Muerte por videojuego, de Simon Parkin

Muerte por videojuego¿Qué nos atrae de los videojuegos? ¿Qué cualidades explican las horas y días pasados delante de una pantalla? Simon Parkin se hace estas preguntas a partir de la muerte de varios jugadores entregados a la práctica de su afición favorita en sesiones de varios días. Muertes adjudicadas en los medios de comunicación a una adicción desmesurada que sirven, primero, para desviar el dedo acusador hacia otras circunstancias menos sensacionalistas para, después, abordar esa atracción irresistible desde un enfoque holístico. Una quincena de artículos de entre 15 y 20 páginas durante los cuales Parkin defiende una tesis expuesta en cada título (Comunidad, Maldad, Empatía, Refugio, Misterio…) y unos primeros párrafos donde hace mención a una anécdota. Generalmente un hecho puntual que lo pone de manifiesto y sirve como primer caso práctico de los tres o cuatro tratados en cada capítulo.

Parkin no acude sólo a ejemplos recientes. Expone situaciones provenientes de más de cinco décadas de videojuegos, extraídas indistintamente de producciones comerciales de gran éxito, productos elaborados por pequeñas empresas o por diseñadores independientes. Esta diversidad resulta muy seductora. La presencia de juegos más o menos conocidos como Elite o Call of Duty se trata desde aspectos diferentes a sus facetas más populares mientras otros en mi caso desconocidos se acercan a realidades a priori opuestas a la experiencia predominante como las enfermedades terminales, la vida de los refugiados o la conducción de un greyhound (esos autobuses insufribles que atraviesan Estados Unidos de punta a punta).

Sigue leyendo

Sobre la “Nueva” guía de lectura, la negligencia editorial y la crítica ejercida como una labor de promoción

Con un par. Y todo el mundo asentía.Hace poco más de un año reseñaba por aquí El cura y los mandarines, de Gregorio Morán, un desastre de redacción que lejos de haber sido sometido por Akal a una corrección concienzuda fue publicado tal y como el autor lo había entregado con vistas a aprovechar la campaña de Navidad de 2014. Al precio de 29 euros el lector obtuvo un texto de naturaleza digresiva plagado de erratas, repeticiones… Un vergonzoso ejemplo de cómo algunos editores priman la venta sobre el acabado final que ocupa un lugar privilegiado en mi Olimpo de despropósitos editoriales. Una posición de la cual ha sido desplazado por esta Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura.

La estructura de este libro allana su lectura. Las partes en las cuales está dividido se sostienen de manera notable y permiten al lector familiarizarse con los contenidos. Quizás en determinados capítulos hay demasiados fragmentos tomados de otros textos, creándose una sensación de collage (parte de las recomendaciones de los libros de Nova de los últimos 30 años están fusiladas de las introducciones escritas por el propio Barceló, lo que contrasta con las provenientes de la guía de 1990, más breves y certeras, menos dadas a colarte blurbs). Pero Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura muestra la accesibilidad exigible a cualquier libro de divulgación de base. El resto es harina de otro costal. Como explicaba en la reseña, no me molestan las secciones prácticamente idénticas a las de la edición original, remendadas a base de añadir aquí y allá un par de títulos de los últimos años por aquello de maquillar el contenido. Más inaceptables me resultan innumerables detalles que con una mínima corrección/edición, asesorando al autor para corregir agujeros en su argumentación o paliar una redacción más propia de un blog, habrían acercado este ensayo a un acabado profesional. Se mire como se mire, no lo tiene.

Sigue leyendo

Ciencia Ficción. “Nueva” guía de lectura, de Miquel Barceló

Ciencia ficción. "Nueva" guía de lecturaEn la HispaCon de Xatafi tuve el privilegio de moderar la mesa redonda “El ensayo de ciencia ficción”. Aquella mañana de sábado Iván Fernández Balbuena, Fernando Ángel Moreno y Cristóbal Pérez Castejón charlaron sobre cómo este género literario arroja luz sobre diferentes facetas de la literatura de ciencia ficción. Tal y como la recuerdo, el diálogo fue tan fluido que apenas tuve que intervenir media docena de veces para aclarar algún tema o mover la conversación hacia nuevos asuntos. Aparte de la introducción, mi única participación de más de veinte segundos fue hacia el final para hacer hincapié sobre la necesidad de dos proyectos editoriales por entonces de próxima aparición: la colección de libros de ensayo de Gigamesh y la “nueva” guía de lectura de Miquel Barceló. Fruto de una casualidad cósmica, ambas iniciativas no terminaron de materializarse hasta 2015. Doce años más tarde. En el mes de Abril Gigamesh abrió la colección Miscelánea con El jardín crepuscular, de John Clute, y en Septiembre apareció Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura. En este caso concreto, haciéndome pasar auténtica vergüenza recordando mis palabras al final de aquella mesa redonda.

