Tourbillon. Una fantasía veneciana, de José Ramón Vázquez

TourbillonEntre la ucronía con trazas steampunk de Danza de tinieblas y las intrigas palaciegas a lo Assassin’s Creed 2, José Ramón Vázquez escribe en Tourbillon una historia de capa y espada en la Venecia de finales del siglo XV, un momento donde el poder de la serenísima república comenzaba a tambalearse después de la toma de Constantinopla. A esta inestabilidad contribuyó el avispero en que se estaba convirtiendo la Europa del renacimiento, algo de lo cual se sirve Vázquez para situar en la trama una serie de personajes con una misión: liberar a un Leonardo DaVinci en manos del Dogo, esclavizado para ayudarle a mantener la hegemonía en el Mediterráneo. Este es el objetivo de un grupo de almogávares transportados hasta la ciudad por Vicente Yáñez Pinzón.

La presencia de uno de los Pinzones y de DaVinci ya pone sobre aviso de uno de los recursos centrales de Vázquez para construir su ucronía: el uso de personalidades como parte de la trama. Venecia es una encrucijada donde lo histórico se retuerce para tejer un escenario cercano al que pudo ser, pero con el suficiente espacio libre para sorprender al lector. No tanto en cómo ha cambiado su mundo respecto al nuestro, algo que el narrador omnisciente presenta de unos brochazos en las primeras páginas, como por quiénes confluyen en los canales y palacios de la ciudad, la tecnología que aparece (grandes golems mecánicos, una máquina voladora de DaVinci) y ciertos detalles a los que la trama da particular importancia, como el mantenimiento del cisma de Avignon, con unas consecuencias religiosas y, sobre todo, geopolíticas que anticipan nuestros siglos XVI y XVII.

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Ofrendas de verano, de Robert Marasco

Ofrendas de veranoEl éxito en España de las novelas de Grady Hendrix y, supongo que en menor medida, su libro de divulgación sobre literatura de terror popular Paperbacks from Hell, ha traído la recuperación de varias de las obras recogidas en ese libro en una subcolección del mismo título. Tras la magnífica El subastador le ha tocado el turno a otro libro de la primera mitad de los 70: Ofrendas de verano. Una novela de casa encantada escrita por Robert Marasco que, al igual que la de Joan Samson, parece en las antípodas de la mayoría de títulos que Hendrix reivindicaba a través de sus extravagantes ilustraciones de cubierta y sus argumentos pasados de vueltas. Heredera de La maldición de Hill House, Ofrendas de verano se nutre de todo lo que llevaba a alejarse de las ciudades a quienes llegaban a perturbar la vida de la familia Moore en El subastador.

A la familia Rolfe le surge la posibilidad de pasar el verano fuera de la Gran Manzana, en el Nueva York más campestre. Allí, alejados de los tórridos meses de julio y agosto, las tensiones del vecindario y la rutina del matrimonio que toma la decisión, esperan disfrutar de La Mansión de los Allardyce. Un nuevo espacio amplio, alejado de cualquier estrés, disfrutable… La primera visita ya les pone sobreaviso que una cosa es hacer las cuentas de la lechera y otra lo que te encuentras cuando exploras sobre el terreno. Más cuando los peculiares dueños les ponen una condición que marca el resto del relato: durante su estancia tienen que alimentar a la gran matriarca de la familia, de edad avanzada, incapaz de abandonar la habitación donde se aloja y tan celosa de su intimidad que no tolera que nadie entre. Esta condición ya origina el primer conflicto entre Marian y Ben Rolfe. Mientras que Marian lo ve como un pequeño peaje que merece la pena pagar para disfrutar de un entorno hasta entonces vedado, para Ben es una responsabilidad destinada a alterar la experiencia a niveles imposibles de prever. Esa disensión planta las semillas de la crisis familiar durante su estancia en la mansión, cuando Ben claudica al deseo de Marian y ambos se dejan seducir por los cantos de sirena de su aspiración de ascenso social. Temporal, figurado, tanto da.

