Narradores fluviales, prosistas torrenciales y otros asuntos de ciencia ficción

…una necesidad de palabras de otro mundo.
Mariana Enriquez: Archipiélago

Trilogía de FundaciónLeyendo, hace nada, Lo que el viento se llevó, caí en la cuenta de algo que hacía tiempo que pensaba, y decidí ponerlo por escrito. Me di cuenta de este tema, de este rasgo en la escritura de algunos autores, y ahora, al ver que ya son un puñado en mi recuerdo, veo que quizá se trate de un fenómeno más extendido y, sobre todo, menos paradójico de lo que pensaba al principio y que, como digo, quizá no sea mala idea ponerlo por escrito.

El caso es este: hay escritores que, sin ser grandes estilistas, sin mimar el lenguaje ni pensar tanto en la palabra exacta, reveladora o sorprendente, tienen igualmente una prosa torrencial, arrolladora, de la que no te puedes escapar. Debajo de sus páginas hay un engranaje, activado por lo que en mi texto sobre Dune llamé, refiriéndome a Frank Herbert, el don de la narrativa, que conecta, o enlaza, con el propio engranaje de quien lee –que sin querer sonar cursi digo que llevamos dentro– y así se da el torrente de la ficción sin fin. Puesto en marcha, no para.

Son narradores fluviales.

Hay, en este puñado de narradores natos, una tendencia: algo que les impulsa a decir, a explicar, a describir, a pensar en situaciones y contextos y personajes, y hay algo, un algo que se me escapa y que no tengo muy claro que se pueda definir y asir, que hace de chispazo de esa maquinaria narrativa que llevan dentro y que, como no es algo racional, no pueden controlar y ese poder, desembridado, permea entonces la página escrita hasta llegar a quien lee por ósmosis, o, dicho de otra manera, por la transmisión de esa fuerza entre mecanismos afines.

Pienso, sí, en Herbert, pero mi constelación particular cuando pienso en estos talentos es la de Roberto Bolaño, Stephen King, Larry McMurtry, Mariana Enriquez, Margaret Mitchell y Karl Ove Knausgård. Seguro que podemos añadirle más nombres, a mi lista apresurada. Si repasamos sus obras, no veremos inmediatos fragmentos de prosa estelar. Los veremos, claro, tarde o temprano, en algún recodo de sus páginas, en alguna descripción particularmente atmosférica o evocadora, pero tardaremos. Lo que sí encontraremos a primera vista es una prosa arrasadora, vibrante, rica y viva, pero generalmente crespa y sin pulir, que transmitirá, o de la que se desprenderá –como un aroma– el don de la narrativa que nos arrastrará a mundos que no son el nuestro.

Si alguien dijera que sí son grandes prosistas, me parecería fantástico. Lo que digo es que, si lo son, lo son por talentos o méritos ajenos a lo que comúnmente nos referimos con la cosa –como de otro tiempo ya y que da risa– del grand style. Son capaces de sostener largas historias sin que decaiga la fuerza de su voz. De construir mundos enteros con personajes y situaciones que ocurren sólo en su imaginación, y hacer de ello un elemento cautivador. Son capaces de interesarte por lo que no te interesa.

Octavia E. ButlerTambién es cierto que cuesta mucho demostrar por qué alguien es un gran prosista, o identificar qué hace de alguien un gran prosista. ¿Por qué me parece Cormac McCarthy un gran prosista? ¿Por qué me lo parece Octavia Butler? Tendría que darle unas cuantas vueltas para decirlo bien.

Los autores que he enumerado son grandes prosistas en el sentido de que consiguen una prosa que tira de ti hasta cuando estás cansado, un ritmo de escritura que puede con tu pereza o con tu desconcentración, intermitente y distractora. Y eso es otro distintivo, si queremos verlo así, de la ‘gran prosa’. Pero ¿lo es?, ¿es gran prosa o es gran narración?

