Lo que ruge, de Izaskun Gracia Quintana

Lo que rugeEn una mayoría de los relatos de Lo que ruge hay una emoción compartida por sus protagonistas, narren o no la historia. Una opresión derivada de su enfrentamiento contra unos condicionantes que los conducen por unos raíles de los cuales es imposible salirse. De lo sistémico a lo ontológico, ese imperativo lleva a unas resoluciones donde, entre una cotidianidad desalmada, el vacío y la desesperanza se abren camino. Estas claves son esenciales en el cuento que, a modo de manifiesto, abre el libro: “El gran día”.

Como si estuviéramos ante el anverso de “Amor es el plan, el plan es la muerte“, de James Tiptree, Jr., Izaskun Gracia Quintana despliega la experiencia de la futura reina de una colonia ¿humana? prima hermana de la que constituyen los insectos sociales. El narrador omnisciente relata los pormenores del ritual alrededor de su primer encamamiento y el alumbramiento de su descendencia. Es una descripción exhaustiva que entrelaza factores externos (la decadencia de la especie) e internos (el rechazo de la protagonista; la inevitabilidad y su vivencia). En el entramado, a través de unas palabras elegidas con precisión, se vislumbra una existencia que tiene mucho de representación; ineludible, desganada, castradora. Y evoca una continua sensación de horror, tanto de lo que se cuenta como del cómo se cuenta. Esta angustia consigue sobreponerse a una circunstancia que me ha separado de alguno de los relatos, particularmente el último (“La victoria de la insania”). Una tendencia a sobreexplicar que, en mi caso, socava la potencia de las narraciones con una inclinación hacia la albañilería de mundos.

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Cinco duros: 1981-1987, de Diego Vargas Pardo

Cinco DurosDescubrí el podcast Cinco duros a raíz del anuncio de la publicación de este libro y me escuché todos los episodios disponibles en apenas diez días. Su artífice, Diego Vargas Pardo, entrevista a los creadores/distribuidores de videojuegos españoles más significativos desde principios de los años 80 y estructura sus testimonios alrededor de pequeñas unidades temáticas que buscan dar sentido a su escucha más allá del homenaje, la nostalgia y el recuerdo deslavazado. En la secuencia que está trabajando hay una labor periodística de hondura que asienta una memoria sistemática de la cual hasta ahora sólo podíamos acceder a partes. Frente a otros esfuerzos de documentar esta industria, limitadas en lo temporal o centradas en una empresa, Vargas Pardo logra una visión de conjunto que toca facetas generalmente olvidadas como la piratería, proyectos fallidos, la mercadotecnia… Así, comienzan a aparecer ciertas cuestiones recurrentes que delimitan sus fortalezas y debilidades.

En su colección dedicada a los videojuegos, Dolmen le ha hecho un hueco a Vargas Pardo y ha publicado un primer volumen de lo que parece será una serie articulada alrededor del podcast. Sentía curiosidad por ver cómo quedaba la iniciativa puesta en papel y, sobre todo, si el cambio de medio sería una mera explotación del trabajo realizado o si exploraría nuevas facetas. Y el tema, más allá de la parte crematística para que quede bonito en la estantería, funciona. Vargas Pardo ha sabido quedarse con lo más relevante de las ocho horas que venían a contar los siete años que abarca el libro, además de aportar información que se quedó en el tintero en las grabaciones. Por ejemplo, en el libro figuran detalles sobre la creación de dos videojuegos que no llegaron a publicarse (Cristalis y Zero Kelvin) que permiten no sólo ver lo que podía haber habido detrás. Esas páginas abren la puerta a algo que apenas se toca en estas labores de recuerdo más que como curiosidad: el fracaso en la fase de producción. Además permite ver diseños y pantallas, lo que da un valor añadido a un libro que no sólo se apoya en lo archisabido. También es conocida la historia de la piratería, el daño producido a los creadores, la defensa de la incipiente industria primero con mecanismo de los más extravagantes y después con la bajada de precios… Pero en Cinco duros se pone el micro a un pirata para que contara un poco cómo funcionaba el tema desde su lado de la valla. Logra una visión más global de la producción de videojuegos que otras obras, más prolijas en detalles (Ocho quilates).

