La España vacía, de Sergio del Molino

La España vacíaEn las últimas semanas parece haber alcanzado su clímax el interés por lo que Sergio del Molino etiqueta como La España vacía. Esa parte de nuestro país con una densidad de población tan baja como elevada resulta la edad media de sus habitantes. El éxodo hacia las ciudades dejó multitud de pueblos abandonados, los centros urbanos (y los servicios) se suelen encontrar a más de una hora por carreteras sinuosas y cualquier tentativa de mantener un tejido productivo estable desemboca en un sonoro fracaso. Sin embargo, a diferencia de otros libros como Los últimos, de Paco Cerdá, los numerosos artículos que se han podido ver en la prensa o el programa dedicado por Salvados a su agonía, La España vacía se aleja de cualquier voluntad de dar la palabra a sus habitantes o indagar en la naturaleza sociológica del asunto. El viaje en las páginas de este ensayo se plantea en otros términos. Del Molino busca las raíces de las percepciones dominantes sobre esta porción de España en el imaginario colectivo mientras explora su convivencia con la experiencia de visitar sus rincones. Esta tensión entre lo esperado y lo observado, donde las contradicciones se transforman en parte esencial de la descripción, es una de las guías del discurso junto al acercamiento subjetivo. El autor utiliza un variado arsenal de vivencias (viajes, conexiones familiares, anécdotas personales…) para enhebrar una argumentación donde él y su visión son esenciales en la descripción de un lugar entre la realidad y la ficción cuya consistencia se afianza con el transcurrir de las páginas.

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The Time of my Life, de Hadley Freeman

The Time of my LifeEntender por qué se explota la nostalgia por la cultura popular de los 70 y los 80 no es física avanzada. Quienes vivimos nuestra infancia y/o adolescencia durante aquellos años formamos una de las bases más extensas de la pirámide de consumo y, desde múltiples flancos, nos aprietan con la añoranza de aquel periodo. La necesidad de retomar el contacto con la juventud perdida es el caldo de cultivo perfecto para todo tipo de artículos destinados a parasitar fantasías insatisfechas o alimentar el deseo de retornar a esa Arcadia perdida. Entre la inagotable cornucopia de productos comienzan a proliferar estudios más o menos convincentes con el propósito de validar aquellos años. Recalibran las películas, novelas, cómics con los que se crió una generación y buscan la manera de situarlos a la par, sino por encima, del material que nutrió a las generaciones anteriores o posteriores. Esa es la idea inicial de The Time of my Life, un ensayo de Hadley Freeman sobre el mundo del cine comercial estadounidense de los 80.

En cada uno de sus diez capítulos Freeman analiza una película icónica y la repasa centrándose en una idea central; el motivo por el cual considera que debe ser tenida como una obra única. La causa que la hace no sólo merecedora a su rescate sino que la convierte en paradigma de un enfoque extendido durante los años 80 en las producciones de Hollywood, ahora desaparecido. En esa mirada participa de lo que Carl Wilson defendía al final de Música de mierda: escribir desde la propia narrativa personal. Freeman vio la mayor parte de las películas de las que habla durante su adolescencia a finales de esa década o comienzos de los 90. Su vínculo con esas historias, personajes y creadores es evidente y así se preocupa de exponerlo página sí, página también.

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Richard Matheson. El maestro de la paranoia

Richard Matheson. El maestro de la paranoiaEl panorama de colecciones de ensayo dedicadas al fantástico se asemeja a un pequeño erial. Apenas Intempestivas de Valdemar merece tal categoría, con una treintena de títulos publicados en tres lustros. En este entorno o, mejor dicho, en su ausencia son comprensibles la esperanzas puestas en la colección de Gigamesh iniciada hace año y medio con El jardín crepuscular, de John Clute, y recientemente continuada con Richard Matheson. El maestro de la paranoia. Sea cual sea su ritmo, contribuirá a enriquecer la mirada a un género desarropado de perspectiva crítica o meramente divulgativa.