Es como si esos autores tuviesen un volcán en el estómago, y, disparada la apertura de sus historias, no pudiesen contenerlo (ni ganas, claro, ¿para qué se iban a frenar?). Como lector o como autor, ¿cómo te proteges de esa furia por decir? Y, por otra parte, ¿cómo paras eso para pulirlo con comparaciones increíbles, con adjetivos chocantes, con comas sinuosas, inesperadamente colocadas? No: es demasiada la víscera como para ir con cuidado, y así estos autores que no son, si comparamos páginas, los mejores estilistas, quizá sean, en cambio, los mejores prosistas entendiendo la prosa como ese aluvión, con oleajes y corrientes, que te arrastra hasta mucho después de terminada la lectura.

No son temas fáciles de argumentar, en cualquier caso.

Lo cual también me lleva a pensar, dicho sea de paso, en la condición de clásicos que tienen algunos libros, algunos autores. Si podemos decir que se puede, como creo que he –o como espero haber– demostrado, ser un gran narrador, un gran escritor, sin la necesidad imperiosa de ser un gran prosista –palabra siempre más amable y precisa que ‘estilista’–, podemos decir también que la toga del clásico a veces se la hemos colgado a gente que quizá no sea tan merecedora, que quizá no tenga el talento ni la voz de genio que justifique llevar esos ropajes.

Veamos. Pongamos un título que a todos y a todas nos puede parecer un clásico: la Fundación de Isaac Asimov. Me gusta la novela, esta fix-up imaginativa del futuro, y me gustan –más que ese libro– su secuela, algunos de sus cuentos y novelas, así como sus memorias, sobre las que escribí en su día para la Fancueva; las amo y las odio a partes iguales tal como decía aquel viejo epigrama de Catulo.

Aquí surgen varias preguntas, de todos modos. Cuando decimos que es un clásico, ¿queremos decir que es un clásico de la ciencia ficción, o un clásico a secas, digamos, uno que tiene ese estatus dentro y fuera del género? ¿Es útil hacer esa distinción? ¿No es contraproducente y, de hecho, criminalmente condescendiente decir que un libro es un clásico pero sólo dentro de los márgenes acotaditos de su género?

Parece que digamos que, como la ciencia ficción no puede producir nada más, este será nuestro clásico. O: ya que no tenemos un Joyce, nuestro puñado de clásicos serán estos. O: sin una Clarice Lispector entre nuestras letras, pues nada, nuestra brillante rareza en el tiempo será Fundación. Pues no. Asimov es un buen escritor, autor de páginas excelentes, de algunos cuentos memorables. Pero si queremos acudir a clásicos, a obras que campen a sus anchas por entre todos los nombres de la literatura, podemos citarlos sin tener que matizar que son ‘de género’ y sin complejo ninguno por añadirlos a la toponimia canónica.

La balada del café tristePorque si ponemos la novela asimoviana al lado de otras novelas norteamericanas que se publicaron ese mismo año de 1951, como El guardián entre el centeno o, en el orden de los libros de cuentos –dado que Fundación, como sabemos, es una fix up– como La balada del café triste, de Carson McCullers, ¿seguiremos pensando que es un clásico? ¿No le hacemos un flaco favor al género considerándolo así? (Y si a alguien no le gustan estos ejemplos, hay otros). Si ponemos al dulce Asimov al lado de Faulkner, ¿seguiremos diciendo que es un clásico, autor de clásicos? ¿Diremos que es un gran escritor?

No digo que tengamos que pasarnos la vida comparándonos con Montaigne, con Cervantes, con Shakespeare. Y tampoco digo que la literatura general (llamémosla, por un segundo, así), sea mejor que nuestro género. Digo que ya hay un corpus en la ciencia ficción que le puede hablar de tú a tú a esos Faulkner, a esos Kafkas, a esos Becketts, y que seguir pensando que Fundación es un clásico es valorar muy poco lo que es realmente un clásico o una obra de genio y de lo que es capaz de aportar, al acervo cultural, la ciencia ficción. Repito: es condescendiente. Parece que claudiquemos, y aceptemos como clásico algo que, releído, no es malo pero definitivamente no es una pieza de escritura como para emocionarse.