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La rata de acero inoxidable, de Harry Harrison

La rata de acero inoxidableEn esta recuperación exprés de Harry Harrison afrontada por Minotauro este 2024, para el segundo volumen han elegido la opción a priori más sensata de las que había disponibles. Una vez que Bill, héroe galáctico era inelegible después de recuperarla Gigamesh hace una década, se han decantado por La rata de acero inoxidable. El inicio de una serie de once novelas de lectura independiente en la cual el autor de Mundo muerto y Al oeste del edén se arrojaba en los brazos del thriller de espías, de moda en el mundo de la guerra fría, aportándole un entorno de space opera escorada hacia el relato de pícaros. ’nuff said

Esto se hace evidente desde el primer capítulo, el momento de presentación de Jim de Griz después de que le hayan pillado en pleno butrón. Sumamente inteligente, rey del disfraz, hostil a cualquier forma de jerarquía, siempre necesitado de nuevos estímulos que eviten su aburrimiento, de Briz está condenado a encontrarse con la horma de su zapato en varias ocasiones. Primero, cuando cae en una celada de los Cuerpos Especiales, el MI6 que mantiene la paz en la Galaxia para el cual terminará trabajando. Y después cuando descubre un plan secreto para construir una gigantesca nave de guerra. Un subterfugio puesto en marcha por el personaje que será su némesis durante el resto de la novela y le llevará hasta el límite. Esto supone huir de los Cuerpos Espaciales, escapar por los pelos de una muerte segura, quedar inconsciente varias veces, y terminar en un escenario a la mayor gloria de El prisionero de Zenda. Todo en poco más de 200 páginas de letra y márgenes generosos.

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Casa de soles, de Alastair Reynolds

Casa de solesLos (contados) nostálgicos de La Fucktoría de Ideas, sección ciencia ficción, se hacen notar ocasionalmente en las redes sociales con un suspiro “ya no hay editoriales que apuesten por la cf como ellos”. Un lamento-desiderata que se puede compartir hasta que emergen detalles que harían hoy inviable aquella iniciativa. Primero, el derrumbe del mercado de lectores de cf más sostenida en la aventura y apegada a la base científico-tecnológica. Y, después, todo lo aparejado a unas ediciones entre lo mejorable y lo intolerable, con todo tipo de trapacerías en el trato a traductores y correctores, chapuzas editoriales de diversa índole… Dicho lo cual, de vez en cuando me leo alguno de los libros pendientes que tengo en la estantería y comparto esa desazón por la falta de un sello donde se publiquen libros como Casa de soles.

Alastair Reynolds vuelve a exhibir su ambición en la escala de espacio, tiempo y los elementos de los que se sirve para construir el relato. La trama principal abarca seis millones de años y tiene como protagonistas a Purslane y Campion, dos miembros del clan Gentian; un grupo de clones que viaja por la Vía Láctea negociando con información y creando diques que contienen estrellas cuya secuencia puede llevarlas a estallar. La primera parte del libro cuenta sus peripecias previas a una reunión de todo el Clan; el momento en el cual, tras 200.000 años, los shatterlings del grupo se juntan en un lugar prefijado para compartir/conjugar sus vivencias durante ese tiempo, antes de una nueva diáspora. A esa cita van a llegar con unas décadas de retraso, lo que les expone a una reprimenda. Sin embargo, este hecho desafortunado termina convirtiéndose en bienaventurado. En ese encuentro los Gentian van a darse de bruces con la posibilidad de su completa aniquilación.

