Entre la ucronía con trazas steampunk de Danza de tinieblas y las intrigas palaciegas a lo Assassin’s Creed 2, José Ramón Vázquez escribe en Tourbillon una historia de capa y espada en la Venecia de finales del siglo XV, un momento donde el poder de la serenísima república comenzaba a tambalearse después de la toma de Constantinopla. A esta inestabilidad contribuyó el avispero en que se estaba convirtiendo la Europa del renacimiento, algo de lo cual se sirve Vázquez para situar en la trama una serie de personajes con una misión: liberar a un Leonardo DaVinci en manos del Dogo, esclavizado para ayudarle a mantener la hegemonía en el Mediterráneo. Este es el objetivo de un grupo de almogávares transportados hasta la ciudad por Vicente Yáñez Pinzón.
La presencia de uno de los Pinzones y de DaVinci ya pone sobre aviso de uno de los recursos centrales de Vázquez para construir su ucronía: el uso de personalidades como parte de la trama. Venecia es una encrucijada donde lo histórico se retuerce para tejer un escenario cercano al que pudo ser, pero con el suficiente espacio libre para sorprender al lector. No tanto en cómo ha cambiado su mundo respecto al nuestro, algo que el narrador omnisciente presenta de unos brochazos en las primeras páginas, como por quiénes confluyen en los canales y palacios de la ciudad, la tecnología que aparece (grandes golems mecánicos, una máquina voladora de DaVinci) y ciertos detalles a los que la trama da particular importancia, como el mantenimiento del cisma de Avignon, con unas consecuencias religiosas y, sobre todo, geopolíticas que anticipan nuestros siglos XVI y XVII.








