La suerte del Bufón, de Robin Hobb

La suerte del bufónCualquiera que lea las reseñas que tengo en C de las dos novelas anteriores de la trilogía El profeta blanco, pensará que hay mucho de cabezonería en continuar en esta serie. Siempre hago mención a lo prolijo en la narración de una Hobb fiel hasta el tuétano a la forma que ha elegido para relatar esta historia. Una primera persona apegada a un personaje empecinado en plasmar su existencia de manera obsesiva, lo que le lleva a describir con detalle también el lugar y el tiempo que le ha tocado vivir. Una servidumbre que implica narrar lo determinante para la trama que viven otras personas cuando él no está delante. Y así, lo que con otro tratamiento serían 300 páginas para él son 900, implicando un esfuerzo que otras novelas no requieren porque Hobb cae en agujeros evitables.

Ahora bien. Sin este estilo pormenorizado donde cada elemento, incluido el escenario, acentúa el paisaje emocional, no se podrían tener estos personajes principales y secundarios. Personas definidas con agudeza desde su mismo nombre que despliegan una gama matices innegable a medida que tratan con Traspié hasta componer uno de los repartos más complejos de la fantasía épica. Una docena y media larga de caracteres que, en la mayoría de los casos de La suerte del Bufón, son propios de esta trilogía y han crecido libro a libro, en particular el príncipe Dedicado. Pero también un puñado que desaparecieron en la primera trilogía y ahora regresan. Todos focalizados en mostrar la transición a nuevas fases de su vida además de permitir a Traspié cerrar los matices de los temas sobre los cuales ha pivotado esta segunda trilogía/etapa de su vida: la entrega y el cuidado.

Sigue leyendo