Cuando los osos descubrieron el fuego, de Terry Bisson

Cuando los osos descubrieron el fuego

Cuando los osos descubrieron el fuego

A la hora de escribir este comentario, he recordado qué es lo peor que puede ocurrirle a una antología cuando se le debe hacer una reseña: que, al repasar el índice, sea necesario ir a la primera página de la mitad de los cuentos porque no quedó huella alguna de su contenido en la memoria. Esta observación, perfectamente aplicable a Cuando los osos descubrieron el fuego, puede parecer en exceso dura para un libro con momentos de verdadero interés, pero que tiene interminables páginas valle, el tipo de contenido solvente pero inane del que están repletas las revistas estadounidenses del género en la actualidad.

El retrato de Bisson como escritor que deja el volumen es el de un profesional aplicado, pero sólo ocasionalmente brillante, y demasiado amigo de fórmulas propias de talleres literarios –véase su abuso de las reiteraciones como recurso cómico– para sacar adelante su labor. No tiene un universo propio claramente definido, pero a cambio es capaz de realizar descripciones de escenarios estadounidenses contemporáneos bastante precisas, ofreciendo la sensación de que se trata de un observador costumbrista con posibilidades. En suma, un escritor legible, capaz de diseñar personajes al menos coherentes y carnales, pero cuya ausencia hasta el momento de las editoriales españolas no resulta extraña.

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Las flechas de la reina, de Mercedes Lackey

Las flechas de la reina

Las flechas de la reina

Mercedes Lackey es una autora de literatura fantástica extremadamente prolífica. Muchas de sus novelas están emplazadas en el país imaginario de Valdemar y organizadas en forma de trilogías independientes de fantasía épica que siguen las peripecias de algún personaje importante de la historia de ese país. Otra de sus series más destacadas se titula Elves on the Road, y está ambientada en una sociedad contemporánea en la que también conviven elfos, magos, vampiros y demás seres míticos.

Esta novela, Las flechas de la reina, es la primera ambientada en Valdemar, y da inicio a la trilogía Heraldos de Valdemar que sigue la historia completa de su protagonista, Talia. No obstante, este primer libro puede ser leído de forma independiente: desarrolla una historia completa por sí misma. La novela es un típico bildungsroman. Cuenta las aventuras de una joven campesina que se siente fuera de lugar en la austera comunidad fronteriza en la que ha nacido, ya que su cabeza está llena de sueños y amor por las aventuras sobre las que lee en los pocos libros que posee, siempre que puede robarle algún instante a sus obligaciones.

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Flicker, de Theodore Roszak

Flicker La historia del cine está repleta de áreas misteriosas, de títulos legendarios y perdidos, de fascinantes figuras marginales excluidas del canon oficial y sólo mencionadas a pie de página en caracteres minúsculos. No es extraño, por tanto, que ninguno de nosotros haya oído hablar de Max Castle. Nacido Max von Kastell en la Alemania de principios del siglo XX, pudo haber sido uno de los directores fundamentales del cine expresionista, de no ser por los problemas de censura encontrados a raíz de su película “Simón el Mago”, que lo forzaron a emigrar a Estados Unidos como hicieron otros muchos colegas de la UFA.

En Hollywood, la MGM apostó fuerte por Kastell, que ya había adaptado su apellido a la grafía anglosajona, y se dispuso a producirle una ambiciosísima epopeya bíblica, “La mártir”, rodada en escenarios naturales con la gran estrella Louise Brooks y medios descomunales para entonces. Por desgracia, los ejecutivos de la Metro consideraron que la película no debía exhibirse e incluso llegaron a destruir todas las copias existentes. Castle, viendo cómo su carrera sufría un revés irreversible que lo apartaba para siempre de los grandes estudios, no se resignó a permanecer inactivo y decidió buscar trabajo como fuera, lo cual lo llevó a las pequeñas compañías productoras de cine de serie B, donde desarrolló el grueso de su carrera. Los pocos que han oído hablar de Max Castle lo asocian principalmente a misérrimas películas de vampiros como “Count Lazarus” o “Kiss of the vampire”, con alguna que otra excursión al Caribe y el vudú como “Zombie doctor”, firmada al alimón con el incombustible Edgar G. Ulmer.

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