El maestro de la paranoia halla su sentido en los esfuerzos dedicados a la traducción de los cuentos fantásticos de Richard Matheson, editados entre 2014 y 2016. Por su visión ampliada a los temas del autor de Soy leyenda o La casa infernal, su contextualización en el momento y lugar en los cuales surgieron, la descripción de su forma de trabajo… es su complemento perfecto. Asimismo cualquier lector atraído por la cultura popular de la segunda mitad del siglo XX encontrará en sus páginas una esclarecedora guía sobre uno de los escritores esenciales para entender la literatura, la televisión y el cine creados en EE.UU.

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Espectra, de Pilar Pedraza

EspectraEspectra es un descenso a las criptas de la literatura y el cine para estudiar cómo novelas, relatos, películas y artes plásticas se han acercado a la figura de la mujer muerta. Para centrar su ensayo, Pilar Pedraza divide este campo tan vasto en diversas parcelas: las mujeres que regresan de la muerte, las empusas, vampiras e hijas de vampiros, las mujeres sujeto de lecciones de anatomía, las muertas en brazos de vivos… Nueve clados enmarcados en otros tantos capítulos que funcionan como un pequeño catálogo de referencias inexcusables para los aficionados al fantástico.

La aproximación cronológica es la esperable. Aun así, en ese desglose de las raíces de cada una de las facetas estudiadas, en los relatos de la mitología griega o romana citados, las historias góticas de finales del XVIII o comienzos del XIX mencionadas,ya se vislumbra el talento de Pedraza. Por el conocimiento del fantástico desde sus mismos orígenes pero, sobre todo, por cómo utiliza cada una de las historias para trazar el recorrido por cada faceta e incorporarlo a un discurso homogéneo donde destaca una mirada feminista.

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Obsequium

ObsequiumResulta fascinante el culto alrededor de La abadía del crimen, el programa de Paco Menéndez y Juan Delcán considerado el mejor videojuego para un computador de 8 bits hecho en España. Basta ver la multitud de remakes centrados en él, como la versión programada por Manuel Pazos y accesible desde cualquier navegador.

Mi llegada a La abadía del crimen fue un poco diferente a la mayor parte del público adolescente de la época de su lanzamiento; por entonces era superfan de El nombre de la rosa. Lo leí hacia 1986 o 1987 en una edición de Círculo de Lectores, circunstancia que llevó a uno de los religiosos del colegio donde estudiaba a mantener una entrevista con mi madre preocupado por mis lecturas. “Normal” que estuviera preocupado; aparte de la trama detectivesca, las diatribas teológicas sobre la pobreza de Cristo o la naturaleza de la risa me atraparon tanto como el relato de la herejía fraticelli. No voy a pegarme el pisto de que lo entendía todo, pero ese material plagaba de atractivas contradicciones ese mundo repleto de contrastes donde los libros eran el centro del universo.

Si había un juego basado en esa novela tenía que hacerme con él.

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Muerte por videojuego, de Simon Parkin

Muerte por videojuego¿Qué nos atrae de los videojuegos? ¿Qué cualidades explican las horas y días pasados delante de una pantalla? Simon Parkin se hace estas preguntas a partir de la muerte de varios jugadores entregados a la práctica de su afición favorita en sesiones de varios días. Muertes adjudicadas en los medios de comunicación a una adicción desmesurada que sirven, primero, para desviar el dedo acusador hacia otras circunstancias menos sensacionalistas para, después, abordar esa atracción irresistible desde un enfoque holístico. Una quincena de artículos de entre 15 y 20 páginas durante los cuales Parkin defiende una tesis expuesta en cada título (Comunidad, Maldad, Empatía, Refugio, Misterio…) y unos primeros párrafos donde hace mención a una anécdota. Generalmente un hecho puntual que lo pone de manifiesto y sirve como primer caso práctico de los tres o cuatro tratados en cada capítulo.

