Fabricantes de sueños 2005

Fabricantes de sueños 2005

Fabricantes de sueños 2005

Fabricantes de sueños puede parecer, a primera vista, una antología de relatos un tanto presuntuosa. Pretende recoger, nada más y nada menos, los mejores cuentos de ciencia ficción, fantasía y terror publicados cada año en España. Sin embargo en el mercado anglosajón es de lo más corriente encontrar títulos como The best science fiction of… así que la A.E.F.C.F.T. hace muy bien en seguir patrocinando este tipo de libros por más que muy a menudo no dejen de tener un cierto carácter subjetivo, en función del número de páginas –unas 240– y de las opiniones de cada antologista.

El volumen correspondiente a 2005, que recoge lo mejor de 2004, ha sido seleccionado por José Carlos Canalda, Antonio José Cervero y José Vicente Ortuño. Y aunque, como es casi obligado en este tipo de proyectos, es un tanto irregular no es menos cierto que merece la pena hacerse con él, más que nada por la existencia de un par de joyas irremplazables. En total nos encontramos con diez cuentos: cuatro de terror, uno de fantasía y cinco de ciencia ficción, aunque queda claro que el miedo es el gran protagonista de este libro ya que tanto el relato de fantasía como uno de los de ciencia ficción funcionan perfectamente dentro de este registro.

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Su cara frente a mi, de Luis Ángel Cofiño

Su cara frente a mi

Su cara frente a mi

Cárcel de París, año 2285. Dos policías interrogan a Rose Dunford, reclusa de 33 años legales –en su cuerpo actual–, 68 físicos –de vida acumulada– y 109 subjetivos –por efecto de un viaje relativista– condenada a dos cadenas perpetuas que deberá cumplir en su integridad como autora material de un horrible crimen. Pero Rose no es una vulgar asesina, sino toda una leyenda: tomó parte en la expedición europea que descubrió un planeta de características similares a la Tierra primigenia, colaboró en la operación de rescate del cadáver de su marido, también astronauta –hecho que le deparó una indeseada popularidad– y se convirtió en epicentro de una vorágine de acontecimientos que la condujeron a su actual situación. En la sala de interrogatorios, recuerda…

A principios del siglo XXIII, Estados Unidos y Europa son potencias tecnológicas enfrentadas en una carrera espacial cuya meta es enviar la primera nave tripulada a Alpha Centauri, el sistema estelar más próximo al sol. Los norteamericanos apostaron por el uso de tecnología tradicional –motores de fusión de hidrógeno–, en un periplo que les ocuparía decenios. En cambio, el bloque europeo prefirió investigar una alternativa más razonable y finalmente logró desarrollar el revolucionario motor Flash de antimateria, que permitía velocidades relativistas a un décimo de la velocidad de la luz. A la expedición de Rose le acompañó la suerte al descubrir un planeta potencialmente colonizable, pero el precio que se debió pagar por ello fue muy alto: la vida de su marido y otros tripulantes.

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Vacío perfecto, de Stanislaw Lem

Vacío perfecto

Vacío perfecto

Hay quien dice que Vacío perfecto es un libro de ficción, que su autor, Stanislaw Lem, en realidad existe. Yo no lo creo así y como yo hay otros muchos que, al contrario de la mayoría de académicos y lectores, dudan ya de la existencia de tal señor, de que éste fuera polaco y de que esté considerado como uno de los mejores escritores del siglo XX. Desde que se dispone del Language Analizator Technical Atomizer, superordenador puesto en funcionamiento en la Univesidad de Arizona de forma experimental, en el primer trimestre del año 2002, no es ya tan fácil afirmar esto.

En realidad Vacío perfecto es una trampa lógica, un artefacto semántico, un arma usada en una guerra en la que combatieron científicos, lógicos y miembros de agencias de seguridad de oriente y occidente durante los largos años de la guerra fría. No voy a abundar en la historia del siglo XX y en sus derivaciones ocultas, salidas a la luz solo muy recientemente. Hay una amplia bibliografía que da cuenta de aquella época. La información que nos atañe en cuanto a Lem y su existencia, aparece en la excelente tesis Lem y constructos filosófico-artísticos en la Europa del este de Margaret Goonell, uno de los primeros productos del equipo de analistas que trabajó con el LATA y que tuvo acceso la documentación que la caída del muro puso al alcance de occidente.

