Parentesco, de Octavia E. Butler

ParentescoLas novelas de viajes en el tiempo constituyen un género en sí mismo. Si alguien desea refrescar su variedad, Francisco Javier Esteban y Enric Quílez se trabajaron un extenso artículo-guía sobre sus diferentes alternativas para Cyberdark. Una de las “familias” con más predicamento es la prospección histórica; el desplazamiento a un momento concreto del pasado para explorar ciertos hechos, desarrollar un relato genérico de época, desvelar algún secreto familiar… A esta vertiente pertenecerían desde El libro del día del juicio final, la emotiva memoria del impacto de la peste negra en la Inglaterra de la baja edad media, hasta el drama romántico de Forastera y sus sucesivas continuaciones. Narraciones que apuestan por extensas descripciones histórica y de personajes mientras tejen una intrincada tela de araña de sentimientos orientada a conectar con la empatía del lector. Parentesco, de Octavia Butler, se puede encuadrar en este tipo de ficción, aunque su tratamiento se antoja oblicuo al aplicado por Connie Willis y Diana Gabaldón en sus novelas. Mucho más concreto, agudo y violento.

Dana y Kevin residen en California a finales de los años 70. Esta pareja multirracial se mantiene gracias a trabajos mal pagados mientras alienta el sueño compartido de convertirse en escritores profesionales. De improviso ella viaja en el tiempo y el espacio hasta el estado de Maryland a comienzos del XIX. Allí se encuentra con Rufus Weylin, un antepasado suyo, hijo del terrateniente de una plantación, que la invoca de manera involuntaria al estar en riesgo de muerte. Parentesco relata cada una de sus estancias en un país siglo y medio en su pasado. Unos EE.UU. que poco se parecen a los que le ha tocado vivir, aunque los vínculos entre ambos se hacen evidentes.

Los primeros encuentros entre Dana y un Rufus en plena infancia son breves y apenas ratifican los lugares comunes de lo que era la vida para los afroamericanos cuando la esclavitud era legal. Es con su llegada a la edad adulta, con las visitas extendidas durante semanas y mesas y Dana ya plenamente expuesta a una vida cuyo único valor es ser un medio de producción, cuando se aprecia el planteamiento progresivo del relato. Cómo Butler ha planificado una secuencia que, capa a capa, permite una descripción desde lo sabido (su estatus subhumano, la saña con la que se perseguía y trataba a los fugitivos) hasta niveles más profundos, caso del retrato de los Weylin, las personas que les sirven y las relaciones que se tejen entre ellos. Entre lo esperable y un terreno lleno de inflexiones y más abierto a la sorpresa, caso del triángulo formado por Dana, Rufus y Alice, la esclava de la que desciende.

La dependencia de Rufus con ambas parte de lo meramente físico. Dana es el salvavidas que acude en su auxilio cuando se haya en peligro y que lo atiende hasta su recuperación; Alice la víctima de una obsesión monstruosa. Aparición tras aparición, los afectos y resquemores revelan aristas y contradicciones nada triviales. Dana se llega a plantear hasta qué punto merece la pena salvar a Rufus de morir en su nuevo encuentro; por cómo le ha mentido y tratado; por su agresividad y el sufrimiento que supone para Alice y el resto de esclavos de la plantación. Sin embargo su nexo con Rufus desde la infancia le ha llevado a crear unos sentimientos protectores y alentar una esperanza en que será capaz de llegar a cambiarlo, que honrará por fin a su palabra, que recuperará algo del niño que conoció. Un recuerdo que trasciende cualquier duda y los hechos desplegados ante ella.

En su discurso el instinto de autopreservación no llega a formularse. Dana jamás se plantea lo que podría suceder si desapareciera Rufus antes del nacimiento de la hija de la que se sabe descendiente. Aunque la lectura como obra de género es nítida desde sus primeros pasos, Butler apenas cultiva el discurso autoreferencial del viaje en el tiempo para hablar de las consecuencias del propio viaje en el tiempo. Focaliza su escritura sobre el drama vivido por Dana y el shock de descubrir cómo el entorno modela los valores de los individuos. Cómo la inocencia y la capacidad para la empatía de Rufus son prácticamente aniquilados para dar carta de naturaleza a un monstruo humano.

Octavia E. ButlerFaltaría mencionar la conexión entre Alice y Rufus o los altibajos que vinculan a Dana con Alice, bosquejados con trazo fino sin caer en maniqueísmos o condescendencias. Esta habilidad para perfilar relaciones se extiende al resto de habitantes de la plantación. Parentesco se presta a su lectura como una respuesta a la superficialidad del gran bestseller sobre la América esclavista, Raíces, de Alex Haley. Aparecido tres años antes y con un impacto magnificado por la posterior adaptación televisiva, Haley apostaba por una visión de la esclavitud más superficial, con unos personajes afroamericanos con escaso recorrido más allá del sufrimiento inflingido por sus amos blancos. En su caracterización Butler también se detiene sobre cómo se observan el pasado y sus conflictos desde el presente, la acción del olvido y las nuevas perspectivas sobre ese recuerdo. Y, de forma más liviana a través de las diferentes respuestas de Dana y Kevin ante su encuentro con el Siglo XIX, las propias relaciones de género y raza y su evolución (o no).

Además de este control sobre personajes y emociones, la autora de Xenogénesis exhibe un férreo manejo de la narración. Salvo en las primeras páginas, donde me ha parecido un tanto precipitada a la hora de entrar en vereda, elige de manera equilibrada qué acciones narrar, el nivel de detalle, cuándo aumentar la presión deteniéndose sobre las costumbres aberrantes a los que se enfrentaba la población negra de la época, cuándo las elude. Contribuye a mantener el corazón atenazado con una novela de una extensión mesurada que resulta inexplicable se haya mantenido inédita cerca de cuarenta años.

Es necesario alabar la decisión de Capitán Swing de publicar Parentesco; la primera traducción de Octavia Butler en tres décadas. Esta apuesta de editoriales no especializadas por títulos de ciencia ficción y fantasía ya no se circunscribe a autores ajenos al ghetto de la fantasía y la ciencia ficción. Como hemos visto con Círculo de tiza y la primera colección de ensayos de Ursula K. Le Guin traducida al castellano, la caída de las barreras y la incorporación de estos géneros dentro de las corrientes principales de la literatura ha llevado consigo que se atrevan con autores cuya carrera nos había llevado a pensar que eran de los nuestros. Y, aunque sea mínimamente, ayuda a equilibrar una producción editorial mediatizada por una visión pacata que parece haber sentenciado muchos títulos bien porque son de hace más de un lustro, bien nunca fueron considerados canon, bien sus autores están muertos o muchas otras razones que darían para un libelo mucho más extenso. Sea como fuera, ¿nadie se anima con Parable of the Sower?

Parentesco, de Octavia E. Butler (Kindred, 1979) 
Capitán Swing, 2018. Traducción de Amelia Pérez de Villar
Rústica con solapas. 328 pp. 20€
Ficha en la web de la editorial

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