Parkin no acude sólo a ejemplos recientes. Expone situaciones provenientes de más de cinco décadas de videojuegos, extraídas indistintamente de producciones comerciales de gran éxito, productos elaborados por pequeñas empresas o por diseñadores independientes. Esta diversidad resulta muy seductora. La presencia de juegos más o menos conocidos como Elite o Call of Duty se trata desde aspectos diferentes a sus facetas más populares mientras otros en mi caso desconocidos se acercan a realidades a priori opuestas a la experiencia predominante como las enfermedades terminales, la vida de los refugiados o la conducción de un greyhound (esos autobuses insufribles que atraviesan Estados Unidos de punta a punta).

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Sobre la “Nueva” guía de lectura, la negligencia editorial y la crítica ejercida como una labor de promoción

Con un par. Y todo el mundo asentía.Hace poco más de un año reseñaba por aquí El cura y los mandarines, de Gregorio Morán, un desastre de redacción que lejos de haber sido sometido por Akal a una corrección concienzuda fue publicado tal y como el autor lo había entregado con vistas a aprovechar la campaña de Navidad de 2014. Al precio de 29 euros el lector obtuvo un texto de naturaleza digresiva plagado de erratas, repeticiones… Un vergonzoso ejemplo de cómo algunos editores priman la venta sobre el acabado final que ocupa un lugar privilegiado en mi Olimpo de despropósitos editoriales. Una posición de la cual ha sido desplazado por esta Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura.

La estructura de este libro allana su lectura. Las partes en las cuales está dividido se sostienen de manera notable y permiten al lector familiarizarse con los contenidos. Quizás en determinados capítulos hay demasiados fragmentos tomados de otros textos, creándose una sensación de collage (parte de las recomendaciones de los libros de Nova de los últimos 30 años están fusiladas de las introducciones escritas por el propio Barceló, lo que contrasta con las provenientes de la guía de 1990, más breves y certeras, menos dadas a colarte blurbs). Pero Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura muestra la accesibilidad exigible a cualquier libro de divulgación de base. El resto es harina de otro costal. Como explicaba en la reseña, no me molestan las secciones prácticamente idénticas a las de la edición original, remendadas a base de añadir aquí y allá un par de títulos de los últimos años por aquello de maquillar el contenido. Más inaceptables me resultan innumerables detalles que con una mínima corrección/edición, asesorando al autor para corregir agujeros en su argumentación o paliar una redacción más propia de un blog, habrían acercado este ensayo a un acabado profesional. Se mire como se mire, no lo tiene.

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Ciencia Ficción. “Nueva” guía de lectura, de Miquel Barceló

Ciencia ficción. "Nueva" guía de lecturaEn la HispaCon de Xatafi tuve el privilegio de moderar la mesa redonda “El ensayo de ciencia ficción”. Aquella mañana de sábado Iván Fernández Balbuena, Fernando Ángel Moreno y Cristóbal Pérez Castejón charlaron sobre cómo este género literario arroja luz sobre diferentes facetas de la literatura de ciencia ficción. Tal y como la recuerdo, el diálogo fue tan fluido que apenas tuve que intervenir media docena de veces para aclarar algún tema o mover la conversación hacia nuevos asuntos. Aparte de la introducción, mi única participación de más de veinte segundos fue hacia el final para hacer hincapié sobre la necesidad de dos proyectos editoriales por entonces de próxima aparición: la colección de libros de ensayo de Gigamesh y la “nueva” guía de lectura de Miquel Barceló. Fruto de una casualidad cósmica, ambas iniciativas no terminaron de materializarse hasta 2015. Doce años más tarde. En el mes de Abril Gigamesh abrió la colección Miscelánea con El jardín crepuscular, de John Clute, y en Septiembre apareció Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura. En este caso concreto, haciéndome pasar auténtica vergüenza recordando mis palabras al final de aquella mesa redonda.