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Esperanza del venado, de Orson Scott Card

Esperanza del venado

Esperanza del venado

Orson Scott Card es uno de los referentes de la ciencia ficción norteamericana. Su éxito y fama se deben a sus dos principales sagas, la saga de Ender y la de Alvin Maker, aunque fue sobre todo con El juego de Ender con la que se hizo un hueco entre los grandes autores de la ciencia ficción. Cosa del todo injusta, ya que creo que ambas sagas, sobre todo la saga de Ender, están muy sobrevaloradas. Sin ser malas, son novelas más bien discretas. Pese a ello, el nombre de Orson Scott Card debe estar junto a los grandes escritores de literatura fantástica, no por los títulos anteriores sino por obras como Esperanza del venado.

Casi toda obra de Scott Card, ya sea literaria o como guionista de cómics, mantiene unos temas recurrentes como son el proceso de madurez del protagonista adolescente, su destino mesiánico y la búsqueda de justicia mediante la venganza. En Esperanza del venado encontramos dichos temas, pero si en obras posteriores Scott Card hará un abuso de ellas, lastrando en muchas ocasiones el resultado final, aquí los desarrolla de forma magistral, dando la dosis necesaria para que la trama atrape al lector y lo arrastre hasta el final de la novela.

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El misterio del príncipe, de J. K. Rowling

El misterio del príncipe

Es curioso observar como el fenómeno Harry Potter ha sido juzgado más bien por una serie de cuestiones extraliterarias que por sus propias virtudes como obra narrativa. En efecto, la mayoría de los periodistas y críticos que se han acercado a esta saga han resaltado, especialmente, el hecho de que haya conseguido enganchar a la lectura a una generación que muchos dábamos por perdida para esto de los libros. A partir de ahí, el debate parece que se ha centrado en si realmente era bueno que nuestros tiernos infantes cayesen en la garras de la literatura fantástica y en esa línea ha habido opiniones para todos los gustos. Desde defensas tibias (“por lo menos leen”) hasta gestos de auténtico horror.

Como mucho, Harry Potter parece que ha sido considerado una herramienta útil para que el lector joven llegue a otros sitios, un rito de iniciación antes de entrar en las cosas que de verdad uno tiene que leer.  Y, sin embargo, muy poca gente ha analizado si los libros de J. K. Rowling son buenos por sí mismos, no como herramientas pedagógicas o como extraño misterio mediático sino como artefactos literarios. Y creo que esto se debe a que muchos de los que han llenado páginas de periódicos y tertulias radiofónicas con el tema no se han leído realmente la saga. Sinceramente, dudo mucho que lo hayan hecho. Y a este respecto una anécdota que oí hace unos meses en un programa de radio. Se hablaba sobre posibles lecturas para el verano y alguien menciono, para los más jóvenes, los libros de Potter. Todo el mundo estuvo de acuerdo pero, rápidamente, alguien afirmó: “la verdad es que el bueno es el primero, los demás son meras explotaciones de ese éxito”. Y ahí es cuando estuve a punto de salirme de la carretera –cosas de escuchar la radio sólo cuando conduzco– porque –a pesar de que el resto de los tertulianos asintieran gravemente– es justo lo contrario. Los dos primeros libros de la serie –La piedra filosofal y La cámara secreta– son los más flojos, mientras que los volúmenes tres y cuatro –El prisionero de Azkaban y El cáliz de fuego– son los dos más conseguidos hasta el momento. En fin que en este país, como siempre, nos encanta hablar de lo que no sabemos.

