Charley´s War, de Pat Mills y Joe Colquhoun

Charley´s War

Hace muchos años tenía fijación con el personaje de Marshal Law, la salvaje sátira de Pat Mills y Kevin O´Neill sobre el superhéroe norteamericano. Seguiré defendiendo la primera miniserie contra viento y marea, sin embargo reconozco que lo que vino después no era muy allá. Pero leyendo el demenciado cross-over Marshal Law vs Hellraiser (seguramente sólo lo recuerdo yo), quedó indeleblemente grabado en mi memoria el relato de un cenobita que rememoraba sus tiempos como soldado en la I Guerra Mundial. Recuerdo sobre todo una ilustración de O´Neill, en la que unos soldados británicos pasaban a bayoneta a unos desdichados alemanes que habían sido encadenados a las ametralladoras para que no pudieran huir.

Así que, como persona aficionada a los relatos morbosos y desquiciados y fan de Pat Mills, que cuando lo hace bien, lo hace MUY BIEN, al enterarme de que el venerable guionista inglés tenía en su haber un folletín antibélico de chorrocientos capítulos sobre las peripecias de un soldado en la I Guerra Mundial, supe que tenía que leerlo sí o sí.

Sigue leyendo

La tercera expedición (recordando a Ray Bradbury)

Ray Brabdury

Ray Brabdury

Ayer murió Ray Bradbury. Como ejercicio de recuerdo he releído “La tercera expedición”, uno de los primeros relatos Crónicas marcianas. Los tiene mejores (“Vendrán lluvias suaves”, “El ruido de un trueno”, “La fábrica”, “La ciudad”…) pero es el que mejor recuerdo de todos ellos. Su primera lectura me produjo un tremendo desasosiego.

Por si no lo recuerdan, “La tercera expedición” cuenta la llegada a Marte de una nueva oleada de astronautas al planeta rojo que, frente a lo que encontraron las dos primeras expediciones, se toparon un escenario del todo incomprensible: un paisaje poblado por sus memorias de juventud dominado por los lugares donde se criaron, los familiares que murieron años atrás, los objetos que habitaban su cotidaneidad… El medio oeste del primer tercio del siglo XX al que Bradbury consagró obras enteras como El vino del estío.

Sigue leyendo

Acero, de Todd Grimson

Acero

Acero

Venga, un tópico: Acero es una novela que se lee tan fácilmente como se olvida.

Otro menos frecuente: es una pena porque durante casi la mitad de su extensión parecía que no iba a ser así.

Ahora algo completamente suyo, personal e intransferible: esta historia urbana con vampiros, protagonizada por personajes dañados que se encuentran y construyen un santuario inestable, augura algo más que una presentación de personajes. Promete que los conflictos que plantea se van a resolver de una manera menos convencional que el aburrido duelo entre vampiro bueno y vampiro malo de su tramo final.

Sobra decir lo que ocurre.

El protagonista de Acero, curiosamente, no resulta manido. Para llevar la batuta de su novela Todd Grimson no elige a un vampiro sino a su siervo, Keith. El guitarrista de un grupo de cierto nombre caído en desgracia tras una relación destructiva y con él en un presidio venezolano con las manos destrozadas. Antiguo adicto a la heroína, Keith es el lacayo de Justine, una vampira con cientos de años a sus espaldas que no recuerda gran cosa de su pasado y completamente cautivada por él. Hasta el punto que ambos experimentan una atracción que transgrede el estereotipo vampiro-siervo hasta convertirlos en una pareja.

Sigue leyendo

Blindsight, de Peter Watts

Blindsight

Leí Visión ciega por primera vez hace ya un par de años, recuerdo que no me acabó de convencer, ni creí haberla entendido del todo, pero aquel endemoniado tren de la bruja continuó traqueteando por mi cabecita hueca desde entonces precisamente por eso; porque son las cosas que no acabo de entender a las que más vueltas le doy. Así que decidí acometer una nueva relectura de la novela, era evidente que algo se me había pasado por alto. Pero como no sabía donde había puesto mi ejemplar de Bibliópolis, acudí a la página web de Peter Watts, que es tan majete que ha puesto a nuestra disposición Blindsight (entre otras obras) para su descarga en diversos formatos. Y tras la relectura, me di cuenta de que lo que había ocurrido es que mi subconsciente supo reconocer lo que mi yo consciente se negaba a aceptar; Blindsight era una de las mejores novelas de cf que había leído en mi vida. Por lo tanto, con la falta de coherencia que me caracteriza, intentaré  explicar torpemente porqué.

