Grendel, de John Gardner

Grendel

Ya iba siendo hora que escribiera una modesta reseña sobre Grendel, de John Gardner, reseña que en mi cabeza iba a ser más larga, más compleja, más culta y más de todo, pero que a la hora de ponerla por escrito se ha quedado en un vulgarísimo  “destripo el argumento y arreando” (¡aviso!). ¿Y por qué Grendel, una oscura novela de un escritor ya un poco olvidado que alcanzó su mayor momento de gloria cagándose en la obra de casi todos sus contemporáneos? (bueno, exagero, Pringle la incluyó en su selección de las cien mejores novelas de literatura fantástica anglosajona y además se ha reeditado recientemente en la colección Fantasy Masterworks). Pues no lo sé muy bien, pero es otro de esos libros con los que estoy obsesionado, que me lleva acompañando desde que lo leí por primera vez hace más de veinticinco años, y, como suele ocurrir, en cada relectura he ido descubriendo nuevos significados que han ido marcando mi crecimiento como lector. También, con el tiempo, se ha convertido en una especie de grimorio que guardaba las claves para interpretar o desentrañar otras obras, aparentemente tan dispares como Soy leyenda de Richard Matheson, Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq, el Brian the Brain de Miguel Ángel Martín, el American Psycho, de Bret Easton Ellis o la peripecia de Dawn Wiener, la antiheroína de las películas de Todd SolondzPor no hablar de la reciente irrupción, sobre todo en el medio televisivo, de un arquetipo que fascina a las audiencias, el personaje misántropo que navega contra los valores (o la narrativa, que se dice ahora) de su tiempo (True Detective, Mr Robot, House, Dexter, etcétera), pero cuyo verdadero origen dejo a gente más inteligente y culta que yo.

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D de Destructor, de Ramón Muñoz

D de Destructor

Una de mis muchas lagunas lectoras en cuanto a fantasía, ciencia ficción, terror, literatura fantástica en general, se refiere, es la de los autores españoles (aunque más lamentable aún es mi ratio de libros escritos por mujeres, actualmente se encuentra en un paupérrimo cinco sobre cincuenta reseñas escritas en total, de las cuales sólo una fue positiva). Desconozco la razón, quizá se trate de un mecanismo mental involuntario en mi anárquica forma de escoger lecturas, la asunción profunda a nivel inconsciente de la (falsa) premisa de que el fantástico es un género fundamentalmente anglosajón y qué mejor que ir al original. O es quizá envidia de que la misma persona que me precede en la cola del Mercadona abarrotado un sábado a las doce y media de la mañana pueda estar fabulando otros mundos mientras yo sólo llego a odiar muy fuertemente mi vida y las decisiones que me han llevado a ese preciso momento espaciotemporal. O mejor aún, como manda el tópico perezoso, todo crítico literario es un escritor frustrado y yo no iba a ser menos. Bueno, no del todo, aunque como casi toda persona muy lectora he intentado emular a mís ídolos, enseguida me di cuenta de que aquello no era lo mío, escribir un relato, una novela, es una cosa dificilísima completamente fuera de mi alcance.

Bueno, les largo todo este rollo en plan excusatio non petita, pero que sinceramente es algo que me reconcome, para celebrar que llego a las dos, DOS, reseñas de autores españoles en un sólo año. En este caso se trata de D de Destructor la antología de relatos de Ramón Muñoz que ha publicado Cyberdark en su colección de antologías de autores españoles. ¿Y por qué he escogido la antología de Ramón Muñoz?. Pues porque a finales de los noventa, en la revista Gigamesh, entre relato de Greg Egan y relato de Greg Egan, su cuento “Días de tormenta” me impactó muchísimo, un relato a la altura del mejor Lucius Shepard.

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Neimhaim, de Aranzazu Serrano Lorenzo

NeimhaimCon la llegada del ya pasado periodo estival, la editorial Fantascy puso en circulación una nueva obra de fantasía épica bajo el nombre de Neimhaim. Una novela de marcado carácter épico que, a diferencia de lo habitual, incluye abrumadores paisajes blancos llenos de hielo y nieve, así como bosques con una fuerte carga mística y mucha más presencia e integración de dioses en la historia. Aun con ello, Neimhaim incluye muchos de los elementos básicos en un libro de esta clase: castillos, reyes, hijos herederos de un gran poder y diferentes seres fantásticos de la máxima importancia.