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La mejor historia de Zinco jamás contada, de Enrique Doblas, Carlos Giménez y Gustavo Higuero

La mejor historia de Zinco jamás contadaYa he escrito varias veces sobre el drama detrás de la recuperación de la cultura popular en España, particularmente en los videojuegos y el cómic. Demasiadas veces se recuerda su creación desde libros sin un mínimo trabajo editorial detrás. Sus divulgadores, con un bagaje intachable y en muchas ocasiones haciendo una labor de documentación digna del mejor investigador, se ven a los pies de los caballos arrojados por unas editoriales que limitan su trabajo a poner su texto en unos volúmenes que luzcan en las estanterías. Tapa dura; papel de alto gramaje, muchas veces satinado sin venir a cuento; maquetación esmerada con una integración de imágenes absoluta; impresión a todo color con imágenes a buena resolución… Sin embargo, detrás falta la guía de un editor profesional que dote de sentido a la estructura del libro, dirija el discurso del texto para evitar un camino errático, corrija una redacción propia de alguien cuyo trabajo es otro… Esta problemática tiene a La mejor historia de Zinco jamás contada como un nuevo epítome.

El primer capítulo, “Prehistoria: DC antes de Zinco y Zinco antes de DC (1975-1983)” encierra ya en esta frase gran parte de lo que el lector va a encontrarse en sus alrededor de 25 páginas. Acota los años de existencia de Zinco previos a la publicación de los cómics de DC, pero no hace lo mismo con todas las editoriales que editaron sus tebeos en España previamente (la parte principal del texto). Esta inexactitud, que no deja de ser un comentario muy traído por los pelos, es el preámbulo de una de las redacciones más descuidadas, ambiguas, imprecisas, que me he encontrado en mis cerca de 25 años reseñando libros. Para muestra, dos extractos de los innumerables que se pueden encontrar:

Su andadura empresarial se puede acotar entre los años 1941 a 1986, cuando se especializó en la publicación de tebeos tras la Guerra Civil, aunque la fecha exacta para ello no está del todo clara y se barajan fechas entre 1940 y 1942. (página 25)

Alrededor de la figura de Superman se lanzó entre 1976 y 1980, bajo el título de Colosos del cómic: La familia de Superman, una serie sin excesiva repercusión en el mercado que murió al poco de superar el año de publicación. (página 26)

Afortunadamente no todo el libro es así. La mejor historia de Zinco jamás contada está escrito por tres aficionados al cómic: Gustavo Higuero, Carlos Giménez y Enrique Doblas. Y hay muchos fragmentos en los cuales las anfibologías, frases mal redactadas, palabras mal usadas, repetición de ideas o de palabras disminuyen su frecuencia. Otras, sin embargo, regresan con pertinaz insistencia (Lo de calificar Orquídea Negra como la “primera intromisión en la editorial” de Neil Gaiman me ha llegado al alma). Esta es una de las múltiples facetas en las cuales la ausencia de un editor merecedor de esa categoría deja vendidos a los autores. Porque hay más aspectos para echarlo en falta. Ahí está, por ejemplo, una estructura que dedica su espacio a todas las editoriales que publicaron DC antes de Zinco pero olvida lo que supuso su ausencia después; algo que se puede llegar a entender estirando mucho la argumentación pero que olvida miserablemente un legado en el cual su existencia vio nacer una serie de estándares (de edición, de selección de material) cuyo arraigo o carencia ha marcado el devenir de al menos dos de las editoriales que tomaron su legado (VID y Norma).

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Plomo al cuadrado, de Stark Holborn

Plomo al cuadradoEl formato novela corta goza de buena salud entre un pequeño grupo de editoriales que le dan cancha pasando de puntillas sobre su mayor handicap: la relación entre el número de páginas y el precio. Su extensión, entre las 20000 y las 40000 palabras, es la mar de resultona. Permite desarrollar aspectos más propios de la novela (personajes con una cierta profundidad, tramas elaboradas) manteniendo la precisión en el desarrollo de las ideas sin caer en la reiteración y el agotamiento. También es un formato complicado y para justificar la apuesta debe mantener un equilibrio que en muchos casos cuesta encontrar. Esto es lo que me ha pasado con esta Plomo al cuadrado, novela corta sobre 25000 palabras donde Stark Holborn plantea un universo narrativo en el cual el western se cruza con las Matemáticas. Así, con mayúscula.