Sigue leyendo

Mañana será tierra, de Alfredo Álamo

Mañana será tierra

Mañana será tierra

Esta es la segunda novela de Alfredo Álamo que leo, apenas unos meses después de Kobold. El señor de las cadenas; una historia de espada y brujería a mitad de camino de Howard y Moorcock cuyo disfrute es inversamente proporcional a las historias de esta temática que hayas leído. Con Mañana será tierra muestra una faceta más madura alejada de la mímesis al plantear un escenario, unos personajes y una voz más personales. Quizás su acabado sea un poco desigual, lejos de sus mejores relatos pero, sin duda, resulta más satisfactoria.

Mañana será tierra se inicia cuando Jaume, un militante comunista que huye de Cataluña en los estertores finales de la Guerra Civil, sobrevive de forma milagrosa a un disparo a bocajarro. Dado por muerto en una fosa común, consigue cruzar la frontera para ser internado en el campo de refugiados de Argelers, el lugar del Rosellón donde se hacinaron miles y miles de republicanos españoles a la espera que el gobierno francés decidiese qué hacer con ellos. Harto de la vida, entre el desánimo y un ligero hastío, observa al resto de reclusos con los ojos de un entomólogo. El relajo de las convenciones sociales, la explosión de las pequeñas miserias en un entorno tan reducido, el sexo como mecanismo de huida, la muerte aguardando a la vuelta del día… aparecen en su narración en primera persona junto a sus dudas y al distanciamiento de su pasado. Es la suya una historia crepuscular que, además, ofrece una mirada al abismo de los campos de concentración desde una óptica distinta a la habitual, donde parece haber escapatoria y la vida continúa a pesar de la derrota.

Sigue leyendo

Robopocalipsis, de Daniel H. Wilson

Robopocalipsis

Robopocalipsis

Vaya por delante que en una hipotética guerra de robots contra humanos, me pondría del lado de los robots. Reconozcámoslo, el único régimen político que puede meternos en cintura de una santa vez es la dictadura del robotariado. Así que, aunque aprovecho la ocasión para ofrecer mi lealtad a nuestros futuros amos robóticos, intentaré ser lo más imparcial posible.

Porque Robopocalipsis va de eso, la rebelión de las máquinas, el síndrome de Frankenstein de toda la vida, contado por enésima vez ¿Encontraremos esta vez algo distinto, un punto de vista original en un tema clásico de la cf? Veamos; el doctor Hank Pym logra crear en su laboratorio la primera Inteligencia Artificial consciente; Ultrón V, quien, tras balbucear el clásico “¿papá?” se cosca de que es el último de una saga de conejillos de indias cibernéticos sacrificados en aras de la ciencia, así que ya a la tercera línea de diálogo, presa de un Edipo frustrado, se rebota. Que si es un ser superior, que si los humanos estáis acabados como especie, que os voy a borrar de la faz de la tierra, en fin, el habitual discurso de máquina con delirios de grandeza, fruto del típico subidón de neonato.

Sigue leyendo

Correr, de Jean Echenoz

Correr

Correr

No recuerdo el año olímpico (¿1992?) en que el segundo canal de Televisión Española programó un añejo documental que, en diversas entregas, relataba el auge de Paavo Nurmi, Abebe Bikila, Alberto Juantorena y otras glorias del atletismo. De todos ellos se me quedó grabado el nombre de Emil Zátopek, el único desportista capaz de ganar los cinco mil, los diez mil y la maratón en unas mismas olimpiadas. Un portento que dominó durante cerca de una década las carreras de fondo, acumulando récords como solo hacen los tiranos y que fascinó con su sencillez en los años más crudos de la guerra fría.

En este breve libro, Jean Echenoz hace un ejercicio de síntesis muy parecido a Relámpagos (posterior en el tiempo pero que he leído antes): en apenas centenar y medio de páginas desgrana los momentos clave de la biografía de Zátopek haciendo uso de unas elipsis brutales que prescinden de todo lo accesorio (años, nombres, referencias históricas explícitas…) para capturar la persona detrás del personaje. El enfoque es muy diferente ya que Zátopek carecía de la extravagante personalidad de Nikola Tesla; un héroe del proletariado hecho a sí mismo, vital, gris, convertido en icono de un sistema político que lo usaba a su capricho sin que él se rebelase.

