Los (otros) 10 mejores libros de ciencia ficción del siglo XXI

Amazon Zon Zon

Ya lo he contado alguna vez. Cuando limpio el kippel de mi ordenador, cosa que hago de Pascuas a Ramos, me suelo encontrar con textos jugosos que guardé en su día y que al poco desaparecieron de mi memoria. Pues bien, el olvido del artículo que finalmente ha dado origen a este texto es un caso especial. Su lectura provocó que me viera obligado a escribir instantáneamente una suerte de reflexión personal, casi un manifiesto con carácter contestatario. Lo acabé abandonando por no meterme en guerras absurdas en un momento en el que andaba bajo de ánimo por asuntos de índole personal. Al reencontrarme con él, casi un año después, he creído que contenía los suficientes puntos de interés y utilidad como para someterlo a una reelaboración. Aunque, para ofender al menor número de lectores posible, he eliminado las partes más polémicas.

Bajo el título “Los 10 mejores libros de ciencia ficción del siglo XXI”, el diario El Confidencial publícó en julio de 2020 una lista de recomendaciones literarias que les invito a leer antes de continuar. Aunque el artículo se encontraba dentro de la sección de Cultura, el contenido parecía elaborado con un espíritu claramente comercial, sospecha corroborada por la presencia de la palabra Amazon al principio del epígrafe. El caso es que encontré muchos puntos de interés en ese artículo, más que por las recomendaciones en sí, porque identifiqué en él algunas de las cosas que me habían estado rondando la cabeza durante los últimos años, pues hacía hincapié en una actitud del aficionado que se ha ido agudizando de manera notable en estos últimos años.

En realidad, a pesar del rimbonbante título del artículo, al que dan ganas de añadir entre paréntesis un evidente “hasta el momento”, esta lista recomienda diez libros que en España han sido o bien publicados por primera vez o bien reeditados en formatos más lujosos exclusivamente -y esto es lo reseñable- en sólo una de las décadas del siglo XXI, la segunda para ser concretos. La sensación de que se buscaron publicaciones recientes, fueran novedad o reedición, es inequívoca. De hecho, si uno coteja la lista con los libros presentes en la sección de ciencia ficción de cualquier librería importante, parece una wishlist de novedades de los últimos años que poder adquirir en el acto.

Carbono modificadoLa lista cuenta con siete libros escritos entre 2009 y 2020. Más el de Cixin, escrito en 2006 pero publicado por primera vez en España en 2019. Con Carbono modificado, que fue publicado en 2002 como Carbono alterado pero reeditado con el título por el que se le nombra en 2016 y 2020. Finalmente, hay también una antología publicada en 2001 que contiene cuentos de la década de los 90 del pasado siglo y que fue reeditada en tapa dura en 2017. Casi todos los títulos se corresponden con series, un montón de libros para comprar. Como detalle complementario, en el listado están representadas casi todas las editoriales importantes del género. Se trata, claramente, de un artículo que intenta pescar compradores, y desde ese punto de vista es irreprochable. Pero he aquí la pregunta. Esta lista, con su ninguneo a la anterior década, ¿obedece a canon? Es decir, ¿es sólo válida como producto de marketing o es realmente representativa del sentir general?

Por lo que he visto, y este es el quid de la cuestión, creo que su contenido también parece corresponderse con la percepción de gran parte de los aficionados y/o fandomitas actuales. Los comentarios que leí en su día en las redes sociales parecían no estar muy descontentos con el contenido, no le chirriaba excesivamente a nadie. En realidad, lo más granado de la segunda década de este siglo está bien representado. La lista es una colección de Hugos, Nebulas y Locus y de los libros con mayor presencia en prensa, blogs y foros de internet, no sólo en las mesas de novedades. Recuerdo que leí las reacciones y la gente discrepaba en la presencia o la falta de esta o aquella novela (propuestas también de estos últimos diez años), pero en general sin alzar mucho la voz como sí ha ocurrido en otras ocasiones, así que se podía concluir que, para la mayoría, este artículo daba una aproximación atinada de lo mejor que ha ofrecido la ciencia ficción durante el siglo XXI.