Las tierras que dan nombre al libro se encuentran pobladas principalmente por dos razas: los Kranyal y los Djendel. Tras una incursión enemiga que implica a ambos pueblos, deciden unir sus caminos y crear la Alianza, de manera que puedan tener un futuro más fuerte y próspero. Para ello Gursti, Rey del Clan Kranyal, y Adroon, Primero de los Djendel, deciden que el mañana de ambos pueblos debe ser guiado por sus descendientes. Tras la ingesta de un brebaje para mejorar su fertilidad, cada una de sus mujeres quedarán encintas de los futuros reyes de Neimhaim. Ambos, que cuentan con un aspecto físico más parecido al de dos hermanos, deben lograr encontrar el amor entre sí en pos del bien común.

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Trece monos, de César Mallorquí

Trece monosCésar Mallorquí no puede regresar porque jamás se fue. Aun cuando su paso a la literatura juvenil pudiera hacer pensar lo contrario, ciencia ficción y fantasía han mantenido un rol protagonista en parte de lo que ha escrito estos últimos 20 años: la historia de fantasmas detrás de Las lágrimas de Shiva, los viajes en el tiempo en La fraternidad de Eihwaz, la mezcla entre mitos celtas y fantástico de Leonís, la ciencia ficción de La isla de Bowen… Tampoco han estado ausentes en sus relatos, un formato donde se ha prodigado mucho menos; la vida del escritor profesional tiene sus servidumbres y su sustento ha llegado escribiendo novelas.

Este mes de Septiembre nos ha llegado Trece monos, su segunda colección de relatos. En su interior aguardan trece relatos fantásticos escritos durante los últimos 20 años. A diferencia de la primera, El círculo de Jericó, en Trece monos Mallorquí prescinde de cualquier intención de vincularlos dentro de una historia “mayor” que los contenga. Esta vez ha preferido escribir brevísimas presentaciones en las cuales ofrece una somera idea sobre su escritura y su publicación. Para profundizar en su trayectoria, el volumen se abre con un extenso prólogo escrito por Juanma Santiago. En él se contextualiza su obra en una introducción que revaloriza una tipología textual convertida demasiadas veces en una entradilla de blog o una sinopsis trivial. Quizás en tres o cuatro momentos su tono se desliza hacia el entorno aficionado, con expresiones y aproximaciones chocantes para un lector ajeno al pequeño mundillo de la ciencia ficción y la fantasía. Pero también evidencia el conocimiento, la calidad expositiva y la amenidad de uno de los mejores ensayistas de la ciencia ficción en España. Su inclusión me ha parecido un gran acierto.

Entre las ficciones que recoge Trece monos, la mayor aportación a la obra de Mallorquí viene de “Naturaleza humana”, la novela corta que cierra el libro, mención especial en el premio UPC de 2012. Una historia de ciencia ficción clásica muy adecuada para descubrir sus cualidades como narrador y su manera de concebir el género, bastante ajena a los modos actuales. En su ambientación, “Naturaleza humana” recuerda a historias como Tropas del espacio, los primeros thrillers de Joe Haldeman o esos relatos de Dick donde la humanidad estaba enfrentada a un enemigo extraterrestre y nada era lo que parecía. Así, a finales del siglo XXIII, una humanidad que ha trascendido los gobiernos nacionales se enfrenta en una guerra sin cuartel a una civilización alienígena. A través de un relato en tercera persona, Mallorquí enhebra un thriller donde a dos personajes se les asigna una misión casi suicida: descubrir los posibles agujeros de seguridad del gobierno mundial. Una tarea durante la cual descubrirán el mundo al otro lado del muro de la caverna; la realidad detrás de la distopía en la que están atrapados.