Sigue leyendo

The Bulletproof Coffin, de David Hine y Shaky Kane

The Bulletproof Coffin

En 1977 David Hine y Shaky Kane (seudónimo de Michael Coulthard) se conocieron en un garito punk de Exeter. Por aquel entonces Hine editaba un proyecto universitario llamado Joe Public Comics, donde apareció la primera historieta de Kane, “Hitler on Ice”.

A finales de los ochenta, Bret Ewins y Steve Dillon fundaron la revista de historietas y música pop, Deadline, donde una emergente generación de dibujantes británicos afianzó su arte; Brendan McCarthy, Duncan Fegredo, Jamie Hewlett, Warren Pleece, John McCrea, Phillip Bond… y David Hine y Shaky Kane. Alguno hizo más o menos fortuna con el cine y la música, la mayoría, siguiendo la tradición inglesa, emigraron al sello Vértigo de DC y luego al mainstream, y otros, como McCarthy, sólo publicaron puntualmente alguna cosa, mientras se buscaban la vida con otros proyectos. David Hine acabó trabajando como guionista en las dos grandes, Marvel y DC (varias miniseries de X-Men, Daredevil, Civil War, Detective Comics…), y Shaky Kane, salvo alguna aparición esporádica, como la portada para el episodio homenaje a los Cuatro Fantásticos de la Doom Patrol de Morrison, o los dos números de Black Star Fiction Library, no se ha prodigado mucho más.

En 2008 Hine y Kane volvieron a encontrarse en el ascensor de un hotel mientras asistían a una convención de comics. En 2010 apareció la obra que volvió a reunirlos, The Bulletproof Coffin, dentro de la iniciativa de Image Comics de publicar tebeos creados por autores “independientes”; Orc Stain, King City o la reedición de Strange Embrace del propio Hine.

Sigue leyendo

The Wandering Earth, de Liu Cixin

The Wandering Earth

The Wandering Earth

El idioma más hablado del mundo es el chino mandarín. Sin embargo, son pocas o muy pocas las obras de literatura escritas originariamente en ese idioma que pueden ser leídas por occidentales. Y ya si hablamos de ciencia ficción, la cosa se pone peor. Por eso cuando oí hablar a Odo en su magnífico blog Sense Of Wonder de Liu Cixin en términos elogiosos decidí que tenía que leer algo de ese autor. En otros lugares he hablado de mi interés por una ciencia ficción “no occidental” y después de haber visitado China el año pasado no podía pasar por alto la oportunidad de leer a su escritor de cf más prolífico y popular. Sobre todo cuando la editorial Hot in China ha decidido traducir sus obras al inglés y poner a la venta en la tienda Kindle de Amazon algunas de sus novelas cortas a 0.89 € con promociones especiales en ciertos días que permiten su descarga gratuita. Tener que quitar el DRM con programas “alegales” para poder leerlo en .epub es una cosa que obviaré, pero sigue clamando al cielo.

The Wandering Earth fue el título elegido para introducirme en la obra de Cixin. El argumento de esta novela no es excesivamente original: el Sol se agota y amenaza con absorber todos los planetas internos, previa tormenta solar que borrará toda la vida humana de la faz de la tierra. La solución consensuada es lo novedosa: convertir al propio planeta en una gigantesca nave espacial propulsada por motores de fusión alimentados por la propia materia terrestre hasta su nuevo hogar en Proxima Centauri. El narrador y protagonista es un niño cuando comienza el viaje, y a través de él conocemos sus avatares.

Sigue leyendo

Cenital, de Emilio Bueso

Cenital

Cenital

Vivimos tiempos convulsos. No sólo por la concatenación de la macrocrisis económica, la degradación de nuestro estándar de calidad de vida, el progresivo aumento de las desigualdades sociales, la pérdida de confianza en la casta política que elegimos elección tras elección… A la vuelta de la esquina hay una serie de cuestiones que apenas se han tratado debido a todo el bagaje que llevan consigo y que se acercan inexorablemente.

Sirva de ejemplo cómo se ha tratado en España el tema de la energía nuclear y cómo se ha dilatado la gestión de los residuos de alta actividad que se producen en las centrales; 3 o 4 décadas de bidones acumulándose en piscinas junto a los reactores, o enviándose a Francia por un “módico” precio, sin que los que debieran haber solucionado el asunto se decidiesen a construir el almacén destinado a albergarlos hasta hace unos meses. Uno de esos melones que nadie quería tocar y que sólo se abrió cuando huir dejó de ser una opción. Pero ahora toca hablar de otro problema complejo y poliédrico, más acuciante y, por tanto, más obviado: el agotamiento del petróleo barato.

Sigue leyendo