En su asalto al primer plano de la literatura de género, Guillem López ha sabido reinventarse. Challenger, La polilla en la casa del humo y Arañas de Marte constituyen una terna de obras aconvencionales que han tomado distancia de la fantasía heroica de sus primeros títulos para abrirse a una visión del mundo desencantada, caótica, con la voz de sus narradores y la estructura del relato en el centro de sus historias. Una sintonía nada casual con el zeitgeist de este arranque de siglo XXI. Sentía mucha curiosidad por sus siguientes pasos; si se mantendría en ese plano o daría un nuevo giro. El último sueño, su nueva novela recién publicada por Minotauro, decanta esta disyuntiva con una respuesta ambivalente: integra las dos etapas de su carrera en un relato de aventuras que acontece en el escenario de La polilla en la casa del humo.
La ciudad de Paraíso lleva los estratos sociales grabados a fuego en su geografía. Las clases privilegiadas ocupan el centro de la urbe, un recinto presidido por el gran Zigurat. En las barriadas desparramadas a su alrededor, en una intrincada maraña de callejuelas, plazas, edificios y puentes, bandas de delincuentes compiten por territorio, influencia, dinero, en un delicado equilibrio tolerado por los guardianes del orden establecido mientras no haya excesivos desmanes. En el primer capítulo una fugitiva, Midkemia, es salvada por los miembros de una de estas bandas, Los Abandonados, de los acólitos de quienes la han retenido los últimos años. Su presencia es esencial para el mantenimiento de la fuente de energía que alimenta la ciudad: la Kamé. Un recurso extraído de unas criaturas, las Kas, encadenadas durante siglos en lo más recóndito del Zigurat y drenadas sin pudor para obtener esa forma de energía. Sin Midkemia la Kamé puede dejar de fluir y La Cofradía no se anda con chiquitas cuando la especia está en riesgo.
Hay algo intrigante en las veleidades del gusto popular, en cómo escritores, músicos y artistas en general que, siendo inmensamente famosos en su época, acaban cayendo en el olvido. ¿Quién tira de los hilos, dicta los gustos, quien escribe la historia o cómo se aceptan unos relatos sobre otros? Intereses económicos de editoriales y medios, críticos literarios, prebostes académicos, historiadores del arte, árbitros del buen gusto,
No recuerdo si les he dado la brasa todavía con la piedra angular de mis primeros pasos en esto del fantástico, es decir, los tres primeros números de la
En el relato