Y tanto puede ser un clásico El ruido y la furia como Fundación. Eso ya lo sabemos. Pero el estatus de clásico del primero viene dado por el valor literario de sus páginas góticosureñas, y el segundo, me temo, por una cuestión de sociología literaria, de la coyuntura que se dio entre un buen texto leído en un tiempo en que su difusión se pudo potenciar al darse en un momento de expansión del género. Si lo vemos como un clásico es porque el público lector estaba sediento de aventuras siderales, digo, y la relativa poca presencia de libros del género hizo que, por contraste, destacara Asimov y su Fundación del futuro lejano. Y eso es importante y hay que respetarlo, valorarlo, y hay que entender la importancia que tuvo. Pero con obras a mano que sí podemos calificar de clásicos literarios, sin tener que hacer la mención acomplejada del género al que pertenecen (obras de Bradbury, obras de Wells, obras de Vonnegut), ¿no es un demérito insistir en que una obra es un clásico sólo dentro del género? ¿No es un desprecio, en el fondo?

Si nosotros mismos tenemos que aclarar que su estatus se cumple sólo dentro del género, estamos, inconscientemente, siendo los primeros en infravalorar los logros de la ciencia ficción. Y estamos, a la vez, allanando el camino para que no se tenga en cuenta, para que se vea como algo menor. Ah, bueno, que es un clásico de la ciencia ficción, ya, vale, vale, para el que guste de estas cosas…. ¡Pues no! X libro de ciencia ficción es un clásico a secas, como los demás.

Hay que sacarlos a la intemperie, que pazcan con el resto.

Dudo ErranteLa definición de ‘clásico’ que da Borges en Otras inquisiciones está muy bien, pero si acudimos a estas obras no sé si es, como dice él, porque son capaces “de interpretaciones sin término”, o porque las hemos elevado a ese altar un poco faltos de imaginación y alternativas. Es despreciar las capacidades de la ciencia ficción. Bueno, para nosotros esto ya está bien, y por eso lo consideramos clásico. ¿Pero por qué? ¿No crees que seamos capaces de más? Como mucho, sería preferible decir que es un clásico posmoderno. ¿Acaso Dhalgren no es comparable a lo que sea? ¿No lo es Dudo Errante?

Lonesome Dove es una obra maestra absoluta. No un clásico ‘del western’. El nombre de la rosa, lo mismo, no un clásico ‘de la novela histórica’. ¿Diríamos, con esa contundencia, que Fundación (por decir una, que menudos palos se está llevando el por otra parte conocedor de sus limitaciones Isaac Asimov), es una obra maestra? Y ¿por qué algo que no resiste la comparación, ni el estatus de otras obras en la intemperie de la literatura, sí que es considerada como tal en la ciencia ficción?

¿No estaremos hablando del rey de la pecera?

¿No será conformarse con poco?

10 comentarios en “Narradores fluviales, prosistas torrenciales y otros asuntos de ciencia ficción

  1. Me encanta cuando se pone a Asimov en el lugar que le corresponde. Y ojo, que es uno de mis escritores de cf preferidos, directamente detrás de Heinlein (excepto en su etapa final-follatodo), pero al Papa lo que es del Papa.

