Artifex Tercera Época 2

ATE 2

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Las antologías de relatos de Artifex, tanto en su pasada Segunda Época como en la presente Tercera Época –de la primera no he visto nunca un ejemplar y eso que me encantaría– han demostrado ser un referente a la hora de conocer y disfrutar de la literatura fantástica hispanohablante de extensión corta. Por sus páginas han pasado tanto autores consagrados –por lo menos dentro del fandom patrio– como noveles y sus relatos han sido premiados tantas veces que voy a rehuir la tarea de enumerarlos aquí. Justamente, dos de los cuentos del presente volumen han sido nominados en la categoría de relato nacional en los primeros premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica: “Escombros” de Santiago Eximeno y “Margabarismos” de Félix J. Palma.

Esta Tercera Época ha apostado por un cambio tanto de estética como de extensión y se ha integrado en la línea de libros de bolsillo de Bibliópolis. En este segundo número de la nueva época, los editores Luis G. Pardo y Julián Díez han seleccionado diez relatos con una calidad media notable. Paso a comentarlos uno por uno:

  • “Todo lo que nadie pueda imaginar” de Juan Miguel Aguilera: Abre la antología un relato de este veterano autor que rinde homenaje a uno de los padres fundadores del género, Julio Verne. La historia arranca cuando el célebre escritor francés recibe una visita de de un joven Pierre Teilhard de Chardin que viene a hacerle una insólita revelación. Agradable y correcto.
  • “Escombros” de Santiago Eximeno: Primer relato finalista a los premios Xatafi-Cyberdark. Eximeno ha escrito una espeluznante historia de terror en la que asistimos al desasosegante y terrible proceso de transformación de un padre tras un extraño accidente. Eximeno consigue transmitirnos la angustia de un padre divorciado que se esfuerza por recuperar el afecto de sus hijos pero que debido al derrumbamiento de un refugio subterráneo durante una excursión se enfrenta a un cambio traumático en su vida que lo transformará física y psicológicamente. Creo que su nominación está perfectamente justificada debido a lo efectivo de su factura; transmite una tremenda inquietud durante el descenso a los infiernos del protagonista y consigue –o por lo menos conmigo lo ha conseguido– horrorizar al lector.
  • “Más rápido que nunca jamás” de Victor M. Ánchel. El autor de este relato nos narra un posible epílogo al clásico de James M. Barrie. El cuento no es redondo quizá por que las referencias al paso de tiempo y a la vida adulta relacionadas con el personaje de Peter Pan ya han sido muy explotadas por la literatura y el cine. Es quizá por eso que a pesar de la habilidad y sutileza con la que el autor ha escrito el cuento, la revelación final no me ha sorprendido tanto. Probablemente sea de los más flojos de este volumen, sin que por ello deje de ser un buen relato.
  • “La biblioteca de Alejandría” de Carlos Abraham. La historia comienza con un regusto muy borgiano. Se nos presenta a un erudito que recopila un catálogo de las obras perdidas de la Biblioteca de Alejandría en la provincia de Jujuy, en la Argentina del siglo XVIII. A raíz del encuentro de un extraño artefacto precolombino en las ruinas de una civilización prehistórica, el protagonista se verá catapultado en un viaje a un mundo perdido en las arenas del tiempo. Como he comento antes, la historia comienza despistando para terminar desarrollando una descripción de una sociedad exótica. Es la narración más extensa de la antología y tiene un regusto a los grandes clásicos de aventuras.
  • “Espinas” de Álex Vidal. Tras el relato de Eximeno nos volvemos a encontrar una historia en la que el horror se infiltra en una familia con conflictos personales. El cuento transmite un tono desesperanzado y describe con angustioso realismo la tristeza de un niño desatendido por sus padres. Un relato duro e impecablemente escrito.
  • “Barrotes celestiales” de Alejandro Carneiro es un divertidísimo disparate (o no) donde un policía se dedica a investigar en su tiempo libre el misterioso origen de los enigmáticos “barrotes celestiales”, unas jaulas que caen del cielo aparentemente al azar sobre hombres y mujeres de todo tipo y extracción social. A lo largo de relato podemos ver el impacto que han supuesto las jaulas en la vida cotidiana de los afectados y en la sociedad. El autor ha conseguido jugar con el absurdo sin caer en la incoherencia y el cuento se lee con verdadero placer.
  • “Máscaras” de Tomás Donaire. Un hombre visita a un mascherini, un fabricante de máscaras de carnaval venecianas, para hacerle un encargo sorprendente. Un relato efectivo y con moraleja final y todo.
  • “Monstruos marinos” de Jimina Sabadú. Esta historia contada por un adulto narra una inquietante experiencia de su infancia. Llena de ternura y melancolía, se sumerge en la nostalgia de la infancia perdida.
  • “Margabarismos” de Félix J. Palma. Éste es otro relato nominado a los premios Xatafi-Cyberdark y vuelvo a coincidir con el jurado. En un volumen donde la calidad media de los relatos es alta esta historia de fantasmas con un toque local sobresale sobre el resto. El cuento está escrito en primera persona y la voz del narrador destila cinismo y amargura con toques de un humor bastante negro. Una verdadera joya en media de un buen puñado de historias.
  • “Paraíso” de Carlos Martínez Córdoba. Esta historia es una bizarra aventura cyberpunk en un vertedero de basura en un futuro oscuro y opresivo.

Como se puede desprender de mis comentarios, la sensación que me ha dejado la lectura es la de encontrarme ante una nueva confirmación –y van– de que la iniciativa editorial que supone Artifex y el empujón, espero que exitoso, proporcionado por Bibliopolis al darle un formato mucho más llamativo –aunque me encantaba la estética facsímil de los volúmenes de la segunda época– y profesional, consigue mantener un excelente nivel de calidad. Desde luego se nota el cuidado y cariño que los editores le dedican a la colección. Espero que los últimos cambios de esta nueva época ayuden a hacer llegar estas antologías a un público más diverso y no sólo a los aficionados al género. Aunque no sé si las llamativas –me encantan– cubiertas de estos volúmenes atraerán a un público prejuicioso; no me cuesta mucho imaginarme a un posible comprador observando las ilustraciones y desechando el libro por tratarse de las “típicas historias de marcianitos”. Un punto en contra, no de este volumen, sino de esta nueva etapa de Artifex es que la imagen que transmite parece estar sobre todo centrada en la ciencia ficción cuando en realidad los cuentos incluidos parecen repartirse equilibradamente entre los diferentes géneros fantásticos: fantasía, terror y ciencia ficción.

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