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El príncipe de Annwn, de Evangeline Walton

El príncipe de AnnwnCuando Lin Carter comenzó a trabajar en la colección Ballantine Adult Fantasy poco se debía imaginar que la alineación que estaba en proceso de construir se convertiría en un canon de la fantasía épica/heroica hasta principios de los años 70. Mirar el listado de autores (Lord Dunsany, Hope Mirreless, Clark Ashton Smith, Poul Anderson…), más los que previamente había seleccionado Betty Ballantine (Tolkien, Eddison, Peake), es una genealogía de la mejor fantasía anglosajona publicada hasta el momento, además de una buena panorámica de la que se escribía aquellos años. La mayoría tiene traducción y algunos incluso son todavía sencillos de conseguir. Pero existen omisiones; libros que nadie ha pensado merecía la pena editar. Entre ellas figuraban los de Evangeline Walton.

Según La Tercera Fundación, su única aparición en castellano hasta la fecha estaba en el número 5 de Maestros del pulp. De ella, Carter publicó los cuatro volúmenes que forman Mabinogion, una recreación de los mitos galeses escritos desde la sensibilidad de mediados de siglo XX, cuyo primer volumen, Island of the Mighty, data de 1936. Curiosamente los otros tres no aparecieron hasta los años 70 cuando Carter recuperó Island of the Mighty, para descubrir que Walton seguía viva y tenía otras obras a la espera de editor. Ahora, cinco décadas más tarde, La Magnífica se ha fijado en ella para darle una oportunidad en España. Una iniciativa a la que merece la pena prestar atención. Su Mabinogion no desmerece a las mejores obras publicadas en Ballantine Adult Fantasy. De hecho, hoy en día se lee mejor que muchas de ellas.

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Doctor en medicina, de Thomas M. Disch

Doctor en medicinaMinnesota sobrenatural es la secuencia de cuatro novelas que Thomas M. Disch publicó entre 1984 y 1999 después de abandonar la escritura de ciencia ficción. Una decisión tomada tras el escaso eco logrado por 334 y, sobre todo, En alas de la canción, y su descontento por el giro del mercado hacia el neoclasicismo y la fantasía; un entorno “hostil” hacia sus historias, en las antípodas de la aventura, el thriller, el optimismo y la forja del héroe. Movió sus trastos hacia el campo del terror donde tenía la esperanza que su visión pesimista del presente, la oscuridad de sus argumentos, la saña con sus personajes, fuera mejor recibida. Esto no se cumplió con la primera novela, El ejecutivo, una sátira de las historias de fantasmas a lo Un lugar agradable y tranquilo, si Peter S. Beagle se hubiera macerado en el yupismo y la cocaína que siete años más tarde llevaron a Brett Easton Ellis a American Psycho (cambiando la Gran Manzana por un suburbio católico del medio oeste). Le funcionó mejor en 1991 cuando se publicó Doctor en medicina, una fantasía oscura tejida casi con la misma madeja de El ejecutivo, a la que en su tercer y último acto incorporó una escenario de ciencia ficción de futuro cercano. Atestigua el éxito conseguido en EE.UU. su traducción en la colección bestseller de Ediciones B; una única edición señal de su pertinaz falta de atractivo para los lectores en España. Una constante que no por sabida deja de ser triste.

Si El ejecutivo era una ghost story grotesca, Doctor en medicina trabaja a partir de las ficciones de genios de la lámpara y los pactos mefistofélicos. Tal es la situación a la que se ve expuesto Billy el mismo día que la hermana Mary Symphorosa cuenta a su clase de primaria del colegio Nuestra Señora de la Merced que Santa Claus son los padres. Atormentado por la revelación y su carga catequética, en un día de invierno en St. Paul, Minnesota, el chaval no regresa a casa. Sentado en un banco del parque en plena tormenta, se materializa ante él un Santa Claus debajo de cuyos ropajes se esconde el dios Mercurio. Con la alegría de ver su creencia confirmada, el chaval regresa a casa para, tras una serie de interacciones, recibir de la deidad un caduceo; una herramienta para curar enfermedades y proteger la salud de quienes le rodean, pero también un vehículo para infligir dolor. Todo depende de unas normas a través de las cuales se establecen las idas y venidas del poder en él almacenado. Como en cada relato de los tres deseos, o en cualquier seguro que se contrate, las palabras, su gramática, su semántica, su interpretación (aquí incluso su rima) lo son todo. Algo que van a padecer las personas que le rodean y varias con las que se va a cruzar. A lo grande.

