Viaje desde el ayer, James P. Hogan

Viaje desde el ayer

Viaje desde el ayer

La verdad es que alguien debería de explicarles a los responsables de la colección Ómicron que James P. Hogan no es un autor que merezca mucho la pena divulgar. Si Herederos de las estrellas, su única obra publicada hasta hace un año, pasó sin pena ni gloria por algo debió ser –diga lo que diga Miquel Barceló, uno de sus pocos defensores–. Operación Proteo, su resurrección en el mercado español de la mano de Ómicron, era, como poco, discreta –de ella ya hablé aquí hace unos meses–. Y este Viaje desde el ayer no deja de confirmar la tónica predominante hasta ahora: Hogan es un autor mediocre y de segunda fila.

Y eso que esta novela es lo mejor que ha publicado en nuestro país. Pero, no lo olvidemos, lo mejor de Hogan sigo siendo lo mejor de un narrador poco dotado. En líneas generales parte del fallo de la novela viene dado por su edad. Publicada originalmente en 1982, cuando la Unión Soviética parecía invencible, la premisa inicial de la obra, la amenaza –finalmente hecha realidad– de una conflagración nuclear entre rusos y occidentales, ha quedado tremendamente obsoleta. Incluso obviando esto, una gran parte del libro no deja de tener un aire anticuado y trasnochado: la solución ante el posible exterminio de la raza humana consiste en mandar a otro planeta una serie de embriones congelados en una sonda robot. Pasados unos decenios, la Tierra se ha recuperado de la guerra atómica y decide mandar una lenta nave estratocolectora para hacerse con el control del nuevo planeta.

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World War Z, de Max Brooks

World War Z

World War Z

En 1968, basada libremente en la novela Soy leyenda, de Richard Matheson, llegó a la gran pantalla una película destinada a sacudir y revitalizar los cimientos del terror en el cine y la literatura. El film en cuestión se titulaba La noche de los muertos vivientes; y los padres de la criatura, George A. Romero y John A. Russo, se ganaron con él un lugar de honor en el Olimpo particular de los aficionados a disfrutar pasando miedo. Casi cuatro décadas más tarde, en septiembre de 2006, uno de estos aficionados decide rendirle tributo a la obra de Romero con una novela destinada a convertirse en éxito de ventas desde el momento mismo de su gestación. Nace así World War Z, del neoyorquino Max Brooks. Y digo bien, WWZ es un sentido homenaje a Romero y «sus» zombis, no tanto a Russo y los suyos, por motivos que expondré a continuación.

Impulsada por la buena acogida de la ópera prima de su autor –The zombie survival guide, 2003–, así como por el relativamente reciente redescubrimiento de la temática zombi entre escritores y cineastas, WWZ se gana rápidamente el beneplácito de críticos y lectores por igual con una decidida «vuelta a los orígenes», saliéndose a propósito de la nueva carretera que intentan asfaltar películas de reciente cuño como Resident evil, 28 días después, Slither o Planet Terror. Los zombis que nos ofrecen éstas y otras obras contemporáneas se apartan del canon involuntariamente establecido por George Romero y abrazan sin disimulo algunas de las bases sentadas por John Russo en su obra individual, caracterizada principalmente por dos factores: sus muertos vivientes retienen la capacidad de correr, y su estado se debe a una causa reconocible, a veces incluso reversible. Los zombis de Max Brooks, sin embargo, tienen más en común con los de Romero: caminan a duras penas, arrastrando los pies y con los brazos levantados, entre gemidos, y el origen de la infección permanece envuelto en las nieblas del misterio. Para ellos sólo existe una cura posible, y ésta pasa por la destrucción de su cerebro.

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Vellum, de Hal Duncan

Vellum

Vellum

Hay frases iniciales que en sí mismas representan todo un programa de intenciones. «Toda historia épica debería comenzar con un mapa ardiendo», el arranque de Vellum de Hal Duncan, es una de ellas. El lienzo sobre el que Duncan pinta su fresco es más que épico, pues sobrepasa los confines del espacio y el tiempo, hasta el punto de que los mapas se hacen redundantes: el mapa es el libro, pero el furor del cartógrafo provocó la combustión del documento, que termina asemejado a un enjambre de brasas ingrávidas que revolotean cual luciérnagas ante los ojos del lector, obligado a formarse una imagen, un «collage» mental, antes de que el marco de llamas de cada capítulo consuma el texto.