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Jagannath, de Karin Tidbeck

JagannathKarin Tidbeck es una escritora sueca que tanto escribe en su idioma materno como en inglés; ese bilingüismo, supongo, explica por qué un libro tan breve como Jagannath ha tenido dos traductoras, una de ellas (Carmen Montes) Premio Nacional de traducción por Kallocaína. Ésta es su primera colección de cuentos publicada en inglés y apareció en España entre todo tipo de elogios. Me resulta difícil negar lo genuino de la escritura de Tidbeck, con una aproximación a lo fantástico bastante personal, dueña de unas señas de identidad rastreables en los trece relatos recogidos en Jagannath. Sin embargo, aun cuando he disfrutado de un puñado de ellos, tengo problemas para recomendarla.

Grosso modo, en la colección se pueden encontrar tres tipos de cuentos. En el primer grupo incluiría una serie de historias de cariz fantástico en las cuales Tidbeck parte de una situación entre ligeramente extravagante y surrealista para contarla con sencillez, sin caer en excesos. El primer relato, “Beatrice”, sería el ejemplo paradigmático: durante su visita a una feria, un hombre se enamora de un prototipo de dirigible y es correspondido. Como la compañía que los fabrica no puede desprenderse de él, adquiere otro que, para su frustración, no parece manifestar sentimiento alguno hacia él. En su camino se cruza una mujer que tiene una relación con una válvula de vapor, correspondida, consumada y con embarazo… obviamente contado de una manera mucho menos burda. Esto le permite a Tidbeck acercarse a temas como la obsesión, la entrega, el sacrificio, la comunicación o la no correspondencia en las relaciones de pareja desde la sugerencia, con mucha sutileza sin entrar a fondo en ellos.

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La fuerza de su mirada, de Tim Powers

La fuerza de su miradaAunque Tim Powers parecía haber encontrado su fórmula con la escritura de novelas en las que mezclaba fantasía e Historia (Esencia oscura y el asedio de Viena por los turcos, Las puertas de Anubis y el Londres de comienzos del XIX, En costas extrañas y el Caribe de la piratería), no fue hasta la publicación de La fuerza de su mirada cuando marcó el máximo grado de integración entre ambas. Hasta entonces la Historia había sido simplemente el lugar donde situar esas ficciones; alocadas, sin buscar una conexión decisiva entre ambas salvo en momentos puntuales. Por contra, en La fuerza de su mirada los hechos históricos en todo momento se supeditan a la ficción fantástica hasta el punto que resulta imposible desligar ambas facetas; forman un todo inseparable con la voluntad de llevar al lector a la paranoia de preguntarse si los hechos no sucedieron tal y como los relata.

En el corazón de esta novela, que Gigamesh reeditó hace apenas tres meses con una nueva traducción, se encuentra lo más granado de la segunda generación de poetas románticos ingleses: John Keats, Percy Shelley y Lord Byron. Cada uno mantiene una particular relación con unas criaturas preternaturales, los nephilim, que potencian su aliento creativo mientras alimentan sus respectivas tragedias personales. Ciertos hechos oscuros de su pasado, la muerte de varios de sus familiares más cercanos o la extravagancia de su vida cotidiana se reinterpretan en clave fantástica a la vez que ganan unas dosis de fatalismo y de inevitabilidad que llegan a rozar lo enfermizo. Aunque no parece el fin principal de la narración, mediante estas musas de naturaleza vampírica Powers explora cómo el fuego creador puede tomar el timón de la vida de un autor, empujándolo a transgredir todo tipo de límites.

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Tiempo de sembrar piedras, de Tim Powers

Tiempo de sembrar piedras

Dentro del resurgimiento de la literatura de Tim Powers en castellano en este final de 2014, Tiempo de sembrar piedras rellena el espacio de tiempo dejado entre la nueva Ocúltame entre las tumbas y la reedición de La fuerza de su mirada. Respectivamente, segunda y primera parte de una historia de vampiros que aún no he tenido oportunidad de saborear y, como se verá más adelante, con cierta importancia en la antología que nos ocupa.

Tiempo de sembrar piedras es en realidad una reedición ampliada bajo un título diferente. Hace cinco años, durante el día del libro, Gigamesh editó como regalo promocional un pequeño tomo llamado El reparador de biblias en el cual se incluían cuatro de los seis relatos que aparecen en este nuevo lanzamiento. Los dos restantes, a la postre los más extensos, tienen su relevancia en este momento en que se presentan. “Salvación y destrucción” es uno de sus últimos cuentos, fechado en 2013, y “Tiempo de sembrar piedras” sirve de nexo entre los dos libros de la citada saga vampírica, con los cuales comparte algún personaje e importancia argumental.

