Cuentos para Algernon, año I

Cuentos para Algernon: Año I

Cuentos para Algernon: Año I

Mientras que en formato largo vamos más o menos servidos, llevamos demasiados años sin una publicación regular que traduzca buenos relatos de género contemporáneos. Independientemente de los que han ido apareciendo en las contadas colecciones de autor o antologías temáticas, el atraso acumulado en las últimas décadas se ha agrandado de manera considerable; en especial tras la desaparición de Gigamesh, BEM o, en menor medida, Asimov Ciencia Ficción. Hace poco más de un año apareció Cuentos para Algernon, un blog creado por Marcheto, una aficionada con ciertas traducciones a sus espaldas. Su objetivo, verter al español algunos de sus relatos favoritos ante el riesgo de que pudieran quedar inéditos. El resultado de su primer año se puede leer en este libro electrónico donde se incluyen los doce relatos publicados entre Noviembre de 2012 y Octubre de 2013.

Entre los relatos de ciencia ficción seleccionados me gustaría destacar dos por su descarnada manera de acercarse a los límites de la privacidad, las diferencias sociales o el tráfico de órganos: “Los ojos de Dios”, de Peter Watts y “Cerbo un Vitra ujo”, de Mary Robinette Kowal. “Cerbo un Vitra ujo” es, en principio, enormemente previsible; resulta complicado no anticipar los derroteros por los cuales se va a mover en cuanto su protagonista inicia la búsqueda de su desaparecida pareja. Sin embargo su apuesta es fuerte; se abre con un inicio blanco, ajeno a los demonios del mundo que dibuja, para relatar su desolador descenso al infierno. Una iniciación turbia que confronta sin ambages la inocencia de su protagonista con un mundo sin alma. Además su desenlace ahonda en una enorme pesimismo sin atisbo de esperanza.

Mientras “Los ojos de Dios”, de Peter Watts, desarrolla los pensamientos de un personaje a punto de pasar un control en el cual la parafilia que lo atormenta quedará al descubierto. Un trastorno severo que todavía no le ha llevado a cometer ningún delito pero que, de cara a la sociedad, le va a dejar marcado de por vida. “Los ojos de Dios” tiene mucho de artículo de opinión convertido en historia, sin embargo Watts desarrolla sus ideas con un hilo temporal claro (llevada al control, paso del control, consecuencias de su descubrimiento) en el cual fluyen con armonía los pensamientos del narrador y todo lo que supone la pérdida de privacidad, la vulneración del derecho a la intimidad y la muerte de la presunción de inocencia. Un cuento cerebral y antiempático llamado a poner en cuestión los prejuicios del lector a partir de un conflicto moral.

Un tanto por detrás en mi recuerdo queda el relato del escritor de moda en #cifituits: Ken Liu. “Quedar atrás” es, tras “El zoo de papel”, una nueva vuelta de tuerca a la tensión generacional entre padres e hijos, en esta ocasión mediante una historia de ciencia ficción. Su idea conductora es la digitalización de la personalidad, un proceso por el cual se puede conseguir la inmortalidad pagando el precio de la pérdida de la humanidad, tal y como la tenemos entendida. “Quedar atrás” es brillante en su tratamiento. En muy pocas páginas, y siempre de la mano de la historia, germinan superficialmente una serie de dilemas que lo acompañan hasta su triste conclusión. Pero no ha conseguido atraparme como lo hizo con “El zoo de papel”. ¿Quizás sea menos tramposo? ¿El hecho de desarrollarse en un futuro cercano lo sitúa más lejano de mi frontera empática? ¿La necesidad de dedicar espacio a desarrollar el escenario limita el dedicado a trabajar personajes y sentimientos?

