A las puertas de la nada, de Corinne Duyvis

A las puertas de la nadaEn el reciente festival Celsius, además de los nombres esperados (Kameron Hurley, Blake Crouch, Elia Barceló, Becky Chambers…) ha habido una escritora que ha conseguido destacar sobre la media: Corinne Duyvis. Por lo que cuentan los asistentes, quien mejor ha aprovechado la caja de resonancia de presentaciones, mesas redondas y sesiones de firmas. Su participación estuvo sincronizada con la llegada de su primera traducción al castellano: A las puertas de la nada. Una obra juvenil cuya narradora es el gran hallazgo de una novela que, a priori, apuntaba a ser otra historia de “cometa hacia La Tierra y se salva el 0,1%”.

Denise y su madre abandonan su casa para llegar al refugio donde se van a guarecer hasta que escampen las rocas y los maremotos tras la inminente colisión. Su hermana Iris no ha regresado de un viaje fuera del país y no tiene sentido esperarla ni un minuto más. En el trayecto se topan con una familia en problemas y deciden socorrerla, llevándola a su destino. Para su sorpresa, no se trata de un refugio convencional sino de la Nassau, una de las naves generacionales construidas en los años previos cuyo despegue se ha pospuesto hasta después del impacto. En esta secuencia de acontecimientos fortuitos se despliegan los dos grandes “conflictos” guía de A las puertas de la nada. ¿Será capaz Denise de hallar a su hermana en un entorno donde todo está orientado a conseguir poner la Nassau a punto? Y, de paso, ¿lograrán ella y su madre ser incluidas en la tripulación?

Sigue leyendo

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers

El largo viaje a un pequeño planeta iracundoEl fenómeno de los libros autopublicados y más tarde recuperados por una editorial se ha convertido en moneda de curso común. Son múltiples los títulos aparecidos en los últimos tres o cuatro años que, relanzados por sellos establecidos, han permitido a sus autores hacerse un hueco en el siempre abarrotado panorama profesional. Becky Chambers y El largo viaje a un pequeño planeta iracundo suponen uno de los últimos ejemplos de esta oportunidad. Según cuenta la escritora en las notas incluidas al final, pudo terminar la novela gracias a una campaña iniciada en una plataforma de mecenazgo, y ya publicada le llevó a firmar un contrato para continuar su carrera, ser traducida a otras lenguas… El sueño de cualquier escritor novel. Personalmente mantengo un arraigado prejuicio sobre este tipo de títulos. Como lector chapado a la antigua con el argumento de autoridad casi impreso en el ADN, soy un firme creyente en la labor del editor. A la hora de valorar una obra, auspiciar su publicación y, sobre todo, en el trabajo intermedio, en el caso de ser necesario algún diálogo con el autor para ajustar el original y lograr el mejor resultado posible. Después, cuando hablo con profesionales el tema pierde ese aire mitificado, pero en la soledad de la lectura mi apolillado clasismo se regenera. Más cuando me enfrento a una opera prima que sobrepasa las 400 páginas.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo parece levantarse sobre la visión del mundo de su autora. Apuesta por unas relaciones sociales utópicas que, en una aventura espacial clásica, rompen con la peripecia tecnificada, los personajes oscuros y sus tragedias, o diferentes dosis de autoparodia; los ingredientes dominantes de este tipo de historias. Rebosa la frescura y el rechazo por los corsés propios de la ausencia de complejos. Sin embargo, más allá de cómo pueda cada uno responder ante las ideas, las situaciones, los personajes y los desarrollos utilizados por Chambers, cae en una tendencia hacia la digresión que, siendo parte de la gracia de una novela que huye de una trama y una estructura al uso, se vuelve un poco en su contra.

Sigue leyendo