Para enfocar este análisis, a la contra de la mayoría de reseñas que he encontrado, veo fundamental comparar la edición de 2015 con la de 1990. De ese ejercicio emana la percepción más nítida del gigantesco bluff autoral y editorial tras Ciencia ficción. “Nueva” guía de lectura. No sólo por uno de los motivos más comentados: gran parte del texto es el mismo sin modificaciones. Aunque la deficiente corrección del texto da lugar a momentos hilarantes como cuando se habla sobre Neuromante como “obra de lectura imprescindible para conocer una NUEVA presunta tendencia del género”, tres décadas más tarde de haber triunfado en las librerías, no es un tema que me preocupe. Los viajes en el tiempo, Fundación e Imperio o la percepción de Miquel Barceló sobre Philip K. Dick son tan estables como la trayectoria de la Tierra alrededor del sol. Mi mayor queja camina por otros derroteros menos evidentes. Los pequeños cambios introducidos desvirtúan el ensayo hasta el punto de convertirlo en un artefacto sectario que mutila la enorme diversidad de un género tan heterogéneo y heterodoxo. El resultado de aplicar una argumentación dominada por una desidia intelectual de dimensiones colosales, no corregida por la desidia de un ¿equipo? ¿editorial? que lejos de hacer honor a su nombre se ha limitado a dar el botón de imprimir.

Como no es cuestión de convertir este texto en una reseña río que saca a colación 30 pruebas de cargo a lo largo de 10000 palabras que nadie leerá, voy a centrarme en tres de ellas sabiendo que dejaré veinte más en el tintero.

Sigue leyendo

La maldición de Lono, de Hunter S. Thompson

La maldición de LonoEn los últimos años hemos sufrido el aumento de columnistas que, con cierto aire descarado y bastante demagogia, aportan afilados comentarios con el propósito de aumentar las visitas de sus blogs y secciones en los periódicos. Normalmente enumeran como referencia a los grandes clásicos españoles, ¿quién no quiere ser Larra?, pero resulta evidente que el influjo mayoritario proviene de Hunter S. Thompson.

Sexto Piso ha publicado con La maldición de Lono otra muestra de lo que fue Hunter S. Thompson. Hasta su anuncio no conocía su existencia y reconozco que desde ese momento he ansiado leerla. El volumen es una pequeña joya en su edición, un libro comodísimo de leer, bien ideado y maquetado tomando en cuenta que mezcla reportaje, extractos de otras obras, correspondencia personal del autor y alguna fotografía. Lo mismo se puede decir de la traducción de Jesús Gómez Gutiérrez: impecable y sin desmerecer al estilo del autor.

El maestro del periodismo gonzo fue una persona excesiva, tal y como se puede comprobar en cada página del autor: en todos los reportajes su carácter y visión resultan ineludibles e invasivos. No habla de lo que ve, sino de cómo lo vive; y sobre todo, no busca ningún mensaje ni finalidad. Llega un momento en el que sólo quiere solucionar los problemas creados por él mismo.

Sigue leyendo

Música de mierda, de Carl Wilson

Música de mierdaEn estos 16 años dedicado a la crítica amateur he cambiado tanto que me cuesta reconocerme cuando me da por releer alguno de textos escritos hace más de un lustro. Todavía no puedo decir que haya pasado media vida, pero la expresión se puede quedar corta si considero la evolución de mis intereses, mi aprecio por determinadas características narrativas, mi manera de enfocar ciertos comentarios. En este tiempo he mantenido todo tipo de acordes y desacuerdos; impresiones compartidas por prácticamente casi todo el mundo, reseñas en minoría en las cuales me quedaba en solitario frente a una mayoría que loaba o masacraba un libro… En algún momento del camino me sentí interesado por iniciarme en la crítica literaria formal. No obstante la pereza, ser un yonqui de la narrativa, involucrarme en otros asuntos dejaron el proyecto en mera intención. De ahí que siempre me haya sentido incómodo cuando se me ha etiquetado como “crítico”, ya fuera en conversaciones informales, los dos años sirviendo en el jurado del premio Xatafi-Cyberdark, en alguna mesa redonda o al aparecer mencionado en según qué artículo. Aunque en los textos que escribo siempre he desarrollado mi visión más allá del argumento y mi gusto personal, este último ha dominado cualquier valoración. Este rollo macabeo rayano en la justificación autocomplaciente es mi manera de apuntar por qué me he sentido tan cerca de Carl Wilson en Música de mierda. Supongo una obra tan marginal para los iniciados en los misterios de la crítica literaria o la estética de la recepción como una lectura valiosa para lectores menos bregados en estos temas. Especialmente si acostumbran a dejar negro sobre blanco sus opiniones en internet.

