¡No es para menos! Hoy, mientras paseaba por la Fnac de Callao (la desembocadura del mainstream cultural madrileño, ¡ea!), veía atónito como ese género ocupaba ya una buena parte del espacio dedicado a los tebeos. Por no hablar de la moqueta, con varias personas repanchigadas de cualquier manera leyendo las aventuras de sus personajes favoritos. Ya me gustaría ver así la sección de la Fnac que contiene los libros de los que se hablan en esta bitácora…

Lo que pasa es que como siempre, y por mucho que me pese empezar aquí dando palos, en este país somos una panda de topos en lo que a visión comercial se refiere. Primero, no me explico que se tardase tanto en estrenar una película que, si bien no iba a ser taquillera (nadie lo pretendía), sí iba a tener el público potencial que llena las estanterías esas de la Fnac a las que me estoy refiriendo. Y el DVD no se estará vendiendo como churros, pero estoy seguro que más de uno de los que no me dejan pasar por el pasillo de marras se lo ha comprado.

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