La hipótesis, de Ekaitz Ortega

La hipótesisLa segunda novela de Ekaitz Ortega seguramente desconcertará a los lectores de Mañana cruzaremos el Ganges. Aunque mantiene ese acercamiento costumbrista a su argumento y sus personajes, La hipótesis esconde una historia en apariencia más sencilla, todavía más apegada a nuestra realidad. Como indica el texto de cubierta trasera, propio de Azcona y Berlanga, aunque también recuerda a un cruce entre Rafael Chirbes y Santiago Lorenzo.

Máximo es un hombre avejentado que sufre un asalto en su comercio de barrio. Durante su recuperación se ve asediado por un cierto sentimiento de culpa, la indefensión y la incertidumbre: no vio a su asaltante, no se robó nada de la tienda, nadie parece estar interesado en investigar el ataque. Recuperado físicamente, abandona su trabajo, vende el local, acoge en su piso a la hermana de su mujer recién separada de su marido… Por arte de birlibirloque, el evento ha transformado su vida radicalmente. Para arrojar luz contrata a Martos, un guionista, con el objeto de plantear posibles explicaciones al ataque. En los diferentes encuentros entre Máximo y Martos y en los textos que este escribe se establece el discurso de La hipótesis: la relevancia de los mecanismos de la ficción para alcanzar lo «real».

Máximo vive este proceso de indagación desde un disgusto creciente. Es divertido ver cómo este hombre gris y apocado se enfrenta a las primeras escrituras para descubrir un argumento de género que le descuadra por completo; por no encontrar lo que estaba buscando, por el tono en que está escrito y por observar su mediocridad a través de una mirada ajena. Sin embargo, a cada nueva iteración, acompañada por diversas facetas de su vida cotidiana a los que comienza a prestar atención, define mejor esta senda tortuosa y alienta su despertar.

El suceso más evidente que se realimenta con la imaginación de Martos viene por los ruidos que, varias noches, escucha desde la habitación de su cuñada; una duda que le asedia y se acrecienta cuando esta inicia su propia relación con Martos. También está el vínculo quebrado con su mujer, un alejamiento del cual cobrará conciencia con los cambios en las dinámicas del día a día, nuevos hábitos durante los cuales el trabajo ya no es la ocupación central. Esta «iluminación» se afronta entre el drama y la comedia de costumbres, alentada por el contexto en el cual se desenvuelve Máximo: un barrio de clase trabajadora cuya descripción se afronta desde una mesura ejemplar; sin evitar las situaciones más peliagudas de la desigualdad económica, pero sin arrojarse a tremendismos ni simplificaciones. Este caldo de cultivo ayuda a digerir la carga cruel detrás de La hipótesis.

Los textos de Martos ocupan un lugar central y, en sus diferentes variaciones, van cerrando el foco sobre Máximo y el lector. La estructura me parece perfectamente medida y el relato culmina con un pequeño tour de force al introducirse en un inesperado meandro que termina de dar sentido al título y te abandona a una duda gozosa. Sí que en las primeras páginas cuesta un poco hacerse al estilo un tanto lacónico, además de algunos temas de corrección editorial, caso de varias repeticiones de palabras o ciertos adjetivos situados delante del sustantivo de manera un tanto caprichosa. Nada que enturbie los logros de Ortega. La hipótesis no sólo confirma las buenas sensaciones de Mañana cruzaremos el Ganges. Asume el reto de alejarse de las fórmulas con una narración que se convierte en una celebración del descubrimiento en lo cotidiano.

La hipótesis (Ediciones El Transbordador, 2020)
Bolsillo. 233pp. 16€
Ficha en la web de la editorial

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