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Los que oyen, de Jordan Tannahill

Los que oyenEl Hum (el zumbido) ha sido motivo de jolgorio en esta casa desde que Santiago L. Moreno nos descubrió su existencia. La alegría no surge de la angustia de las muchas personas que lo escuchan sino de toda la mitología generada alrededor de su origen: túneles excavados bajo nuestras ciudades, armas secretas de la CIA, el HAARP o, ¡cómo no!, alienígenas. Como tantas otras situaciones vampirizadas por Íker Jiménez y su legión de acólitos, su presencia en una historia que quiera tomarse por seria es un campo minado. Escapar sin saltar por los aires se antoja imposible; un poco lo que le pasó con las hipótesis conspiranoicas del 11S a Christopher Priest con la, por otro lado, fecunda An American Story. Jordan Tannahill no se achicó ante el reto e hizo crecer su segunda novela, Los que oyen, alrededor del Hum. Las vicisitudes de una mujer recién llegada a la cuarentena tras la irrupción en su día a día de un sonido persistente; una señal acústica que no puede dejar de oír y dilata las grietas de una cotidianidad que venía tambaleándose.

No es de extrañar que este sonido se perciba como La Llamada de atención, la última, que la narradora, Claire, recibe en su relación con su marido y su hija adolescente, o su hastío ante su labor como docente de literatura en un instituto de Arizona. La rutina, multitud de cuestiones larvadas, la imposibilidad de resistir por sí misma todos los frentes abiertos, se realimentan con las fricciones de la sociedad del bienestar a la hora de atender casuísticas que se salen de la generalidad. Sin una terapia capaz de lidiar con una sintomatología (sangrados de nariz, insomnios) que parece tener un origen físico, Claire sufre la condescendencia de los que no escuchan ese sonido incesante. El único soporte llega de un alumno aquejado de su misma condición y con el cual investiga su causa. Una búsqueda que desea guardar en secreto, con (era de esperar) escaso éxito.

Me ha gustado cómo ha enfocado Tannahill el testimonio de Claire. Equilibra un relatar sin juicios al exponer las interpretaciones que le llegan o elaborar las suyas propias, con mantener a distancia la credulidad y la parodia. Su fragilidad e indefensión ponen el dedo en la llaga de la hipocresía ante la epidemia de salud mental de la que tanto se habla sin ponerle remedio. Como padece, no se puede atajar desde la falta de medios o las respuestas café para todos (es la menopausia, que te ha llegado antes). Es doloroso verla perder el apoyo de los que estaban ahí para prestárselo en cuanto la intervención necesaria va más allá de un polvo de reconciliación o exhibir el vínculo madre-hija a través de una receta de cocina para los seguidores de tik tok.

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Masa madre (y otros relatos), de Angela Slatter

Masa madre (y otros relatos)Angela Slatter debe estar funcionando lo suficientemente bien como para que tres editoriales hayan publicado libros suyos: Duermevela ha editado un par de novelas cortas, Minotauro El rumor de los huesos y Dilatando mentes ha apostado por sus colecciones Masa madre (y otros relatos) y La biblia de bosque amargo (y otros relatos). Curiosamente, la mayoría de esos libros se enclavan en un mismo universo creativo, al cual en isfdb se refieren con el nombre de esta colección de relatos; un mundo de fantasía mimético de la Europa de la modernidad sostenido sobre los cimientos de los cuentos clásicos, debidamente transformados. Llevo unos años con una cierta dificultad para leer antologías y colecciones. Sin embargo, el buen sabor de boca que me dejaron El rumor de los huesos y, sobre todo, De conjuros y otras penas me animaron a vencer la reticencia que me había llevado a dejar varias veces en la pila Masa madre (y otros relatos) en los últimos cuatro años. Una feliz decisión.

El primer cuento, “El árbol de sombra”, sirve para entrever lo que aguarda en el resto del libro. En primera persona la protagonista relata su vida en palacio mientras se encama con el señor y atiende a sus dos hijos, caprichosos, malcriados. Ella, dueña de una piel oscura que la aleja todavía más del cariño de los niños, estimula su curiosidad mediante historias sobre el lugar del que proviene, allende las fronteras de una civilización en la cual detenta poder. Y se venga de sus actos de desprecio y sus acciones violentas desde el anonimato, hasta que libera un golpe definitivo, alrededor del llamado árbol de sombra.