Sigue leyendo

El Reino, de Emmanuel Carrère

El ReinoEl Reino es un libro polifacético. En su interior no sólo se encuentra una búsqueda personal de los orígenes del cristianismo a través de las escasas fuentes documentales existentes. Es una exploración de cómo se establecieron los dogmas y, al mismo tiempo, una labor de introspección en la cual un antiguo creyente indaga en los orígenes de su fe, su evolución o su perspectiva veinte años después de haberla perdido. El recuerdo de alguien perturbado por la idea de la creencia en la resurrección de los muertos o el sacramento de la consagración, humilde y elocuente a la hora de plasmar sus pensamientos y dudas. Pero especialmente es un estupendo ejercicio de metaliteratura donde Carrère pone en juego su manera de enfocar la narrativa.

El autor de Limonov y De vidas ajenas inicia El Reino situando de nuevo su vida bajo el objetivo de su narración y recuerda una crisis personal que le llevó a convertirse en un ferviente católico. Esa etapa le lleva a recuperar un antiguo diario de cuando estudiaba el Evangelio de Juan diariamente, la puerta de entrada hacia el nacimiento del cristianismo y la figura de Pablo de Tarso. Un periodo de medio siglo tras la muerte de Jesucristo convertido en el eje central del libro.

Sigue leyendo

Mal de altura, de Jon Krakauer

Mal de alturaHace un par de meses se estrenó en los cines Everest, la película de catástrofes que dramatiza la desastrosa ascensión del 10 de Mayo de 1996 desde la cara sur de la montaña, durante la cual fallecieron ocho personas. Entre los supervivientes que lograron hacer cumbre ese día estaba Jon Krakauer. Krakauer había sido contratado por la revista Outside para escribir un reportaje sobre el ascenso al Everest tras la proliferación de las expediciones comerciales; empresas que por varias decenas de miles de dólares llevaban a la cima a cualquiera cuya condición física le permitiera alcanzar esa altura sin importar su experiencia en grandes picos. Escrito aquel mismo año, Mal de altura es el resultado del viaje. Un emocionante recuerdo de la expedición, un acerado retrato del peaje que exige el alpinismo de grandes cimas y, sobre todo, su particular terapia para superar aquella jornada.

A imagen y semejanza de un artículo de fondo, Krakauer engancha al lector con la apertura: un primer capítulo dedicado a sus recuerdos tras pisar la cima y a repasar cómo estaba la ascensión en aquel momento. Un breve anticipo de los funestos acontecimientos de las horas siguientes. A continuación, comienza un ortodoxo relato a partir de su implicación en el proyecto y su llegada a la India.

Sigue leyendo

Yo soy Espartaco, de Kirk Douglas

Yo soy EspartacoRecientemente tuve la oportunidad de ver Trumbo, un documental escrito por su hijo. En él glosa la vida del miembro más destacado de los diez de Hollywood; el grupo de guionistas y directores a la cabeza de la lista negra durante la caza de brujas del senador McCarthy. Un excelente repaso a la vida, obra y pensamiento del guionista de Vacaciones en Roma o Papillon. Aparte de por su defensa de las convicciones personales por encima de cualquier intento por plegarlas a otros intereses, destaca por varias cartas escritas por Trumbo e interpretadas por actores como Joan Allen, Paul Giamatti, Michael Douglas o Liam Neeson. Monólogos repletos de ingenio, en varios caos ciertamente emocionantes.

Uno de los puntos que toca, con brevedad, es el papel desempeñado por dos películas, Espartaco y Éxodo, a la hora de acabar con la hipocresía de las listas negras. Hasta ese momento (finales de la década de los 50) parte de los incluidos se saltaban la prohibición acudiendo a seudónimos y a la colaboración de conocidos que firmaban como suyos los guiones de los boicoteados. Mientras buscaba información adicional llegué a este libro de Kirk Douglas en el que el intérprete de Senderos de gloria, Duelo de titanes o Los Vikingos expone sus recuerdos sobre el Hollywood de los 40 y los 50, cómo vivió la histeria anticomunista y su visión del rodaje de Espartaco, la película que incluyó por primera vez entre sus títulos de crédito a uno de los diez de Hollywood (basada además en la novela de otro represaliado, Howard Fast). La  perspectiva de un liberal que, si bien nunca dejó que sus ideas se pusieran por delante de su trabajo, tampoco dejó que ninguna visión externa afectara a su labor delante y detrás de las cámaras.

