Solamente las huellas hacen soñar.
René Char: La palabra en archipiélago
No me quedó muy bien el texto sobre Lonesome Dove. Era, veo, una sucesión de párrafos acartonada y casi diría que muda. Pero bueno, mira, qué le vamos a hacer: cosas que pasan. Ahora, cinco (fascinantes) McMurtrys después, el autor se ha convertido en uno de mis escritores de cabecera, de esos de los que leerías cualquier libro sin necesidad de saber de qué va.
(Puede que exagere un poco. (Pero sólo un poco)).
McMurtry dijo que escribe de mundos que acaban, y sí: lo que vemos es el fin de mundo como tema vertebrador de su obra. Como uno de ellos, al menos. Esa melancolía y esa nostalgia van de la mano en sus atmósferas, como si la tarea de McMurtry fuese la de dejar constancia de unas vidas y de una manera de vivir que están a punto de desaparecer.
En La última película, por ejemplo, pone el acento en ese filo de la hoja de afeitar que es el paso de la adolescencia a la adultez, ese adiós a los años buenos (si lo han sido). Y es una despedida no sólo de quien deja atrás su adolescencia, sino de toda una manera de vivir en el lacónico Texas rural de su infancia (de la del propio McMurtry). Es un fin de mundo personal y social.