Continuando con las tensiones paterno filiales, me ha gustado “La hija de Frankenstein”, de Maureen McHugh. Me ha producido bastante incomodidad su sutil manera de trabajar una serie de temas que, a priori, no parecen estar en la historia. Más flojo me ha parecido “Un diez con una bandera”, una historia cuya pegada he descubierto que es inversamente proporcional al número de canas que peino. Joseph Paul Haines pone mucho, demasiado, hincapié en el fondo, un par de ideas que no me resultan especialmente impactantes ni novedosas, y como la forma es demasiado vulgar para mi gusto pues… ¡siguiente! Mientras, en la esquina de las decepciones totales sitúo “Caída de una mariposa al amanecer”, de Aliette de Bodard. Una historia criminal cuya gracia está en el escenario donde se desarrolla: una ucronía en la cual los chinos llegaron a la costa oeste de EEUU antes que la Corona de Castilla hiciera lo propio. El imperio Mexica no cayó y sus descendientes controlan gran parte del actual México y suroeste de EE.UU. Se pueden imaginar la importancia de los cambios respecto a nuestra realidad. El resto (los personajes, la trama, el misterio detrás del crimen, los diálogos) está entre lo supeditado a la gran idea y lo insustancial. Si el asesino hubiera sido un holograma, me habría interesado lo mismo.

Pasando a la fantasía, “Otro final del imperio” se alza como uno de los relatos más satisfactorios de Tim Pratt. Parte de uno de los lugares comunes de los cuentos de hadas, el señor del mal preocupado por una profecía destinada a destronarle, para darle da un giro de 180 grados ingenioso basado en el humor y una ligera subversión socioeconómica. Divertido.

Entrando ya en el fantástico per se, me ha gustado mucho “Radiante mañana” de Jeffrey Ford. Una puesta negro sobre blanco de las inquietudes de un escritor sobre su oficio, sus influencias y la manera como se difunde y se recibe su obra, a través de su obsesión por una obra perdida de Kafka. Un relato leído durante su juventud y posteriormente imposible de encontrar. Con un estilo pulcro, Ford acierta a imprimir a “Radiante mañana” una cadencia muy medida y una atmósfera llena de misterio a medida que el cuento (o, más bien, su recuerdo) modela la vida del narrador. Su desenlace, en comparación con el resto del relato, me ha parecido un tanto precipitado pero tampoco me ha molestado en demasía; el trayecto hasta él merece la pena. Muy parecido en su puesta en escena es “Loup-Garou”, de R. B. Russell. Un acercamiento al fenómeno de la licantropía que también parte de una obsesión de su narrador, en este caso por una película vista en una única ocasión y de la cual es imposible conseguir una copia. Russell logra una atmósfera sutilmente malsana y la culmina con una resbaladiza conclusión.

Me quedan por citar “26 monos además del abismo” de Kij Johnson, una fábula optimista sobre la renovación que acompaña a cada final de ciclo; el triste y críptico “Las siete pérdidas de Na Re”, de Rose Lemberg; y el relato que menos me ha agradado de todos: “Halo”, de L. Anette Binder. No he entrado en él en ningún momento.

Más allá de lo acertado o no de la selección, Cuentos para Algernon vol. I es una de las lecturas más provechosas de 2013. Una iniciativa que no soluciona el tremendo lapso del que hablaba al comienzo de la reseña pero que tiende algunos puentes sobre él. De hecho tiene la calidad media que deberíamos haber encontrado en el primer volumen de Terra Nova y que parece quedó relegada para el segundo: una colección de relatos genuina sin, relativamente, grandes decepciones. No tengo mucha idea de cuánto tiempo durará la iniciativa. Mi deseo es poder estar aquí dentro de un año comentando su segundo volumen. Un deseo que, aparte de la generosidad de los autores, depende de la voluntad de Marcheto. Los lectores de a pie, en nuestro egoísmo, solo podemos desear que se mantenga ahí por mucho tiempo.

Cuentos para Algernon, año I (2013)
Traducción: Marcheto
eBook. Gratuito
Ficha en La tercera fundación

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