Claro que orientarse mediante un mapa ardiendo puede plantear serios problemas si lo que se quiere es llegar a algún sitio. Ahí reside el quid de la polémica: mientras la plana mayor del fantástico «literario» actual –Shepard, Jeffrey Ford, VanderMeer– ha cerrado filas con Duncan saludando Vellum como un acontecimiento de los que hacen época, muchos de los lectores tradicionales de género han tenido que recurrir a extrañas teorías conspirativas, con sobornos editoriales de por medio, para explicarse las entusiastas reseñas dispensadas a un libro al que no ven pies ni cabeza.

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Camino sin retorno, de Andrzej Sapkowski

Camino sin retorno

Camino sin retorno

Cuando un autor desconocido tiene un éxito tan abrumador como inesperado, resulta lógico que su editor intente perpetuarlo todo lo posible. Es esta razón, y no otra, la que explica el por qué de que tantos y tantos libros mediocres de escritores de fama han inundado históricamente el mercado español. Por centrarnos en el mundo del fantástico, se podrían mencionar nombres como Philip Jose Farmer, Frank Herbert, Arthur C. Clarke o Isaac Asimov, por hacer una lista corta. Por eso, aunque admirador confeso de su obra, reconozco que me acerqué con cierto resquemor a Camino sin retorno, una antología que recoge la narrativa corta del gran Adrzej Sapkowski. Tampoco me tranquilicé en exceso al hojear el volumen y ver que muchos de los cuentos tenían unas características, como decirlo, curiosas. En efecto, de las nueve historias aquí presentes, al menos dos podrían calificarse de pequeñas excentricidades o bromas literarias, ocurrentes pero poco más.

“Algo termina, algo comienza” es la narración de la boda de dos conocidos miembros del fandom polaco –conocidos en aquel país, claro– en clave fantástica. La consiguiente fiesta se inspira, según el propio Sapkowski, en las francachelas alcohólicas que parecen inherentes a las convenciones fantásticas en Polonia. De hecho, la historia fue originalmente  publicada en un fanzine de Gdansk. El relato es ocurrente y divertido –Sapkowski posee un excelente toque humorístico– pero poco más. Parte de los chistes sólo deben de estar a la altura de los expertos en el fandom polaco que, me temo, no deben de abundar en nuestro país, aunque no es menos cierto que se puede disfrutar de la historia sin mayores complicaciones. Lo que es más discutible es que esta narración esté ambientada en el universo de Geralt de Rivia y que los fandomitas polacos se hayan transmutado en los protagonistas de la saga que acuden a la boda de Geralt y Yennefer. Todo esto dio lugar a una peculiar confusión en Polonia donde mucha gente creyó que el relato era realmente el final de la saga, cosa que, a falta de leer el último tomo y por lo que Sapkowski dice en la introducción, parece que poco tiene que ver con la realidad. Esperemos que en España no ocurra algo parecido, a pesar de que el editor parece jugar a la confusión al utilizar un entrecomillado del relato como texto promocional de la contraportada. Un párrafo con un tono épico más que evidente y que es el único de estas características en las 24 páginas del cuento.

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Las nieblas de Everness, de John C. Wright

Las nieblas de Everness

Las nieblas de Everness

Las Nieblas de Everness es el segundo volumen que cierra la duologia de La Guerra de los sueños, de John C. Wright. Lo primero que podemos observar en esta novela es el cambio en la edición respecto a la primera entrega. No sólo encontramos un nuevo traductor y una estilo de letra diferente –por cierto, mejorada–, si no que además la cubierta también «canta» si la comparamos con la primera novela… ¿O no? Porque aquí es donde empiezo a mirarme el libro con cierta suspicacia. Si uno busca un poco por internet puede encontrarse con dos diseños de cubierta diferentes dependiendo de en qué librería/tienda virtual busque el libro: un diseño siguiendo la línea del primer volumen, «fino», de un azul difuminado con la misma imagen que su predecesora… y otro –el que nos ocupa– de fondo negro, más basto, donde la imagen queda decapitada por arriba, el título y el autor se encuandran abajo… y que despide un aire como a incompleto. Lo más preocupante es que si miramos las páginas de las dos «versiones» diferentes vemos que un volumen tiene 384 páginas mientras que el otro 368. Así pues, ¿faltan páginas en una de las ediciones?

