Recovering Apollo 8 and Other Stories, de Kristine Kathryn Rusch

Recovering Apollo 8 and Other StoriesViví la última edición en España de la revista Asimov’s desde una cierta decepción. En un contexto donde apenas la revista Gigamesh traducía relatos de fuste, los 21 números seleccionados por Domingo Santos y publicados por Robel fueron un continuo quiero y no puedo. Apenas «La niña muerta», de José Antonio Cotrina, «El hielo», de Steven Popkes , «La pequeña diosa», de Ian McDonald y tres o cuatro relatos más destacaron por encima de la atonía general. Entre ese puñado de nombres que han perdurado en mi recuerdo está el de Kristine Kathryn Rusch. En el mismo número que «La niña muerta», el 5, se incluyó «16 de junio en Anna’s», una emocionante semblanza del sentimiento de pérdida y todo lo que desconocemos de las personas con las que más tiempo compartimos. Durante el año siguiente aparecieron en España otro par de historias de Rusch que realimentaron ese buen recuerdo: «Buceo en los restos del naufragio» y «El bosque por los árboles«. La curiosidad por leer alguna de sus colecciones de relatos me ha acompañado desde entonces y con Recovering Apollo 8 and Other Stories he satisfecho ese deseo. En esta ocasión revestido de un cierto amargor.

Ya he apuntado alguna vez mi evolución estos últimos lustros como lector. Un proceso alentado por el perfil de lecturas y escritores a los que me he ido exponiendo, cada vez más alejado del núcleo del fandom en el que estuve durante mi etapa en los foros de cyberdark. Y aunque todavía soy capaz de apreciar aquella ciencia ficción cultivada por los autores más próximos a las colecciones de género, me he descubierto cada vez más perezoso a la hora de acercarme a ellos. Esto es lo que, por ejemplo, me ha llevado a cambiar ligeramente mi valoración sobre «Buceo en los restos del naufragio». Leí esta novela corta nada más salir el volumen del UPC con los agraciados en 2005, fundamentalmente por poder leer algo más de Rusch, y salí satisfecho. Aunque la percibí como una space opera muy conservadora, en las antípodas de la escrita por autores británicos surgidos a la sombra de Iain M. Banks, aprecié ese ejercicio de clasicismo sobre el descubrimiento de un pecio y su exploración por una partida de buscadores de fortuna. Quince años más tarde he vuelto a disfrutar con esta narración a mitad de camino de «La estrella de la plaga» y Horizonte final, que planta a una capitana ante un derrelicto y la continua tensión entre proteger a su tripulación y satisfacer sus respectivas codicias. La presentación de personajes y el desarrollo de la historia conforman un flujo muy bien establecido. Sin embargo, esta vez he trastabillado con una pobre dinámica de personajes, excesivamente vehiculares, y una atmósfera muy torpe a la hora de transmitir el peligro que encierra el descubrimiento.

Como al resto de la artillería pesada de Recovering Apollo 8 and Other Stories, la excesiva seriedad de los elementos del argumento y su transmisión deriva en una pérdida de sabor una vez se han expuesto sus principales guías. La pretendida búsqueda de verosimilitud conduce hacia una ausencia de color, de una amenaza más profunda, de un punto extravagante y la trama se abandona a un clímax insípido. «Buceo en los restos del naufragio» es entretenido pero, sin asideros para aferrarse a la memoria, languidece. Poco después Rusch regresó a esta historia para extenderla hasta la extensión de una novela, Diving into the Wreck, inicio de una serie con una quincena de entregas. Supongo que ha sido capaz de darle más mordiente.

Kristine Kathryn Rusch«G-Men» es una historia en un universo alternativo en el cual Edgar Hoover, junto a otras personas, es asesinado durante su visita a un barrio chungo. Rusch alterna la acción entre varios personajes en dos localizaciones: los policías y agentes del FBI que investigan el crimen sobre el terreno y un Robert Kennedy entrando en el despacho de Hoover para recuperar sus archivos secretos. En las primeras veinte páginas la sucesión de intriga detectivesca y política elevan el interés de «G-Men» hasta más o menos su ecuador, cuando todas las cartas ya están sobre la mesa. A partir de ahí ya las juega sin mucho margen porque, básicamente, eran una pareja de cuatros y estaban ahí a la vista. «G-Men» mantiene un cierto agarre mientras explora el equilibrio lleno de contradicciones entre los intereses de los diversos niveles de una jerarquía, y sus consecuencias (o su falta de ellas). Pero prometía mucho más de lo que sustancia. Un poco lo que le pasa a «The End of the World», traducido como «El fin del mundo» cuando fue finalista del premio UPC en el año 2006.