Obviamente, no he leído todas las novelas de la lista y no puedo, por tanto, poner en duda su calidad. De hecho, doy por sentado que son buenas novelas, que alguna será incluso extraordinaria, vistos los premios acaparados y el ensalzamiento en algunas reseñas. ¿Pero hasta el punto de borrar, de hacer que se haya olvidado lo escrito en la primera década? ¿Son todas y cada una de esas obras mejores que, pongamos el ejemplo que a mí me parece más claro, La carretera de Cormac McCarthy? ¿Todas ellas? Tengo problemas para creerlo, especialmente porque, y esto es lo que centra mi reivindicación, las obras escritas en la primera década me parecen extraordinarias, alguna incluso histórica. Y es que en la primera década del siglo se alcanzó por fin la tan anhelada aceptación exterior, la normalidad, algo que la ciencia ficción llevaba cien años persiguiendo, un hito al que, parece ser, se ha decidido darle la espalda. La última hornada de aficionados, y me remonto a los últimos 10 años, está afectada en gran parte por una alarmante dependencia de la novedad y un correspondiente desinterés por el pasado. Incluso por el pasado más reciente, el anterior a la Revolución. Más grave aún es lo de algunos aficionados veteranos que, tras varias décadas en esto, ni han logrado ni van a lograr quitarse el nacionalismo de gueto de encima.

¿Cuáles son los motivos de este soterramiento del pasado? Bien, me temo que esta es la parte autocensurada del artículo, pero basta haber tenido los ojos abiertos estos años y un poco de reflexión para elaborar una teoría propia. Afortunadamente, en los últimos tiempos parece resurgir un verdadero interés aquí y allá, y el factor más determinante en este olvido de la historia (incluso reciente) del género comienza a pisar el freno y normalizarse poco a poco. Así que, para quienes se quieran aventurar en las plácidas aguas de la vieja ciencia ficción, he elaborado yo esta lista de obras que ya se consideran antediluvianas con apenas 15 años. Como pequeño juego de revancha, presento “Los 10 mejores libros de ciencia ficción del siglo XXI” con la misma actitud que mostraron los responsables de la lista homónima publicada en El confidencial. Sólo van obras publicadas en la primera década. Si alguien considera que es un disparate porque faltan imprescindibles de la segunda década y ésta también pertenece al siglo XXI, enhorabuena, ya sabe lo que sentí yo al leer el articulo en el periódico. Ahí va una de sesgo inverso. Aconsejo, eso sí, no abandonar el texto tras las recomendaciones, pues, como marvelita de pro, he colocado en el postcredit  lo mollar de este artículo. He aquí mi propuesta:

 

Nunca me abandonesNunca me abandones. La gota que colmó el vaso en la obra de Kazuo Ishiguro, la novela que animó definitivamente a la Academia sueca a concederle el premio Nobel de Literatura. Los alumnos de Hailsham son educados en la resignación. Son clones cuya finalidad en la vida no es otra que la de servir como repuestos de órganos al individuo original. El lector acompaña a los jóvenes protagonistas de la novela en el descubrimiento e ineludibilidad de su condición vital, del amor, el destino y la muerte.

Con el espíritu de algunos grandes temas de la ciencia ficción en su trasfondo, Nunca me abandones se emparenta con la Ursula K. LeGuin de “Los que se alejan de Omelas”, una utopía de la mayoría posibilitada por el sufrimiento de unos pocos, y con el Blade Runner cinematográfico, abordando nuestra resignación ante la inevitabilidad de la muerte a través del espejo que representa el destino de estos clones, igual que sucedía con los androides creados por Philip K. Dick, condenados en la película a vivir tan sólo cinco años.

El logro literario de esta novela reside principalmente en su capacidad para trasladar al lector los sentimientos de fatalidad y tristeza propios de los personajes, de hacerle dirigir la mirada hacia la propia condición mortal y la callada resignación con la que todos la llevamos con nosotros.

 

La mujer del viajero en el tiempoLa mujer del viajero en el tiempo. La primera novela de Audrey Niffenegger funciona como un bello y magnífico artefacto de relojería. Estructurada en múltiples saltos temporales, va desarrollando la trama mediante los pensamientos y vivencias de la pareja protagonista en una narración alternante en primera persona. El personaje masculino padece una extraña enfermedad temporal que le hace viajar involuntariamente a distintos puntos de su vida. Los momentos con su amada no respetan la linealidad cronológica y su relación se desarrolla, por tanto, en desordenados encuentros temporales en los que ambos tienen edades distintas, algunas veces incluso en extremos opuestos.

La maestría en el relato de tan complicada narración se extiende al maravilloso tratamiento de personajes y a la creación de una historia que adquiere profundidad merced a la descripción casi costumbrista de los sinsabores y pequeñas complejidades de la vida en pareja. Todo está tan bien medido que el final tiene un contundente efecto emocional en el lector. Es una lectura de una amenidad sorprendente que deja un regusto a buena literatura y que, cabe destacar, no comete esas incoherencias casi siempre presentes en las historias de viajes por el tiempo.