Pero mejor centrémonos en el libro, cosa que no es fácil. Estos días hará más o menos un año que leí El último guardián de Everness, la primera parte de esta duología que narraba la intensa relación entre el mundo de los sueños y nuestra realidad inmediata. Una aventura épica donde las fuerzas del mal, de la oscuridad, luchaban para entrar en nuestro mundo y donde una saga familiar estaba encargada de vigilar su llegada para despertar las fuerzas de la luz, las cuales según la profecía las vencerían. Nada de nuevo sobre la mesa pues, pero el hecho que un autor como John C., Wright, conocido más en el ámbito de la ciencia ficción, intentara dar una nueva visión sobre el eterno enfrentamiento del bien contra el mal, me llamaba la atención.

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Encantamiento, de Lois McMaster Bujold

Encantamiento

Encantamiento

Tras los tres libros de la serie de Chalion, Lois McMaster Bujold parece decidida a seguir con la fantasía. No están de suerte por el momento los aficionados a la saga de Miles Vorkosigan, que tendrán que seguir esperando. El vínculo del cuchillo estaba diseñada originalmente como una duología, pero lo cierto es que el proyecto se ha ido extendiendo. Ya hay fecha de publicación para la tercera novela de la serie y la autora está trabajando en la cuarta. En esta ocasión la Bujold se aleja de la fantasía pseudomedieval y ambienta la historia en unas comunidades de granjeros honrados y pacíficos aunque algo cerrados culturalmente. Fawn Bluefield, la protagonista, es una muchacha ingenua que huye de casa tras quedar embarazada. Sin embargo, su viaje se ve cortado de raíz, pues su camino se cruza con el de los sirvientes de una malicia que acaba de surgir.

Las malicias son unos seres abominables, inteligentes aunque actúan movidos por el instinto, que absorben la magia de la tierra dejándola devastada y utilizan ese poder para esclavizar a animales y seres humanos que se convierten en sus agentes. Según pasa el tiempo las malicias se hacen más fuertes y extienden sus dominios, por lo que es fundamental destruirlas lo antes posible. Afortunadamente para ello están los andalagos, una cultura nómada que ha tomado como misión autoimpuesta patrullar extensas regiones con el objetivo de localizar a las malicias, a ser posible cuando aún son débiles, y eliminarlas.

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La boca del infierno, de Rodolfo Martínez

La boca del infierno

La boca del infierno

Rodolfo Martínez es, en la actualidad, el escritor de género fantástico que cultiva con mayor asiduidad el pastiche literario –subgénero consistente en imitar el estilo de otro autor, escribiendo argumentos basados en su mismo universo literario–. No sólo ha empleado el personaje de Sherlock Holmes en diversas ocasiones, sino que ha imitado con fidelidad el estilo original de Isaac Asimov –“El robot”– y coqueteado con el crossover o combinación de universos literarios de autores clásicos como sir Arthur Conan Doyle y Bram Stoker –“Desde la tierra más allá del bosque”–, o el citado Conan Doyle y H.P. Lovecraft, como en esta tercera novela dedicada al genial detective inglés. Una obra inesperada, por cuanto tras La sabiduría de los muertos –1996, premio Asturias– y Las huellas del poeta (2005), tenía previsto cerrar su trilogía fantástica con El heredero de nadie, todas en la colección Bibliópolis Fantástica.

Si ya en el primer pastiche Martínez sorprendió por su elevadísimo conocimiento del universo holmesiano y una más que notable técnica al servicio de la imitación, la conjunción con un argumento fantástico plausible para con los parámetros establecidos por el detective racionalista por antonomasia supuso una auténtica renovación del personaje y su entorno. Una circunstancia que ha sabido rentabilizar a la perfección este destacable narrador, que no sobresale precisamente por la sofisticación de su estilo ni la belleza del lenguaje, al erigir a tan legendario investigador en centro de su narrativa desde que en 2005 se alzara con el premio Minotauro con Los sicarios del cielo.

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Tormenta de espadas, de George R. R. Martin

Tormenta de espadas

Tormenta de espadas

Resulta un poco difícil hablar de la saga de fantasía épica que mayor éxito está teniendo en nuestro país en los últimos años. Y resulta difícil por dos razones: la principal, que yo también me he rendido a los encantos de esta descomunal obra literaria; pero, no menos importante, su propio triunfo, que hace que la unanimidad de elogios por parte de crítica y público –a veces desmesurados– sea tal que es casi imposible encontrar alguna voz disonante.