  2. Creo que es un poco trampa comparar a Asimov con McMurtry. Se puede ser clásico de un género y no ser clásico de la literatura en su conjunto. Agatha Christie y W.R. Burnett son clásicos de la literatura policiaca, pero no de la literatura en su conjunto. No puedo poner ejemplos del western porque no lo conozco tanto.
    La crítica de cf en los últimos tiempos pone por encima de Asimov a otros autores que posiblemente sí sean clásicos de la literatura en su conjunto, como Le Guin o Lem, por dar dos ejemplos obvios. Yo desde luego sí defiendo a Le Guin y Lem ante Faulkner sin ninguna vergüenza.Y probablemente a tres o cuatro más, como mínimo.
    Asimov es muy importante en la historia de la literatura del género y vale la pena por muchas razones, esto no es un desdoro, sólo ponerle en su lugar. Además, también está la cuestión de la influencia en el mundo más allá de la literatura. En eso Asimov le da mil vueltas a Faulkner y es algo que tiene su propio valor.

  3. Sí, eso es lo que digo, que se puede ser clásico de un género y no de la literatura en su conjunto, que tanto lo puede ser ‘El ruido y la furia’ como ‘Fundación’. Lo que me pregunto es por la utilidad de esa distinción. Yo no veo grandes, grandes diferencias entre el talento de Dick y el de Kafka, por ejemplo. Y Asimov es importante en el género (como ya he dicho en varias ocasiones en esta página y, una vez más, en este texto), pero creo que elevar a clásico un texto que tiene tan pocos recursos (todo es diálogo), me parece conformarse con poco. El género es capaz de más, como bien sabemos. No tengo muy claro a qué te refieres con lo de “la influencia en el mundo más allá de la literatura”. A mí Faulkner -aunque no sé si te refieres a esto- me ha ayudado a entender (creo) la naturaleza humana, la miseria humana, bastante mejor que las páginas de Asimov.

  4. En cualquier historia de la literatura poilciaca verás que se citan y se recomiendan los grandes clásicos del misterio de habitación cerrada. En la reciente película de la serie Puñales por la espalda se destaca El hombre hueco de John Dickson Carr, pero tradicionalmente también se menciona El misterio del cuarto amarillo de Gaston Leroux como el primer gran referente. Yo he leído ambas y son bastante peñazo. No pasables, poco memorables como Asimov: sino anticuadas y aburridas, mucho más pulp que Fundación. Peeero… En su categoría de novela-problema son ingeniosas. ¿Para qué sirve que se las considere clásicos en su ámbito reducido? Para que algún espectador de Puñales por la espalda tenga interés por conocerlas un siglo después.
    Yo no menospreciaría los “clásicos de género”, ni me pregunto para qué sirven: informan a lectores interesados de forma específica, de igual forma que el mejor jugador de tenis de mesa no es uno de los mejores deportistas del mundo, pero sí puede ser un espectáculo disfrutable para los seguidores del tenis de mesa.
    Una excelente misión para la crítica especializada de cualquier ámbito es ser capaz de distinguir qué obras tienen también el rango de clásicos de la literatura, de recomendables para lectores no atraídos esencialmente por el género y con cualidades más allá de las ligadas propiamente a las características del género. En cine es bastante obvio: 2001 es un clásico del cine, Star Wars un clásico del cine de ciencia ficción, o de aventuras, o como quieras. Yo puedo disfrutar las dos, pero entiendo que la segunda no guste a todo el mundo, ni tiene por qué. Y es un clásico a su manera, para su gente. Esa referencia es útil para depende quién.
    Por eso en la crítica de ciencia ficción hemos pecado de paternalistas y nos hemos cerrado puertas: por no saber distinguir entre los dos ámbitos.
    En cuanto a la influencia de Asimov, justo he escrito algo al respecto, supongo que ya aparecerá en algún momento.

  5. Sí, sí, entiendo lo que dices… Pero bueno. Yo supongo que sí me pregunto para qué sirven esas distinciones. Es decir: sé que son útiles y sirven para informar, pero no sé si en el fondo son contraproducentes, como digo en el texto. Por otro lado, creo que apuntas algo interesante -interesante precisamente porque no estaremos enteramente de acuerdo, y ahí está la gracia de la crítica- cuando dices lo del jugador de tenis de mesa, que jamás será el mejor deportista del mundo. ¿Por qué no? Si el tenis de mesa es uno de los deportes que se practican en este universo mundo en que vivimos, ¿por qué no podría ser considerado el mejor? La respuesta creo que se debe más a la difusión y por tanto al lucro que se le puede sacar más que al deporte en sí (a la cf, volviendo a nuestro querido género). Lo mismo con Star Wars. No veo ningún problema en considerarla un clásico a secas, tal como se considera 2001.