 

AccelerandoAccelerando. Aunque el nombre de Singularidad Tecnológica se lo debemos al escritor norteamericano Vernor Vinge, fue otro autor de ciencia ficción quien hizo el mejor uso literario del concepto en Accelerando, una novela que conduce la narración aceleradamente, sincronizando con gran pulso el tempo entre fondo y forma.

Se trata de un fix up en el que se desarrolla la expansión de la Humanidad en el Sistema Solar en los próximos cien años. La creación de la inteligencia artificial provoca un desarrollo exponencial de la tecnología que lleva a la raza humana a colonizar el sistema hasta sus mismos límites en apenas un siglo.

Bajo el caparazón de la ciencia ficción dura, Charles Stross introduce una cantidad de conceptos asombrosa, que no solo disparan el nivel especulativo en el campo de las ideas, sino también en el de la crítica socioeconómica. En la acelerada expansión, el capitalismo neoliberal, al mando de la Humanidad, es llevado hasta sus lógicas consecuencias. Humor, crítica, especulación y hard sf en un libro escrito con un estilo que se ajusta como un guante a lo que cuenta. Un vistazo al futuro de la interconexión en una sofisticada fábula postciberpunk.

 

La chica mecánicaLa chica mecánica. Un prodigio de la ambientación literaria, un extraordinario ejemplo de que el escenario, cuando añade excelencia, es suficiente para hacer memorable una novela.

Paolo Bacigalupi mezcla el colonialismo decimonónico, los avances en genética y la burbuja alimentaria, le aplica una atmósfera retrofuturista, lo sitúa todo en el Tercer Mundo, añade malvadas corporaciones, una androide en fuga y agita la coctelera. El resultado es una historia en la que pesa más el dónde que el cómo, un relato que transporta al lector a un futuro cercano con reminiscencias del pasado.

El entorno, la construcción de personajes y la arquitectura narrativa se bastan por sí solos para producir un efecto de exotismo y fascinación que, unidos a la sencillez de la trama, hacen que el libro se experimente más como un presagio, como el telediario de un presente a la vuelta de la esquina, que como ficción. Una obra que podría considerarse past near future si algo así existiera.

 

LuzLuz. La gran novela de la ciencia ficción intramuros de estos últimos veinte años. Por estilo, por originalidad, por ambición y por calidad literaria. Con una escritura esplendente, M. John Harrison cocina una amalgama de subgéneros y mainstream y crea un plato nuevo.

El Canal Kefahuchi es una brecha abierta en el espacio-tiempo. A su alrededor se han ido amontonando a lo largo de milenios los restos abandonados por civilizaciones que fracasaron en sus intentos por comprenderlo. Tres humanos se verán arrastrados por su influencia y la de un ser oculto hasta converger en un sorprendente desenlace.

La space opera, el ciberpunk y el relato de científico, subgéneros troncales de la ciencia ficción, se entreveran con la historia de un asesino en serie y pivotan alrededor de una hard sf particular, sustanciada en otro subgénero, el de artefacto, pero sin artefacto. Física al borde de lo espiritual, un auténtico Picasso genérico que transcurre en escenarios descritos con un gran poder de atracción y que, por si fuera poco, sobresale especialmente en el tratamiento de los personajes.

 

La edad de oroLa edad de oro. Desde el propio título, John C. Wright se sumerge en el acervo del género y crea una historia de ciencia ficción clásica de lectura absorbente, un romance científico pleno de diversión y lleno de referencias. Utilizando la herencia de nombres ilustres elabora una aventura que no da descanso, en un futuro imaginativo y repleto de maravillas.

Es la Ecumene Dorada, situada medio millón de años en el futuro, donde la tecnología hace posible la percepción de la realidad a la carta, la transformación corporal y todo tipo de comodidades. En esa sociedad acomodada, el amnésico Faetón de Radamanto busca su memoria y, sin más pruebas que su instinto, a la manera del antihéroe randyano, combate sin descanso y por pura autoconvicción contra un Estado de consenso para cambiar el statu quo.

El punto débil de esta novela es que se trata de la primera entrega de una trilogía y, por tanto, deja la acción inconclusa. Desgraciadamente, las continuaciones no rayan a la misma altura, amén de estar cargadas de un contenido político que en este primer libro, afortunadamente, solo se adivina. No obstante, el nivel es tan alto en este primer libro que lo coloca entre las mejores obras de ciencia ficción del siglo XXI.

