Cuentos para Algernon. Año III, selección de Marcheto

Cuentos para Algernon Año IIIHan pasado cuatro años desde el nacimiento de Cuentos para Algernon, un proyecto donde mensualmente se traduce ciencia ficción, fantasía y terror de los autores más señalados que publican en las revistas anglosajonas. Cuatro años de una web amateur cuya impulsora, Marcheto, ha dado a los aficionados la oportunidad de conocer levemente la actualidad del relato en EEUU y Gran Bretaña. Entre los escritores seleccionados tanto ha habido nombres aquilatados como otros más desconocidos, en su mayoría apenas traducidos en España. Esta apuesta en un contexto de mercado en contracción donde la narrativa breve, muy especialmente en el formato antología no temática, tiene un hueco cada vez más reducido, dota a Cuentos para Algernon de su incomensurable valor añadido. Año a año me acerco a estos volúmenes recopilatorios, liberados como el resto de su web de manera gratuita, para participar de esta celebración del relato sobrina nieta de cabeceras como Nueva Dimensión, las Selecciones de Bruguera o las más recientes Artifex o TerraNovas&Co.

Por empezar por un clásico, en este Año III destaca Avram Davidson, un escritor cuya relevancia en España se ha perdido. Como parte del especial de humor se presenta “El hornillo eslovo”. En él plasma el desarraigo de las segundas y terceras generaciones de inmigrantes, el olvido de ese bagaje de usos y costumbres mantenido por sus antecesores durante siglos, mientras se las ingenia para recordar el choque cultural de la primera generación al llegar a su país de adopción y las estúpidas diatribas étnicas arrastradas hasta el nuevo continente. La brillantez está en el ingenio detrás de cómo germina cada faceta a través de la narración y unos diálogos con chispa. Me ha dejado con las ganas de leer más historias suyas.

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Los premios Ignotus: 1991-2000

Los premios Ignotus 1999-2000Larga (y discontinua) ha sido la gestación de este proyecto con más de diez años a su espalda. En 2005 iba a ser la editorial Bibliópolis quien se encargara de él. Incluso llegué a fantasear con una posible división en volúmenes. Aquél era FIAWOL del bueno. Sin embargo la realidad de un mercado editorial reacio al formato breve dio al traste con la iniciativa; la pieza de dominó nonata de la cadena de antologías Semillas de tiempo, Artifex y Paura. Tuvo que ser una editorial mucho más modesta y versátil, Sportula, con la publicación de colecciones de relatos y antologías en su ADN, la que recuperara la idea y diera a luz el primero de los volúmenes con los ganadores de la categoría de relato otorgados en el siglo XX. Una década más tarde.

Me parece un acierto la estructura incorporada al libro, en gran parte derivada de aquellos volúmenes de Los premios Hugo traducidos por Martínez Roca a finales de los años 80. Cada relato se acompaña de una introducción escrita por Rodolfo Martínez, muy alejada de lo habitual en estos casos. No hay semblanzas biográficas o descripciones de las claves de las historias prologadas sino anécdotas que Martínez recuerda de su relación con cada autor. Cómo se conocieron, cómo ha evolucionado su relación, algún detalle que admire, anécdotas… Un reflejo de aquellos textos de Asimov un tanto egocéntricos pero repletos de cercanía.

Además, y es lo más relevante del volumen aparte de los relatos, si alguien busca información más canónica, Los premios Ignotus 1991-2000 se abre con un ensayo de Juanma Santiago sobre la intrahistoria de los Ignotus. Medio centenar de páginas a modo de recuerdo de lo que fue la afición durante la década: la creación de la aefcft, el nacimiento de las antologías Visiones, la gestación de los premios, recuerdos año a años de los cuentos ganadores, algunos finalistas, las circunstancias importantes para llevarse el galardón… Memoria viva del fandom contada con un estilo espontáneo y autorreferencial, posiblemente tan apreciado por los iniciados en el sacrosanto misterio del fandom como extraño para el lego.

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Umbría, de Santiago Eximeno

Umbría, de Santiago EximenoHace un par de meses escribía por aquí sobre Umbría, una región ficticia creada por César Mallorquí, Elia Barceló, Armando Boix y Julián Díez para situar varias de sus historias. Da la casualidad que otra Umbría también es un lugar narrativo importante en la obra de otro escritor español: Santiago Eximeno. A lo largo de la última década ha escrito una serie de relatos alrededor de una abominable región imaginaria con ese mismo nombre; un purgatorio que se cruza en la trayectoria de personajes quebrados por dramas ocultos, puestos de manifiesto y acentuados por su influencia. En sus manos, Umbría funciona como un catalizador de su sufrimiento, con unas cualidades ciertamente tortuosas.