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Paz, de Gene Wolfe

Paz

Paz

Si hay una tendencia dominante en nuestra moderna cultura popular de acomodados occidentales es, sin duda, el guiño al pasado, la referencia, lo retro, la revisión irónica o el pastiche de coña. En definitiva, los muchos disfraces de la nostalgia. Las razones de tanto reciclaje varían en un no tan amplio abanico que iría desde la búsqueda de la complicidad inmediata del lector/espectador, pasando por la simple y llana carencia de ideas hasta llegar a la reinvención de nuevos modos narrativos cimentados en el rico acervo del género que toque. O quizá es algo más profundo y turbulento, más anclado en nuestro inconsciente; el deseo de huir de un presente confuso donde no hay nada seguro a lo que asirse, de revisitar los lugares en los que ya estuvimos fingiendo que, más o menos, somos los mismos de entonces. Lugares donde, en nuestro recuerdo, todo era seguro, nítido, brillante y nuevo. Pero la memoria es traicionera y peligrosa, recordar es engañarse y la nostalgia un acto desesperado con el que reorganizar la realidad, darle sentido y encontrar la paz.

Y Paz es el título de una de las mejores novelas de Gene Wolfe –el más literario de los autores vivos de fantástico anglosajón, el mejor estilista, quizá el mejor a secas–, la más cercana a la literatura general de toda su producción y donde con mayor precisión y habilidad emplea sus herramientas narrativas a la hora de explorar sus obsesiones –si exceptuamos la monumental y majestuosa El libro del Sol Nuevo–. Es la obra que ya parecía perdida para el lector hispanohablante, recuperada ahora gracias al buen gusto y la voluntad de riesgo de la editorial argentina Interzona

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La caída del dragón, de Peter F. Hamilton

La caída del dragón

La caída del dragón

La caída del dragón es un libro que me ha producido emociones encontradas.

Peter F. Hamilton, autor hasta ahora inédito en España, narra en él la historia de Lawrence Newton, miembro de una corporación interestelar que se dedica a colonizar nuevos mundos y los saquea de vez en cuando en busca de beneficios que justifiquen su inversión, en actos que podríamos considerar de piratería o un retorno al colonialismo imperialista del siglo diecinueve. Con tal de cumplir esta misión, Lawrence y los otros incursores disponen de una tecnología muy superior a la del planeta en cuestión, que les da la supremacía militar y el control de la situación. No obstante, aunque su misión como miembro de la compañía es ésa, Lawrence tiene una misión personal: encontrar un artefacto de origen alienígena cuya existencia sospecha desde hace años y cumplir, gracias a ello, su viejo sueño de convertirse en piloto espacial.

Decía que el libro me producía emociones encontradas porque Hamilton combina dos tramas paralelas. Por un lado están las aventuras de Lawrence en el planeta, en un ambiente bélico, desarrolladas de forma épica y con unas magnificas escenas de acción. Poco a poco se van dando las claves de que el modelo de control colonial se está quedando caduco al producirse un enfrentamiento cada vez más violento entre las fuerzas de ocupación y un foco de resistencia autóctono. Y por otro lado tenemos los recuerdos de Lawrence, su pasado, del que se nos van dando pinceladas de información, con una precisión prácticamente costumbrista. De esta forma se accede a la historia del protagonista, a la forja de su personalidad, sus sueños, deseos y miedos. Somos testigos de sus emociones o sus decepciones y se obtienen las piezas que encajan presente, pasado y futuro.

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Paura 2

Paura 2

Paura 2

Lo primero de lo que uno se da cuenta al observar la nómina de autores en este segundo volumen de Paura al compararla con el primero es que los más conocidos y, por tanto, sonoros han desaparecido del elenco para ceder su puesto a escritores más o menos “noveles”. Sólo Rodolfo Martínez y, en menor medida, Santiago Eximeno se puede decir que son autores consagrados. Sin embargo el resultado no sólo no queda por detrás sino que resulta más compacto y agudo. Lo triste es que no está recibiendo la debida atención del público. Y esto en una publicación que ofrece un número de páginas considerable a un precio la mar de contenido, escama. Más si se considera que está publicado bajo economía de guerra con unos gastos mínimos, en el que selección, corrección y publicación, con un acabado profesional, se realizan por amor al arte y los autores se contentan con recibir los debidos ejemplares como pago por sus servicios.

