Si menguaras un poco tampoco valdría

Phineas y Ferb

La literatura y el cine de ciencia ficción se ven bajo otra luz cuando quien te dice lo que les parece es un niño de 9 años o un preadolescente de 12. Ya. Obvio. Quizá no tanto cuando escuchas sus conclusiones, y no porque sean llamativamente diferentes de las tuyas, sino porque no las esperas y obligan a que te replantees algunas opiniones.

Viven otra época. Los chicos de los que hablo están además en esa edad en la que mi generación dilató asombrada las pupilas cuando vio por primera vez Star Wars en una sala de cine (Nota 1: Explico esto porque hay que entender que para ellos la ciencia ficción no se divide en seria y escapista -menos aún se subdivide en ucronías, distopías, steampunk, cyberpunk y los otros dos mil millones de subgéneros-, sino en dos categorías claramente diferenciadas y fáciles de entender: la que mola y la que no mola.

Primero: viven otra época. Para ellos están chupados conceptos como los universos paralelos, la relatividad a la hora de percibir el tiempo, los clones, la inteligencia artificial o la realidad virtual, que tantos quebraderos de cabeza les han dado a otras generaciones (Nota 2: Boyero aún presume en El País, cuando valora despectivamente algunas pelis de ciencia ficción, de que no tiene pajolera idea de las cuestiones más pedestres de física; y aún gozamos de literatos de la vieja escuela para los que Cultura es sinónimo de Letras, intelectuales que pueden escribir una tesis doctoral sobre la simbología del parnasianismo, pero desconocen cuánto hidrógeno y oxígeno hay en una molécula de agua y se quedan tan anchos, ya que lo primero es -en este país- sinónimo de ilustración y lo segundo, metafísica para nerds). El pequeño se hartó de reír con el DVD de Phineas y Ferb: a través de la segunda dimensión sin necesidad de que le tuviéramos que dar explicaciones, y eso ocurrió a la tierna edad de 5 años. Pienso en la verborrea de ciencia ficción de un niño y luego en la generación de los Boyero, tan balbuceante cada vez que aparece una cuestión de física básica o química elemental dentro de cualquier forma de narrativa -y lo que esa limitación implica a la hora de emitir un juicio de valor con alegría dicharachera- y vuelvo a decir: definitivamente es otra época.

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Jabberwock 2

Jabberwock 2

Jabberwock 2

La editorial Bibliópolis inaugura su nueva colección Bibliópolis antológica con el segundo volumen del anuario de ensayo fantástico Jabberwock. Esta nueva colección recoge el testigo dejado por Bibliópolis Bolsillo, mejorando no sólo en el tamaño sino también en el diseño y aumentando también la extensión. Jabberwock es sin duda un punto de referencia para todo aficionado a la literatura fantástica: por un lado es una excelente guía de lectura gracias a las críticas de las obras más destacadas publicadas el año anterior. Y por otro recoge una serie de ensayos y artículos que muestran el fantástico en todas sus vertientes. Todo ello coordinado por Arturo Villarrubia y Alberto García-Teresa los directores de este número.

Vemos que los ensayos se pueden dividir a priori en dos grandes bloques: unos los que afrontan el fantástico como herramienta para analizar la sociedad actual y otros los que estudian los límites del género y sus raíces comunes en el uso de distintos mitos e iconos. Dentro de la primera vertiente destaca el ensayo de Alberto García-Teresa “Las aventuras de Emmanel Goldstein. Usos ideológicos de la ciencia-ficción” donde analiza las obras, autores y corrientes literarias dentro de este género poniendo de manifiesto la carga ideológica que esconden, destacando los casos de obras y autores que rompen con la ideología conservadora mayoritaria, un ensayo muy esclarecedor y que desmonta los tópicos dentro de la ciencia ficción. Continuando esta línea de análisis político y social de la ciencia-ficción nos encontramos con el ensayo “La que está cayendo: lecciones para el mundo posterior al 11-S en la obra de Philip K. Dick” de Aaron Barlow, donde a través de la obra de Philip K. Dick analiza la esquizofrenia de la sociedad actual y el sometimiento del pueblo por el miedo al otro fomentado por los gobiernos, poniendo de manifiesto la vigencia de la obra de Dick. Es especialmente interesante la entrevista que realiza Arturo Villarrubia al escritor John Kessel, un autor comprometido socialmente que por medio del humor y de la provocación desarticula las falacias de los neoconservadores por medio de obras como American Apocalypse y El amor en tiempos de dinosaurios.

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Series

2010

2010

Al contrario de lo que se suele afirmar, las continuaciones y requetecontinuaciones no son un fenómeno moderno dentro de la ciencia ficción, y ni siquiera original del género. Me temo que siempre que una creación ha cautivado la imaginación popular, su responsable ha sido asaeteado por demandas para prolongarla en alguna medida. Un género tan venerable como la épica tiene su origen en ese comprensible deseo de «saber más», empezando por el propio Homero, y hasta este siglo encontramos amigos de las series y continuaciones tan respetables como Cervantes, Shakespeare o Dumas.

Como literatura popular, la ciencia ficción usa las series como uno de sus principales ganchos desde su mismo nacimiento. Verne no se salvó del todo de la tentación –véase los dúos 20.000 leguas de viaje submarinoLa isla misteriosa y Robur el conquistadorDueño del mundo–, de la que sí escapó H.G. Wells. Pero después llegaron Edgar Rice Burroughs con sus series de Marte y Venus o E.E. “Doc” Smith con sus Lensmen y su Alondra del espacio y consagraron la popularidad de los seriales de ciencia ficción.

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La ciencia ficción, en la encrucijada del siglo XXI

Nota: Este artículo fue publicado en el número 217 de Revista de Literatura, correspondiente a Mayo de 2006

0043CFJDJimBurns.jpg El futuro ya está aquí. La mayor parte de los sueños de la ciencia ficción tradicional se han incorporado al imaginario colectivo, o han sido descartados como imposibles por la ciencia, o incluso se han convertido en realidad. El género tal y como se le conoció en sus primeros cincuenta años de vida ha quedado, en cierta forma, obsoleto. Parte de sus propósitos, aquellos que tomó de la literatura utópica anterior a su nacimiento, siguen en pie; pero la cf ha cedido esos intereses a la literatura general, que parece haber recobrado el interés por la prospectiva, por el distopismo.

Todo este fenómeno no es bueno ni malo. Desde dentro de la cf se ve en parte como un problema, en parte como una demostración más del rechazo del establishment cultural hacia el género. Algo que no es del todo cierto. Es verdad que se acumulan libros que tocan temas característicos de la cf pero que en su contraportada aseguran que el texto «trasciende la cf», algo que la mayor parte de las veces no es cierto. Pero también es verdad que la cf, debido a algunas características innatas, se ha convertido en un campo a veces difícil de seguir.

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