Este volumen recoge (supongo) todas esas historias, entre las cuales figuran varias ya publicadas en antologías como Paura, Artifex o su colección Bebés jugando con cuchillos. En su mayoría están protagonizadas por personajes con familias rotas o en el punto de ruptura: maridos que han discutido con sus parejas de manera violenta, se acaban de separar de ellas o las han perdido traumáticamente; padres alejados de sus hijos por disputas e incapaces de reconciliarse. Sus relaciones han sucumbido a la erosión del tiempo, un desgaste que ha producido una serie de heridas amplificadas cuando Umbría o sus pobladores aparecen ante ellos. En este sentido, Umbría me ha supuesto un amargo contrapunto a la reciente lectura de La hormiga que quiso ser astronauta, de Félix J. Palma; todo lo que con el tiempo amenaza una relación y aterra a su protagonista (¡y a quién no!).

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El hombre sin rostro, de Luis Manuel Ruiz

El hombre sin rostro

Estos tiempos de crisis económica, incertidumbre ante el agotamiento de recursos naturales y pérdida de esperanza ante la idea del progreso en todas sus vertientes son el caldo de cultivo perfecto para cierto tipo de ficciones. Ahí está, por ejemplo, el auge de la narración postapocalíptica de la mano de la ya larga epidemia de novelas zombies, los colapsos socioecológicos de Bacigalupi o los relatos de supervivencia después del colapso a lo Cenital. Incluso historias catastróficas tan ajenas a nuestra actualidad, caso del diluvio universal en la película Noe, terminan incorporando un toque admonitorio a través de una serie de escenas que, analizadas en clave de presente, inciden en la fragilidad de ese débil barniz que llamamos civilización. En contraste, junto a estas historias con una mayor o menor desesperanza, están floreciendo toda una serie de obras menos preocupados por el presente y construidas desde la nostalgia de la novela de aventuras clásica. Un género que, mas allá de ejemplos anecdóticos, no tengo claro se cultivara en España antes de los bolsilibros. Esta exaltación de la ficción retro bien se entrega al homenaje por el homenaje en clave anglófila, caso del ciclo de novelas de Félix J. Palma que comienza con El mapa del tiempo, bien traslada a nuestro entorno elementos tomados de otras literaturas, caso de la vibrante La isla de Bowen de César Mallorquí, relatos a lo La Liga de los Hombres Extraordinarios como “Las muchas hazañas de la brigada 13” de José María Faraldo o esta El hombre sin rostro, de Luis Manuel Ruiz, una novela de misterio con fuertes trazas de literatura popular.

Madrid, finales de la primera década del siglo XX. Alguien está matando a insignes científicos españoles y solo un periodista, Elías Arce, parece haberse dado cuenta de ello. Bueno, más que periodista, joven aspirante a redactor de El Planeta. Un voluntarioso don nadie venido de provincias que, a base de esfuerzo, tesón y dar la brasa, ha logrado un puesto para el que no está tan preparado como le gusta creer. El caso alrededor de esos asesinatos parece ser la oportunidad perfecta para dar la campanada y seguir creciendo dentro de la redacción, aunque el asunto resulta mucho más complejo de lo que había imaginado. Por el camino se le unen el científico más brillante del país, Salomón Fo, su hija Irene, el motivo amoroso que no podía faltar en la historia, y su criado Orlok, un supuesto vampiro que promete mucho más de lo que realmente ofrece. Todos ellos obligados a desentrañar la amenaza de un ser misterioso capaz alterar su aspecto a voluntad.

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Siete malos tragos, de Joaquín Revuelta

Siete malos tragos

Siete malos tragos

La ciencia ficción es un género en el que los relatos cortos han brillado con tanta fuerza o más que las novelas o las sagas interminables. Aun hoy en día autores como Ted Chiang demuestran que un buen cuento es superior a páginas y páginas de malas novelas. La teoría de los sacos de estiércol y los frascos de perfume. Y no solo eso. Hay escritores como el australiano Greg Egan que no ha logrado alcanzar en sus novelas la excelencia que muestra en muchos relatos. Y sin embargo el mercado se ha inclinado inexorablemente hacia el género más extenso. Al parecer se prefieren los malos tochos de 400 páginas a los buenos relatos de 20.

España y su magra producción no es una excepción. Desaparecidas casi por completo las publicaciones periódicas, surgen por doquier e-zines y proyectos de antologías de varios autores, pero su trascendencia es escasa. Es difícil encontrar los relatos ganadores de los muchos premios que se convocan. Las editoriales que siguen funcionando prefieren sacar novelas a antologías de autores y esto produce un feedback: los autores escriben novelas y dejan el relato corto porque si las primeras no las lee prácticamente nadie cuando son publicadas en condiciones bastante malas, con los segundos no hay ni publicación. Muchos comentan que el libro electrónico puede cambiar esa percepción, y algunos, como el gaditano Joaquín Revuelta, han decidido comprobarlo sacando a la luz esta antología titulada Siete malos tragos, tantos como relatos la componen.