Cada recoveco de “El árbol de sombra” remite a cuento clásico, rescrito para dar volumen a esas mujeres tradicionalmente asignadas a roles malvados. Las brujas que representaban los miedos a la naturaleza o a una mujer independiente y consciente de su poder, la amenaza de lo desconocido, ajena al orden de la civilización establecida, se distancian del maniqueísmo y adquieren relieve gracias a las dinámicas de la modernidad. La narradora es vulnerable pero rechaza someterse a los valores tradicionales. Vive inadvertida y utiliza sus conocimientos para una variada gama de asuntos, algunos de los cuales pueden ser positivos. Cuenta también con unos objetivos propios y los recursos necesarios para lograrlos independientemente de que atenten contra la autoridad, una censura que puede ser librada.

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Luz negra, de Pedro Berruezo

Luz negraFlorence Balcombe fue la mujer de Bram Stoker. Después de la muerte del escritor, manejó con puño de hierro los derechos de su obra; para qué negarlo, más allá de Drácula un terreno poco productivo. El hito más recordado de su guardia fue su empeño por destruir todas las copias del Nosferatu de Murnau, una adaptación de Drácula convertida en un éxito del cine mudo que pudo perderse del todo. Pero, ¿y si detrás de su perseverancia hubiera más que una batalla por defender su estatus económico o aleccionar a quienes desearan hacer otra adaptación sin permiso? ¿Y si la proyección de la película no fuera un simple acto de difusión cultural y Balcombe estuviera protegiendo la misma realidad de quienes desean desmantelarla para rehacerla a su imagen y semejanza?

Hay mucho en Luz negra de la concepción de Tim Powers de la fantasía oscura. No tanto en la redacción del texto, que obedece más a un thriller entre el terror y la fantasía oscura, con diversos personajes atrapados en un delirio de horror cósmico, como en el fondo. Sobre todo en un argumento enhebrado alrededor de una serie de acontecimientos donde detrás de lo factual anidan pactos mefistofélicos, seres preternaturales aguardando a entrar desde el otro lado del velo o una búsqueda que desata fuerzas hibernadas durante décadas. Con piruetas metaliterarias que ahondan el calado de este deslizarse por los huecos de la Historia para explorar el potencial del arte como herramienta para modelar el mundo.

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La edad de oro del fantástico en España (1989-2009), Antología coordinada por José Miguel Pallarés y Juan Manuel Santiago

La edad de oro del fantástico en España 1989 - 2009Antología de la ciencia ficción española 1982-2002, Prospectivas, Los premios Ignotus 1991-2000, Cuentos de ciencia ficción, De Profundis, Cuentos fantásticos de la España profunda, Aquelarre… La colección de antologías que glosan la ciencia ficción, fantasía, terror escritos en España a finales del siglo XX y comienzos del XXI es nutrida. No obstante, todavía faltaba un volumen que abarcara de manera equilibrada los diferentes géneros buscando un catálogo lo más completo posible de los autores más importantes que los cultivaron durante aquellos años. Una iniciativa que yendo a los listados de premios resulta imposible abarcar por el tradicional olvido de ciertos nombres, relegados de manera sistemática por su universo de votantes. Juanma Santiago y José Miguel Pallarés han realizado esa labor para Apache libros con La edad de oro del fantástico en España (1989-2009), un título ambicioso a la altura de sus expectativas.

Abre el volumen “El testimonio de la memoria”, la introducción donde los antólogos contextualizan su selección. A la hora de afrontarlo, Pallarés y Santiago podrían haber seguido las pautas marcadas por Julián Díez en su Antología para Minotauro, con una memoria más formal, o por el propio Santiago en la primera (y última) antología de Los premios Ignotus, con un texto más vivencial (e informal). Sin embargo, ambos van al pie y en menos de 30 páginas tocan el por qué la califican de Edad de Oro, qué fue lo que la propició, qué temas se tocaron, dónde se publicó todo, por qué terminó, los autores elegidos, los que se quedaron fuera… Una nube de cuestiones en la cual ambos se mojan no sólo en los nombres. Apuntan personas que podrían haber estado dentro y se han quedado fuera; discuten la primacía de la cf al inicio para dar después paso al terror; recuerdan las publicaciones de aquel período…

El tono es serio, con ocasionales muestras de humor (y guiños; reto nombrar a Doc Smith superado). A veces el discurso apunta a excesivo “bienqueda”, con abundantes listas de personas y publicaciones como con temor a dejar nombres sin mencionar. Pero siempre con el compromiso de apuntar melones que darían para investigaciones de profundidad… si alguien estuviera interesado en ello.