Efectivamente, frente a frases como «la mejor obra de fantasía de todos los tiempos», «un antes y un después en el género», «mejor que Tolkien» a uno le entra la timidez a la hora de hablar de Canción de hielo y fuego de una forma menos efervescente.

Lo malo es que Tormenta de espadas es tan, tan buena que, al final, se acaba entendiendo a los fans más fans de la obra de Martin. Y es que, me da la sensación, los volúmenes impares de esta serie van a ser los mejores. Juego de tronos me deslumbró pero Choque de reyes me dejó un tanto frío, y dicen que Festín de cuervos es el volumen más flojo de todos. En fin, se verá, en cualquier caso.

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Red Seas Under Red Skies, de Scott Lynch

Red Seas Under Red Skies

Red Seas Under Red Skies

Scott Lynch irrumpió con fuerza en el año pasado en el panorama fantástico internacional con su primera novela Las mentiras de Locke Lamora; principalmente el boca a boca y los comentarios en páginas y foros de Internet hicieron al autor tremendamente popular entre el fandom anglosajón. Tanta fue su popularidad que la Warner compró los derechos al poco tiempo de salir para su adaptación cinematográfica. Además ha sido recientemente nominada para los premiso World Fantasy en su edición de 2007. Llegó a ser tal su éxito que incluso en España apareció de la mano de Alianza Editorial, con apenas ocho meses de diferencia con la edición anglosajona, algo que sólo autores de éxito seguro como Dan Brown o J. K. Rowling consiguen. Red Seas Under Red Skies es la continuación directa de esta primera historia.

El argumento se inicia dos años después de los sucesos de Las mentiras de Locke Lamora, exactamente de la misma forma que lo hacía en esa novela, con Jean Tannen y Locke tratando de organizar un robo por todo lo alto, esta vez en el casa de apuestas más importante de Tal Verrar. También la estructura de la narración es similar; largos capítulos estructurados en dos bloques: el primero relata las aventuras en el presente de Locke y Tannen y el segundo trata de rellenar mediante flashbacks el hueco de dos años que separan a los protagonistas de sus aventuras en la ciudad de Camorr. Sin embargo mientras en la anterior novela estas secuencias, aunque necesarias para desarrollar la personalidad de los personajes, a veces rompían el ritmo de la trama principal descompensando en cierta manera la historia, en esta segunda entrega estas escenas de reminiscencia casan mejor con la trama central, sobre todo porque en ese lapso de dos años se nos narran elementos indispensables para entender la línea argumental central.

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Fabricantes de sueños 2006

Fabricantes de sueños 2006

Fabricantes de sueños 2006

Fabricantes de sueños es una antología que cada año pretende reunir los mejores relatos de temática fantástica escritos en castellano. Se trata de una de las dos antologías que publica anualmente la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror). La otra antología, Visiones, recoge relatos inéditos. Cada año se designa un editor o comité de editores que seleccionen los relatos a incluir en la colección. En el caso de Fabricantes de sueños 2006, la selección ha corrido a cargo de los miembros de la TerBi, tertulia literaria bilbaína dedicada al género fantástico.

El volumen comienza con una breve introducción explicando el objetivo de la antología y el mecanismo de selección que se ha seguido para escoger los relatos. Merece resaltarse el esfuerzo que han realizado los miembros de la TerBi para considerar no sólo los relatos aparecidos en revistas o antologías impresas, sino también en las principales publicaciones por internet. Aparte de esto, hubiera sido de agradecer un repaso a la situación del género fantástico durante el año en cuestión –premios, aparición o desaparición de publicaciones periódicas, etc–. Aun sin llegar, por razones de espacio, al nivel del maravillosamente exhaustivo capítulo introductorio de las antologías The Year’s Best Science Fiction, que edita Gardner Dozois en EEUU, algún esfuerzo en este sentido habría añadido valor a la colección de relatos. Otra cosa que se echa en falta es un par de párrafos antes de cada relato presentando al autor, lo cual hubiera sido especialmente conveniente dado el carácter divulgativo que pretende tener la antología.

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