La hormiga que quiso ser astronauta, de Félix J. Palma

La hormiga que quiso ser astronautaAhora que Félix J. Palma vuelve a ser actualidad por la publicación de su tercera novela postvictoriana, he aprovechado para dar cuenta de su primera novela, escrita a finales de los años 90 y reeditada hace un lustro por Marelle. El pequeño cajón de sastre donde Luis G. Prado continuó la linea iniciada por Malabares, manteniendo el nivel de calidad pero sin mejorar el resultado comercial. Una reedición de lo más necesaria al abrigo del éxito de El mapa del tiempo medio año antes: puso de nuevo en circulación una obra más cercana a la labor de Palma como relatista y, desde mi perspectiva, más satisfactoria.

A lo largo de 16 capítulos organizados en una cuenta regresiva, La hormiga que quiso ser astronauta descubre en primera persona la vida sentimental de Alejandro, un tardoadolescente sevillano cuya percepción de la realidad está condicionada por su imaginación. Convive con una serie de ilusiones que tiñen su experiencia cotidiana de un aire onírico, hasta el punto que es incapaz de discernir entre realidad y ficción. De esta forma, su día a día adquiere un tono vívido y evocador, el medio perfecto para imprimir frescura a una historia más vieja que el mundo: el rechazo a madurar; la negación a aceptar la hiel que tiñe las cosas buenas de la vida.

Así, dos de los capítulos se centran en su relación con Blanca, una joven pintora por la cual experimenta una intensa atracción. Tras las primeras semanas, Alejandro vive la plácida rutina del encoñamiento hasta que el azar lo resquebraja. Justo cuando había preparado un poema para sorprenderla durante una velada descubre que Blanca tenía planeado el mismo regalo. Este hecho en apariencia fortuito es la primera en una serie de extrañas experiencias compartidas como padecer sus melopeas o desarrollar su misma alergia a los gatos. Una manifestación de lo sobrenatural que irrumpe en su vida para ponerla de vuelta y media; su peculiar manera de somatizar los cambios que llegan cuando otra persona entra tu vida y se volatiliza la independencia. El miedo de Alejandro a perderse en su pareja, a ser asimilado sin remedio por un vínculo para la cual no está preparado.

Otra relación, un engaño, el uso de drogas para superar depresiones, su manera de combatir la soledad, la añoranza del amor perdido… todos los fracasos y complicaciones se recrean a través de un lenguaje elaborado con la pulcritud habitual de Palma, muy evocador e irónico a la hora de establecer la retórica de la narración. Hay una enorme belleza en cada imagen y una sensibilidad especial al tratar los sentimientos de un personaje con serios problemas para encajar el tránsito a la edad adulta. También, a ratos, la voz del narrador se me ha hecho un tanto relamida; se recrea demasiado en el estilo cuando lo que deseaba exponer ya estaba sobre la mesa. Algo disculpable en una primera novela, por cierto, adelantada a un puñado de historias escritas posteriormente y cuyo conocimiento quiebra las sorpresas de gran parte de las alteraciones de la realidad.

Será complicado convencer a alguien que vaya a leer El mapa del caos que esta novela tan diferente, tan a la contra de su última producción, encierra una literatura igual de elaborada, bastante más íntima y certera. Sin embargo los decepcionados con sus mapas o los amantes de aquellos relatos que enfocaban el fantástico sobre lo asombroso, lo sublime o lo patético de lo cotidiano, tienen en La hormiga que quiso ser astronauta una muestra más de un narrador genuino al que, celebrando su éxito, unos pocos echamos de menos.

La hormiga que quiso ser astronauta (Malabares, 2009)
Rústica. 256 pp. 18.95 €
Ficha en La web de la editorial

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