La fase del rubí, de Pilar Pedraza

La fase del rubíLo gótico tuvo un protagonismo incuestionable en las literaturas británica, francesa o alemana. Sin embargo en España su paso fue apenas testimonial. Más allá de Gustavo Adolfo Bécquer cuesta encontrar ejemplos tardíos, siempre a eones de la masa crítica de los países citados donde el fantástico sentó sus reales entre finales del XVIII y comienzos del XIX. La ausencia de una gran novela a la que poder acudir para hablar de nuestro espíritu gótico era fehaciente hasta que Pilar Pedraza la escribió hace tres décadas en La fase del rubí. Un libro que es a la literatura castellana lo que Las historias naturales de Perucho a la catalana: una vuelta a los códigos de una narrativa entre olvidada e inexistente, reinterpretados bajo una mirada fresca, incisiva y extrañamente repleta de humor. Adaptada a los modos contemporáneos sin, por ello, apartarse de la tradición.

Mientras Perucho tramaba la búsqueda de un vampiro por la Cataluña en los estertores de la primera Guerra Carlista, para su opera prima Pedraza se decantaba por una trama más prosaica. Mediante dos narradores complementarios se introducía en la Castilla del siglo XVIII para incorporar un arsenal de elementos góticos al imaginario de la meseta. El primero de ellos, Torcuato, se encarga del tribunal del Santo Oficio en una ciudad de provincias. Este aburrido y gris funcionario, más preocupado por terminar una traducción de Tácito que por corretear detrás de brujas y herejes, se mueve por las barriadas, palacios y conventos intra y extramuros acechado por posesiones, casos de mal de ojo, desapariciones… Misterios aparentemente inexplicables para cuya resolución cuenta con la inestimable colaboración del padre Losada, un colega con el que mantiene animadas discusiones sobre lo divino y lo humano.

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Verbum, selección de Susana Arroyo y Silvia Schettin

VerbumEn 2016 se publicaron tres antologías cuya lectura se me ha demorado un tanto: la selección de Concepción Perea para Fábulas de Albión, Cuentos desde el otro lado; el volumen recopilatorio anual de Cuentos para Algernon; y este Verbum, la primera colección de relatos escritos en castellano de Fata Libelli. Un selección heterogénea y con criterio donde destaca una labor de edición que para los más talluditos recuerda las tres últimas épocas de Artifex. Aquellas fantásticas selecciones de Julián Díez y Luis G. Prado (y Juanma Santiago en su última etapa).

Como todos los libros de la casa, sus primeras páginas recogen una introducción que sintetiza la propuesta de Susana Arroyo y Silvia Schettin. Aluden a cómo la globalización ha afectado a la literatura de fantasía, ciencia ficción y terror; el auge de una literatura transnacional con un bloque anglosajón cada vez más multipolar a medida que más autores provenientes de diferentes entornos culturales se incorporan a él. Desde esta visión, cuando llega el momento de establecer si tiene sentido hablar de una literatura fantástica típicamente hispana o si ésta ya no se puede entender sin la influencia foránea, llegan a la conclusión de que ambas coexisten sin tiranteces. Verbum puede tomarse como su defensa de este alegato.

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Espectra, de Pilar Pedraza

EspectraEspectra es un descenso a las criptas de la literatura y el cine para estudiar cómo novelas, relatos, películas y artes plásticas se han acercado a la figura de la mujer muerta. Para centrar su ensayo, Pilar Pedraza divide este campo tan vasto en diversas parcelas: las mujeres que regresan de la muerte, las empusas, vampiras e hijas de vampiros, las mujeres sujeto de lecciones de anatomía, las muertas en brazos de vivos… Nueve clados enmarcados en otros tantos capítulos que funcionan como un pequeño catálogo de referencias inexcusables para los aficionados al fantástico.

La aproximación cronológica es la esperable. Aun así, en ese desglose de las raíces de cada una de las facetas estudiadas, en los relatos de la mitología griega o romana citados, las historias góticas de finales del XVIII o comienzos del XIX mencionadas,ya se vislumbra el talento de Pedraza. Por el conocimiento del fantástico desde sus mismos orígenes pero, sobre todo, por cómo utiliza cada una de las historias para trazar el recorrido por cada faceta e incorporarlo a un discurso homogéneo donde destaca una mirada feminista.

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Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza

Lobas de TesaliaComo se habrán imaginado ya, yo de chaval era un niño gordo, introvertido, retraído y asocial (no he cambiado nada), que se pasaba las vacaciones de verano releyendo tebeos y hurgando en la pequeña biblioteca de mi padre en vez de quedar con otros niños para liarnos a piñazos, cazar lagartijas o darle patadas al balón, algo de lo que aún hoy día me arrepiento muchísimo (“Desgraciado aquel que vuelve la mirada hacia horas solitarias en vastos y lúgubres recintos de cortinados marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes”, escribía Lovecraft en un momento de gran lucidez). Entre mis lecturas preferidas de niño loco se encontraba la Historia Universal del sueco Carl Grimberg, doce pequeños tomos originalmente publicados por la Editorial Daimon en 1967, que desgranaban la tragicomedia humana con rigor escandinavo y que, por una mezcla de aburrimiento y curiosidad, me dio por hojear un día; El alba de la civilización, Grecia, Roma. No pasé de ahí, la Historia Antigua me había volado la cabeza. Lo que primero me atrajo fue la mitología, que me parecía alucinante literatura fantástica años antes de que yo supiera qué era eso. Estaba tan pirao que, como Lovecraft, abracé el paganismo ya de chaval (afortunadamente para mi madre no me dio por levantar altares a Dionisos o sacrificar ranas). Y es que, ¿quién podía creer ya en una religión tan aburrida como el cristianismo después de haber conocido un mundo de Titanes, Dioses, Monstruos (¡hasta robots!) y pasiones desbordadas, amorales y salvajes?. Poco después también aprendí a valorar el relato histórico que también tenía algo de mitológico. Yo aquello me lo leía como el que se lee ahora Juego de Tronos; faraones que encontraban reinas en la tierra del fin del mundo, templos inmensos abarrotados de momias de gatos, monos y cocodrilos, asirios destruyendo Babilonia, palacios en Cnossos, la reina Tomiris ahogando la cabeza de Ciro el Grande en un odre de sangre, las Termópilas, la Anábasis, elefantes trepando por los Pirineos, grotescos asesinatos familiares, la sangre corriendo por el mármol, las legiones conquistando el mundo… En fin, un relato de flipar que releía una y otra vez y que me dejó tarao para toda la vida, como suele ocurrir con todas esas cosas que te fascinan durante la infancia.

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