Además tenemos la calidad intrínseca del material recogido. Cierto, lejos de las añoradas muestras de terror clásico que publica Valdemar –como si fuese una comparación sostenible–, pero con una factura formal consistente y una preocupación por temas muy próximos a nuestro ámbito cotidiano. Para comprobarlo nada mejor que detenerse en el cuento que abre Paura 2, “Dragón podrido”, de Juan Díaz Olmedo, uno de los finalistas del Premio Xatafi-Cyberdark al mejor cuento nacional; una narración inspirada en esos turistas que acuden al sudeste asiático en pos de sexo fácil, barato, ilegal e inmoral. Olmedo, con un aire sórdido, violento y descarnado que recuerda a los mejores cuentos de Clive Barker, relata el encuentro de un españolito a la busca de nuevas sensaciones con un ser de otra era que va a cobrarle en sangre, dolor y vísceras lo que occidente ha tomado de oriente durante centenares de años. Una narración cruda y poderosa que se sustenta en una voz en segunda persona versátil y con un pulso embriagador.

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Artifex Tercera Época 2

ATE 2

ATE 2

Las antologías de relatos de Artifex, tanto en su pasada Segunda Época como en la presente Tercera Época –de la primera no he visto nunca un ejemplar y eso que me encantaría– han demostrado ser un referente a la hora de conocer y disfrutar de la literatura fantástica hispanohablante de extensión corta. Por sus páginas han pasado tanto autores consagrados –por lo menos dentro del fandom patrio– como noveles y sus relatos han sido premiados tantas veces que voy a rehuir la tarea de enumerarlos aquí. Justamente, dos de los cuentos del presente volumen han sido nominados en la categoría de relato nacional en los primeros premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica: “Escombros” de Santiago Eximeno y “Margabarismos” de Félix J. Palma.

Esta Tercera Época ha apostado por un cambio tanto de estética como de extensión y se ha integrado en la línea de libros de bolsillo de Bibliópolis. En este segundo número de la nueva época, los editores Luis G. Pardo y Julián Díez han seleccionado diez relatos con una calidad media notable. Paso a comentarlos uno por uno:

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Artifex Tercera Época 1

ATE1

ATE1

Renovarse o morir. Y, en este caso, afortunadamente, fue renovarse.

De esta forma, Artifex encaró en el 2005 un nuevo avatar llamado Tercera Época y donde se dejó de lado el formato revista o el aire entre amateur y elitista de anteriores encarnaciones para dar paso a lo que en el fondo siempre ha sido este proyecto: una antología de relatos fantásticos en castellano en formato bolsillo. Puede que las portadas sean más vistosas y llamativas que antaño pero la esencia de Artifex sigue intacta, esperemos que por mucho tiempo.

Este primer tomo presenta una variada y nutritiva selección donde, prácticamente, se tocan casi todos los géneros del fantástico nacional. Gustarme, gustarme sobre todo me ha gustado “La cotorra de Humboldt” de Lorenzo Luengo, un afilado estudio sobre la condición humana y una muestra más de su prosa evocativa y barrroca.
Ahora, reconozco que el cuento que más me ha subyugado es “Las muchas hazañas de la Sección 13” de José María Faraldo. Puede que no sea el mejor; de acuerdo con que apenas hay historia y sólo es un esbozo de algo más grande. Por supuesto que no deja de ser un pastiche, homenaje o plagio, pero la idea de crear una Liga de los Hombres Extraordinarios con personajes de la literatura española de finales del XIX y principios del XX (la Doña Inés de Zorrilla, Silvestre Paradox de Baroja, Pío Cid de Ganivet e, incluso, ¡Marcelino Pan y Vino!) me resulta, sencillamente, irresistible, y más aún si se sitúan en una República ucrónica dirigida por Don Manuel Azaña (que uno no es sólo friki con eso de la ciencia ficción).

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