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Artifex Cuarta Época 4

ATE 4

ATE 4

Quizás este Artifex 4 vaya a pasar a la historia por ser el último en el que colabora Julián Díez como antologista, probablemente cansado de una labor tan farragosa como agotadora. Y quizás sea este el momento de reconocer públicamente la inmensa labor que ha hecho, junto a Luis G. Prado, a lo largo de los 16 volúmenes que forman esta colección y en los que, posiblemente, hayan aparecido las mejores narraciones cortas de género de los últimos tiempos escritas en nuestra lengua.

Dicho esto, es una pena que la retirada de Julián Díez no haya coincidido con un tomo más vistoso y logrado. Si comparamos con los tres últimos números de esta Tercera Época, hay que reconocer que Artifex 4 es el más flojito, lo que, me apresuro a recalcar, no significa que sea malo, ni mucho menos. Es una antología de lo más interesante, pero no alcanza las excelencias de sus tres antecesoras. Hay buenos relatos, pero ninguno que sobresalga de una forma destacada por encima de la media.

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Artifex Tercera Época 3

ATE 3

ATE 3

Uno de los aspectos más curiosos de la producción de relatos de género fantástico que se está produciendo en España en los últimos tiempos es el predominio del terror por encima de cualquier otro subgénero. Frente a una fantasía casi inexistente y una ciencia ficción en retirada, los cuentos de miedo van poco a poco haciéndose con la parte del león dentro de cada antología. Por eso, no deja de ser bastante agradable y hasta novedoso que el Volumen 3 de Artifex Tercera Época esté dedicado en exclusiva a la ciencia ficción. Ahí es nada, un libro de bolsillo con diez buenos cuentos de ciencia ficción, algo que en tiempos era de los más común y que hoy por hoy no deja de resultar, prácticamente, una rareza.

Y, por si fuera poco, no cualquier ciencia ficción, la mayoría de estos relatos tienen un carácter sociológico, cyberpunk y near future de lo más atractivo. La space opera más bullanguera y vacua no tiene hueco en este librito (lo que hace que la portada – una batalla espacial sacada de Star Trek- le deje a uno un tanto perplejo).

Y, como colofón final, en estas páginas se publican dos de los premios del último año: el Domingo Santos y el Alberto Magno.

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Artifex Tercera Época 2

ATE 2

ATE 2

Las antologías de relatos de Artifex, tanto en su pasada Segunda Época como en la presente Tercera Época –de la primera no he visto nunca un ejemplar y eso que me encantaría– han demostrado ser un referente a la hora de conocer y disfrutar de la literatura fantástica hispanohablante de extensión corta. Por sus páginas han pasado tanto autores consagrados –por lo menos dentro del fandom patrio– como noveles y sus relatos han sido premiados tantas veces que voy a rehuir la tarea de enumerarlos aquí. Justamente, dos de los cuentos del presente volumen han sido nominados en la categoría de relato nacional en los primeros premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica: “Escombros” de Santiago Eximeno y “Margabarismos” de Félix J. Palma.

Esta Tercera Época ha apostado por un cambio tanto de estética como de extensión y se ha integrado en la línea de libros de bolsillo de Bibliópolis. En este segundo número de la nueva época, los editores Luis G. Pardo y Julián Díez han seleccionado diez relatos con una calidad media notable. Paso a comentarlos uno por uno:

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Artifex Tercera Época 1

ATE1

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Renovarse o morir. Y, en este caso, afortunadamente, fue renovarse.

De esta forma, Artifex encaró en el 2005 un nuevo avatar llamado Tercera Época y donde se dejó de lado el formato revista o el aire entre amateur y elitista de anteriores encarnaciones para dar paso a lo que en el fondo siempre ha sido este proyecto: una antología de relatos fantásticos en castellano en formato bolsillo. Puede que las portadas sean más vistosas y llamativas que antaño pero la esencia de Artifex sigue intacta, esperemos que por mucho tiempo.

Este primer tomo presenta una variada y nutritiva selección donde, prácticamente, se tocan casi todos los géneros del fantástico nacional. Gustarme, gustarme sobre todo me ha gustado “La cotorra de Humboldt” de Lorenzo Luengo, un afilado estudio sobre la condición humana y una muestra más de su prosa evocativa y barrroca.
Ahora, reconozco que el cuento que más me ha subyugado es “Las muchas hazañas de la Sección 13” de José María Faraldo. Puede que no sea el mejor; de acuerdo con que apenas hay historia y sólo es un esbozo de algo más grande. Por supuesto que no deja de ser un pastiche, homenaje o plagio, pero la idea de crear una Liga de los Hombres Extraordinarios con personajes de la literatura española de finales del XIX y principios del XX (la Doña Inés de Zorrilla, Silvestre Paradox de Baroja, Pío Cid de Ganivet e, incluso, ¡Marcelino Pan y Vino!) me resulta, sencillamente, irresistible, y más aún si se sitúan en una República ucrónica dirigida por Don Manuel Azaña (que uno no es sólo friki con eso de la ciencia ficción).

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