Cuentos completos, de Mark Twain

Cuentos completosMark Twain es uno de esos escritores que te acompañan toda tu vida, por lo menos ese es mi caso. Cuando era crío por mi casa andaba un ejemplar de Las aventuras de Tom Sawyer, me lo leí unas cuantas veces entre los 10 y los 14 años y lo disfruté cada una de ellas. Hace un par de meses lo releí y fue una experiencia fascinante, que muy a menudo es lo que tienen las relecturas, descubrir cosas nuevas que se me pasaron de niño y contrastar lo que estaba leyendo con mis antiguos recuerdos. En cualquier caso, volví a disfrutar el libro y vi clara la conexión entre Tom y el querido Guillermo Brown de Richmal Crompton.

Por aquellos lejanos años también leí Príncipe y mendigo, Tom Sawyer detective, Tom Sawyer en el extranjero y Las aventuras de Huckleberry Finn. Lo que pasa es que fueron adaptaciones para niños de aquellas de la vieja Editorial Bruguera, tanto los cómics de Joyas Literarias Juveniles como los libros de Historias Selección. Y bueno, pues muy seguro de haber leído el texto original no estoy, así que no es descartable que en el futuro me anime a ir a los originales de una vez, o no, que ya se sabe que hacer planes en eso de las lecturas es, cuando menos, azaroso.

Y las películas, claro, las clásicas que echaban en la tele de los 70 y 80, curioso que aún tenga en la memoria escenas de la versión de Keighley de 1937 de El príncipe y el mendigo, con Errol Flynn, o de Las aventuras de Huckleberry Finn de Michael Curtiz de 1960. La memoria y sus cosas.

Y luego está Un yanqui en la corte del rey Arturo que también conocí vía Bruguera pero que ya pude leer como Dios manda en su momento y que me encantó, a pesar de que tiene sus detractores entre los fans del mundo artúrico por aquello de dar una visión descacharrante del mito, y ya se sabe que ese tipo de acercamiento molesta mucho a los creyentes.

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Sin blanca en el Día del Libro; de la Cuesta Moyano a Wallapop (5)

He de confesar que nunca he sido especialmente aficionado a rebuscar en las ferias del libro de ocasión, hurgar en las librerías de viejo o curiosear por las tiendas de segunda mano. Si bien guardo un grato e idealizado recuerdo del frenesí consumista y acumulador, propio del que ha pasado mucha hambre, que me obnubiló la mente tras atravesar la puerta de un par de librerías de viejo de Charing Cross a mediados de los noventa, o ya entrados los dosmiles, cuando me daba el capricho fetichista de pillar primeras ediciones de bolsillo de clásicos del cyberpunk ochentero a través de internet, en general mi experiencia con el mercado de libros de segunda mano patrio es bastante más sucinta. Aparte de algunos domingos soleados de la infancia recorriendo la Cuesta Moyano con mi padre buscando los Don Mikis que me faltaban, o ya de adolescente picoteando mis primeras novelas de ciencia ficción, entre ediciones del Libro Amigo de Lem, Alianzas Bolsillo de Lovecraft y algún Minotauro que otro, únicamente puedo presentar poco más que alguna esporádica e infructuosa visita a los emporios del libro viejo madrileño (lo siento, no voy a pagar esa pasta por una manoseada y bastante poco higiénica edición de Las estrellas mi destino de Dronte aunque todavía falten diez años para que la reedite Gigamesh). Estos badulaques eran los mismos que publicaban aquellos anuncios que tanto me llamaban la atención en el desaparecido diario Segundamano, donde, cual arqueólogos del imperio británico, se ofrecían generosamente a vaciar trasteros y aliviar del peso de bibliotecas enteras a ingenuos desconocedores de las valiosas piezas que atesoraba el abuelo, lo que me decidió a tomar la decisión de regalar mis libros más queridos a amigos y bibliotecas en cuanto notase los primeros achaques. Por supuesto, también he tenido contacto con las secciones de compra-venta en los foros de internet y las aplicaciones para móviles, más vendiendo que comprando, porque a estas alturas como que ya me da un poco igual poseer libros, sólo me interesa leerlos. De todos modos, me he animado a colaborar en este “especial trapero” porque, a pesar de todo, la segunda mano ofrece una oportunidad interesante, que es la de hacerte con esos libros de género fantástico que no tuvieron demasiada suerte, y que en circunstancias normales jamás se te pasaría por la cabeza leer, pero que por la recomendación de un notas del internet a lo mejor te animas a cambio de unos pocos óbolos. En esta ocasión he traído cuatro libros de género fantástico “de culto” y un clásico inmortal, seleccionados siguiendo un riguroso criterio de muertohambrismo y que, en conjunto, no llegan a trece míseros euros (gastos de envío no incluidos). El link a las búsquedas proviene de Wallapop por ser los precios más baratos que he podido encontrar, pero, por supuesto, podéis comprarlos donde mejor os parezca, o, mejor aún, acudir a vuestra biblioteca más cercana.

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