Su argumento se encuadra en el relato pulp. Una historia de a duro de aquellos bolsilibros de los 60 y los 70 cuyo principal atractivo está en vestir una trama típica de los relatos de vaqueros, bastante alocada, con unos ropajes alejados de ese mundo. En este caso los forajidos no son buscavidas perseguidos por su participación en diversas tropelías sino matemáticos cuya habilidad es aplicable a la realidad hasta el punto de convertirles en seres extraordinarios. Dotados de una escuadra, un transportador de ángulos y un revolver no fallarán un tiro, por poner uno de los escasos ejemplos de los que Stark Holborn se sirve (en varias ocasiones).

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2001 entre Kubrick & Clarke. La génesis, autoría y creación de una obra maestra, de Filippo Ulivieri y Simone Odino

2001 entre Kubrick & ClarkeEste libro reúne tres textos relacionados con 2001. El primero trata la búsqueda de Kubrick de un nuevo proyecto tras el rodaje de Teléfono rojo. Es interesante para profundizar en su gusto por la ciencia ficción, qué facetas le resultaban más atractivas. El segundo, el más extenso, es un pequeño almanaque de la pre-producción, la producción y la post-producción de 2001, repleto de detalles sobre cómo contactó a los profesionales que terminaron colaborando con él, la evolución de la historia desde la primera versión del guión, las dificultades de un rodaje que se alargó más de lo previsto… Ambos funcionan como un excelente recuerdo de toda la complejidad detrás de la creación de una obra cinematográfica. Sin embargo, ha sido el tercero el que he encontrado más sugerente. A partir de la correspondencia escrita por Kubrick y Clarke, y algún otro documento, Filippo Ulivieri y Simone Odino plasman la relación entre ambos creadores, particularmente reveladora una vez el guión estaba más o menos finiquitado y comenzaron las discusiones sobre la novela.

No tenía ni idea de su acuerdo para una redacción conjunta, algo lógico en el campo del guión tal y como fue escrito, con Clarke encargándose del borrador y Kubrick modelándolo con sus impresiones, las imágenes que quería crear…; pero no de la escritura de algo mucho más extenso. Los días de Kubrick, enfrascado en terminar a la vez la producción y la postproducción de una película que acumulaba ya un retraso de varios meses, no tenían ni un minuto para dedicarle. Además estaba su tácito deseo de impactar a los espectadores del film sin proporcionar pistas, algo difícil si el libro hubiera salido con el estreno de la película. Esta demora ocasionó serios problemas a Clarke dejándolo al borde del colapso. El mejor acuerdo editorial que se le había presentado ($160000 con Dell) desapareció por no cumplir con las fechas. Y Kubrick tuvo que prestarle dinero. Este contratiempo ofrece una visión de Clarke vulnerable, alejado de la confianza arrolladora que manifestaba (y continuó exhibiendo una vez la película fue un éxito), y un Kubrick resiliente, obstinado en sacar adelante 2001 a su manera, casi ciego a las necesidades de los demás y cualquier tipo de presión.

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Zombi, de Joyce Carol Oates

ZombiEsta es una novela exclusivamente recomendada para quienes tengan interés en imbuirse en la mente de un zumbado de cojones. Su narrador, Quentin, deja en evidencia desde la primera página su falta de empatía mientras cuenta diferentes momentos de su vida, obsesionado por hacerse su propio zombi; un siervo dócil al que pueda viol… controlar sin resistencia. Este objetivo, pertinaz, imperturbable, es una de las guías más evidentes de Zombi; un relato descarnado que se ciñe a unos hechos desgranados de manera taxativa, sin graduarlos prácticamente con adjetivos. Cuando Quentin describe el proceso a aplicar para conseguir su meta lo hace como si fuera el manual de un procedimiento quirúrgico. Sus acciones y pensamientos se revelan desde la más absoluta asepsia. Le embargan emociones desbordantes, enfermas, retorcidas, pero el texto no se recrea en ellas. Esta precisión en la descripción del narrador ahonda en lo macabro de su comportamiento.

