El rey Lansquenete, de Santiago García Albás

El rey LansqueneteSantiago García Albás es un escritor bastante desconocido. Hasta El rey Lansquenete apenas había leído un par de cuentos suyos aparecidos hace un porrón de años en Paura y Gigamesh. El resto de su actividad parece haberse circunscrito alrededor del premio Alberto Magno; el certamen de relato de ciencia ficción convocado por la Universidad Politécnica del País Vasco. Otro pequeño desconocido. Aparte de los relatos que hemos podido leer en Artifex y casos sueltos como “Mala racha” o “La pared de hielo“, la mayoría de premiados apenas se han visto más allá de los volúmenes recopilados por la propia UPV, con una distribución discreta. Desconozco por completo cómo serán ese resto de obras, pero después de leer El rey Lansquenete (premio en el año 2013) me ha quedado una fantástica sensación. Para nada desmerece de los relatos ganadores escritos por Joaquín Revuelta, José Antonio Cotrina o, incluso, César Mallorquí. Además reivindica la ciencia ficción especulativa tanto en el fondo como, especialmente, en la forma.

El factor que me gustaría destacar de El rey Lansquenete es la voz elegida para la narración. La mayor parte de la historia está contada en segunda persona, un recurso muy poco frecuente y con serios riesgos si no se utiliza convenientemente. García Albás acierta con la extensión y alterna su uso con otro tipo de fragmentos destinados a proporcionar información suplementaria sobre los personajes o el trasfondo del escenario. Asimismo dicha voz no es una elección gratuita o efectista destinada a captar rápidamente la atención del lector. Es congruente con el corazón de la historia, algo que cobra sentido al aproximarse la conclusión. El momento en el cual la sinergia entre temas tratados, argumento y estilo queda sellada, y donde el lector se ve arrastrado hasta un extremo deliciosamente incómodo que invita a analizar el todo bajo una nueva perspectiva.

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El zoo de papel, de Ken Liu

Terra Nova

Terra Nova

Acaba de aparecer el primer volumen de Terra Nova, la antología de relatos de ciencia ficción seleccionada por Mariano Villarreal y Luis Pestarini y editada por Sportula. Como tardaré un par de semanas en leerla (se aproxima el final del semestre y aún hay menos tiempo libre del que tenía hasta ahora), me gustaría comentar el único relato que he leído. El elegido para abrir la selección y, por tanto, una de las armas principales con las cuales los antólogos esperan atrapar al lector: “El zoo de papel”, de Ken Liu.

El cuento es muy breve y en él Liu toca las teclas necesarias para que se empatice con su protagonista. Algo especialmente sencillo para los lectores que no hayan tenido una relación cercana con alguno de sus padres, con momentos de incomprensión, alejamiento…, enfrentados a todo lo que supone el no haber podido solucionar el desencuentro antes de la muerte. Justo lo que le ocurre a su narrador que desgrana el matrimonio de sus padres, su infancia y la cercanía con su madre, el episodio que marcó su alejamiento, la muerte de ella y cómo se reencuentra con su memoria años después.

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El rebaño, de César Mallorquí

Prospectivas

Prospectivas

En las faldas de los pirineos un perro, Brezo, mantiene la rutina que aprendió años atrás y pastorea un rebaño de ovejas. Día tras día, las saca del corral donde pasan la noche para llevarlas a los puertos. Mientras, a decenas de kilómetros sobre él, una IA de un satélite militar observa la faz del planeta e intenta recuperar el contacto con sus creadores. Ambos son los protagonistas de esta historia centrada en el último reducto de la civilización humana, extinta tras una epidemia global.

“El rebaño” es el relato más conocido de César Mallorquí, publicado en El círculo de Jericó y seleccionado tanto en La antología de la ciencia ficción española 1982-2002 como en la muy reciente Prospectivas. No lo considero su mejor pieza breve (“La pared de hielo” y “La casa del doctor Pétalo” me parecen todavía mejores), pero las tres veces que lo he leído me ha emocionado. Sus páginas están teñidas de un inexorable sentimiento de pérdida que gana momentum hasta explotar en un final que (me) deja con el corazón en un puño. Por los recuerdos que desencadena, por cómo enfoca el final de la civilización y por el encuentro que supone para sus protagonistas. Enormemente triste y, aunque parezca un contrasentido, luminoso.

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La tercera expedición (recordando a Ray Bradbury)

Ray Brabdury

Ray Brabdury

Ayer murió Ray Bradbury. Como ejercicio de recuerdo he releído “La tercera expedición”, uno de los primeros relatos Crónicas marcianas. Los tiene mejores (“Vendrán lluvias suaves”, “El ruido de un trueno”, “La fábrica”, “La ciudad”…) pero es el que mejor recuerdo de todos ellos. Su primera lectura me produjo un tremendo desasosiego.

Por si no lo recuerdan, “La tercera expedición” cuenta la llegada a Marte de una nueva oleada de astronautas al planeta rojo que, frente a lo que encontraron las dos primeras expediciones, se toparon un escenario del todo incomprensible: un paisaje poblado por sus memorias de juventud dominado por los lugares donde se criaron, los familiares que murieron años atrás, los objetos que habitaban su cotidaneidad… El medio oeste del primer tercio del siglo XX al que Bradbury consagró obras enteras como El vino del estío.

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