  6. Son contraproducentes si el género no es capaz de distinguir qué obra es clásica a cada escala. Si la diferencia está clara, son visiones complementarias y enriquecedoras.
    El ejemplo del jugador de tenis de mesa: por supuesto que un jugador de tenis de mesa puede ser uno de los mejores deportistas del mundo. El hecho es que en general no lo es. Si un jugador de tenis de mesa sumara logros historicos (ganar equis campeonatos consecutivos, conseguir visibilidad pública con novedades técnicas espectaculares, lo que sea) entonces sí lo será. Pero entretanto si simplemente es un campeón en lo suyo su rol es más limitado, será apreciado por quienes disfruten ese deporte. En ese contexto será un héroe, pero resultará difícil ponerle al lado de otras figuras, aunque sea simplemente porque compararle en términos físicos (que vendría a ser el equivalente al estilo en literatura) y no solo de rendimiento económico resulta perjudicial.
    Personalmente no creo que Star Wars sea un clásico del cine como arte, no. Y me la he visto equis veces, e igual ya me vuelve a tocar. Y no por ser una historia de aventuras, sino por sus defectos. Creo que El señor de los anillos posiblemente sí es un clásico del cine.

  7. Yo creo que sé distinguir cuándo una obra es clásica dentro del género, y cuándo lo es a secas, en general, y sin embargo sigo sin creer que la distinción sea tan útil. Me suena a condescendencia cuando decimos que ‘Fundación’ es un clásico, como si nos conformáramos con poco, como digo en el texto. Decir que Tal libro es clásico sólo dentro del género lo veo interesante si uno se esfuerza en explicar por qué, o en qué sentido, lo es, para que quien lea, que quizá, si es ajeno al género, no lo sabe, de repente entienda ante qué tipo de texto está, y que si lee ‘Fundación’ leerá, efectivamente, un texto importante en la tradición (aunque literariamente pobre). Esto no ocurre muy a menudo. Este matiz, por pereza o por lo que sea, nos olvidamos de aportarlo. Pero si diéramos ese matiz, este contexto para entender mejor por qué decimos que X obra es un clásico, igual se diluiría un poco esa concepción del libro en favor de una verdad más precisa, más exacta, de su estatus en el megatexto de la ciencia ficción. Quizá hay que redefinir las cosas.

    Sobre el ejemplo que pones. Ahora creo que me ha quedado más claro. En tu comentario anterior (me) parecía que decías que el tenis de mesa no podría dar un gran deportista (el mejor), como si ya fuese un deporte intrínsecamente menor que el resto. Sí, yo creo que todo depende del talento individual. Si además hay una estructura, un público, una red de difusión para que ese talento se propague, mejor.

    Y sobre Star Wars…. es posible que yo también las tenga que volver a ver. Y estoy de acuerdo: ‘El señor de los anillos’ me parece un clasicazo y además ejemplo de gran cine de acción, y lo digo desde fuera del género de la fantasía (dado que no es lo mío). Quizá por eso se considera como tal, porque se acaba erigiendo en clásico para gustos afines y ajenos. ¡A saber!

  8. La cuestión es que la idea de fondo, el impacto que me causó como lector joven y el legado que deja Fundación dentro del seno del género sí me parece suficiente para considerarla un clásico. ¿Que sea poca cosa leída hoy, por alguien que llegue a ella de nuevas? Bueno, es posible, pero lo demás sigue intacto. Es en este punto en el que no estamos de acuerdo

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