Sigue leyendo

Hollywood gótico. La enrevesada historia de Drácula, de David J. Skal

Hollywood góticoHamlet, Catherine Earnshow, Robin Hood, El Quijote, Sherlock Holmes…. La enumeración de personajes que han pasado a la pantalla provenientes de la literatura es extensa, casi siempre manteniendo una (cierta) fidelidad al original, más allá de variaciones en el escenario o cierta libertad en la interpretación de los personajes. El caso de Drácula es paradigmático justo por lo contrario: cualquiera que haya leído la novela de Bram Stoker y haya visto tres o cuatro películas es consciente de todas las alteraciones a las que ha estado sometido este icono de la literatura de terror y, en concreto, el grupo de personajes que cuentan su historia: Harker, Van Helsing, Mina, Lucy, Renfield… Las transformaciones de la novela seminal han llevado a todos ellos a una serie variaciones condicionadas por el medio, el país donde se realizara, el momento del tiempo… En Hollywood gótico, entre otros muchos asuntos, David J. Skal expone todas ellas a lo largo de un libro cuyo peor faceta viene de un título ambiguo que no refleja su contenido: un repaso a la historia de vampiros por excelencia tanto en la literatura como en el teatro y en el cine.

Skal ha realizado un ímprobo trabajo de documentación. Comienza con la aparición del mito vampírico en la literatura, con sus raíces Byronianas, para seguir su evolución y arraigo en el mundo del teatro hasta llegar a Bram Stoker. Skal se detiene para tratar su biografía con amplitud, especialmente su relación con Henry Irving, un importante actor de teatro de la época Victoriana para el cual trabajó como gestor y que le abrió las puertas a la alta sociedad de la época. A continuación se centra en su proceso creativo hasta dar forma a su obra, tratando de dónde pudo venir y desconectándolo del personaje histórico al que se vio unido mucho más tarde. Asimismo aborda un certero análisis del subtexto y las diferentes interpretaciones sobre los personajes, sus relaciones, las situaciones en que se presentan, y, no podía ser de otra manera, sus connotaciones sexuales y religiosas.

Sigue leyendo

El cura y los mandarines, de Gregorio Morán

El cura y los mandarinesEl cura y los mandarines debería haber aparecido en Crítica, la editorial del grupo Planeta especializada en ensayo. Sin embargo en Octubre de 2014 saltó la noticia que no lo haría debido a la negativa de Gregorio Morán a modificar algunos de los aspectos más polémicos de su redacción. Censura por un supuesto miedo a querellas por aseverar hechos difícilmente demostrables. Tras la pequeña polémica el texto terminó publicado por Akal un par de meses más tarde tal y como lo había entregado Morán. Si no me equivoco, la única consecuencia fue un empuje promocional que ha impulsado las ventas y la visibilidad del libro.

Después de haberlo leído, me llama la atención la torpeza del editor de Planeta. Perfectamente podría haber acudido a uno de los boquetes más evidentes de El cura y los mandarines, del tamaño del iceberg que hundió el Titanic: estamos ante un libro necesitado de una reescritura, de principio a fin. Una labor que trasciende el trabajo de un simple corrector para limar pequeños defectos. Desde el propio título y la estructura que le ha dado Gregorio Morán, toda la redacción resulta tan inestable como las construcciones de Jenga levantadas por un niño de 3 años. Y esta no es precisamente pequeña.

Morán, uno de los periodistas más ácidos de los últimos 40 años, autor de la biografía más crítica sobre la figura de Adolfo Suárez, aborda en El cura y los mandarines un repaso al mundo de la cultura española y sus sinergias con el de la política desde 1962 hasta 1996; una pseudo continuación de su libro sobre Ortega y Gasset, El maestro en el erial. Cultura entendida como palabra escrita; en sus páginas apenas aparecen cineastas, pintores, escultores… Como la tarea es titánica y además podría ser un tanto confusa sin un hilo conductor, Morán lo impone a través de Jesús Aguirre: el sacerdote que durante muchos años llevó el timón de la editorial Taurus y que, una vez abandonados los hábitos, terminó siendo duque de Alba. Aunque, para ser preciso, debería haber escrito supuesto hilo conductor. Pronto se descubre que su figura apenas se manifiesta durante cientos de páginas; el cura Aguirre es una excusa demasiado evidente para contar cómo funcionaba la intelligentsia en tiempos del franquismo y cómo evolucionó durante la transición para acabar dando forma a la realidad que ahora conocemos. El ajuste de cuentas de Morán con la historia oficial tal y como se ha intentado contar y recordar en los medios de comunicación: dulcificada, amancebada. Ideal.

Sigue leyendo