En una estación roja, a la deriva, de Aliette de Bodard

En una estación roja, a la derivaMi pequeña “historia” personal con Aliette de Bodard se reduce a sendos encontronazos con sus relatos traducidos en su momento en Terra Nova vol.2 y Cuentos para Algernon Año I. Por este motivo era reacio a acercarme al Ciclo de Xuya, el volumen donde Fata Libelli recopiló las narraciones breves de esta secuencia ucrónica en la cual navegantes chinos llegaron a la costa oeste de América antes del viaje de Colón, crearon una alianza con los mexica y alteraron la historia tal y como la conocemos. Aprovechando la venta final del último mes de vida de la editorial, me hice tanto con este volumen como con En una estación roja, a la deriva. La novela corta donde Bodard abordaba su particular interpretación de la aventura espacial en este universo. Y he quedado más satisfecho. No tanto por el trasfondo, un universo muy conservador en la línea del que, salvando distancia, veíamos en uno de mis bluffs más sonoros de los últimos años: Justicia auxiliar.

Es un poco frustrante cómo a estas alturas del siglo XXI, a la hora de trazar una space opera, la idea de imperio galáctico dominante mantiene la concepción propia de la edad de oro de la ciencia ficción. Aunque de Bodard se preocupa de acercarse desde una perspectiva chino-vietnamita, con una jerarquía y unas costumbres sociales que siguen unas pautas ajenas al lector occidental, ahí están ese emperador poco preparado para su labor y manipulado por sus consejeros; la opresión de los súbditos, la rebelión en diversas regiones, el sufrimiento de los habitantes de los planetas involucrados, los castigos desproporcionados… Un escenario más propio de una novela histórica o una de fantasía heroica, como si después de echarle unas partidas a cualquier Civilization no hubiéramos descubierto las bondades para el progreso de cualquier otra forma de gobierno.

Tampoco me subyuga la naturaleza del conflicto entre las dos protagonistas absolutas: Lihn y Quyen. La primera, magistrada del imperio, llega como refugiada desde uno de los planetas arrasados a Prosper, la estación en la que la segunda, su prima, ha quedado como responsable a la espera de que regrese el legítimo encargado para la función. Entre ambas se despierta una rivalidad sustentada en el clasismo consustancial al imperio. Quyen es la cónyuge inferior de un matrimonio, a diferencia de Lihn no superó los exámenes de acceso a funcionario, carece de implantes cerebrales que le doten de acceso a las IAs de la familia, se ve obligada a gestionar el complicado día a día de la estación y se siente amenazada. Lihn ocupa un escalafón más alto y la sabe más capacitada para desempeñar su función.

Desconfianzas, envidias, complejos de inferioridad y superioridad son el origen de la tensión entre dos mujeres donde al menos una, Quyen, está obsesionada con perpetuar su posición en un sistema del que se sabe víctima y que, si transgrede, es para humillar un poco más a Lihn. Me hubiera gustado algo menos manido como combustible de estos personajes. Sin embargo cualquier duda se disipó rápido. De Bodard planifica su relato con tiralíneas.

Cada una de las tras secciones en las cuales se divide En una estación roja, a la deriva parte de la llegada de alguien a la estación (Lihn, una funcionaria de alto rango y, finalmente, las fuerzas de seguridad del imperio) y se desarrolla mediante secuencias de varias páginas protagonizadas sucesivamente por Lihn o Quyen. Así, mientras se establecen sus respectivas posiciones, gravitan entorno suyo una serie de personajes que traen al primer plano sus propias historias, enriquecen el contexto y crean las inflexiones necesarias en su particular duelo, con la idea de familia en el punto de mira. Una familia como unidad nuclear de todo el imperio, más amplia respecto a nuestra concepción tanto en número como en las cargas asociadas.

Aliette de Bodard

Su peso sobre los personajes se hace sentir en todo momento, no sólo en las obligaciones que llegan a nublar el juicio de Quyen o Lihn. Aunque no cobran su relevancia, son esenciales en secundarios como Huu Hieu, víctima del robo de su implante neuronal y quebrado por sus deberes hacia una tradición en colisión con sus deseos. O a nivel más global, al terrible castigo que aguarda a los culpables de traición.

Encuentro sugerente cómo incorpora de Bodard las IAs a la narración. En el caso de la encargada de Prosper de origen humano y emparentada con los descendientes que pueblan su “interior”. Un detalle continuamente tenido en cuenta cuando se relacionan con ella. También es elocuente cómo los agraciados con implantes neuronales pueden establecer diálogos con sus antecesores convertidos en IAs y acceder a una sabiduría familiar que guía la mayor parte de las interacciones (¿qué habrían hecho ellos? ¿Qué hubieran pensado de mis acciones?). Así se entiende mejor la preocupación cuando a Huu Hieu le arrebatan la suya; si no se recupera se perderá la conexión con un ser único, vínculo con un pasado compartido e irremplazable. O, globalmente, el drama detrás del deterioro de Prosper. Todas estas ideas, imprescindibles para el devenir de la trama, son el gran novum detrás de En una estación roja, a la deriva. Una presión adicional a todas las de que ya de por sí afectan en un entorno tan reglado e imagen ideal para apreciar cómo la innovación orbita acompasadamente en Xuya con la tradición.

Al desgranar la historia, Bodard guarda una mirada, una construcción de las figuras retóricas y una cadencia en sus palabras coherentes con la retórica clásica de su relato. Y logra algo complicado en una novela corta: introducir el lugar narrativo y los personajes, plantar conflictos muy diferentes y hacerlos progresar en un patrón elegante y complejo sin por ello sacrificar accesibilidad. Aparecen de la mano, evolucionan a sus propios ritmos internos, revelan facetas ocultas del escenario o los personajes, y concluyen en un desenlace transformador. Quizás me hubiera gustado que la relación entre sus protagonistas fuera, en el fondo, menos reaccionaria que un duelo de poder. Pero en ese contexto tan chapado a la antigua probablemente era imposible.

En una estación roja, a la deriva, de Aliette de Bodard
Trad. de Silvia Schettin y Diego de los Santos
Fata Libelli 2015
ebook, 117p.

2 pensamientos en “En una estación roja, a la deriva, de Aliette de Bodard

  1. A mí me pasó por el estilo, habiendo leído esos dos cuentos no me atraían estas historias y son los dos únicos libros del catálogo de Fata Libelli que no me he comprado, y a pesar de esta reseña creo que ha sido una decisión correcta.

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