 

Los juegos del hambreLos juegos del hambre. La novela responsable de que los jóvenes primero y los adultos después se pusieran a leer distopías como locos. La trilogía que convirtió un subgénero de la ciencia ficción en un atractor principal de librerías y salas cinematográficas. Al socaire de la obra de Suzanne Collins, una inusitada cantidad de novelas y series pertenecientes al género invadieron el campo del young adult y permearon la literatura de consumo en todo el mundo de forma trascendental.

Katnis Everdeen se ve obligada a participar en los Juegos del Hambre, un espectáculo mortal organizado anualmente por un estado tiránico, una estrategia con la que aliviar la tensión en los distintos distritos y aplacar posibles semillas de rebelión. Involuntariamente, Katnis se verá inmersa en el centro de una revolución que intentará acabar con un sistema que se adivina cíclico. En el extremo opuesto de lo que se ha convertido en usual, Katniss es una antimesías, la antielegida.

La trilogía entera se configura como una de esas raras obras que provocan cambios y crean nuevas tendencias. Una serie de trasfondo político que dejó su sello en la literatura y el cine planetarios.

 

La piel fríaLa piel fría. La novela española de la ciencia ficción, una historia con referentes decimonónicos que recuerda a Lovecraft y Verne en la peripecia y a Conrad en la capacidad de transmitir segundas lecturas. La obra de Albert Sánchez Piñol es una aventura narrada linealmente con sencillez, a la vieja usanza, pero que simultáneamente propone lecturas internas para la reflexión.

En una isla remota cercana al círculo polar, el antiguo farero y el hombre que ha de darle el relevo luchan contra una especie de humanoides anfibios que salen del mar al llegar la noche. El protagonista acabará descubriendo la causa de sus ataques, una hembra de esa extraña especie raptada por el farero, y se verá obligado a enfrentarse a su congénere y, principalmente, a sí mismo.

Una novela amena, adictiva y con un mensaje universal. Un tratado sobre la alteridad y la animalización del otro de absoluta relevancia en nuestro presente.

 

La carreteraLa carretera. La obra mayor de la ciencia ficción en lo que va de siglo. Cormac McCarthy, eterno candidato al premio Nobel, ganó el Pulitzer con una novela postapocalíptica sobria, escrita desde la economía estilística y la maestría. Sin signaturas, con frases cortas y un empleo de adjetivos medido al milímetro, espejo de la desnudez paisajística y emocional que describe, la novela del norteamericano tiene una contundencia y logra un calado raras veces vistos.

Un padre y su hijo recorren la tierra desolada bajo un cielo ceniciento en busca del mar, intentando sobrevivir al frío, el hambre y al enemigo más peligroso: el propio hombre. En un mundo derruido, ellos son los portadores de la llama, el último signo de civilización y esperanza de una Humanidad que se ha sumido en el salvajismo.

Literatura con mayúsculas, la prueba de que las temáticas de la ciencia ficción pueden ser sublimadas cuando hay talento. El libro con el que silenciar a quien dude de las posibilidades artísticas y la calidad del género.

 

PlopTrilogía de la devastación. La muerte de Rafael Pinedo fue una tragedia para la ciencia ficción. Toda su obra publicada se compone de un solo cuento, “Laberinto”, y de tres novelas que conforman la trilogía aquí citada. Novelas que además, por su longitud, podríamos denominar cortas. En menos de 500 páginas, Pinedo dejó la mejor obra postapocalíptica que se haya escrito en castellano.

Plop, Frío y Subte están escritas desde el despojamiento, la narrativa empleada es un espejo de los mundos que describe. Poco queda de la civilización en ellos. Son paisajes descarnados en los que el ser humano es reconocible únicamente por la capacidad de supervivencia, nexo común de los tres relatos.

Preguntado por el sentido de estas narraciones, el autor hablaba de la destrucción de la cultura. Leyendo estos libros, podría decirse que quizás llevó el concepto demasiado lejos. Pocas veces el subgénero postapocalíptico se ha mostrado tan radical; pocas veces la ciencia ficción se ha mostrado tan extrema.