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Nocturnos de Viriconium, de M. John Harrison

Nocturnos de ViriconiumEste es el típico libro que te cuesta seguir, que no entiendes de la misa la media y, sin embargo, no puedes parar de leer. Oscuro, opresivo, denso, hipnótico… M. John Harrison en estado puro, en trámite de clausurar una de sus obras más conocidas y, a la postre, el clavo, la tapa y nueve décimas partes del ataúd de su futuro comercial en España.

Como los dos volúmenes anteriores, la mayor parte de sus doscientas y poco páginas contiene una novela. La última de la secuencia de Viriconium: “En Viriconium”; el contrapunto a “La ciudad pastel” y “Tormenta de alas”. Si aquellas, a su aire, mantenían una serie de características asimilables como fantasía heroica, ésta es arena de otro costal; una fantasía urbana deudora de J. G. Ballard y su manera anticlimática de tratar la realidad y los personajes en su deambular por cualquiera de sus paisajes urbanos o posturbanos.

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Ocúltame entre las tumbas, de Tim Powers

Ocúltame entre las tumbasOnce años han pasado desde que Gigamesh publicase Declara, aquella perspicaz y a ratos farragosa reescritura de los primeros años de la guerra fría en clave sobrenatural. Once años durante los cuales, si exceptuamos las reediciones, los seguidores de Tim Powers en España apenas hemos podido disfrutar de los cuatro relatos del volumen promocional El reparador de biblias. Sin embargo este 2014 se ha transformado en el año del gran “regreso” del autor de Las puertas de Anubis; además de su visita en verano, hace un par de semanas llegaron a las tiendas dos novedades: la colección de cuentos Tiempo de sembrar piedras, que añade dos relatos largos a El reparador de biblias, y la novela Ocúltame entre las tumbas, su retorno al universo de La fuerza de su mirada.

Como es más o menos sabido, Powers construye muchos argumentos a partir de hechos históricos reinterpretados desde una óptica de fantasía. En La fuerza de su mirada relataba los últimos años de los tres nombres más representativos de la segunda generación de poetas románticos ingleses, John Keats, Percy Shelley y Lord Byron, todos ellos muertos de manera prematura lejos de Inglaterra. El prisma “deformador” bajo el cual observaba sus biografías era el vampirismo; en su novela todos mantenían un vínculo con unas criaturas preternaturales, los nephilim, que al mismo tiempo eran la fuente de inspiración de sus grandes poemas y la causa de sus tragedias personales. Aunque como narrador Powers siempre ha tenido problemas para imprimir una cadencia a sus historias, además de una cierta tendencia a la confusión cuando la acción se precipita, en La fuerza de su mirada ambas debilidades pasaban bastante inadvertidas gracias al indudable carisma de sus personajes, la ingeniosa reconstrucción de sus vidas, cómo conectaba hechos sin relación aparente, una atmósfera densa y enfermiza o el particular calvario que atravesaba su protagonista.

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Leonís, de César Mallorquí

LeonísMe produce una cierta tristeza observar cómo algunos libros, una vez ha transcurrido su vida media en los expositores de las librerías, se marchitan sin haber despertado prácticamente atención; apenas comprados y, lo que es peor, apenas leídos. Por lo que he podido bucear por internet, tengo la impresión que Leonís es uno de esos títulos. La imagen de César Mallorquí como escritor de literatura juvenil supongo que habrá hecho lo suyo, y ha mantenido a una parte de su público potencial alejado de esta obra, tal y como pasó con aquellas dos novelas de temática criminal publicadas por Espasa y saldadas de manera inmisericorde (vale, El juego de Caín era regulín, pero también lo suficientemente dinámica como para haber esperado algo más de repercusión). En este caso el tema es particularmente sangrante porque estamos ante un libro editado con mimo y que ofrece una serie de características bastante caras de ver en el resto de novedades de un año cualquiera. Tapa dura, multitud de ilustraciones creadas ex profeso por el ilustrador Miguel de Unamuno y una maquetación exclusiva que las integra en el fluir de la narración. Un valor añadido que enriquece la edición en papel y su lectura.

Una página de Leonís

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