National Quiz, de Reiichi Sugimoto y Shinkichi Kato

Uno de los aspectos más agradecidos del manga japonés para el lector curioso, quizá un poco trastornado también, es su carácter de pozo sin fondo rebosante de propuestas insólitas, en el que, si rascamos más allá de los títulos más populares y los géneros habituales, seguro que encontraremos un manga sobre alguna obsesión de nuestro interés por muy rara que sea nuestra parafilia. Tráfico de órganos, competiciones de comida, manuales de agricultura, ucronías feministas, toreras lesbianas, futbolistas japoneses en el Betis, la vida cotidiana en una aldea uzbeka del siglo XIX, un trasunto del patito feo protagonizado por un bondadoso aparato reproductor masculino…, etc, etc, todo lo que la mente humana pueda imaginar. Sin embargo la sátira política no es algo muy común en Japón, tanto en el mundo del humorismo como en los mangas. No faltan, por supuesto, los tebeos políticos, alguno de ellos publicado en España, como el premio Eisner, Eagle de Kaiji Kawaguchi, donde se relata la carrera a la presidencia USA de un candidato de ascendencia japonesa, Santuario, de Buronson y Ryoichi Ikegami, el equivalente en manga a cuñadear a voces cocido de sake en la barra del izakaya a cuenta del corrupto sistema político japonés, o Akumetsu, de Yoshiaki Tabata y Yuki Yugo, la demencial, salvaje y catárquica historia de un sangriento vengador de corruptelas bancarias e injusticias económicas en un Japón del futuro cercano arrasado por la deuda y la crisis. Pero esto de echarse unas risas con el tema, pues poco. Así que hoy les presento una verdadera rareza hasta en su país de origen, National Quiz del escritor Reiichi Sugimoto y el dibujante Shinkichi Kato, una sátira política que parece el storyboard de una hipotética adaptación del V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd dirigida por un Paul Verhoeven japonés.

La premisa es completamente irresistible aunque a Sugimoto/Kato les importe bastante poco la verosimilitud o la construcción detallada, incluso coherente, del universo escenario de su farsa. En un futuro cercano/alternativo, el Japón se ha convertido en la mayor potencia mundial, económica y militar del mundo tras una crisis global que el país superó rápidamente gracias a la implantación de un sistema político que podríamos definir como «totalitarismo del espectáculo» creando el National Quiz, un concurso televisivo diario de preguntas y respuestas alrededor del cual gira la vida de la nación (incluso las comunicaciones del gobierno se retransmiten a la población en forma de descacharrantes anuncios públicos en los descansos del concurso), en el que el ganador conseguirá aquello que desee; éxito, riqueza, venganza, o la supresión de la censura en el porno. Los deseos del ganador se llevarán a cabo por el eficiente ejército japonés, las aún llamadas irónicamente, Fuerzas de Autodefensa Terrestre, que lo mismo te revientan una manzana de casas para evitar el pirateo de la señal televisiva de un canal de pago que te arrasan Los Ángeles a sangre y fuego para proteger una tasca de sushi. Eso sí, los concursantes que pierdan, de un total de quinientos participantes diarios, acabarán condenados a veinte años de prisión y trabajo forzoso produciendo riqueza gratis junto al resto de desgraciados.

Publicada entre 1993 y 1995, en pleno estallido de la burbuja económica japonesa, National Quiz reflexiona de forma visionaria sobre la naturaleza y dinámica de la hipertecnificada sociedad del consumo y el espectáculo vista como una infernal máquina de gestionar y canalizar los deseos de los ciudadanos hacia remansos inofensivos pero extremadamente productivos, con el objeto de mantener el statu quo de las cosas. Desde un punto de vista hobbesiano la historia hace mofa del chovinismo japonés, del individualismo egoísta, del «¿qué hay de lo mío?», criticando ferozmente la espectacularización de la política y la vida en general, fenómeno que sume a la población en una irrealidad fácilmente controlable. Y buscando el origen, la razón última de este estado de las cosas, Sugimoto plantea esa cuestión extremadamente incómoda que todo el mundo ha pensado respecto a los demás, claro; ¿es la gente gilipollas? Abundando más aún; ¿cómo organizamos políticamente para el bien común una sociedad cobarde que tiende a verse dominada por las corrientes del infantilismo, el egoísmo y la avaricia? ¿Qué hacer cuando la población prefiere seguir persiguiendo la zanahoria en lugar de acometer la terrible tarea de tomar las riendas de su realidad?

La historia no nos da respuestas a estas cuestiones y como mucho se ríe de sus propias preguntas, inclinándose por un pesimismo teñido de desaliento y algo de cinismo en la resolución de la historia, pero a cambio te ofrece una farsa divertidísima con un ritmo endiablado, cuya columna vertebral será una particular historia de redención, la de nuestro protagonista Keiichi (de nombre artístico K-I K-Ichi, alias prisionero KK47331), el presentador de National Quiz, un antiguo actor frustrado y acomplejado por su falta de éxito profesional que cae en el espejismo del éxito fácil que le promete la televisión. Keiichi se presentó al National Quiz con sus pueriles deseos de ganar un Óscar de interpretación y, tras fracasar, se le asigna como condena ser presentador del National Quiz convirtiéndose, paradójicamente, en el personaje más famoso del país. Gracias a la voluntad de su hija en traerle de nuevo al lado de los seres humanos, inicia el camino de la redención para recuperar la dignidad y la autoestima, pero, por esas ironías de la vida, acaba fracasando al liderar la Revolución por sobrevalorar la fibra moral de sus conciudadanos, incapaz de darse cuenta de que la clase política de un país no es más que el triste reflejo del pueblo que la mantiene en su lugar («Kokumin Kiuzu» el título original japonés, podría traducirse literalmente como «el concurso del pueblo»). Un personaje entre lo esperpéntico, lo trágico y lo muy humano, al que se le niega el sacrificio heroico pero a quien, quizá en un gesto de compasión por su personaje (y por los lectores), los autores ofrecen un atisbo de posible redención en el futuro.

Finalmente no puedo dejar de mencionar el excelente trabajo de Shinkichi Kato al dibujo, vaya fiera este pavo. Su estilo se aleja bastante del grafismo al que estamos acostumbrados en el manga, se trata de un grafismo caricaturesco de línea clara enriquecido con una parafernalia extravagante y muy imaginativa y una narrativa tremendamente dinámica, influenciado sobre todo por el tebeo europeo en general (el omnipresente Moebius, quizá el Geoff Darrow más sarcástico) recordando al estilo de todo un Taiyo Matsumoto (Tekkon Kinkreet, Ping Pong, Sunny) o del gran Atsushi Kaneko (Bambi and Her Pink Gun, Wet Moon, Deathco). Debido a que este National Quiz quizá sea uno de sus primeros trabajos profesionales, se aprecia una progresiva mejoría a lo largo de la historia, desde un comienzo pelín titubeante a unos capítulos finales sencillamente sensacionales. Cómo será de bueno este autor que estoy a punto de pagarme de mi bolsillo una edición privada en castellano de su extraño y maravilloso manga de cf, The Planet of Sutakola. Que este pedazo de dibujante siga inédito en occidente es prueba del tremendo nivel del manga japonés que a pesar de la crisis que lleva arrastrando desde hace años, su inagotable acervo parece no tener fin.

National Quiz (Kokumin Kiuzu), de Reiichi Sugimoto y Shinkichi Kato. Kodansha (1993-1995). 4 volúmenes (tankoubon) de 230 pp. aprox. Rústica.

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