Para abrir el mes de Clásico o polvoriento me voy a permitir una transgresión: he recurrido al título más reciente de todos los seleccionados. Lo sensato hubiera sido acudir al fondo de la estantería; esa obra traducida hace 20 o 30 años ya recordada en exclusiva por quienes tuvieron la fortuna de leerlo en su adolescencia. Sin embargo, por cambiar el discurso, me he venido a esta novela de 2013, todavía con mucho por demostrar. Representa una faceta complementaria del espíritu de esta iniciativa: el olvido desde el fandom de la mayoría de libros de una cierta entidad que se publican fuera de sus colecciones de fantasía, ciencia ficción o terror. Más cuando surgen de la pluma de alguien cuyo crimen es no ser uno de los nuestros. Novelas y colecciones de relatos ni mejores ni peores que las tradicionalmente sobrerrepresentadas entre las reseñas de las webs centradas en el fantástico, o las opiniones de los lectores sin veleidades “influencers”. Y en este caso se ha obviado un título merecedor de más atención.
Tusquets sin duda tuvo su parte. Con bastante sentido, Helene Wecker tituló su primera novela como The Golem and the Jinni. Todo en ella gira alrededor de estas dos criaturas, abandonadas a su suerte en las calles de la Nueva York de finales del siglo XIX. Sin embargo al editor de la colección Andanzas debió parecerle demasiado arriesgado para la sobriedad de su colección y le cascó ese estúpido Los viajeros de la noche que ni siquiera hace justicia a lo que ambos seres hacen en una parte apreciable de su extensión: pasear por una Nueva York a la luz de las primeras lámparas eléctricas. Sin embargo, esta chorrada no alcanza a explicar la distancia frente a un libro que hubiera merecido un eco mayor; es una historia de fantasía super accesible que desprende ese aire esperanzador tan demandado en los últimos años. En parte gracias al lugar común del que parten sus protagonistas.



En mi inconsciencia, cuando llevo cerca de una decena de libros de un autor pienso que lo tengo leído. ¡Miles de obras por delante de otros tantos escritores y un tiempo tan escaso! Sin embargo, cuando la carrera es particularmente prolífica como la de Stephen King, la exageración se hace todavía más evidente cuando confrontas su bibliografía con los títulos de los que has dado cuenta. Este era uno de los motivos detrás de mi interés en leer este verano Apocalipsis, la mejor época del año para afrontar tochacos de más de mil páginas. Quizás habría sido más inteligente leer otros dos o tres libros de King, acompañados de dos o tres de otros escritores, pero me habían hablado tan bien de él, y lo tenía tan metido en la nostalgia desde que me lo recomendara un compañero en 3º de BUP, que no podía faltar a la cita. Con 30 años de retraso… y manipulando al resto de contertulios de la
En la reseña sobre
Para el lector español, justo es decirlo, Olga Tokarczuk es una autora desconocida. No puede decirse que inédita, pero casi: si echamos un vistazo a nuestro mercado editorial, solo encontraremos dos novelas suyas —una de ellas de aparición más o menos reciente— y algún que otro cuento perdido en antologías de alcance minoritario. Sin embargo, en su Polonia natal, Tokarczuk es todo un referente cultural y político. Muy implicada en el activismo verde en un país ennegrecido por el producto de sus minas, ha escrito un buen puñado de libros y ganado unas cuantas veces el premio Nike, uno de los más prestigiosos galardones literarios nacionales. Mi primer contacto con su obra fue precisamente a través de una de esas modestas antologías, editadas gracias a las subvenciones de institutos de cultura afanados en hacer llegar muestras del trabajo de los artistas patrios a todos los rincones del globo. “Velada literaria”, aparecido en
Caitlin R. Kiernan es la escritora detrás de
La primacía de EE.UU. y Gran Bretaña en el mercado de las traducciones contrasta con la diversidad en la ciencia ficción y fantasía contemporáneas. Se puede confeccionar un listado muy extenso con los escritores nacidos dentro de sus fronteras y una nítida inquietud por sus raíces culturales, puestas de manifiesto a través de escenarios, argumentos, miradas que rebosan esa personalidad. Los relatos de Ken Liu y sus novelas de 