Dentro del fandomverso se había creado un enorme interés por la primera novela de Ken Liu, autor de un puñado de celebrados relatos de ciencia ficción dispersos entre varias antologías (Terra Nova, Cuentos para Algernon, A la deriva en el mar de las lluvias). Si alguien se guía por estas traducciones para prever qué puede encontrar en La gracia de los reyes se llevará una sorpresa. Tras un puñado de historias en las cuales abordaba temas como el desarraigo, las relaciones paterno-filiales o la importancia de la memoria con un tratamiento mayormente intimista, su opera prima rompe cualquier expectativa con una fantasía épica de inspiración oriental y tintes muy muy muy clásicos a la contra de los tiempos.
En las dos últimas décadas la fantasía contemporánea más próxima a este subgénero ha aparecido dominada por personajes ambiguos, diálogos repletos de poses e ingenio, continuos giros en el argumento… Frente a esto, en cada recodo de La gracia de los reyes Ken Liu se esfuerza por destilar la armonía de lo tradicional. Recupera el aire de leyenda de la China antigua en un relato sobre la contienda entre los diversos reinos previos a la formación de un Imperio y la nueva estructura opresora. En un panorama vasto, cuenta una guerra civil a través de un narrador omnisciente con un tono añejo y dos protagonistas que atienden a arquetipos básicos en la narrativa épica: el pícaro y el guerrero.


Hace algunos años descubrí a Robert Aickman gracias al 
Como se habrán imaginado ya, yo de chaval era un niño gordo, introvertido, retraído y asocial (no he cambiado nada), que se pasaba las vacaciones de verano releyendo tebeos y hurgando en la pequeña biblioteca de mi padre en vez de quedar con otros niños para liarnos a piñazos, cazar lagartijas o darle patadas al balón, algo de lo que aún hoy día me arrepiento muchísimo (“Desgraciado aquel que vuelve la mirada hacia horas solitarias en vastos y lúgubres recintos de cortinados marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes”, escribía Lovecraft en un momento de gran lucidez). Entre mis lecturas preferidas de niño loco se encontraba la Historia Universal del sueco 


