Mierdificación, de Cory Doctorow

MierdificaciónEn el año 2008 Facebook era una ventana abierta a personas a las que hacía tiempo que no veía, sobre todo amigos que habían emigrado de Cantabria. Ante la ausencia de contacto cotidiano, servía de simulación de vínculo a través de un foro muy básico. Recuerdo lo que suponía cada evolución del interfaz. Llegado cierto momento, en general empeoraba la experiencia, no solo porque te forzara a habituarte a otra disposición de elementos. Hacía desaparecer funcionalidades para incluir otras nuevas a las que no veías el sentido. Aquí había bastante de renuencia al cambio pero también la imposición de una serie de cuestiones (publicidad creciente; contenido ajeno al que deseabas ver), vendidas como una necesidad para mantener la interacción y mejorar la información recibida. Detrás de todo se hacía evidente una mercantilización/manipulación del usuario hasta niveles difíciles de prever, hasta que no hubo manera de ocultarlas. Campañas de desinformación, socavamiento de los valores democráticos, promoción del odio o, en algunos países como Myanmar, el genocidio. Esta secuencia es una de las que Cory Doctorow disecciona en Mierdificación, una descripción pormenorizada de la degradación a la que ha estado sometida internet en los últimos tres lustros.

El inicio del libro es elocuente. A partir de cuatro empresas (Meta, Amazon, Apple y el iPhone y Twitter/X), Doctorow secuencia la degeneración de sus productos estrella en tres pasos: bueno para los usuarios, bueno para los clientes comerciales, un gigantesco montón de mierda. Una puesta en situación en apenas una decena de páginas por caso que delimita un patrón extensible a otras iniciativas en un cuadro que pone de manifiesto el sabotaje de características esenciales en los cimientos de Internet. La interoperabilidad de los sistemas informáticos; la neutralidad de la red; la privacidad de los usuarios están amenazadas por una voracidad de una serie de corporaciones que explotan todos los mecanismos disponibles para mantener a las vacas a ordeñar (usuarios, clientes) dentro de ecosistemas cerrados con el objeto de convertirse en monopolios y maximizar sus beneficios.

Sigue leyendo

El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, y El hombre en el castillo, según Frank Spotnitz

El mapa

Los dos volúmenes dedicados por Cátedra a sendas novelas de Philip K. Dick son un ejemplo de cómo se debe recuperar un clásico de la ciencia ficción. Nuevas traducciones, un formato agradable, estudios que alumbran las facetas más atractivas del título en cuestión, el autor, la época en que fueron creadas… Y algún contenido extra. En el caso de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Julián Díez acompañaba su magnífico ensayo de una enumeración con las diferentes adaptaciones al cine de la obra de Dick; un listado imprescindible para reafirmar su posición como escritor de ciencia ficción más influyente en la actualidad. Su figura ha trascendido sus narraciones y se ha ramificado hasta niveles que bien merecerían un estudio detallado. No obstante, tras mi reciente relectura de El hombre en el castillo, aprovechando el estreno de la segunda temporada de su adaptación a la televisión, también me ha llevado a la pregunta de hasta qué punto ese ascendiente se corresponde con lo que dejó por escrito, con lo que los guionistas entendieron y plasmaron después en las películas, con lo que pudieron verse obligados a potenciar o reducir para adecuarlo a las exigencias de la pantalla (dejando otras caras ocultas)… Un suculento debate al cual la producción de Amazon se presta desde múltiples vertientes.

Sigue leyendo

Lektu y su gran desafío

Lektu

Hace apenas tres meses comenzaba a andar Lektu y, por lo tanto, aún es pronto para hacer valoraciones sobre el rumbo de esta plataforma de venta de libros electrónicos. Todavía está en una fase muy inicial y lejos de implementar todas las posibilidades que poco a poco va integrando. Aunque su mascarón de proa está presente desde el primer día: la ausencia de sistema de protección contra copia. El maldito DRM, más una fuente de problemas para el comprador que una solución para el asunto de las descargas gratuitas.

Es interesante escuchar (o ver si se dispone de tiempo), la presentación que hicieron el pasado 20 de Mayo en Madrid tres de sus cuatro socios fundadores: David Fernández, Farid Fleifel y Alejo Cuervo (Cristina Macía no pudo estar presente). Especialmente la primera y la tercera parte, en las que se desvelan las directrices que guían Lektu como, por ejemplo, reducir al máximo los intermediarios entre editor y lector. Tal y como cuentan, el primero no solo tiene un punto de venta para sus productos sino que, a la vez, dispone de todo un arsenal de estadísticas sobre sus compradores, reales o potenciales. Una información inaccesible desde otras plataformas y muy útil para ajustar, por ejemplo, su política de ventas.

Sigue leyendo