La autora de Blonde y La hija del sepulturero pone toda la carne en el asador de una derivada del horror corporal: el horror mental. Transmitir la abyección que se puede esconder dentro de ese vecino del tercero que te saluda cuando te lo cruzas en el ascensor y al que un día le encuentran un cadáver en el armario. La forma de iluminar la mente de ese personaje, funcional, capaz de vivir entre nosotros sin despertar recelos, crea una profunda incomodidad sobremanera porque las veces que están a punto de descubrirle se sale con la suya. Oates dedica su espacio a construir estos momentos de mímesis desde el abismo de estar abierto todo el rato a sus pensamientos. Unos razonamientos que abundan en sus permanentes obsesiones sexuales o una despersonalización que le lleva a hablar de sí mismo en tercera persona al separar su faceta social de esa esencia orientada a satisfacer sus deseos.

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La plaga de los cómics. Cuando los tebeos eran peligrosos, de David Hajdu

La plaga de los comicsComencé La plaga de los cómics esperando un recorrido por el cómic estadounidense de los años 40 y 50 y el apocalipsis para este medio que supusieron el impresentable de Fredric Wertham y La seducción del inocente. El libro en el cual el psiquiatra cargaba contra el tebeo popular, según sus “investigaciones” fuente de analfabetismo, delicuencia juvenil, perversión sexual y vista cansada (sic). Sin embargo, David Hajdu amplia el foco e inicia su magisterio con el origen del cómic en la prensa sensacionalista de finales del XIX con “Hogan’s Alley” y su protagonista, Yellow Kid. Unos primeros derroteros ineludibles para entender su evolución durante la primera mitad del siglo veinte, el entramado empresarial y creativo surgido a su alrededor y los diversos intentos por coartar su libertad de expresión. El caldo de cultivo desde el cual, a la postre, se fraguó el éxito del más conocido.

Según desarrolla Hajdu, este arte eminentemente popular padeció sucesivas andanadas desde los entornos de la alta cultura y los guardianes del buen gusto. Una serie de embates que fueron afinando el tiro y ganando empuje. El eje central de la argumentación más extendida serían unas pretendidas tasas de criminalidad disparadas entre la juventud, alentadas por el éxito de cabeceras de temática criminal que en un momento cedieron su peso a las de terror, en muchas ocasiones arrojadas en brazos de la violencia gratuita y la carnaza más burda. El combustible habitual de unos movimientos reaccionarios que continúan engrasados como si los desastres posteriores no hubieran sido bien documentados.

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¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, de Harry Harrison

¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!En la reconstrucción de su catálogo de clásicos, Minotauro nos ha pillado por sorpresa con la inclusión de Harry Harrison. El guionista de buena parte de las historias de Flash Gordon entre los 50 y los 60, es sobre todo recordado como un artesano de la ciencia ficción a caballo entre la acción y el humor (la grandísima Bill, Héroe Galáctico y La rata de acero inoxidable). Sin embargo, el título con el cual figura en la mayor parte de guías de lectura es ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, adaptada al cine en 1973 por Richard Fleischer en Cuando el destino nos alcance. El guión de Stanley R. Greenberg incorporaba una serie de cuestiones que desplazaban su argumento original de la base de Harrison y, desde un giro efectista introducido para conseguir la venta a la MGM, lograban una película memorable. Sin embargo, aunque lo más recordado no aparece en la novela, esta mantiene una serie de valores que la hacen atractiva medio siglo después de su escritura, aun cuando su escenario ha sido superado.

Publicada en 1966, ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! surge del caldo de cultivo del cual habían crecido relatos como “Bilenio“, de Ballard, o “Hacia el anochecer“, de Silverberg, mientras se adelantaba a novelas como Todos sobre Zanzíbar o El mundo interior. Ese miedo a que la explosión demográfica llevara a una superpoblación que agotara los recursos planetarios y abocara a un futuro apocalíptico en el cual el ecosistema planetario colapsara y la lucha por los recursos destruyera el tejido social. Harrison incardinaba la cuestión en un argumento de novela negra, con sus protagonistas viéndose obligados a sobrevivir en los márgenes de un mundo corrupto, resiliente a cualquier intento de cambio. Una visión tremendamente pesimista que recorre el texto de principio a fin.

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