Para enfocar este análisis, a la contra de la mayoría de reseñas que he encontrado, veo fundamental comparar la edición de 2015 con la de 1990. De ese ejercicio emana la percepción más nítida del gigantesco bluff autoral y editorial tras Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura. No sólo por uno de los motivos más comentados: gran parte del texto es el mismo sin modificaciones. Aunque la deficiente corrección del texto da lugar a momentos hilarantes como cuando se habla sobre Neuromante como “obra de lectura imprescindible para conocer una NUEVA presunta tendencia del género”, tres décadas más tarde de haber triunfado en las librerías, no es un tema que me preocupe. Los viajes en el tiempo, Fundación e Imperio o la percepción de Miquel Barceló sobre Philip K. Dick son tan estables como la trayectoria de la Tierra alrededor del sol. Mi mayor queja camina por otros derroteros menos evidentes. Los pequeños cambios introducidos desvirtúan el ensayo hasta el punto de convertirlo en un artefacto sectario que mutila la enorme diversidad de un género tan heterogéneo y heterodoxo. El resultado de aplicar una argumentación dominada por una desidia intelectual de dimensiones colosales, no corregida por la desidia de un ¿equipo? ¿editorial? que lejos de hacer honor a su nombre se ha limitado a dar el botón de imprimir.

Como no es cuestión de convertir este texto en una reseña río que saca a colación 30 pruebas de cargo a lo largo de 10000 palabras que nadie leerá, voy a centrarme en tres de ellas sabiendo que dejaré veinte más en el tintero.

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La maldición de Lono, de Hunter S. Thompson

La maldición de LonoEn los últimos años hemos sufrido el aumento de columnistas que, con cierto aire descarado y bastante demagogia, aportan afilados comentarios con el propósito de aumentar las visitas de sus blogs y secciones en los periódicos. Normalmente enumeran como referencia a los grandes clásicos españoles, ¿quién no quiere ser Larra?, pero resulta evidente que el influjo mayoritario proviene de Hunter S. Thompson.

Sexto Piso ha publicado con La maldición de Lono otra muestra de lo que fue Hunter S. Thompson. Hasta su anuncio no conocía su existencia y reconozco que desde ese momento he ansiado leerla. El volumen es una pequeña joya en su edición, un libro comodísimo de leer, bien ideado y maquetado tomando en cuenta que mezcla reportaje, extractos de otras obras, correspondencia personal del autor y alguna fotografía. Lo mismo se puede decir de la traducción de Jesús Gómez Gutiérrez: impecable y sin desmerecer al estilo del autor.

El maestro del periodismo gonzo fue una persona excesiva, tal y como se puede comprobar en cada página del autor: en todos los reportajes su carácter y visión resultan ineludibles e invasivos. No habla de lo que ve, sino de cómo lo vive; y sobre todo, no busca ningún mensaje ni finalidad. Llega un momento en el que sólo quiere solucionar los problemas creados por él mismo.

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Música de mierda, de Carl Wilson

Música de mierdaEn estos 16 años dedicado a la crítica amateur he cambiado tanto que me cuesta reconocerme cuando me da por releer alguno de textos escritos hace más de un lustro. Todavía no puedo decir que haya pasado media vida, pero la expresión se puede quedar corta si considero la evolución de mis intereses, mi aprecio por determinadas características narrativas, mi manera de enfocar ciertos comentarios. En este tiempo he mantenido todo tipo de acordes y desacuerdos; impresiones compartidas por prácticamente casi todo el mundo, reseñas en minoría en las cuales me quedaba en solitario frente a una mayoría que loaba o masacraba un libro… En algún momento del camino me sentí interesado por iniciarme en la crítica literaria formal. No obstante la pereza, ser un yonqui de la narrativa, involucrarme en otros asuntos dejaron el proyecto en mera intención. De ahí que siempre me haya sentido incómodo cuando se me ha etiquetado como “crítico”, ya fuera en conversaciones informales, los dos años sirviendo en el jurado del premio Xatafi-Cyberdark, en alguna mesa redonda o al aparecer mencionado en según qué artículo. Aunque en los textos que escribo siempre he desarrollado mi visión más allá del argumento y mi gusto personal, este último ha dominado cualquier valoración. Este rollo macabeo rayano en la justificación autocomplaciente es mi manera de apuntar por qué me he sentido tan cerca de Carl Wilson en Música de mierda. Supongo una obra tan marginal para los iniciados en los misterios de la crítica literaria o la estética de la recepción como una lectura valiosa para lectores menos bregados en estos temas. Especialmente si acostumbran a dejar negro sobre blanco sus opiniones en internet.

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