El efecto performativo de la ciencia ficción. Exposición. Elon Musk (1 de 5)

Ciudad futurista

Toda trama de ciencia ficción tiene un componente político. Este es un aspecto que suele pasar inadvertido, incluso dentro del propio género, pero que es necesario explicar antes que nada.

La ciencia ficción (en adelante usaré las siglas cf) tiene muchos problemas para definirse, pero hay un elemento que podemos considerar común: la práctica totalidad de sus tramas se desarrollan en el futuro, aunque sea muy cercano. Y los escenarios futuros suponen la asunción de un cierto curso en los acontecimientos del presente. En ocasiones, además, para proyectar un porvenir más o menos factible, en una rama que hemos dado en llamar «literatura prospectiva». Pero también se da el caso en una simple aventura situada en un entorno espacial.

Por ejemplo: cualquier argumento escrito hoy que transcurra en la Tierra dentro de un siglo contendrá soterrada una respuesta sobre el cambio climático. Si la vida en el planeta continúa más o menos como la conocemos, el autor deberá al menos dedicar una línea a explicar cómo ha sido posible: tendrá que decir como mínimo «en un momento dado se afrontaron medidas de éxito contra el cambio climático», o bien «el cambio climático no se produjo, en contra del consenso científico». Sí, puede obviar el tema, pero si el entorno en que se desarrolla la trama mantiene una situación como la nuestra, eso también puede interpretarse sin muchas cábalas como un posicionamiento.

Doy por sobreentendido que las obras en las que el cambio climático ha devastado la Tierra, o China es la potencia hegemónica, o la humanidad se ha expandido por el espacio reproduciendo nuestro modelo capitalista sin necesidad de variantes, o la reducción de las vacunaciones ha provocado pandemias, o las megacorporaciones han derribado a los gobiernos como principales actores internacionales… En todas ellas se manifiestan, evidentemente, especulaciones de carácter político, considerando que en el mundo de hoy casi cualquier cosa (incluso obviedades del ayer como la necesaria calidad de la educación o la sanidad públicas) conlleva un posicionamiento político.

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Fracasando por placer (III): Ciencia ficción. Selección 27, Bruguera, enero de 1977

Selección 27

Después de Paco Porrúa y Domingo Santos, sin duda la persona más influyente en el desarrollo de la ciencia ficción en España en los setenta y los ochenta fue Carlo Frabetti. Sobre todo por los 40 volúmenes (en realidad 41, puesto que el último apareció descolgado bajo el título Extraterrestres y otros seres como número 13 de la Colección Naranja) publicados en la colección Libro Amigo de Bruguera bajo el título genérico de «Ciencia ficción. Selección», que escogían material publicado originalmente en The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Frabetti dirigió también la primera colección Nova y los primeros volúmenes de la edición de Forum de Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine, además de colaborar con Nueva Dimensión de manera frecuente, ser uno de los guionistas del mítico programa La bola de cristal (sí, uno de los padres de «¡Viva el Mal! ¡Viva el Capital!», un adoctrinamiento tan efectivo que 33 años después tenemos a Vox en el Congreso), y un cuentista no muy prolífico pero bastante interesante.

La única vez que le he visto me lo encontré en un ascensor en la Semana Negra de Gijón. Se puede decir muchas cosas de ese evento, pero una positiva sin duda es que es campo abonado para trabar conversaciones casuales. Lo intenté, pero el hombre no me dio bola; me pareció que le estaba molestando con cosas que le resultaban lejanas y poco gratas. Es bien cierto que Frabetti fue uno de los enfants terribles de la época, con ese posicionamiento político de extrema izquierda nada oculto, y escasa paciencia para con el aficionado medio tirando a obtuso que debía ser moneda corriente aquellos años. O, dicho de otra forma, puede que quedara aún más harto que yo de todo esto. De manera significativa, en su página de Wikipedia ni se menciona su relación con el género, sólo sus logros como escritor de novela juvenil y su condición de matemático, por la que ha aparecido en numerosos medios presentando pasatiempos y reflexiones ingeniosas.

La verdad es que si hay un tipo de la historia del género en España al que me gustaría entrevistar, aparte del misterioso Enrique Lázaro, sin duda es él. Porque lo que hizo me gusta y me influyó; y porque en gran medida también soy incapaz de explicármelo. Entiendo los criterios que guiaban a Nueva Dimensión, más o menos, y desde luego los gustos que marcaban las decisiones de Santos y Porrúa. Pero ¿cómo hacía Frabetti las antologías «Ciencia ficción»? Tenía a su disposición cientos de números de una revista extraordinaria, quizá la mejor, y entonces ¿por qué publicaba relatos malos de autores desconocidos con tanta frecuencia? ¿Formaban parte de sus gustos, tenía acceso a una cantidad limitada de material original, les cobraban más por reeditar a unos escritores que a otros? En resumen, ¿cuál era el criterio editorial?

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