 

Ahí están. Son sólo diez ejemplos de obras magníficas escritas en el siglo XXI. Dadas de lado por el mencionado diario y bajo el polvo para el aficionado, no estaban, sin embargo, ocultas, no he tenido que escrutar y rebuscar con mucho esfuerzo. De hecho, podría incluso confeccionar otra lista entera con obras del 00 que también flirtean con la excelencia. Podría añadir, con absoluta convicción, libros como Mundo espejo, de William Gibson; La conjura contra América, de Philip Roth; Las confesiones de Max Tivoli, de Andrew Sean Greer; El último día de la guerra, de Christopher Priest; El atlas de las nubes; de David Mitchell; La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq; Leyes de mercado, de Richard Morgan; Kafka en la orilla, de Haruki Murakami; El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán, o Fin, de David Monteagudo.

La ciudad que nos unióEl problema no es que una lista confeccionada para vender ignore toda una década, el problema es que una gran parte de los aficionados puedan encontrarla representativa. El interés casi exclusivo por las temáticas de la Revolución y una suerte de síndrome FOMO han borrado el pasado. La expectación que despierta la novedad siempre ha existido, pero ahora ha crecido hasta convertirse casi en necesidad. Casi no hay tiempo ni ganas de reflexionar sobre el curso del género, de mirar al pasado, ni siquiera a un pasado a diez años de distancia. La gran tragedia es que durante la primera década ocurrió algo crucial y que se ha enterrado con una displicencia y desinterés absolutos, la consecución de un logro perseguido durante un siglo: la aceptación y normalización del género fuera de sus fronteras, la integración de la ciencia ficción en la literatura de prestigio.

Esto no es sólo una reivindicación de aquellos libros, que también, es un recordatorio de que en el segundo lustro del siglo XXI por fin ocurrió algo que debería haberlo cambiado todo. Y sin embargo, sólo lo cambió de muros afuera. Dentro, todo sigue igual. Gracias a aquella normalización, cientos de libros de ciencia ficción son escritos anualmente por escritores que no han partido de los criaderos del género. Pequeñas y medianas nuevas editoriales que presentan diseños y conceptos  sofisticados deben su existencia a la pesca en los caladeros no visitados por el fandomita, a obras que ni siquiera aparecían en su radar. Las grandes editoriales como Tusquets, Seix Barral, Mondadori o Alfaguara sorprenden con novelas de ciencia ficción cada mes. Anagrama se ha convertido estos años en una de las editoriales más importantes para la ciencia ficción. Han publicado decenas de obras pertenecientes al género. Decenas. Ninguna o casi ninguna ha traspasado el muro, sin menciones, sin reseñas, sin presencia en los premios ni en las listas. La diferencia entre los candidatos del festival Celsius y los de los premios Ignotus es casi un síntoma en sí misma.

Klara y el sol se vende como cfMientras que en las editoriales generalistas se publican obras de ciencia ficción ganadoras de premios Pulitzers, Bookers o Goncourts; mientras que en las editoriales generalistas se publican nombres como Kelly Link o Michael Chabon o Namwali Serpell o Hervé Le Tellier o Michel Houellebecq; mientras que en las editoriales generalistas se publican incluso premios como el Arthur C. Clarke, el Hugo o el Nebula, en el gueto se mira de reojo. Anagrama publicita la nueva novela de un premio Nobel, Kazuo Ishiguro, como “una historia de ciencia ficción que indaga en lo que nos hace humanos” al mismo tiempo que en la colección Nova anuncian a N. K. Jemisin en la portada de su antología como “la autora de ficción especulativa más premiada de la actualidad”. Aún se publican artículos de opinión en blogs y diarios y se leen lamentos en foros y redes denunciando el ninguneo de la ciencia ficción. Es tremendo.

Lo que sucedió en la década anterior, cuyos efectos están en todas partes, no parece haber tenido efecto dentro de las murallas. Como la trastornada Penélope a la que cantó Serrat, el aficionado a la ciencia ficción anheló el reconocimiento y la inclusión en la gran literatura durante tanto tiempo que, cuando estos por fin llegaron, su respuesta fue “tú no eres quien yo espero”. Nos hemos instalado en un punto en el que muchas de las mejores obras del género en los últimos tiempos se escriben, como era de esperar, fuera de sus dominios. Ahí arriba, entre la lista de El Confidencial y mis recomendaciones, se mencionan los títulos de 30 obras resplandecientes de la ciencia ficción de este siglo. Quien quiera obtener una impresión más completa de lo que han dado estos veinte años en nuestro amado género, que les eche un ojo. Todas pertenecen a la ciencia ficción, todas publicadas dentro de este siglo. Todas ellas. Deberían tenerse en cuenta de igual modo.

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