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A punta de espada, de Ellen Kushner

A punta de espadaLas historias de capa y espada tuvieron su momento y resulta complicado que vuelvan. Los tiempos oscuros de una edad media reformulada parecen más apreciados para las habituales luchas por el poder en los que se mueve la fantasía, sin espacio para ciertas miradas ilustradas al campo de la política o la perspectiva sobrenatural. Dejando a un lado Las mentiras de Locke Lamora, quizás la obra más conocida llegó a España con dos décadas de retraso; se publicó en EE.UU. en 1987 y tardó aproximadamente veinte años en traducirse.

Su título y esta entradilla pueden resultar ligeramente engañosos. Aunque los combates a espada, su aprendizaje y su utilización para dirimir disputas más allá del simple honor, tienen importancia en el argumento de A punta de espada, en sus páginas apenas hay un puñado de duelos. Su argumento tiene más que ver con las desavenencias entre los diferentes nobles que buscan hacerse con los puestos más decisivos en el control de una ciudad y del estado del cual es capital. Así, en general, porque Ellen Kushner decide no entrar en demasiados detalles de albañilería de mundo, dejando multitud de cuestiones detrás de las bambalinas. Una decisión de lo más acertada: mantiene una agilidad pareja al suspense sobre el cual trabaja.

Este es uno de los detalles que más puede disuadir al lector adicto a los escenarios y atrezos rococós. Aunque el lugar narrativo en el cual se desarrolla A punta de espada no parece ser el nuestro, los elementos de los que hace uso lo sitúan como un mundo primario con alteraciones mínimas que, sobre todo, afectan a cómo los mencionados duelos se convierten en un mecanismo de acción política en La Ciudad. Una urbe cuya estructura jerárquica, surgida de la revolución que condujo al final de la monarquía, grita a todo pulmón serenísima república. Su organización se sostiene sobre una oligarquía de nobles que hacen y deshacen a su antojo a través de un delicado equilibrio. A la vista ejercido por un pequeño consejo y diferentes cargos electos, y bajo la superficie mediante unos niveles de confabulaciones que permiten la contratación de espadachines para retar a personalidades y poner en solfa sus políticas, llegando a quitarles de en medio.

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Un club de lectura como herramienta revitalizadora de una tertulia

Lecturas del club

Una de las mejores ideas que hemos llevado a cabo en la tertulia de Santander ha sido mantener un club de lectura desde 2014. Cada mes elegimos un libro con la vista puesta en comentarlo para la siguiente tertulia. Ciencia ficción, terror y algo de fantasía se turnan entre las elecciones en un intento de equilibrar las diferentes almas de los que asistimos con regularidad. Al final tu esfuerzo se contrapesa el mes siguiente con el de otro y se alcanza un cierto quorum: que nadie se descuelgue porque no se tienen en cuenta sus gustos; que cada uno pueda contribuir desde su visión de un terreno, el fantástico, enorme, inabarcable.

Esta flexibilidad en la selección, con algunos “vetos” difíciles de argumentar para quien no forma parte de las deliberaciones (evitar las series; mantener al mínimo las colecciones/antologías de relatos; buscar sobre todo libros de las últimas dos décadas, limitando la selección de libros previos a los años 80 del siglo pasado; no ir a extensiones mayores de trescientas páginas), mantiene la implicación hasta el punto de que se pueden contar con los dedos de una mano los gatillazos. La calidad de las discusiones varía en función de la obra elegida, la inspiración de los participantes, el nivel de detalle en que se entre… Lo esperable cuando no hay una persona asignada para conducir la discusión; una función que hemos evitado para no convertir una fuente de disfrute en una tarea.

Mirando atrás, el club ha dado un sentido a lo que nos empujó a juntarnos en marzo de 2004. Ese grupo de lectores de fantasía, ciencia ficción y terror que se reúnen el segundo sábado de cada mes tiene un momento para un diálogo algo más profundo del habitual intercambio de qué has leído, qué has visto, qué has jugado. Un arrojarse títulos sin orden ni concierto del que puedes sacar cosas en claro pero, en general, un tanto estéril.

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