Rusch regresa a la alternancia entre planos narrativos. Primero con el descubrimiento en nuestra época de un grupo de cadáveres durante la reforma de un resort de montaña, un acontecimiento que pone a una pequeña comunidad de Oregón frente a una atrocidad cometida en su pasado. Y en el otro plano, ya en ese momento temporal, con la historia de una niña perteneciente a las víctimas. Esa niña aporta la componente de ciencia ficción. No es humana sino que pertenece a un grupo de alienígenas que aspiran a vivir entre nosotros. «El fin del mundo» juega con la reconstrucción de la colonización de EE.UU., la memoria perdida de los abusos y el genocidio de los nativos americanos, y los ecos de un racismo excelentemente exacerbado por el incómodo descubrimiento de que un proyecto económico esencial puede quedar suspendido. La resolución de esta faceta está llena de ecos cuando se descubre que los restos son de organismos de base no humana, lo que rápidamente elimina de la ecuación la necesidad de preservarlos porque no son personas. Me gustaría decir lo mismo del diálogo entre secuencias temporales pero rápidamente los fragmentos del pasado quedan como una anécdota, acrecentada por lo relativamente ridículos de las características de los alienígenas metamorfos. Esa desigualdad en los elementos de la narración y sus diferentes partes es otra constante de Recovering Apollo 8 and Other Stories. Basta si no mirar la novela corta que da título a la colección y que fuera editada en España en el año 2009 por el Grupo AJEC dentro de Historia alternativa vol. 2.

Como en «G-Man» de nuevo estamos ante una historia alternativa, esta vez sostenida sobre el fracaso de la primera misión circunlunar; por un fallo, la cápsula del Apollo 8 se pierde en el vacío del espacio. Su protagonista vive el suceso como niño y, al crecer, se deja guiar por una misión: recuperar la cápsula y rendir honor a los tres astronautas fallecidos. Construido con una estructura episódica de cuatro partes, las tres primeras obedecen a la misma receta: cómo encontrar una aguja minúscula en el inmenso pajar del sistema solar a partir de la especulación sobre las condiciones en las que se perdió la cápsula. Un relato pseudo hard sin el engorro del hard gracias a que Rusch cultiva una ciencia ficción más centrada en el flujo del relato y la descripción de los sentimientos. Destacaría el retrato de la obsesión de su protagonista si no fuera porque, una vez establecida, apenas ofrece nada más igual atractivo. Quizás un futuro con fuertes tensiones entre China y EE.UU., y el Gobierno de este país y unas empresas privadas que han terminado abarcando iniciativas antes en la esfera pública. Sin embargo su final quebranta este espejismo y resuelve la acción de mala manera en dos páginas.

Recovering Apollo 8 and Other StoriesEntre los relatos más breves funciona muy bien «Craters». Rusch explora el panorama mundial post 11S centrándose en el terrorismo, el sacrificio de mujeres y niños como portadores de bombas y la cobertura de estas cuestiones en EE.UU. De una manera sumamente optimista porque, después de los abusos cometidos, Rusch idea un rígido código deontológico para periodistas que obliga a verificar las informaciones hasta con tres fuentes diferentes, bajo riesgo de quedar como un paria; en un momento en el cual Rupert Murdoch era la viva demostración de que el espíritu de William Randolph Hearst seguía vivito y coleando. El relato lo conduce una periodista insensible ante esta cuestión y convertida en testigo de primera mano de hechos muy duros que, como no podía ser de otra manera, siembran dudas sobre la situación mundial. «Craters» aqueja una cierta indefinición que obliga a Rusch a servirse del narrador para terminar de enfatizar esa necesidad de esa ética en el ejercicio del periodismo en un sermón demasiado evidente.

Más livianos se sienten dos cuentos muy cercanos a la fantasía: «The Strangeness of the Day» o «Substitutions». Este último destaca por la visión burocratizada de la muerte, con sus agentes aquejados de estrés por su labor. Pero ambos caen en males ya ampliamente comentados: sus buenos puntos de partida se diluyen en su liviandad una vez sus claves están al descubierto, casi siempre al atravesar sus puntos medios. Afortunadamente no es el caso de «June Sixteenth at Anna’s». En sus apenas diez páginas compone un completo retrato emocional sobre la muerte de la pareja a partir de una máquina de realidad virtual. Este elemento de ciencia ficción, el único en un texto por lo demás desprovisto de ellos, permite a un viudo que acaba de enterrar a su mujer sumergirse en la experiencia que su mujer visitaba recientemente: un local de moda en Nueva York al que acudió con una cita meses antes de conocerle. La amplitud de sentimientos al conectarse se realimentan con las preguntas sobre el propósito de su mujer al recuperar esa memoria previa, en una secuencia arrolladora que cierra el cuento como ninguno otro en Recovering Apollo 8 and Other Stories. Una colección que, sin hacerte sentir que has perdido el tiempo, hubiera agradecido un par de relatos adicionales igual de bien terminados.

Recovering the Apollo 8 and Other Stories, de Kristine Kathryn Rusch
Golden Gryphon Press, Mayo 2010
320 pp. Tapa Dura. 24 €

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