La segunda novela de Ekaitz Ortega seguramente desconcertará a los lectores de Mañana cruzaremos el Ganges. Aunque mantiene ese acercamiento costumbrista a su argumento y sus personajes, La hipótesis esconde una historia en apariencia más sencilla, todavía más apegada a nuestra realidad. Como indica el texto de cubierta trasera, propio de Azcona y Berlanga, aunque también recuerda a un cruce entre Rafael Chirbes y Santiago Lorenzo.
Máximo es un hombre avejentado que sufre un asalto en su comercio de barrio. Durante su recuperación se ve asediado por un cierto sentimiento de culpa, la indefensión y la incertidumbre: no vio a su asaltante, no se robó nada de la tienda, nadie parece estar interesado en investigar el ataque. Recuperado físicamente, abandona su trabajo, vende el local, acoge en su piso a la hermana de su mujer recién separada de su marido… Por arte de birlibirloque, el evento ha transformado su vida radicalmente. Para arrojar luz contrata a Martos, un guionista, con el objeto de plantear posibles explicaciones al ataque. En los diferentes encuentros entre Máximo y Martos y en los textos que este escribe se establece el discurso de La hipótesis: la relevancia de los mecanismos de la ficción para alcanzar lo “real”.






En Lago negro de tus ojos (ed. Runas) hay una misteriosa laguna que conecta con un lugar remoto del sistema solar. Contemplarla es hermoso y sobrecogedor al mismo tiempo. Su existencia es un enigma repleto de paradojas. Las tomografías revelan que su profundidad es uniforme, pero la masa de agua carece de fondo. Es imposible saber lo que hay en el interior y las imágenes que refleja su superficie son engañosas. Así, exactamente igual que la laguna alienígena descrita en sus propias páginas, es la última obra de Guillem López: oscura, desasosegante, atrayente e imposible de aprehender en su totalidad.
Del
El formato puesto en marcha por Runas para publicar novelas breves me despierta sentimientos encontrados. Me resulta incomprensible para títulos como